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“El secreto es que te guste lo que haces”

Expreso Gustavo Samuelian, fundador de la marca de indumentaria Bolivia,

En la última entrevista de la Cátedra de Líderes Emprendedores del 2019 recibimos a Gustavo Samuelian, fundador de la marca de indumentaria Bolivia, para conversar sobre sus primeros años, la creación de Bolivia y sus emprendimientos actuales.

9/12/2019

“El secreto es que te guste lo que haces”

Los primeros años de Gustavo Samuelian lo encontraban rodeado de rollos de tela, hilos, vestidos. Su madre era costurera. Creció en ese entorno y cuando comenzó a trabajar, lo hizo en indumentaria, pero siempre desde lo comercial: fue vendedor, encargado y gerente de la marca de indumentaria masculina Bensimon.

Si bien se dedicaba a vender, le surgían muchas ideas para realizar cambios en la ropa, lo cual lo llevó a querer hacer su propia marca. Un día se decidió a dar el salto y llevó su proyecto a la realidad. Consiguió un local y eligió el nombre Bolivia, un poco porque era el origen de la abuela de sus hijos, otro poco porque le atraía la idea de tomar algo que no era glamoroso en el imaginario de la gente y ponerlo en un lugar completamente opuesto. Muchos le decían que era un genio, muchos lo criticaban, “pero todos se acordaban”.

El ADN de Bolivia en sus comienzos era un reflejo de sí mismo: “Toda la vida fui lo anti marketing, no por transgredir sino porque siempre pensé diferente. Bolivia era como era yo. Yo me vestía de formas distintas, y la gente me miraba raro. El ADN era hacer lo que me gustaba de la forma que fuera”. Comenzó en 2005, con el lei motiv de comunicar la verdad. Lo que hacía era raro, distinto, y llamaba mucho la atención. “La premisa para mí siempre fue hacer lo que me gustaba a mí, se use o no se use. Digamos nosotros lo que se usa”. Así fue que también decidió romper los esquemas del mundo publicitario y utilizar como modelos a gente común, que le guste su ropa de verdad, con campañas que quedaron en el recuerdo.

Para 2009 tenían cuatro locales y comenzaron a franquiciar. Con el tiempo, comenzó a sentir que “había hecho todo lo que tenía que hacer”, que se repetía a sí mismo. Tomó la decisión de dejar Bolivia, lo que significó volver a trabajar solo, dejar de tener un equipo al lado ayudándolo, pero también trabajar más libre: “Está bueno volver a empezar. Cuando estás en un lugar donde hiciste las cosas medianamente bien, te felicitan, te achanchás”, afirma Gustavo.

Con el impulso de las nuevas tecnologías, que te permiten vender sin necesidad de tener un local físico, comenzó con nuevos proyectos. Por un lado, Artisan, una marca de camisas “super premium”, con telas traídas de Europa. Si bien es “algo totalmente distinto a lo que venía haciendo”, está dentro de su estilo personal, lo que él mismo usa, ya que confiesa que se mira mucho el ombligo y no mira lo que hacen los demás: “Si vos no hacés lo que a vos te gusta, te va a salir mal, porque no sos vos”. Además, creó la marca Bonavena, que viene de “buena vena”, de la idea de la sangre, la familia, y tiene un estilo más parecido a los orígenes de Bolivia.

Por otro lado, se introdujo en el mundo del calzado, trabajando con Topper en el diseño de zapatillas, un mundo que le atraía desde hace unos años, cuando trabajó con ellos por primera vez. Después de insistirle a la gente de Alpargatas de que relancen la marca Flecha, le dieron la oportunidad de adquirirla y hacer él mismo ese proyecto con el que venía fantaseando. Las primeras zapatillas se las entregaron hace un mes y para él es un gran desafío porque “Flecha viene con un bagaje y una historia propia”. Hay una tendencia mundial de marcas viejas de calzado que están renaciendo con gran éxito y su sueño es poder vender las Flecha en el exterior, como un producto fabricado en Argentina, de calidad. También apunta a desarrollar ropa con la marca, para completar la línea: “Ahora es mío, puedo hacer lo que quiera, pero quiero respetar su historia, porque es una marca con vida propia”.

A Gustavo se le nota la pasión cuando habla de sus proyectos y las distintas marcas con las que fue haciendo realidad sus ideas: “Siempre me emocioné con la gente usando mi ropa”. Para él, el éxito no es vender más, sino disfrutar del proceso: “En el medio del hacer, en el transcurso entre la idea y la ejecución, uno tiene que estar contento, y ese es el éxito”. ¿Cómo hace para seguir arriesgándose y logrando imponer nuevas marcas? “El secreto es que te guste lo que hacés”. Tomar el miedo como un motor, moverse llevado por el deseo. De esta forma, Gustavo concluyó con un consejo para los estudiantes: “Olvídense de los que te dicen que no. Hay que animarse, hay que hacer”.

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