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“No existen obstáculos para hacer lo que uno quiere”

Dijo Alejandro Paker, actor de cine, teatro y televisión

El 26 de abril el profesional brindó una charla en el marco Diálogo con Artistas, organizado por la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo.

9/5/2016

“No existen obstáculos para hacer lo que uno quiere”
La charla comenzó con la pregunta característica del ciclo, relacionada a los juegos de la infancia. “Tenían que ver con la música ya que en mi casa se escuchaba todo el tiempo. Me acuerdo que siempre hacía escenas que estaban musicalizadas. Hoy en día, en mis sueños también pasa. Para mí, este arte es un canal muy importante y emotivo. Escucho distintas melodías todos los días dependiendo de cómo amanezco para cambiar mi ánimo, es crucial. Mis recuerdos de niño son haciendo escenas donde me veía cantando frente al público en escenarios grandes”, sostuvo el artista.

Con respecto al secundario, Paker expresó: “Mientras cursaba empecé a estudiar canto. Me las ingenié con mi maestro de música del colegio ya que mis papás estaban en contra. Empecé a cantar en un coro donde estaba él. A partir de ahí, logré blanquearlo en casa pero no me hicieron problema ya que como era junto a mi profesor, estaba resguardado. Luego comencé a estudiar Medicina porque me interesaba mucho, pero la realidad es que yo quería enfocarme en el teatro y la vocación te tira. No existen obstáculos para hacer lo que uno quiere. Igualmente, los otros estudios me sirvieron para obtener conocimientos y cultura general. Todo lo utilicé a favor y no en contra”. Continuó: “Mis padres no apoyaban que yo estudiara canto pero un día los invité a mi muestra con la excusa de que era un concierto. Ahí empezó la guerra familiar, la descalificación constante de ellos. Opinaban de los demás o de la escenografía, pero de mí no decían nada. Con años de terapia, entendí que todo esto me fue fortalenciendo. Hoy trabajo con directores que anteriormente me habían dicho que no”.

A la hora de referirse a sus predilecciones, el artista confesó: “Prefiero desafíos, cosas diferentes, componer. En la actualidad nos encontramos muchas veces con directores no tan buenos que no saben cómo guiar a los autores y te piden que hagas el mismo papel que hiciste en otro lugar. Eso no es ser un director. Como actor propongo bastante, soy muy autocrítico, siempre pienso que podría haber ajustado algo un poco más. Es lo maravilloso del teatro, te da la oportunidad que en la próxima función lo puedas probar y de que sea en vivo y haya comunicación. Uno siente la respiración del otro, la emoción. Es un intercambio de dar y recibir constante. Cuando trabajo es para contactarme con el público porque uno necesita del otro, no hacemos las funciones sólo para el entretenimiento”.

“El teatro es una de las artes que te permite trabajar, te da la posibilidad de hacer las cosas a prueba y error. Uno trabaja con su propia frustración y hay que aprender a convivir con eso. Lo más lindo de la composición es meterse en lugares que uno nunca se metería. La televisión y el cine, en cambio, te ofrecen algunas dificultades pero también sirven para aprender. Admiro a la gente que actúa bien en televisión, no puedo ni he podido”, afirmó Alejandro y añadió: “Disfruto de hacer varias cosas a la vez. Me gusta meterme en los personajes, en sus mundos. Por eso me despiertan admiración los actores que se desafían y se arriesgan a componer cosas diferentes. Me analizo mucho como profesional porque creo que es necesario conocerse para lograr ser mejor. Me enamoro de cada personaje y me cuesta desprenderme. El que más me gustó fue El hombre elefante porque fue un proyecto que gestioné  y me llevó años hacerlo”.


Para finalizar la charla, el actor confesó que le ayuda mucho salir del camarín y buscar al público: “A través de la actuación he sublimado muchas cosas personales, por eso el teatro es mi salvavidas. Limpio un montón de cosas, hago catarsis. Mis personajes me han ayudado a entenderme no sólo a mí sino también a mis familiares. Es liberador y me sirve para sacarme peso de encima. Cuando termino una obra siento una profunda soledad. Quedan los recuerdos pero igualmente empezás a extrañar el estado por el que pasaba el personaje y a tus compañeros, porque el teatro para mí es familia”.

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