La economía y la cultura han transitado por
caminos que se suponen separados, sin embargo,
las obras y los contenidos simbólicos circulan
y se comercializan en diversos mercados como
bienes y servicios culturales que generan
derechos de propiedad, pero que aún no logran
las retribuciones adecuadas para asegurar su
sostenibilidad. Un debate abierto.

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