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Quiebre Social


Autor: Lema, Natalia
Carrera: Diseño de Interiores
Categoría: Proyecto Profesional
Línea Temática: Historia y Tendencias
Fecha de aprobación: Febrero 2010





Palabras Clave:


El Carnaval tiene una larga tradición dentro de la cultura. Como fiesta pagana representa una ceremonia en la cual los hombres y las mujeres expresan su libertad y su deseo de diversión. Sin embargo, el Carnaval va más allá de todo esto: es una fiesta que se puede abordar desde diferentes disciplinas.

Primero, como expresión estética se emparenta con el arte: en el aspecto escultórico, a través  de las máscaras y en el diseño de indumentaria en cuanto los trajes; en segundo lugar con el diseño y la producción netamente artesanal de las carrozas; en tercer lugar con la música y el baile, la danza orientada con el acompañamiento coreográfico. 

Además del aspecto estético, el Carnaval tiene un trasfondo religioso. Desde siempre, precedió a la Semana Santa. Frente a ella representa  la ausencia de inhibiciones, el deseo de disfrutar de los placeres cotidianos antes de los sacrificios que impone la Cuaresma. La presencia de máscaras y maquillajes ayuda a ocultar la identidad de los que participan del Carnaval y colabora con  su disfrute en libertad.

También, resulta interesante abordar el Carnaval desde el punto de vista sociológico, como reflejo de la sociedad. Todas las sociedades buscan canales para expresar su deseo de libertad y  de romper con los límites; precisamente, esto es lo que proporciona el Carnaval. Durante los días de festejos, la gente se evade de sus problemas cotidianos y se sumerge en una nueva realidad que los libera.

Este trabajo propone un abordaje del tema del Carnaval y  de su riqueza cultural, estética, religiosa Y sociológica.

Tomando como ejemplo los carnavales de Venecia, Río y Gualeguaychú, se puede afirmar que en el transcurso de estos carnavales, todos los presentes experimentan y sienten el verdadero sentido de esta fiesta, liberándose de las ataduras sociales y culturales que organizan a la sociedad contemporánea.

Si bien el Carnaval tiene una larga tradición en la historia del hombre, esta manifestación fue evolucionando a través de los años y adquirió diferentes características en cada país. La presente propuesta pretende brindar un ejemplo de integración el diseño de un stand y la idea de quiebre social que representa esta fiesta. Sin embargo, el aporte es más completo ya que se busca integrar no sólo la estética de esta fiesta sino también tomar en cuenta su aspecto religioso y sociológico. En síntesis, este proyecto aspira a servir como modelo para encarar el diseño.

El presente trabajo, además, tiene relación con materias como  Diseño de Proyecto Integral II,  Historia del Arte, Taller de Reflexión Artística I, II y III. Los alumnos de Diseño y Comunicación podrán utilizar este proyecto como material de consulta, de estudio o guía.

Este trabajo adquiere mayor importancia porque la riqueza cultural del tema justifica contar con un material bibliográfico que proponga un enfoque en profundidad.

El stand producto del diseño que se propone aquí se ocupa de traducir esa riqueza cultural a través de determinadas fantasías. Los disparadores más comunes de fantasías aplicadas son casi siempre metáforas o comparaciones. Las metáforas suelen funcionar cuando nos sirven para dirigir las primeras ideas de un stand.

El tema no es descubrir por qué idea comenzó el stand, sino entender qué comunica. La metáfora está implícita y –creemos– debería ser invisible. Bastará con que nos sirva para diseñar. Es el dueño de la metáfora quien, a la hora de estar en el stand, esperará verla plasmada en una primera observación.

El diseñador debe revisar esas metáforas para que el mensaje del expositor pueda ser elaborado por el visitante durante su permanencia dentro del espacio de venta, permitiendo un dialogo lógico entre el comprador y producto; sosteniendo su duda y acompañándolo en la contemplación, la especulación o la indiferencia. Para lograrlo hay que generar lugares y situaciones que aparezcan durante el recorrido. No es tanto como el tiempo detenido de la arquitectura tradicional, ni tan poco como el minuto del publicista.

Un stand no es una novela, ni una palabra suelta. Un stand es un cuento. Y el visitante, el cliente, es el lector. Julio Cortázar aconseja al escribir un cuento, la necesidad de armarse de un oficio de escritor. El oficio consiste entre muchas otras cosas, en lograr ese clima que obligue al lector a seguir leyendo, que atrape su atención, que lo aísle de todo lo que lo rodea para después, terminado el cuento volver a conectarlo con su circunstancia de una manera nueva, enriquecida, más honda o más hermosa. Y el único modo con que puede conseguirse ese secuestro momentáneo del lector es mediante un estilo basado en la intensidad y en la tensión, un estilo en el que los elementos formales y expresivos se ajusten, sin la menor concesión, a la índole del tema, le den su forma visual o auditiva más penetrante y original, lo vuelvan único, inolvidable, lo fijen para siempre en su tiempo y en su ambiente y en su sentido más primordial, tal como señala la arquitecta Paola Anselmi.

En otro orden de cosas, Heraldo Bothelo agrega: “Un stand es una obra muy peculiar, pues es pequeño, efímero, se hace en plazos cortos, bajos, con mucha resistencia de materiales. Al mismo tiempo, se espera mucho de ellos: que represente una compañía, que le traiga ventas, que transmita una buena imagen. Hacer un stand exige la obsesión por la coherencia del todo y por la perfección de cada detalle, reunidos a un gran poder de síntesis…”

                                                                                                        

 

 

 

 

 

 

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