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“Cada uno de los personajes que hago tiene mucha más importancia que mi propia persona y personalidad”

Confesó Miguel Ángel Solá, actor argentino y Embajador de la Creatividad

El 6 de abril se realizó la entrega del Reconocimiento “Embajador de la Creatividad” a Miguel Ángel Solá, organizado por la Facultad de Diseño y Comunicación.

26/4/2016

“Cada uno de los personajes que hago tiene mucha más importancia que mi propia persona y personalidad”
Luego de recibir el reconocimiento, Andrea Pontoriero, Coordinadora del Área Teatro y Espectáculos, le realizó una entrevista al artista. 

- Estudiaste relaciones humanas y terminaste siendo actor. Sos la novena generación de actores en tu familia...
- Comprobado somos la sexta generación. Era una época en que el teatro iba perdiendo su condición de templo, empezaban a ser cada vez más chabacanas las expresiones artísticas. En el cine, salvo contadas películas como La Patagonia rebelde, el resto eran del estilo La colimba no es la guerra. Estaba cantado que el derrotero de este país tenía que ver con lo que pensaban mi madre y mi padre respecto al teatro. En 1967 había 3500 salas de teatro, 17 millones de habitantes, el 25 por ciento de la población consumía arte y teatro; hoy hay 350 salas y solo el 4 por ciento consume teatro y cine, sobre todo norteamericano. Mis padres me insistieron mucho en la posibilidad de tener alguna zona de refugio para poder mantenerme, les hice caso, por lo cual hice la Licenciatura en Relaciones humanas. El día que volvía con el título a casa, me encontré con un aviso en el diario Clarín para cubrir los dos roles protagónicos de una obra teatral argentina que se iba a hacer. Me hice actor por casualidad. Leí ese aviso, me dio un ataque y me presenté, tampoco tengo claro el motivo. A partir de ahí nació un calvario que duró 15 o 20 años, en los cuales me preguntaba si tenia derecho a estar arriba de un escenario. Cada uno de los personajes que hago tiene mucha más importancia que mi propia persona y personalidad. Esta carrera es un poco producto de los deseos y los sueños de uno y de los deseos y sueños de esa otra cosa que maneja los hilos de lo que va a suceder o no. 

- ¿Por qué crees que sucedió?
- No se qué pasó en el camino en la Argentina, en un país hecho con todas las culturas, que se fueron mezclando y dieron por resultado una vida de convivencia muy interesante. En los lugares más insólitos, en poblaciones que no llegaban a los 500 habitantes estaba la intendencia, la iglesia, un teatro español y enfrente un teatro italiano, que tenían mayor cantidad de butacas que habitantes en el pueblo. Esto tenia su sentido, las compañías argentinas e internacionales llenaban esas salas al menos 2 veces por mes. 

- Te gusta la composición de tus personajes, ¿cómo hacés para encarar ese proceso?
- Me comprometí a no hacer de mis trabajos una exaltación de mi personalidad. Quiero tener la exacta dignidad del personaje. Entre ser un actor que hace guiños populares para que me acepten a ser uno pro, elijo el último. Mi tarea es brindarle a ese ser que viene a expresarse durante dos horas toda mi no-molestia, que no tenga que cargar conmigo, que me lleve por donde quiera. La composición es un juego más dentro de la actuación y lo que te da es la posibilidad de imaginar esas situaciones en las que nunca te hubieras visto y sin embargo querrías haberte estado involucrado. ¿Quién no ha querido ser Borges o cualquier genio manifiesto de lo que significa nuestra historia? Me animo a estar a la altura de las circunstancias, soy valiente, lo que no quiero ser es una continuidad de un personaje que comienza llamándose Julio en una película, Luis en otra y es el mismo personaje. Ese es un librito y cada uno tiene el suyo, yo ese libro lo desacredito. Creo en otra cosa. 

- Le das mucho peso a la palabra, ¿qué lugar juega la poesía, los deseos, la música y el arte en tu construcción de actor?
- Toda. Las palabras tienen ritmo de acuerdo a la respiración de acuerdo a la que te demanda el personaje. Tenés que buscarla y encontrarla. Las palabras tienen peso, volumen, forma, movimiento, significan lo que  nombran; cada una tiene un peso específico, no en todas las oraciones, pero si significa algo y ocupa un lugar de importancia en lo que estás trabajando, es bueno saber qué clase es y qué significa, qué entidad tiene, qué peso. La música está en todo también, te arma los espacios que necesitás para contar la historia. La cuestión es encontrar cuál es la música de cada personaje. Respecto a la poesía, soy un tipo raramente romántico y me eduque con pensamientos y sentimientos así, venimos de una época en la que no se necesitaba firmar cheques, “los perros ladraban sentados” -como decía Galeano-, se creía en la palabra, cuando vos decías amigo es porque lo era, era la mitad del chocolate para cada uno, se nos educó pensando que si vos estudiabas y trabajabas ganabas un mérito; la vida se hacía construyendo, no destruyendo. 
Esa época te invita también a cierto romanticismo, elijas la profesión que elijas. Cada uno sabía que iba a tener que, mas allá de que los sueños se le cumplieran o no, entregar lo mejor de sí mismo para que esos sueños se cumplieran, porque creíamos en la respuesta al merito. Vivimos en una sociedad muy distinta, en donde un presidente le miente al pueblo y no hay problema (en referencia a Carlos Menem), no fuimos preparados nosotros para esa sociedad pero tenemos que seguir viviendo con esta que es la única vida que podemos aspirar a vivir, mas allá de las creencias personales. La primera misión del actor es hacer entender lo que ese personaje quiere expresar y para eso tiene que apelar a las palabras, si tiene capacidad para infundirles poesía tiene que hacerlo porque es lo que lo va diferenciar. Soy actor de intuición, no de método; de intuición por pensar mas rápido y atrapar eso, es ese instante y después dejarlo partir. Tengo que atraer la atención en el medio del escenario y provocar una sorpresa, lo que hace diferente y que la gente recuerde ese personaje. Pienso que si bien el hecho de tener un buen libro para poder actuar es un punto de apoyo maravilloso, el libro es literatura hasta que no se encarna y el arte de actuar trata de eso, de encarnar. 

- ¿Cómo surgió El Callejón de los Deseos, el primer teatro barrial de Buenos Aires ?
- Tardé muchos años en terminar de construir mi teatro y cuando lo tuvimos construido y podíamos tener un lugar para expresarnos, se pobló de grupos de teatro a los que no les cobrábamos ni seguro para que pudieran hacerlo y al fin conseguimos una fecha para hacer el espectáculo. Quería construir 10 teatros y no lo logré, ademas me tuve que ir pronto, pero a mi vuelta encontré que había más de 200 teatros independientes y uno más bonito que el otro. Me alegra haber sido parte de ese impulso que también es una buena instancia para aquellos que no tienen cabida en los teatros comerciales porque no se confía en ellos o porque cierta gente piensa solamente en el negocio. El teatro es mucho más que eso. 

- ¿Cómo fue la experiencia en La Leona?
- La Leona fue un riesgo del Árbol y de Telefé. Tenia la seguridad de que iba a marcar mucha diferencia con el resto de las ficciones que pudieran estar pululando por ahí, sobresale por escenografía, capacidad técnica, actoral, los directores, editores. Es un teleteatro diferente, que habla de cosas que se mezclan en el hoy, está muy bien hecha y nos divertimos mucho, hubo muy buena onda en el trabajo, los productores excelentes, tanto Pablo Echarri como Nancy Dupláa se comportaron de manera extraordinaria con todos. Después apareció una tanda de bobalicones que quisieron darla de baja, que dicen que se han enriquecido a costas del estado, a mí no me consta. Estos señores que escriben desde el anonimato se nombran a sí mismos cuando dicen hijos de puta. Ese es otro drama argentino que tiene que ver con la impunidad de la cara escondida, con los que amenazan, violan tus derechos porque no hay ley que te ampare o te cuide. 

- ¿Hay algún director con el que hayas trabajado que te haya marcado en especial?
- Manuel González Gil. Por otro lado, los directores de cine son muy buenos en el total del producto, tienen que estar concentrados en trabajar con muchos rubros a la vez; por lo general, fallan en la dirección de actores. Con los que he tenido más dialogo fue con Héctor Olivera, Juan Bautista Stagnaro y  Juan José Jusid. Llega un momento del trabajo en que siempre voy a pelear por la mejor idea, sensación, sentimiento y soy un poco hinchapelotas (sic), los canso. Al rato me dejan hacer y se divierten, la pasan bien. 

- Cuando hablás de lograr la encarnadura de la letra al personaje, en el caso de los directores, ¿te permiten que lo hagas libremente o te corrigen?
- A esta altura me dan libertad. Tenés que tener una cabeza muy despierta para poder llevar a un actor de mis características a la comprensión de su comprensión personal, o tenés que hacerlo mejor que él. Si lo hacés mejor que el actor y sos capaz de demostrárselo, el actor si no es tonto tiene que decir 'Chapeaux'. Si no tenés nada mejor que dar a cambio, callate porque lo que tenés que hacer vos como director es unir las capacidades para formar una sola cosa, la cuestión es congeniar. Conmigo no hay que llevarse mucho, no sé obedecer y no sé mandar, soy ácrata. Creo mas en mi intuición que en cualquier teorista. 

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