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La enseñanza del diseño

Echevarría, Oscar [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Proyecto Maestría en Diseño

Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº21

Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº21

ISSN Impresión 1668-0227
ISSN Online: 1853-3523
DOI: https://doi.org/

Proyecto Maestría en Diseño

Año VI, Vol. 21, Julio 2006, Buenos Aires, Argentina | 65 páginas

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Las tres generaciones.

En Argentina la primera enseñanza sistemática del diseño en el ámbito universitario se realizó en facultades de arte. Es el caso de las carreras creadas en la Universidad Nacional de Cuyo en 1958 y en la Universidad Nacional de La Plata a comienzos de los años ‘60. En el ámbito de esta última la carrera se ubicó en la, por ese entonces, Escuela Superior de Bellas Artes que, a comienzos de los años ‘70, se transformó en la Facultad de Bellas Artes. En los ‘80 la carrera que se denominaba Comunicación Visual comenzó a denominarse Diseño y comunicación visual. Méndez Mosquera señala que “el diseño en nuestro país tiene sus primeras manifestaciones en torno a la revista Ciclo creada en 1948, cuando “se comienza a discutir, polemizar y mencionar por primera vez términos como artes visuales, espacio y diseño industrial.” (1969:85)

La segunda generación de enseñanza del diseño en las universidades fue ubicada en Facultades de Arquitectura, creadas bajo el concepto de ser una actividad proyectiva al definir con Bonsiepe “Proyectar es: Actividad de intervenir, mediante actos participatorios, en el medio ambiente” (Bonsiepe, 1985:267), el caso paradigmático es la Universidad de Buenos Aires (UBA) en ella la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU), luego de la creación de la carrera de Diseño Gráfico, más tarde se crearían otras, pasó a denominarse Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU).

Aquello que señalaba González Ruiz en los fundamentos de la creación de la carrera de Diseño en la Universidad de Buenos Aires, siguen vigentes “En nuestro país, la disciplina tiene una historia de aproximadamente treinta años y los diseñadores que en ella se han destacado provienen de Bellas Artes, arquitectura o técnicas gráficas o se formaron en la práctica publicitaria. Esta hibridez hace que en la mayoría de los casos exista una mala formación en los aspectos conceptuales y una gran arbitrariedad en el análisis de lo producido.” (González Ruiz, 1986:211)

Un año antes en 1985, en el ámbito de la UBA se creó el área Proyectual integrada por Arquitectura que sumándose a las áreas Biológicas y Salud, Ciencias Sociales, Humanidades y Ciencias Básicas completaba la organización académica de la oferta curricular de esta universidad por aquellos años. Con esta disposición y bajo el concepto que el “Diseño Gráfico (es una) carrera por otra parte enraizada con el pensamiento lógico, y sistemático del arquitecto.” (id:205) se puso en marcha la primera carrera universitaria de diseño en Buenos Aires, señalando desde su nacimiento el contexto académico en el que va a ubicarse conteniéndola “diseño es la actividad proyectual para la creación de formas útiles al hombre, ya sean destinadas a cumplir funciones de vida urbana,de habitabilidad, operacionales, tácticas o de comunicación visual.” (id:35)

A partir de esos años observamos, al decir de Calvera “un proceso de autonomización del diseño” (1996: 32) a través de la creciente especialización que acompaña la interrelación mantenida con otros campos y con la consolidación de un discurso que ha ido profundizando su especificidad. Esta especificidad significa que el diseño ha ido demarcando su territorialidad, superando el síndrome de hermano menor frente al campo de la artesanía y del arte primero y de la arquitectura posteriormente. “Los esfuerzos de autoformación que hace el diseño ya le llevan liberados varios duelos de separatibilidad: De las artes, de la arquitectura, del dibujo, de la publicidad,de la imprenta, del tablero.” (Fernández,1996:38)

En la inseparable relación entre el diseñar y el proyectar se establece, y se mantiene, el vínculo entre arquitectura y diseño. De hecho la mayor parte de las carreras de diseño en las universidades argentinas están ubicadas en Facultades de Arquitectura. “El diseño está en una encrucijada intelectual donde la antropología se encuentra con los estudios de la comunicación, el arte con el mercado, y la psicología cognocitiva con los negocios. Está en un lugar para convertirse en un campo educacional integrador.” (Swanson, 1997:13)

Desde el quehacer cotidiano de la profesión como desde otros campos disciplinares con escasa presencia en el ámbito académico de la actividad proyectual surgen demandas y requerimientos que las facultades de arquitectura no pueden resolver respecto a la transformación del Diseño, su ramificación creciente y su expansión en el campo laboral. En el año 1991, el diseño origina una facultad y es el caso de la Universidad de Palermo, donde diseño nace vinculado a las comunicaciones ubicando la enseñanza de la disciplina a tono con la producción teórica del momento.

Es la tercera generación de carreras universitarias de diseño en Argentina, que contextualiza la profesión al instalarla en el complejo paradigma comunicacional contemporáneo como lo señala acertadamente el informe de la denominada comisión Mc Bride designada por la UNESCO al puntualizar que la expansión espectacular de los recursos y la posibilidad de comunicación “si bien abre amplias perspectivas, esta expansión suscita temores e incertidumbres. En efecto, todo depende de la utilización que se de a esos recursos nuevos, de las decisiones que se tomen y de la calidad de quienes vayan a tomarlas.” (Mc Bride, 1980:431)

Esta tercera generación de carreras de diseño es simultánea a la creación del área de diseño como una de las cuatro grandes áreas en que se organiza el Ciclo Polimodal de la enseñanza media argentina “el diseño como andamiaje interdisciplinar que nace del aporte de arte, artesanía y técnica. Se plantea como la suma de la capacidad de imaginar, idear y crear, el hacer manual y la habilidad técnica que le permite concretar proyectos ideas o imágenes.” (Secretaría de Programación y Evaluación Educativa, 1996:379) De esta forma la enseñanza del diseño que estaba reservada al nivel terciario o universitario comienza, a partir de esta reforma, en el último ciclo de la enseñanza media.

El diseño, disciplina en busca de identidad.

La formación de los diseñadores no es ajena a la actual “crisis de confianza en la preparación de los profesionales.” (Schön, 1992:21) Esta es una suerte de advertencia y de llamado a la responsabilidad a las instituciones de grado para superar esta situación,

“Las escuelas profesionales deben replantearse la estrategia de la práctica como los supuestos pedagógicos sobre los que se asientan sus planes de estudio, a la vez que deben favorecer cambios en sus instituciones de modo que den cabida a un practicum reflexivo como un elemento clave en la preparación de sus profesionales.” (id:30)

Atendiendo a estas y a otras demandas a lo largo de la década del ’90 en nuestro país el diseño comenzó a vincularse con otros campos disciplinares, profesionalizando su práctica, jerarquizando su enseñanza, consolidando definitivamente el nombre del Diseño y superando el de comunicación visual, como son los títulos que otorgaban las universidades pioneras en nuestro país en este campo:

Las Universidades Nacionales de La Plata y Cuyo. Las carreras de diseño comienzan a vincularse con las comunicaciones, se diseña para comunicar en su sentido más amplio. En la actualidad, las orientaciones y especializaciones del diseño no alcanzan para formar profesionales que dominen la complejidad sociocultural, que entiendan el Diseño como una parte de procesos sociales, culturales, industriales y económicos que lo abarcan.

Desde la visión actual, se entiende al diseño como una profesión preocupada por el mejoramiento de la calidad de vida de los usuarios e interesada en participar activamente en el espacio de comunicación de las organizaciones.

La complejidad de los campos disciplinares necesarios para la formación de un perfil profesional con estas características, plantea una diversidad de requerimientos en dicha formación. La formación de un diseñador exige la comprensión de múltiples campos, el dominio de nuevas tecnologías y de procedimientos de producción, más el desarrollo de las actitudes específicas que lo capaciten para intervenir activa y productivamente en el tejido comunicacional y organizacional contemporáneo.

Por este motivo, resulta conveniente actualizar una reflexión crítica sobre la enseñanza del diseño, cuyos campos de conocimiento y aplicación se encuentran en procesos de análisis, revisión y transformación. La formación de los diseñadores necesita adecuarse a este escenario para permitir a los nuevos profesionales acceder a una reflexión de nivel superior para adaptarse a los cambios de paradigma que se producen como efecto de la globalización, los requerimientos de la postindustrialización, la internacionalización económica, la emergencia de nuevas formas sociales y la consideración de las problemáticas ambientales, entre otros factores que caracterizan nuestra época.

El diseño en las universidades argentinas.

No existe ninguna institución educativa u organización estatal, gremial o profesional que se haya involucrado en forma sostenida en nuestro país en el desarrollo de la disciplina diseño en los últimos diez años con aportes significativos, más allá de la expansión de la oferta curricular observada en las instituciones educativas de nivel medio, el caso polimodal y de nivel terciario y universitario.

En las páginas siguientes se describe la oferta actual de carreras de diseño por parte de las universidades argentinas. (UBA, 2000b, Lázara, 1999) En nuestro país funcionan actualmente 78 universidades, de las cuales 36 son las denominadas universidades nacionales, de gestión estatal y 42 son de gestión privada.

De las 78 universidades existentes en Argentina 24 ofrecen carreras de diseño (Tabla 1). Es mayor la cantidad de carreras de diseño en universidades privadas que en universidades nacionales. En el primer grupo se contabilizan 15 universidades mientras que en el segundo solamente 9 tienen carreras de diseño.

Ninguna de estas universidades ofrece Maestrías o Doctorados en este campo. La importancia que adquirió la formación de profesionales del diseño en Argentina se evidencia en que un porcentaje del total de las universidades ofrece carreras de grado en el área. Este porcentaje se incrementa en el caso de las instituciones privadas y disminuye en las instituciones estatales. En Argentina se dictan actualmente 44 carreras de grado de diseño, 28 carreras se ofrecen en universidades privadas y 16 en 4 universidades nacionales.

La diversidad de la oferta es significativamente mayor en el grupo de instituciones privadas que alberga al 64% de los títulos que se ofrecen , mientras que en las estatales solo el 36 % de los títulos.

La mayor parte de las carreras de diseño que se dictan en nuestro país pertenecen al campo gráfico y visual con carreras en 16 universidades. Luego la carrera de Diseño de Interiores en 8 universidades, Industrial en 7, Imagen y Sonido en 6 y Diseño de Indumentaria y Textil en 5. Solamente en el caso de Diseño Industrial hay más oferta en las universidades nacionales que en las privadas (Tabla 2).

Observando la oferta en las universidades nacionales se destaca la Universidad de Buenos Aires con cinco carreras de Diseño. A excepción de Cuyo y La Plata que crearon sus carreras en los años ´60. (Tabla 3) La Universidad de Buenos Aires lideró, como ya se mencionó, el segundo momento de las carreras de diseño, vinculadas a facultades de arquitectura. En las otras seis universidades nacionales con actividad en el área, la presencia del diseño se limita a una sóla carrera por universidad, evidenciando que no figura en los planes de estas instituciones como área de desarrollo y crecimiento en los próximos años. El campo de las universidades privadas es significativamente más rico en cantidad y diversidad de carreras ofrecidas en diseño.

En un lugar destacado está la Universidad de Palermo con cinco carreras, luego las Universidades de Champagnat y Argentina de la Empresa con tres carreras cada una. Las Universidades Blas Pascal, Belgrano y Empresarial siglo XXI ofrecen dos carreras cada una, mientras que las otras ocho universidades privadas con presencia en el área tienen solamente una carrera cada una. (Tabla 4) La Universidad de Palermo fue la primera Universidad privada en el país en comenzar a dictar una carrera de diseño, a partir del año 1991 inaugurando el tercer momento de la enseñanza del diseño vinculando al campo de las comunicaciones, como se mencionó en las páginas anteriores.

Analizando los planes de estudio de las carreras de Diseño en nuestro país observamos coincidencias básicas en torno a un modelo dominante, similar a aquello que señala Calvera respecto a España donde se organiza el curriculum de grado en torno a una “definición disciplinar: Comprender el tronco común, que es el proyecto de diseño y su metodología específica como actividad creativa para después profundizar en lo específico de cada rama.” (id:125)

La diversificación de títulos que se ofrecen habla que la estrategia sostenida por las universidades ha sido la búsqueda de una especialización rápida que facilite la inserción laboral de sus egresados.

Pero esta situación dificilmente se sostenga en los próximos años y las instituciones deberán modificar estas estrategias incluyendo en ellas, una adecuada articulación entre el grado y el posgrado en la línea que plantea Filmus, actual Secretario de Educación de la Ciudad de Buenos Aires: “Focalización del esfuerzo de las carreras universitarias de grado en una formación general y amplia en áreas del conocimiento más abarcadoras que las actuales. Ello implicará la postergación de la adquisición de especializaciones profesionales hacia el nivel de posgrado. Es posible afirmar que ya se ha iniciado un proceso que revierte la histórica tendencia universitaria de las últimas décadas:

La formación de especialistas. La imposibilidad de predecir las modalidades profesionales que se requerirá en un plazo de cinco a diez años está generando la necesidad de preparar universitarios con una formación mucho más amplia, abarcadora y flexible que permita el acceso posterior a múltiples opciones de especialización. El título de grado probablemente requerirá menos años de estudio. Pero su función principal será la de habilitar para el acceso a un curso de especialización, un diploma, maestría o doctorado. Su valor para el ingreso directo en el mercado de trabajo disminuirá consideráblemente.” (Filmus, 1997:302)

Ninguna de las universidades que dictan la carrera, que en la actualidad son veinticuatro, ha creado líneas de investigación y desarrollo teórico; no existe ningún centro de investigación en el área, ni ninguna publicación académica sostenida.

La asociación profesional que los agrupa la Asociación de Diseñadores Gráficos ha disminuido su presencia y su liderazgo en el sector, limitándose su accionar a cuestiones reivindicativas y de difusión. Son escasos los libros sobre el tema de autores argentinos publicados en los últimos años. La excepción a este árido panorama de la actividad durante la década de los ’90 es la revista Tipográfica que, bajo la dirección de Rubén Fontana, se ha sostenido desde su creación y ocupado un lugar destacado, que trascendió nuestro país, como medio de reflexión y consolidación profesional. Un párrafo aparte merece la significativa transición de su nombre original de Tipográfica a TPG, Comunicación para Diseñadores, planteando, como lo señalamos más arriba al mencionar el tercer momento de la enseñanza del diseño, la indisoluble unión entre los campos, tanto teórico como profesional, del diseño y las comunicaciones.

La propuesta de creación de una maestría se ubica en este desolador panorama disciplinar del diseño en el país, acompañado por el crecimiento, por momentos explosivo, de la matrícula en las carreras universitarias en Diseño.

La Universidad de Buenos Aires, en su carrera de diseño (UBA, 2000a) señala que en 1985 al crearse la carrera se inscribieron 260 estudiantes y que hoy la población estudiantil regular es de 4.500 estudiantes. Cronológicamente las primeras carreras creadas fueron en las Universidades de Cuyo y La Plata en los años ´60, luego, recién en 1986 la Universidad de Buenos Aires y en el año 1991 la Universidad de Palermo. Contrasta que en casi treinta años sólo cuatro universidades ofrecían carreras de diseño mientras que en los diez últimos diez años otras veinte universidades comienzan a dictar carreras en este campo. Como el Ministerio de Cultura y Educación de la Nación no procesa las estadísticas de estudiantes universitarios que envía cada universidad por carrera sino por Facultad no es posible hablar en términos exactos sobre la población universitaria actual de estudiantes de diseño en nuestro país, pero se puede suponer que supera los 15.000 estudiantes.

Al no existir una producción teórica ni espacios académicos de reflexión que permitan la formación continua de docentes y directivos se presupone que ha disminuido significativamente la calidad de la enseñanza, presionado por el aumento de la demanda, producto del incremento explosivo de la población estudiantil. Se incorporan a los claustros académicos, bajo la continua presión de esta población estudiantil, personal que no está lo suficientemente capacitado para la enseñanza provocando un fuerte deterioro en la calidad de la formación de los nuevos profesionales. Esto ya fue observado por la conducción de las Facultades de la Universidad de Buenos Aires en su Acuerdo (UBA, 1995), la situación actual se puede resumir en la ecuación: Más profesionales con menor formación.

“El proceso en el que las escuelas colocan graduados en trabajos con diseñadores, que después retornan como profesores, que basan su enseñanza en los modelos estrechos de sus experiencias y que al fin participan en el rediseño de programas dedicados a satisfacer necesidades profesionales, es una espiral descendente en la que el crecimiento intelectual o cognitivo no puede tener lugar.” (Winkler, 1997:256)

La presión del mercado.

La formación de los actuales estudiantes de diseño bajo la creciente presión del mercado se fue orientando hacia una capacitación básicamente técnica, desplazando la escasa producción teórica por una mayor formación instrumental que en lugar de permitir el crecimiento cualitativo del sector lo condena a una expansión cuantitativa. Las instituciones educativas responden a la presión inmediata que requiere a quienes se preparan para ingresar laboralmente al mismo, sólo una adecuada capacitación instrumental principalmente en el campo de las nuevas tecnologías digitales.

La situación económica en Argentina durante 1980 se caracterizó por su inestabilidad crónica que hace crisis en la hiperinflación de fines de esa década provocando un profundo cambio político, económico y social en las reglas de juego que marcan la década siguiente.

Hasta esos años el mercado nacional estaba cerrado, no se permitía la libre importación de mercancías extranjeras. El rol del Estado era muy activo interviniendo con acciones de regulación y de protección de la industria local a través de distintos tipos de subsidios, de fijar límites a la competencia, y de impedir o arancelar exageradamente el ingreso de productos extranjeros. El mercado se movía por la oferta generada por la producción y no por la demanda, característica de los mercados abiertos occidentales. El consumidor no influía con su demanda en la orientación y el mejoramiento de la oferta.

Al tener la industria y los servicios argentinos un mercado cautivo no necesitaban invertir en tecnología, diseño y management para el mejoramiento y renovación de sus producción. La industria nacional salvo excepciones, invertía poco en diseño. Era habitual la copia de diseños europeos o americanos por empresas nacionales favorecidas por el mercado cerrado que impedía la competencia con los productos originales.

“Es que durante años, la moda local se caracterizó por una aburrida producción seriada que daba por resultado vidrieras idénticas y gente uniformada. La apertura y la globalización pusieron en crisis ese tipo de producción - explica Hecker, Secretario de Desarrollo Económico de la Ciudad de Buenos Aires - Nuestro país no tiene la capacidad para competir a grandes escalas como China o India. La única alternativa es, entonces, competir desde el diseño.” (Gentile, 2000:54)

A partir del año ‘91 se produce un profundo cambio económico, cuyas consecuencias sociales y culturales se observan aún en el presente. La década del ´90 se caracterizó por una vertiginosa apertura de mercados que posibilitó la llegada de productos extranjeros a precios internacionales. El Estado dio un paso atrás al liberar el mercado y dejar de proteger a la empresa argentina, generando en las organizaciones la necesidad de adaptarse a las nuevas reglas de juego mediante la competencia y el cambio tecnológico aplicado a productos y servicios. Las empresas tuvieron que modificar su estructura, muchas desaparecieron y otras se fusionaron o fueron adquiridas por corporaciones multinacionales.

En este escenario, acompañado de un adecuado discurso ideológico, los consumidores pudieron elegir, comparar y planificar las adquisiciones al detenerse la inflación y lograr estabilidad monetaria y aumentar la oferta. “Ya no se trata de vender productos, se trata de satisfacer las necesidades, atender las demandas, olvidar la lógica del producto para dedicarse a la del individuo.” (Vitrac y Gaté, 1994:57)

Actualmente las empresas argentinas se ubican en un mercado abierto con una imperiosa necesidad de exportar a otros paises, porque la escala del mercado argentino se presenta muy reducida para la mayor parte de las industrias. La posibilidad de satisfacer la demanda del mercado local y de avanzar hacia otros mercados por parte de las industrias nacionales se basa en cuatro grandes líneas de acción: Costos, tecnología, gestión y diseño. El diseño se instala como un recurso y una variable estratégica e insustituible de las empresas para poder sostenerse en este escenario. “Hoy en día, el diseñador es un resuelve problemas, un colaborador fijo en la empresa con el mismo nivel que un experto contable, un ingeniero o un consultor jurídico. Es un hombre de empresa. Actúa en colaboración con los responsables de la comercialización y la producción. Opera en todos los niveles de intervención de la empresa: Es a la vez pensar cuesta arriba y realizar cuesta abajo.” (Vitrac y Gaté, 1994:16)


La enseñanza del diseño fue publicado de la página 15 a página20 en Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº21

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