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“Los procesos de trabajo” de Ana Gallardo

Las prácticas sociales en la producción artística

¿Cuál es el rol del artista y cómo se ve afectado ante las obras que requieren de la intervención de otros campos? Ana Gallardo, quien trabaja con la intimidad, la herencia familiar y la violencia en la vejez, entre otros temas, es una de las artistas contemporáneas que, a través de sus obras y métodos de trabajo, nos permite reflexionar sobre el lugar del artista y las posibles funciones del arte.

13/8/2018

“Los procesos de trabajo” de Ana Gallardo

Ana nació en Rosario en el seno de una familia de artistas, desde su abuelo paterno que musicalizaba los burdeles y las tertulias poéticas de su padre hasta los bodegones y retratos pintados por su madre. Esta herencia compuesta por músicos, poetas y artistas plásticos, le sirvió para reflexionar sobre el rol del artista, el de la mujer dentro del campo y sobre la práctica artística como una herramienta de supervivencia, “hay algo que tiene que ver con la salvación, con el autoconocimiento, con aquello que uno va aprendiendo y que no sabe bien qué forma tiene”, comentó. Tanto su legado familiar como su formación en los talleres de Víctor Grippo, Miguel Dávila, Jorge Diciervo y Juan Doffo construyeron su idea sobre el arte y su función, que según ella, debería ser revolucionaria. 

Durante la década del ’80 y a principios de los ’90, la artista integró el Grupo de la X (junto a los artistas plásticos Jorge Macchi, Ernesto Ballesteros y Carolina Antoniadis, entre otros) además de haber participado a lo largo de los años en numerosas exposiciones colectivas e individuales. En paralelo a su producción, trabajó en una serie de proyectos dirigidos a promover el arte local, a dar visibilidad a prácticas que no ingresan a los circuitos comerciales o institucionales y a vincular artistas mujeres de distintas generaciones. 

Su interés en los procesos de trabajo y la violencia que implica envejecer en la sociedad actual, la llevaron a desempeñar prácticas vinculadas con el campo social. Con la intención de reflexionar sobre el papel de las mujeres de la tercera edad y cómo se ubican en una sociedad que discrimina la vejez, Ana hizo setenta horas de trabajo social en el único geriátrico de México para mujeres que ejercieron la prostitución, en donde cuidó de Estela, tratando de “descubrir en esa precariedad qué método era el más adecuado para ayudarla”, contó Ana. Gracias a esta labor realizó la obra “Estela 1946/2011” (2011), un registro performático en el cual se observa a la artista masajeando las manos de Estela. “Este trabajo tiene todo lo que busco en la práctica artística, porque no solamente aprendí de la experiencia, sino también pude acompañar y ayudar mediante el arte. Es decir, por primera vez en la vida, Estela fue cuidada y tocada de otra manera a la que estaba acostumbrada. Estas situaciones me dan razón de ser artista”, agregó. 

Ana buscó resistir a la violencia del envejecimiento, en cuanto a su marginalidad y la cercanía de la muerte. “En esa época pensaba en cómo hacer para poder convivir con todo esto”, alegó, así surgió la performance “Un lugar para vivir cuando seamos viejos”, la cual presentó en la Bienal de San Pablo 2010. Para la misma convocó a dos personas de la tercera edad con el fin de que bailen danzón entre ellos y con los espectadores. “Ésta fue una experiencia gratificante porque por primera vez en sus vidas viajaron al extranjero, algo impensado para ellos”.  

Estas obras reflejan sus propias inquietudes, tales como “sentir que sos expulsada por la edad, por la clase social o por el género”. Sus palabras no solo ponen en evidencia ciertas problemáticas sociales, sino también cobran un sentido político particularmente en los dos proyectos expuestos, mediante los cuales la artista trabajó con la inclusión y propició experiencias inesperadas para aquellos que son invisibles ante los ojos de un sistema que los deja afuera. 

A partir de sus procesos de trabajo y su producción en sí misma, se puede pensar en la imposibilidad de encasillar al artista, con un rol y objetivo unívoco, ya que su versatilidad evoca su condición cambiante y que en algunos casos, como el de Ana, muta dependiendo de las necesidades y urgencias de sus contemporáneos.  

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