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“En estos proyectos se piensa en diseño, sociabilidad y funcionalidad, la gente se queda sin respiración cuando entra a estos lugares"

Eliana Bórmida, Arquitecta y co-titular de Bórmida & Yanzon.

El 15 de Mayo del 2019 se llevó a cabo la charla correspondiente a la cátedra de Mujeres Creativas, evento organizado por la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo.

3/7/2019

“En estos proyectos se piensa en diseño, sociabilidad y funcionalidad, la gente se queda sin respiración cuando entra a estos lugares

En esta oportunidad estuvo como invitada Eliana Bórmida, Arquitecta y co-titular de Bórmida & Yanzon.

La invitada comenzó la charla relatando algunos aspectos de su vida personal que la hicieron declinarse por el lado creativo. “Cuando reflexioné a cerca de mi primer contacto con la arquitectura me di cuenta que fue a través de las ilustraciones de los libros de cuentos, recordé las vistas aéreas de las imágenes en los cuentos infantiles, ahí me di cuenta de la ciudad como conjunto, esas imágenes que se quedaron grabadas en mi memoria”.

A continuación, explicó cómo fueron sus primeras experiencias con los proyectos vitivinícolas y las bodegas. La visión que hay hoy en día es muy diferente a la que había en los años 80, antes se construían simplemente galpones, el vino de la mesa de los mendocinos fue desplazado por las bebidas y las colas que iban apareciendo en ese momento, todo eso era un panorama muy desfavorable para los productores de vino.

Tomando en cuenta que el vino es una bebida que se hacía desde el siglo XIX en Mendoza, se podría decir que está en la genética de los mendocinos. Para dar un giro de 360º a la situación, los viticultores empezaron a viajar por el mundo y se dieron cuenta que la clave está en hacer una bebida de calidad, por lo tanto eso incluía invitar al consumidor a visitar las bodegas.

De a poco esa visión dio paso a pensar en otras cosas como en el lugar donde se recibe a los visitantes; la creatividad y  la audacia empezaron aparecer.

“Las primeras experiencias que tuvimos no fueron de arquitectura, nos habían pedido que organizáramos espacios para recibir a los formadores de opinión como los periodistas,  cuando eso pasó nos habíamos dado cuenta que a las personas les gustaba lo que miraban y les gustaba estar en el lugar que se hacían los vinos,  ahí supimos que era algo más que una vista y que se podía percibir con todos los sentidos. Descubrimos que el vino era una experiencia real”, aseguró Bórmida, es por esa razón que pensamos en el concepto: “El vino nace en la tierra y termina en la bodega”.

Así fueron las primeras experiencias de la arquitecta, crear experiencias efímeras para que las personas se acerquen a lugares que eran impresentables, en ese momento se inició la investigación de identidad, patrimonio y naturaleza, y Bórmida añadió que una de las cosas principales que observó fue que tenían que poner las bodegas al frente de la cumbre de los Andes, “Ahí nace el concepto de bodegas andinas, antes eso no existía, por eso decidimos trabajar con esa imagen”.

“La Bodega de Salestein empezó a retomar la imagen de las montañas que ya las había usado en sus primeras etiquetas, y decidimos cambiar las bodegas más hacia el desierto, para poder mostrar que el regado de las uvas era por goteo, esa era la experiencia, mirar eso y los Andes”, enfatizó Bórmida.

Por otra parte, la arquitecta explicó cómo ella tomó el material que había disponible para convertirlo en parte de las construcción de la bodega, “estos vinos han sido pensados para ser lanzados al exterior, por esa razón se pone mucho énfasis en la identidad y creamos la marca desde los espacios arquitectónicos”.

“El dueño fue tan inteligente que permitió que se hiciera un convenio con el CONICET (El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) para que nos ayudaran a identificar cuáles eran las especies nativas de flora más importantes, para que a partir de ahí, creáramos un paisajismo. Al final los principales beneficiarios fuimos nosotros, porque  desde ese entonces nos llamaron para más proyectos”, explicó Bórmida.

Se pensó en una bodega como objeto arquitectónico completamente diferente, se aprovechó la grandeza de las rocas de los Andes para para explotarlas y se le dio al espacio un carácter industrial, lo cual fue muy nuevo en ese momento.

Una historia un poco distinta pasó con Fournier, quien se acercó a la arquitecta y expresó que quería tener una bodega del siglo 21, pero la diferencia con este proyecto era que no había presupuesto para llevarlo a cabo, entonces había que ser muy creativo al respecto. “El concepto fue asociarse a la naturaleza y disfrutar de la identidad, no se trata sólo de una etiqueta, para los mendocinos el vino es algo indisoluble”.

Finalmente la experta aclaró al público que hace cinco o seis años no existía la arquitectura del vino en Argentina, pero si se estaba haciendo en otras partes del mundo.

“En estos proyectos se piensa en diseño, sociabilidad y funcionalidad, se aprovecha la escala de la luz, la sombra y el brillo, la gente se queda sin respiración cuando entra a estos lugares y no se trata de extravagancia, sino de la esencia del lugar”, concluyó.

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