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Introducción

Echevarría, Oscar [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Proyecto Maestría en Diseño

Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº21

Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº21

ISSN Impresión 1668-0227
ISSN Online: 1853-3523
DOI: https://doi.org/

Proyecto Maestría en Diseño

Año VI, Vol. 21, Julio 2006, Buenos Aires, Argentina | 65 páginas

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El Trabajo avanza en el planteo de una propuesta curricular de posgrado en Diseño que contemple las características específicas del desarrollo como profesión y como disciplina en el país. El trabajo incluye el análisis de la actual oferta curricula

Introducción

Alcances y objetivos del trabajo.

El diseño emerge con el nuevo milenio como una de las profesiones más estrechamente vinculadas al desarrollo y crecimiento de nuestra época. Este protagonismo recuerda al cine que, como recurso ópticomecánico fue el gran invento de fines del siglo XIX, creció con el siglo XX hasta convertirse en un lenguaje que integró todos los lenguajes y un medio que, industria mediante, se transformaría en un gran fenómeno de masas, imponiendo imágenes, difundiendo valores y generando negocios.

El diseño, cuyos orígenes no tienen un nacimiento tan claro pero que, según se lea e interprete es tan antiguo como el hombre, caminó lentamente al comienzo del siglo XX, avanzó a mejor ritmo hacia “La posguerra que marca el comienzo del protagonismo del diseño (...) destacando su lugar como uno de los principales factores de la transformación social de este siglo.” (Ledesma, 1997: 28) Esta tendencia adquiere un notable impulso para acompañar el nuevo siglo como imagen y motor de la industria, las comunicaciones y la cultura.

Las características especiales que presenta el diseño en nuestra época y en nuestro país y la necesidad de avanzar en la formación de los profesionales que actúan en el área, requiere un trabajo de análisis y reflexión sobre este campo disciplinar para elaborar una adecuada propuesta curricular de posgrado que contribuyó en la solución de las necesidades detectadas.

El objetivo de este trabajo es avanzar en el planteo de una propuesta curricular de posgrado en diseño que contemple las características específicas del desarrollo, como profesión y como disciplina, alcanzado por esta actividad en nuestro país. El trabajo incluye el análisis de la actual oferta curricular de grado de las universidades argentinas en diseño y las conclusiones observadas en la consulta a profesionales de distintas disciplinas que enseñan en carreras de diseño realizada para detectar los problemas del profesional en el campo laboral y los temas que deben incluirse en una primera propuesta curricular de posgrado en el área en Argentina.

Analizando detenidamente el desarrollo logrado en nuestro país se puede afirmar que el diseño se encuentra en un proceso de expansión e interrelación con múltiples áreas, profesiones y ámbitos que hablan de una madurez laboral que no es acompañada con una adecuada reflexión que le permita consolidarse como disciplina y profesión. Al entender el diseñar como prefigurar con un objetivo, no es posible fijar límites estrictos a esta actividad que se articula en torno al proyectar, pensar las cosas antes de hacerlas.

Para algunos, una determinada profesión alcanza su madurez cuando la demanda de quienes dominan sus conocimientos, sus códigos y sus herramientas es mayor que la oferta. Para otros este momento se da en la irrupción mediática, bien porque algún representante alcanza notoriedad por sus saberes, creencias y aportes, bien porque comienza a hablarse en los medios sobre esta actividad, aparecen periodistas especializados, se crean revistas, programas de televisión y de repente se descubre una “nueva” profesión.

Es el momento bisagra de una actividad. Muchas veces sucede con actividades humanas que parten de la penumbra del escenario laboral, profesional, cultural o mediático de una determinada época y luego comienzan a reubicarse en un lugar más destacado. Esta reubicación del diseño hoy es posible básicamente debido a cuestiones económicas, pero sin duda las trasciende y abarca otros campos.

La madurez de esta actividad, que a partir de lo artesanal se ha instalado de lleno en el plano cultural, económico y social, expresa la imposibilidad de aislarla del hombre y de su constante voluntad de transformar el mundo. “El entorno humano nace como un espacio lleno de objetos y signos de uso para la supervivencia y la esperanza, las dos dimensiones fundamentales de lo vivo.” (Vázquez Montalbán, 1998:123) El diseño hoy está vinculado al concepto de cambio, tan indisolublemente ligado al dinamismo de nuestra época que, mimetizado con ella, puede entendérselo como sinónimo de transformación o como maquillaje superficial.

Desde esta perspectiva la comprensión y dominio de la forma con fines funcionales que fue útil desde la Revolución Industrial y que acompañó la modernidad, ya no es suficiente para definir esta actividad humana. Es el concepto de “crisis permanente, uno de los planos más atractivos del diseño, es lo que otorga su capacidad de innovación y existencia.” (Fernández,1996:40)

Las demandas de la sociedad.

Hoy podemos rastrear a través de innumerables referencias las características que va adquiriendo la demanda de profesionales del diseño por parte del mercado laboral. Al explorar los avisos de búsquedas laborales de los diarios de circulación nacional, se puede constatar que esta demanda es por momentos explosiva. Se destacan grandes posibilidades laborales para quienes, con formación universitaria o terciaria formal, dominen algunos procesos básicos de diseño y producción, valorizándose la importancia del manejo de las herramientas informáticas.

Esta demanda de capacitación técnica basada en el dominio de las herramientas digitales condiciona en alguna medida la formación en el área del diseño: orientándose hacia la capacitación para la inserción laboral. Es importante destacar que esto se produce en un escenario de creciente desocupación en Argentina.

Por lo tanto la demanda de los ingresantes a estas carreras, está impregnada de una necesidad de rápida capacitación para garantizar su inserción laboral y condiciona en gran medida el desarrollo curricular.

El mercado demanda, los estudiantes presionan, el curriculum se adapta dejando fuera de los planes de estudio actuales lo contextual, lo interdisciplinario, lo cultural, lo conceptual, el desarrollo teórico, la integración disciplinar, el desarrollo de proyectos de gran magnitud, la capacidad de análisis sistemático de problemas de mediana y gran complejidad a través de la integración de enfoques. Las nuevas demandas económicas, culturales, sociales y ambientales de ésta como de otras profesiones, no pueden ser resueltas desde una perspectiva tradicional.

El escenario de la profesión no es el mismo que dominaba apenas, una década atrás. Bonsiepe, uno de los pensadores europeos del diseño más comprometido con la transformación de la disciplina afirma “La forma dejó de ser el criterio dominante; hoy el desafío radica en crear estructuras, es decir no sólo visualizar la información sino también reestructurarla.” (Bonsiepe, 1996:21) Para que esta firmación no se convierta en una expresión voluntarista de deseos, una de las demandas actuales en el campo del diseño es crear un ámbito de reflexión que integre todas las cuestiones sobre el diseño considerado simultáneamente como profesión y como disciplina, porque “las profesiones que no producen conocimientos no tienen futuro, por eso la investigación en el campo del diseño es indispensable.” (id:21)

El desplazamiento del diseño de los productos a los servicios, de la comodidad de lo tangible a la incertidumbre de lo intangible, acompaña el tránsito de la sociedad industrial a la postindustrial global. Es imperioso comprender que la pieza que se produce -sea un aviso, un mueble, una prenda-, ya no es el centro de la actividad del diseñador. La práctica proyectual la trasciende, enmarca dicha pieza en contextos organizativos, económicos, comunicacionales, culturales y ahora también ambientales, en los que interviene el diseñador contemporáneo con su accionar comprendiéndolos y modificándolos. Al desaparecer el objeto núcleo que tradicionalmente plasmaba y definía el quehacer del diseñador, la actividad proyectual adquiere una dimensión cualitativamente diferente. Este tránsito del instante materializado a un continuum inmaterial obliga a repensar la disciplina y la formación de sus profesionales. Las instituciones educativas de nuestro país, principalmente sus universidades, no han dado en este caso, como en tantos otros, una adecuada respuesta para la formación de los nuevos actores que esta actividad requiere. “Un mundo que se hace más complejo a velocidad creciente, que valoriza estratégicamente de un modo también creciente la posesión del conocimiento y la capacidad de generarlo, demanda de las sociedades, para ser competitivas y capaces de atender con dignidad las necesidades fundamentales de sus integrantes, la formación cada vez más sofisticada de su gente.

En un mundo así, las cuestiones críticas pasan, seguramente, por ejes novedosos.” (Acuerdo de Gobierno para la Reforma de la Universidad de Buenos Aires,1995:3)


Introducción fue publicado de la página 10 a página11 en Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº21

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