
De entre más de 170 cómics recibidos de todo el mundo con diversas temáticas y estilos, el 1er Premio Internacional de Cómic Planeta DeAgostini fue para los argentinos Diego Agrimbau, docente DC-UP, y Gabriel Ippóliti. La obra ganadora, Planeta Extra, es un cómic que mezcla la ciencia ficción tradicional de autos voladores ambientada en un hipotético futuro; pero en el que todavía perduran elementos de la actualidad.
1/1/2010
Esta dupla, que ya había creado “La Burbuja de Bertold”, “La Grande Toile” y algunos unitarios publicados en la revista Fierro; volvió al ruedo con una familia de estirpe argenta que trata de emigrar a "Europa", una de las lunas de Júpiter colonizada por la clase alta, pero no puede porque no tiene los permisos ni el dinero necesario. ¿Suena conocido? A esto se le suma que los autos voladores son más bien cacharros y que siguen existiendo las villas miserias y trabajos de fuerza bruta. De esta forma, aunque la ambientación sea futurista, los problemas que trata son inspirados en problemas reales.
Las ilustraciones por momentos grotescas de Gabriel Ippóliti plasman en imágenes el guión de Diego Agrimbau, docente en el departamento de Diseño de Historietas de la Facultad de Diseño y Comunicación de la UP, quien además ha realizado tareas como redactor creativo, diseñador y ocupó el cargo de director estratégico en una agencia argentina. A lo largo de su carrera ha trabajado con diferentes dibujantes y ha publicado varias historietas que se pueden ver en su página personal, o en su blog. A continuación, la entrevista a Diego Agrimbau:
Hace poco ganaste el Premio Internacional de Cómic Planeta DeAgostini ¿Ya tenían la idea terminada?
Lo que propusimos es un proyecto que en verdad ya estaba de antes. Lo habíamos paseado un poco por Francia sin demasiada suerte y nos quedó el proyecto. Era de una idea que surgió cuando estábamos en el evento de ciencia ficción más importante de Europa. Había muchas personalidades del género, incluyendo de disciplinas como el cine y la pintura. Siempre la proyección que hacían de la ciencia ficción era muy tecnológica y utópica. Con Gabriel, el dibujante, comparamos la idea europea de su futuro con la nuestra desde acá, la periferia, donde proyectamos una idea muy diferente. En vez de que vuelen autos último modelo, volarían los cacharros que tenemos todavía andando por la calle. Terminamos mezclando el grotesco criollo, como el sainete o incluso el costumbrismo argentino que se puede ver en películas de Aristarain hasta series de Suar, con el extrañamiento de los clichés de la ciencia ficción.
¿Te parece que actualmente se está viviendo un retorno a la ciencia ficción o sigue imperando la historieta más realista?
En realidad la ciencia ficción nunca se fue de la historieta porque este género fundacional siguió siempre a través de algunos personajes. En lo que es el comic de autor, y el europeo sobre todo, la ciencia ficción está fuera de moda por completo, desplazado por las obras personales, autobiografías o autores integrales que trabajan más con su subjetividad y el yo interior. Por ese lado es que venían las dificultades de poder ubicar este proyecto en Francia, donde nos decían “mirá, esto es buenísimo pero atrasa veinte años”. Nuestra idea era esa, que el género vuelva, pero transformado en una nueva versión. No somos los únicos que estamos haciendo esto, hay muchas ideas que van volviendo pero de forma reversionada.
¿Cómo funciona la dupla entre guionista e ilustrador?
Tengo un par de duplas, pero son todas diferentes, casi como matrimonios: podés haber tenido siete mujeres en tu vida pero con cada una la relación fue particular. Encima estos son simultáneos, así que peor... Con Gabriel es una de las mejores duplas, además todo lo que hicimos juntos resultó bastante bien. Lo fundamental es que sabemos cómo trabajamos y a ambos nos gusta lo que hace el otro, eso nos da confianza.
¿Intervienen en el trabajo del otro?
Al principio sí. En la preparación del proyecto es muy charlado, para lograr que nos represente a los dos. Uno se involucra en lo que hace el otro. Por ejemplo, Gabriel venía dibujando personajes de corte más realista pero en este proyecto empezó a dibujarlos mucho más deformados. Eso me afecta a mí a la hora de escribir, y empiezo a tomar por otro lado. De la misma forma, el por ahí ve que yo los empiezo a hacer hablar más criollo, lo que debe incorporar en su dibujo. Pero una vez que ya empezamos a trabajar cada cual se ocupa de lo que sabe hacer mejor, aunque sigamos consultándonos y mostrando lo que vamos haciendo.
¿Tenés algún ritual de escritura particular? ¿Te gusta el silencio, te encerrás o salís a la calle?
Tengo vicios más que rituales. Me cuesta muchísimo ponerme a escribir, es un acto de voluntad fuertísimo del que en seguida trato de escaparme. Me digo a mi mismo “me tomo un café y después me pongo a escribir”, pero después de tomarme un café digo “reviso un mail y después me pongo a escribir”; y así voy postergando el momento hasta que la culpa ya es demasiado fuerte y empiezo a trabajar. Una vez que uno se engancha, a la media hora de haber sobrevivido a las tentaciones de abrir en Messenger, el mail o lo que fuera; ya no parás.
¿Nunca te sentiste tentado a dibujar vos tus propias historietas?
Sí, de hecho dibujé algunas historietas con fines exploratorios, para ver qué tal me salían. Ahí surgió “mi vida sueño”, donde contaba sueños extraños que había tenido y después se derivó más bien a unas historietas autobiográficas que se publicaron en Historietas reales. Me gustó hacerlas y salieron bien, pero comprobé que debía seguir siendo guionista.
En cine el director suele querer también hacer el guión ¿pasa lo mismo en la historieta?
Por suerte eso no está, en general se comparte el trabajo, dependiendo de cada dupla. Tengo muchos amigos de cine y sé que la pelea por el cartel es gigantesca, en mi experiencia personal, esa lucha no la siento. El problema en la división de roles no aparece por ese lado, sino más bien relacionado a posibilidades de trabajo. El dibujante, cuando trabaja para el exterior vende sus servicios ante una idea extranjera. El guionista lo que intenta vender es una propuesta lo suficientemente original e interesante para que sea difícil de conseguir en el extranjero. Muchas veces eso se traduce afuera y a uno le ponen la pluma y lo visten de indio para que cuente lo mal que se vive en Sudamérica. Eso es lo que les interesa, mucho más que la historia de un astronauta en Venus, porque para eso tienen escritores franceses. Es medio fastidioso ese lugar porque te limita los temas a tratar.
Tus obras anteriores (“El muertero Zabaletta” y “La burbuja de Bertold”), tienen un fuerte contenido social. ¿Pasa lo mismo en “Planeta extra”?
Personalmente, tengo muchas inquietudes sociales, de hecho yo estudié comunicación social varios años, y eso se termina transmitiendo a lo que escribo. No desde una posición ideológica clara que implique una bajada de línea o un mensaje específico acerca de cómo pienso yo que debería ser la sociedad, porque la verdad es que no tengo ni idea. Son más bien problemáticas que están en el mundo, que aparecen en los guiones, lo que es más evidente en el caso de “Planeta extra” porque trabajamos con temas como la inmigración y la exclusión. Lo que intenté ahí es expresar una pregunta más que dar una solución.
¿Hacen investigación para definir la estética, los personajes, etc.?
En esta no hubo muchas referencias, pero hubo otros trabajos en los que necesitamos de documentación porque nos basábamos en algunos hechos históricos. Incluso antes de empezar a hacer esta historieta en particular íbamos a hacer otra sobre los nazis en la argentina cuando inmigraron en el ´45. Terminamos yéndonos de vacaciones juntos a villas alemanas en Córdoba, entrevistando gente. Es un laburo que a mí me fascina, que ahora está abandonado en el freezer hasta que terminemos esta historieta para Planeta. El freezer siempre lo tenés que tener lleno, después vas sacando.
Además de las ventajas inmediatas y la plata ¿el ganar premios te abre puertas?
Siempre es bueno ganar un premio. El beneficio puede ser desde una línea más en el currículum hasta un viaje o plata, depende del premio. El caso de los que fuimos ganando con Gabriel. Pasaron algunos en los que recibíamos un mail que decía “ganaste el premio tal” pero no te daban nada, y después hay otros que depende de la importancia tienen mayor consideración. En el caso del libro “La burbuja de Breltold”, que fue el primero que hicimos con Gabriel, ganamos el viaje para ir a ese evento de ciencia ficción en Francia. Ahí conocimos gente, editoriales y prensa que estuvo bien. Los premios nunca sobran, siempre vienen bien, lo malo es cuando uno termina pensando más en los premios que en lo que estás haciendo. Eso es algo que hay que evitar a toda costa, porque suele notarse en las obras.
¿La historieta Argentina es for export o también funciona en el mercado local?
Desde hace un par de años mejoró bastante porque hubo dos movimientos importantes que la revitalizaron. Por un lado la aparición de varias editoriales chiquitas pero muy productivas que empezaron a publicar todas juntas material argentino en un formato similar. Con ellas la oferta se amplió muchísimo. De un año a otro empezaban a haber doscientos libros nuevos de historieta argentina, por decir algo, frente a los cinco que solía haber antes Falta tal vez que eso se traduzca en un incremento de demanda, lo que es difícil de lograr en un mercado tan chico como este.
La otra gran pata de esta revitalización es la aparición de la revista Fierro, que vino de salir en los ochenta y noventa, y recién volvió como una especie de milagro extraño que sorprendió a todos por sus números de venta. Sobre todo teniendo en cuenta que es una revista antológica, formato que ya se había dejado de usar. Es una revista que le paga bien a sus autores y publica a artistas argentinos únicamente. Después hay mil críticas que se pueden hacer a la Fierro, pero ya eso está más que bien para definirla como una revista sustancialmente importante en el país.
Si uno quisiera conseguir buenas historietas ¿a dónde tiene que ir?
Las comiquerías son el mejor lugar, aunque hay que tenerles paciencia a los que venden, que son personas muy especiales. También en los kioscos donde, además de la Fierro tienen dos o tres libros de historietas que fueron distribuidos. Para conseguir material editado anteriormente son muy útiles los eventos, donde suele haber stands de las editoriales mismas que las publican.
¿Y qué pasa con Internet?
Internet es un medio misterioso todavía porque no se sabe bien la llegada que tiene, su repercusión ni en qué va a derivar. Es evidente que hoy por hoy es una alternativa de publicación más con mucha más llegada que el papel pero, hasta ahora, con la imposibilidad de traducir eso en una industria comercial. Eso hace que sea un formato coto del amateurismo. Yo creo que es una cuestión de tiempo y que en algún momento Internet va a remplazar lo que eran los medios periódicos de historieta, sin que se abandone el concepto de libro coleccionable, pero sí desplazando a aquellas que uno leía en revistas y después tiraba.
Hubo una especie de boom hollywoodense en los últimos años, desde reinterpretaciones de Batman hasta adaptaciones como Sin city y 300 ¿eso influye con la circulación de historietas a nivel local?
Creo que en varios países está habiendo el mismo fenómeno. Hay una revalorización de la historieta en general, desde la parte más institucional hasta las empresas mainstream. Hay cada vez más películas basadas en historietas. Hoy por hoy yo creo que la gran reserva de ideas de la industria cinematográfica pochoclera estadounidense son las historietas. No es casual, porque en la historieta se juntan dos tipos y se ponen a crear mundos y personajes rarísimos. El mundo de las licencias es un mercado aparte a nivel mundial, se maneja mucha plata de por medio y una compañía que editó historietas por cuarenta años, como son las norteamericanas, tiene una cantidad de licencias impresionantes. Los grandes héroes son los primeros en ser cubiertos y, de hecho, existen varias continuaciones y perspectivas de cada uno.
Lo que veo es que actualmente hay una tendencia bastante oscura con estos personajes
Ese es un problema en realidad que viene ya desde hace varios años. En algún momento el género de los superhéroes se tuvo que reinventar, porque ya tenía varias décadas, y lo que hizo en vez de renovarse para seguir siendo atractivo para los chicos, es seguir las inquietudes del público que ya tenían. Entonces, a medida que este público fue creciendo, los conflictos de los personajes se hicieron más complejos hasta que al principio de los noventa los personajes ya eran más reales. Ahora lo que se demanda de los superhéroes es un nivel de realismo enorme. Cada vez son más como nosotros, con sus conflictos realistas contemporáneos, usan un vocabulario similar. No llevaron todo eso a un género de fantasía o extrañamiento como era antes, en los `50 o `60 sino que lo llevaron al realismo. Eso crea una tensión extraña entre un escenario newyorquino totalmente verosímil y coincidente con la realidad en el que de pronto irrumpe un monstruo verde que levanta camiones. Eso pasa en la última de Batman, que es prácticamente un policial. El guasón fue despojado de toda su parafernalia y reducido a rasgos mínimos bastante depurados, y muy oscuro.
¿En tus alumnos de la Facultad ves alguna nueva tendencia que no hubiera antes?
Hay una falacia que se suele repetir bastante y es que no hay guionistas. Acá en la facultad son autores integrales que hacen dibujo y guión, por lo que es una minoría los que quieren ser únicamente guionistas. Pero de todas formas hay muchos estudiantes a los que les interesa. En mi opinión es mucho más difícil que ser dibujante, requiere de mucha creatividad, de constancia y de técnica. Los problemas que veo al respecto son los que acarrean del secundario, como errores de gramática y de ortografía.
Entre la técnica y la creatividad ¿para dónde se inclina la balanza en un guionista?
Por un lado la creatividad yo la suelo reservar para el principio del trabajo, en la etapa donde estoy con un cuadernito. Ahí trato de desprejuiciarme, escribir lo más libre que pueda y gastar hojas. En “Planeta extra” fue todo el desarrollo creativo de la idea, los personajes, el argumento. Son hojas y hojas que se desperdician porque después tal vez uso apenas cuatro de treinta hojas, pero es un lujo que me doy porque me parece necesario. Después cuando voy a la computadora me encargo de la parte más técnica, que es la más difícil e importante.
Mucha gente piensa que una historieta es sólo la idea del argumento, pero eso es apenas el 5%. La primera cuestión técnica que aparece es transformar esa idea en una historia, pensar el formato, los capítulos, los personajes principales y los secundarios, la época en que transcurre, cómo es la estructura conceptual y cómo se estructura el conflicto. Después entonces arranca la escritura del guión que es una parte mucho más técnica, porque maneja códigos que luego deben ser interpretados por otro. Ahí se ven los planos, encuadres, diálogos, voces en off, etc. Ahí la atención y la creatividad se aplican a los diálogos y la secuencia gráfica.
¿Qué le dirías a un estudiante que está buscando profesionalizarse en este campo?
Algo que tienen que tratar de entender los chicos que se dediquen a la historieta es que tarda. Es muy raro que en poco tiempo hayas aprendido, seas bueno y consigas trabajo de esto. Te tiene que gustar mucho porque se tarda y en la marcha aparecen algunos inconvenientes prácticos. Vas a la AFIP a hacer un trámite y no entrás en ninguna categoría. A mí me querían poner como un exportador, y les tuve que explicar que lo que vendía no era soja sino guiones. Hay mucho de incomprensión todavía debido a que es una actividad bastante nueva en cuanto a su regularización. Eso está cambiando, pero muy lentamente. Pero sobre todo lo que tienen que entender es que van a hacer muchas historietas antes de publicar una y que van a tardar todavía más tiempo en poder vivir de eso.
¿Se puede vivir de eso?
Yo soy el vivo ejemplo. En dibujo hay muchísimos más que viven de su trabajo, aunque siempre con trabajos free lance donde cobran por hora o por página, ya prácticamente la profesión se ha alejado del oficio y de un sueldo fijo, como pasaba antes. El historietista debe aprender a ser una especie de pulpo para tener muchos contactos y estar siempre al día para conseguir oportunidades.
La gran mayoría de los dibujantes consiguen trabajos para el exterior con proyectos del exterior. Eso es más complejo para el guionista que debe traducir su guión en el idioma del país al lo mande, lo cual se vuelve complicado cuando emplea jergas o lenguaje coloquial. Lo más fácil es mandarlo a España que, aunque tiene un mercado chico, es la puerta de acceso a otros países de Europa. En cambio el dibujante manda la muestra y, si gusta, ellos le mandan de afuera un guión para que lo ilustre. Varias veces los que los contratan son los propios guionistas yankees, que tienen una idea y necesitan presentarla. Entran en Internet a buscar un ilustrador y encuentran que los mejores y más baratos son argentinos, por una cuestión cultural y devaluatoria. Se contactan con alguno y le pagan entre diez y cuarenta dólares por página, según la suerte, y ahí termina el acuerdo. El guionista manda la historieta a una editorial que, si la acepta, todos felices; aunque en la mayoría de los casos queda como archivo en un cajón. Pero el dibujante cobra y, en el camino, puede practicar. A niveles profesionales más importantes, es bastante usual que editoriales mainstream de Estados Unidos o de Francia contraten a profesionales ya establecidos con experiencia y les paguen cuatrocientos euros por página de guiones de allá. Esa es la salida laboral más habitual para un dibujante.
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