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Con la consolidación de la disciplina se enriquece la profesión.

Echevarría, Oscar [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Proyecto Maestría en Diseño

Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº21

Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº21

ISSN Impresión 1668-0227
ISSN Online: 1853-3523
DOI: https://doi.org/

Proyecto Maestría en Diseño

Año VI, Vol. 21, Julio 2006, Buenos Aires, Argentina | 65 páginas

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Nuevas necesidades, nuevas propuestas.

El contexto en el que se instala la propuesta de una Maestría está marcado por tres cuestiones: La ausencia de un espacio académico-profesional que procure avanzar más allá de la capacitación técnica, la explosiva población profesional y estudiantil en el área con significativas carencias en su formación y la creciente demanda sobre los profesionales para que colaboren activamente en el desarrollo económico de nuestro país como motor para resolver la profunda crisis económica.

Este trabajo plantea que solamente a través de la consolidación de la disciplina en nuestro país se puede avanzar en el mejoramiento cualitativo del ejercicio profesional. Hoy ambos requerimientos se resuelven en forma conjunta y la propuesta curricular de la Maestría está orientada para colaborar, ya que se requieren otras acciones, con la resolución del estancamiento disciplinar y profesional que se observa en el diseño en Argentina.

No puede haber un mejoramiento del ejercicio profesional si los profesionales del diseño no se instalan, más allá de los aspectos instrumentales, en un espacio disciplinar autónomo, con capacidad de reflexión, y producción teórica. Solamente la renovación metodológica, la incorporación crítica del aporte de otros campos del conocimiento para repensar su status disciplinar permitirá que el diseño deje de ser considerado un oficio. La Maestría, como nuevo espacio académico claramente diferenciado de la oferta de grado, debe plantearse como un observatorio disciplinar y profesional que centre su enfoque en las cuestiones que hoy impiden, dificultan y entorpecen el desarrollo de la actividad.

“Paradójicamente, el hecho que el diseño se haya convertido en un elemento clave para el desarrollo de la industria y la economía, como también en un símbolo familiar de la modernidad y de la prosperidad ha dificultado la reflexión crítica y estética del diseño, hasta quedar reducido, nos dice Tony Rusell, a una práctica instrumental de la sociedad de consumo.” (Pericot, 1991:14) Sin consolidación disciplinar no hay jerarquización profesional. Sin elaboración teórica, sin un análisis crítico de la producción, sin formación del cuerpo docente, sin generación de conocimientos, sin resignificar los aportes culturales locales y regionales, sin debatir y confrontar dialécticamente, en síntesis, si la actividad teórica no logra integrarse a la práctica profesional no hay posibilidades de resolver la inmovilidad actual del diseño en nuestro país.

Con todos estos requerimientos la estructura curricular de un emprendimiento de posgrado debe, necesariamente, ser abierta. Este concepto remite a Eco con su aporte fundacional a la semiología estructuralista en su ponencia al congreso de Filosofía de Venecia de 1958: “El problema de la obra abierta”, que instala en el nuevo concepto de análisis de los discursos contemporáneos “la aparición (...) de obras cuya indeterminación, cuya apertura puede aprovechar el lector bajo un aspecto productivo.

Se trata, en definitiva, de obras que se presentan al lector o espectador no totalmente producidas ni concluidas, cuyo goce consiste en la conclusión productiva de las obras.” (Eco, 1972:161)

La propuesta curricular como obra abierta.

Dentro de esta concepción, el curriculum práctico se hace posible en un diseño curricular abierto que pueda incorporar el trabajo sobre problemas, donde el sujeto que aprende adquiere un rol activo junto a otros, con sus aportes y elaboraciones, a través de su intervención, teórica, metodológica e instrumental en la resolución de dichos problemas.

El problema es el núcleo de la actividad en una Maestría, el desplazamiento de la actividad del diseñador, del objeto a diseñar al problema a resolver, es el desplazamiento hacia la obra abierta que propone Eco coincidiendo con la transición del curriculum técnico al curriculum práctico que impulsa Grundy como se desarrolló en las páginas anteriores. La Maestría posibilita nuevos aprendizajes de sus participantes en el proceso que diluye y desdibuja las certezas del aprendizaje técnico, predeterminado, en la incertidumbre de la construcción de nuevos conocimientos.

El énfasis se desplaza del objeto de estudio al sujeto que estudia. Este adquiere un rol protagónico tanto en su proceso de aprendizaje como en sus aportes al proceso de aprendizaje del grupo que integra. La apertura de la obra en el sentido de Eco (1972) no significa su disolución.

La apertura del curriculum, el cambio del lugar del sujeto, la ampliación y contextualización del objeto de estudio no implican un desvanecimiento curricular “es preciso reconocer que nunca se disuelve totalmente la obra en la pluralidad de sus interpretaciones, porque el autor siempre establece una limitación básica: La limitación de un objeto viene sustituida por la más amplia limitación de un campo de posibilidades interpretativa.” (id:191) La propuesta curricular propone que los participantes de la Maestría transiten de las certezas técnicas a las incertidumbres teóricas que hoy requiere el diseño como condición para su jerarquización profesional y disciplinar. “Esta progresiva tendencia a la apertura de la obra va acompañada de una análoga evolución de la lógica y de las ciencias, que han sustituido los módulos unívocos por módulos plurivalentes.

Las lógicas de varios valores, la pluralidad de explicaciones geométricas, la relatividad de las medidas espacio-temporales, la misma investigación psicofenomenológica de las ambigüedades perceptivas como momento positivo del conocimiento, todos esos fenómenos sirven como telón esclarecedor a un deseo de obras de varias soluciones que substituyen la tendencia a la univocidad por esa tendencia a la posibilidad que es típica de la cultura contemporánea.” (id:163)

El diseñador en las organizaciones.

Si algo se conserva de la herencia del diseño-proyecto es el concepto de función. No hay posibilidad de plantear el diseño en cualquiera de sus manifiestaciones fuera del planteo de un objetivo, de una estrategia, así como no hay posibilidad de diseño sin organización.

Esta es la línea que continúa separando la producción del diseñador de la del artista. El aporte de la Maestría es entender que las nuevas demandas profesionales de los diseñadores no pueden ser resueltas con la formación obtenida en las carreras de grado universitario. Por lo tanto la Maestría propone expandir el escenario en el que el diseñador actúa, aumentar su responsabilidad y enriquecer sus estrategias para involucrarlo en la modificación de las organizaciones en las que interviene.

“La reestructuración de las empresas requiere planteamientos globalistas e integradores. Para afrontar estos proyectos se requieren equipos interdisciplinarios coordinados por un tipo de profesional capaz de entrar en diálogo con los diversos agentes que intervienen y de entender sus intereses y necesidades.” (Blanch, 1993:107) El diseñador cuando actúa lo hace en un espacio profesional que cruza no una sino varias organizaciones que interactúan, que se influyen y modifican constantemente en lo que se puede denominar el espacio público contemporáneo.

Este es el ambiente, el contexto en el que actúan hoy los diseñadores. La transformación del mismo, su enriquecimiento, el mejoramiento de la calidad de vida, el respeto por la diversidad, la observación de las reglas democráticas, el cuidado del medio ambiente, la lucha por los valores éticos forman parte de la tarea y responsabilidad del diseñador formado en una Maestría. Toda intervención modifica, transforma, enriquece o empobrece el espacio en el que actúa. En la sociedad contemporánea toda actuación se produce en múltiples espacios organizacionales: Empresas, instituciones, organizaciones sin fines de lucro y órganos del gobierno de las más diversas características y envergaduras.

La formación que responde unicamente a las necesidades técnicas del presente que se manifiestan cada vez con mayor intensidad y que condicionan al diseño curricular de las carreras de grado dificultan comprender que el diseño como profesión no puede encarar estas nuevas demandas si su actividad no es acompañada, por una consolidación del diseño como disciplina académica. Los paradigmas conceptuales que sostienen actualmente la enseñanza de grado del diseño en nuestro país deben ser necesariamente superados para poder abordar la formación de posgrado.

“Los objetos de diseño son, por una parte, funciones parciales de la base económica de la sociedad, en tanto que conjunto de las relaciones económicas materiales. Pero, por otra parte, también son funciones de representaciones, valores y actitudes, de los que tanto los productores como los diseñadores y usuarios no tienen que ser necesariamente conscientes. La determinación del sentido así como del objetivo social del diseño, no tiene lugar inmediatamente en la base de producción sino en la superestructura social considerada como el conjunto de ideas e instituciones sociales características de una sociedad.” (Selle, 1992:36)

El paso del grado al posgrado es el paso de entender, parafraseando a Escotet, que la entidad del diseño deja de estar en sí mismo para comprender que la razón de ser del diseño está en el otro. Por eso la Maestría supera los conceptos del diseño expresión y del diseño proyecto para instalar su actividad en el paradigma del diseño comunicación y cultura.

Retomando aquello que señala Frascara como “el aspecto más esencial de la profesión, que no es el de crear formas sino el de crear comunicaciones.” (1989:21) Los productos de la actividad del diseñador son función y sentido. La función en cuanto resolución de problemas y el sentido, como la integración de las significaciones que produce el diseñador en su intervención en un contexto organizacional.

Hablar de contextos en los que interviene el diseñador es hablar de realidades organizacionales que se expanden, entrecruzan y comunican todo el tiempo. Todo lo que estas producen, hacen y dicen -o no dicenson formas de comunicación. Desde una perspectiva semiológica se puede afirmar que todos los signos en los más diversos soportes -gráficos, corporeos, digitales, audiovisuales- forman parte de los discursos que sostienen, y en los que se sostiene, toda organización.

La suma de todos estos signos conforma una imagen integradora que va más allá de los diseños parciales y adquiere sentido desde una perspectiva comunicacional. El proceso de adquirir sentido y ubicar los diseños parciales en una totalidad abarcadora que permita explicarlos y orientarlos hacia objetivos y metas económicas, culturales y/o sociales, consiste en elaborar estrategias, planificar y gestionar todas las formas en que las organizaciones, consideradas en este caso como textos, se vinculan con sus contextos.

Memelsdorff plantea que “la identidad empresaria ha comenzado a expandirse fuera de sus raíces puramente gráficas y está abrazando las comunicaciones corporativas, el comportamiento organizacional y las relaciones públicas, entre otras disciplinas.” (1995:1)

Función y sentido.

Al estar determinado por la función y el sentido el diseñador, en su ciclo de intervención, debe comprender desde un adecuado marco teórico en el que confluyen y aportan otras disciplinas, las cuestiones estratégicas, que determinan y, a su vez, son determinadas por su actividad. La función y el sentido requieren un diseñador involucrado en el proceso, en el tratamiento, en el impacto; en las modificaciones que su actividad producirá al pasar de la producción a la intervención. Para este proceso la formación de la Maestría debe incorporar cuestiones de estrategia, gestión, implementación y evaluación.

La responsabilidad del diseñador con formación de posgrado se constituye sobre el impacto que su producción, tiene sobre el ambiente social, económico, cultural en el que actúa. No hay estrategia y gestión en soledad. La experiencia y formación del diseñador para su desempeño en forma individual es necesariamente superada por un marco social con el que hay que interactuar. Las organizaciones son, básicamente, formas sociales, con ellas y en ellas debe trabajar el diseñador formado en la Maestría.

Para entender realidades complejas que no se resuelven con una producción simple, se requiere un proceso rico, aunque el resultado puede ser simple. Este proceso también excede la concepción liberal del profesional independiente del diseño. Los profesionales en el proceso de trabajo en un posgrado, lo harán en un equipo de trabajo e intervención.

Coincidiendo con González Ruiz “comienza a adquirir fuerza una concepción sistemática -del diseño- más abierta, que sin perder el valor racionalista del ordenamiento y la articulación de las ideas, es capaz de acoger nuevos problemas y modificarse contí-nuamente.” (1998:430)

Comprender para intervenir.

Un escenario profesional básicamente determinado por cuestiones económicas, “las consideraciones económicas que prevalecen sobre las consideraciones políticas y el movimiento hacia la libertad mundial de comercio” (Naisbitt y Aburdene, 1990:13), permite un resurgimiento del diseño. Pero, la formación profesional requerida para resolver desde el diseño los desafíos de este escenario no existe en nuestro país, salvo destacadas individualidades que se recortan en el ejercicio profesional.

El diseño que la economía requiere, no está centrado en la realización de buenos productos, aquello que denominamos buenos diseños, sino que estos productos colaboren con las estrategias, objetivos y necesidades que le dan función y sentido. Es una cuestión de encuadre, de contexto, de ambiente, de ubicar al diseño en un proceso integrador. “Urge una pedagogía basada en la reflexión teórica, que coordina la experiencia, el razonamiento intelectual y la interpretación del entorno.” (Pericot, 1991:15)

En muchos aspectos la producción de los diseñadores actuales se vuelve autorreferencial. Parte del supuesto que el diseño como producto es principio y final del proceso, convirtiéndose en una creación que desconoce y descree de un contexto que lo circunda, contenga y le da sentido.

En esta autorreferencialidad del diseño, ayudada por la mediatización del término, sobrevive aquella primera concepción de enseñanza del diseño, estrechamente vinculada a la autoexpresión, a la mitificación de la creación, a la fusión del diseñador con el artista, que remite en Argentina al encuentro fundacional mítico entre el diseño y las expresiones artísticas contemporáneas en el Centro de Artes Visuales del Instituto Di Tella (1963-1970)

“Si no hallan en el panorama nacional motivaciones que deben ser sociales para ejercer la creatividad, necesariamente se vuelcan hacia sí mismos e hipertrofian la capacidad individual.” (Romero Brest, 1992:27) Entre el diseño obra y el diseño artesanía enmarcado en el concepto de diseño-proyecto, se encuentra la mayor parte del ejercicio profesional actual en nuestro país.

Los nuevos escenarios, y sus renovadas situaciones problemáticas se presentan incomprensibles, preocupantes e inciertos para la actuación del diseñador tal como viene desempeñándose en nuestro país. Para poder intervenir en estas nuevas situaciones los profesionales deben “convertir esta situación problemática en un problema, tiene que dar sentido a una situación incierta que inicialmente no la tiene.” (Schön, 1998:48) El objetivo de la Maestría es precisamente este capacitar a los profesionales del Diseño en comprender para poder actuar.

Comprender implica atender situaciones complejas, hasta ahora inabordables, que enmarcan, condicionan y determinan el problema que el diseñador debe resolver con su intervención profesional “Un plan estratégico supone un claro análisis de la situación y la inteligente utilización de los medios disponibles que posibilitarán la implementación de acciones eficaces para la resolución del problema.” (Zimmerman,1998b:16)

La intervención como praxis del diseñador.

Los diseñadores para poder intervenir y resolver adecuadamente estas nuevas situaciones problemáticas requieren una formación cualitativamente diferente a la capacitación obtenida en los niveles de grado. No se trata de una formación centrada, en principio, sobre lo específico del diseño sino sobre lo que hasta ahora es inespecífico, diferenciado y que, para un universitario de este campo le resulta ajeno y distante. La Maestría se propone instalarse, desde la perspectiva del desarrollo de la profesión, en el entendimiento de los contextos, que se presentan incomprensibles, preocupantes e inciertos en los que los diseñadores se desempeñarán.

En la relación profesión-contexto se focalizará la actividad de la Maestría a través de dos momentos que se separan a efectos de nombrarlos pero que se presentan profundamente unidos en su desarrollo. Un primer momento de análisis y un segundo momento de intervención. En el primer momento de análisis se construye el sentido, al transformar una situación problemática en un problema que requiera la intervención del diseñador. La transformación de la situación problemática en problema no significa cerrar el proceso, sino por el contrario abrirlo, es el primer paso de su resolución.

Es el momento de elaborar estrategias y planificar. La “planeación debe consistir en diseñar un futuro deseable y buscar el modo de alcanzarlo.” (Ackof, 1990:297) Luego es el momento de la intervención del diseñador para resolver el problema, o mejor dicho, para contribuir a resolver el problema con la colaboración de otros profesionales. En esta producción específica, se requiere la formación de grado del profesional que actúa sobre objetos e imágenes con diferente soporte: Gráfico, industrial, textil, digital, audiovisual y otros.

Por último, en una secuencia que se fragmenta en momentos sucesivos a efectos de su explicación, queda la instancia de ubicación del diseño objeto o imagen producida en el problema, que lo antecede y le da sentido.

La intervención del diseñador en este momento es el objetivo central de la Maestría: La contribución del diseño en la resolución de un problema. En este proceso los profesionales y los problemas se modifican mutuamente porque el trabajo del profesional del diseño, desde esta perspectiva no se detiene en la elaboración de un diseño, sino en que este diseño modifique, de acuerdo con la estrategia elaborada el problema que le da origen.

La gestión: Recurso para la intervención del diseñador en el contexto.

Para que un objeto de diseño se ubique en el contexto, se requiere de un profesional que le otorgue función y sentido a través de un proceso de intervención que modifique, que transforme, que enriquezca ese contexto problemático que originó la necesidad de su participación. Esta intervención es un proceso compartido “Tratar de controlar conjuntamente ciertas variables, que no pueden ser controladas por individuos o grupos que actúan separadamente.” (Ackof, 1990:220) El término adecuado para nombrar este proceso está fuera del paradigma universitario del diseño, forma parte de otras profesiones. Es el término gestión. El diseñador no puede modificar problemas sin un proceso de Gestión como suma coordinada de acciones que contienen, entre otros, recursos de implementación, organización, administración, negociación y evaluación.

La gestión en este sentido no es otra cosa que la capacidad de instalar adecuadamente un producto de diseño en un contexto para modificarlo de acuerdo a la comprensión de una realidad, el análisis de una necesidad y la elaboración de estrategias. La gestión del diseño, que en nuestro país es ajena a la formación del diseñador se convierte en la Maestría en uno de sus aspectos centrales. Al comprender que el diseño existe en tanto entiende y modifica un problema, de acuerdo a una estrategia, se entiende la ubicación de la formación del diseñador en este tercer momento, el paradigma comunicacional, señalado anteriormente.

Se supera el concepto parcial de diseño como autoexpresión y como proyecto para jerarquizarlo en el plano comunicacional en su doble vertiente de función y sentido en las que interviene en forma decisiva el contexto. La actividad del diseñador no comienza y termina con la obra, como algunos artistas o proyectistas. La actividad del diseñador se abre con el proceso de convertir la situación problemática en un problema, y se cierra en la ubicación del producto, objeto o imagen de diseño en esa situación modificándola y, sin duda modificándose.


Con la consolidación de la disciplina se enriquece la profesión. fue publicado de la página 43 a página46 en Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº21

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