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El hombre como hacedor del paisaje

Rotundo, Blanca; Pérez Molina, María Isabel

Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº30

Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº30

ISSN Impresión 1668-0227
ISSN Online: 1853-3523
DOI: https://doi.org/

El paisaje como referente de diseño y Paisaje Urbe.

Año X, Vol. 30, Noviembre 2009, Buenos Aires, Argentina | 232 páginas

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Concebir al hombre como artífice y responsable en la construcción del medio que lo rodea no es, en sí misma, una idea novedosa. Es dable aceptar que, en ocasiones, cae en el olvido que el hombre habita el mismo medio que construye y/o destruye día

Ponencia 30 de Abril de 2009 - Universidad de Palermo

Nuevas miradas, nuevos paisajes

El encuentro PaisajeUrbe III –Ciudad en Crisis– se inicia con una frase del novelista francés Marcel Proust, que de alguna manera significa un punto de partida y dice: “El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en descubrir nuevos paisajes sino en mirar con nuevos ojos”. De hecho, la posibilidad de mirar está al alcance de todos; la capacidad de mirar con nuevos ojos, sólo está al alcance de aquellos que deseen ver lo que realmente se presenta ante sus ojos. Desde distintas perspectivas, desde distintos puntos de vista, indefectiblemente no se debe ni se puede dejar de “ver”. La posibilidad de este hecho, el hecho de ver, analizar, descomponer la realidad en cuantas partes sea necesario, reunir nuevamente todos los elementos disponibles, rearmar y recrear lo dado, es tarea pendiente.

Las sociedades están hoy tan complejizadas, que resultaría difícil vislumbrar una posibilidad de cambio real si no se logra ubicar la mirada en otro lugar distinto, diferenciado. A estas alturas, pensar en cambios posibles, reales implica necesariamente hacer un esfuerzo intelectual profundo para encontrar, desde esa mirada novedosa, aquellos espacios de vacancia1 por donde infiltrarse para realizar una propuesta en principio reparadora, luego superadora de esa crisis. La Ciudad: su crisis y el hombre

Anclar la primera mirada en esa idea central que surgió cuando se pensó el encuentro PaisajeUrbe III, “Ciudad en Crisis”, permitirá ir desmenuzando algunas cuestiones. En principio, detenerse en el concepto “ciudad”. A partir de aquí, podría pensarse la ciudad como ese espacio habitado, construido, y hoy, también destruido por el hombre, espacio dueño de una dialéctica específicamente definida en el quehacer mutuo y cotidiano.

La propuesta es, por un lado, pensar las ciudades como “espacios frágiles” en los cuales el hombre habita, y por ende, actúa. Es evidente que, el hombre en crisis, genera una ciudad en crisis. Las ciudades colapsan de una u otra forma al ritmo que colapsa la capacidad del hombre en el sentido del buen hacer. La ciudad lo espera todo del hombre; también le devuelve todo lo que él produce. Individualismo exacerbado, hedonismo, ausencia de valores compartidos, horizonte moral incierto, dudas, incertidumbre, miedos.

Y es allí donde el paisaje de nuestras ciudades se torna, por momentos, de un gris genuino. Así planteado, la única alternativa válida que se presenta como evidente es el hecho de que el hombre acepte su crisis y se proponga transformarla en oportunidad. Oportunidad para el cambio, oportunidad para el crecimiento, oportunidad para la madurez afectiva e intelectual que estos tiempos requieren. Y sobre todo, la oportunidad de vivenciar su propia capacidad de ser moral2 que, de hecho, le es propia.

Por otro lado, se podría pensar que la ciudad es el hombre; el paisaje, es el paisaje del hombre. Este hombre (zôon politikón3) político y social, en términos aristotélicos, se apropia de los elementos culturales que la sociedad le ofrece. Entre ellos el lenguaje. Es el lenguaje, ya propiedad exclusiva del hombre, ya el deber de señalar lo que es justo y lo que no lo es. Y es ese hombre el que tiene el deber moral de “decir su ciudad” y de “decir su crisis”.

En la posibilidad del lenguaje surge la socialización de los hechos. El hecho socializado es un hecho de todos. Todos los hombres, pues, podrán pensarlo si aún no lo hubieran hecho. Así, entonces, provocado el fenómeno, aquello que surge a la vista, no existirá más opción que trabajar sobre él. Para remediar, para reparar el daño, para enfrentar el problema. Estaríamos así, amalgamando los conceptos; ciudad, paisaje, hombre. La acepción cambia. Lo que no cambia es la necesidad de saber cómo debería ser abordado el problema. Cuáles deberían ser esas acciones reparadoras de la crisis, porque sólo a través de ellas se actualiza la posibilidad de cambio y saneamiento de este espacio habitado por el hombre.

En particular sea la segunda acepción la que más interés despierte; entender que la ciudad es el hombre permite posicionarse, al menos en principio, en un lugar diferenciado para pensar la cuestión identitaria. Y, a partir de aquí, la necesidad de abordar una problemática compleja que se detalla a continuación.

La Cuestión Identitaria

El dable aceptar que, en la construcción de su identidad, el hombre necesita de la presencia de ciertas variables, entre ellas, la territorialidad (posibilidad de un territorio). La territorialidad permite al hombre el anclaje a un lugar, un lugar que sienta como propio. Un lugar de pertenencia, a partir del cual, ese hombre debería acceder a la plenitud de su propio desarrollo. Espacio y tiempo compartidos, sentimientos y valoraciones comunes, conciencia de la comunión de los factores intrínsecos que conforman una nación, serían algunos indicadores válidos para pensar la cuestión de la identidad. El aniquilamiento de los pueblos originarios ha sido sistemático desde la época de la colonia. De hecho, hasta la actualidad, los escasos reductos aborígenes se hallan prácticamente aislados del resto del entorno social.

La supremacía del hombre blanco, culto, europeo por sobre el resto, aborigen, negro, mestizo, etc. a engendrado un híbrido en términos de la cuestión aquí abordada. El territorio que se siente como propio, cuando ha sido en realidad expropiado y se ha usurpado por la dominancia de la fuerza y del statu quo, intenta ser adaptado a las exigencias de esas clases dominantes. La expresión sería entonces: poseo esto que me he ganado, y hago con ello lo que me place… me place parecerme al antiguo continente… lo construiré aquí… recrearé lo creado… lo tomaré como propio. Ese es precisamente el camino transitado hacia la ausencia de posibilidades reales de construcción de identidad. Puede resultar digno de ser pensado, a partir de aquí que, la ciudad en crisis nos está hablando de una identidad en crisis.

La expectativa de parecernos a unos otros considerados mejores, nos ha hecho desentendernos de las posibilidades regionales y buscar, en ese afuera deseado, caracteres de paisajes no propios. En este sentido, se evidencia que no se ha trabajado hacia el interior buscando generar lazos identitarios, o al menos, si así hubiera sido, no son visibles los resultados de ese trabajo. Desde otro punto de vista, la crisis de identidad encuentra su refuerzo en un fenómeno actual, la globalización. Fenómeno que, en particular y en ocasiones, genera repudio en los términos en los que se ha planteado. Pues la globalización se dice como un hecho abarcador (por eso, lo global) cuando en realidad es contrariamente, de hecho, generador de fragmentación y exclusión.

Exclusión que deja

al margen, en los límites y hasta por fuera de ellos, a millones de personas. Esas personas, al igual que los incluidos dentro del sistema socio-político y económico-cultural vigente, también hacen el paisaje, también son el paisaje de estas ciudades en crisis. ¿Qué vemos cuándo vemos el paisaje? Depende, nuevamente, de nuestra mirada. Vemos ostentosas construcciones edilicias, burdas copias de diseños arquitectónicos europeos. Vemos la belleza de paisajes construidos sobre terrenos no aptos (pero eso no lo vemos ni lo conocemos). Recreamos nuestra vista en paisajes artificiales construidos por el hombre, desconociendo los costos negativos que ello pudiera significar (también aquí nuestra ignorancia) pero como es bonito, lo admiramos sin más.

También puede verse o no –pero por honestidad intelectual se convierte en deber hacerlo– sectores populares hacinados en barios de emergencia, indigencia y desesperanza, olores y sonidos particularmente rechazados. Vemos contaminación,

en el más amplio sentido de la palabra: contaminación del aire y del suelo, contaminación visual y sonora. Contaminación del paisaje, por ende, del hombre mismo.

Repensando la cuestión planteada es que nos encontramos, entonces, en la necesidad primaria de reconstruir la red social escindida, de generar lazos sociales, por ende, lazos identitarios. Esos lazos deberán reunir a los sujetos sociales en un lugar común, ese lugar común compartido que es la ciudad y en ese paisaje que es el hombre. Igualdad y equidad sostienen esta idea. A ellas se llega brindando oportunidades. La oportunidad de ser y pertenecer a un lugar común que contenga a todos y a cada uno. Ese lugar común compartido es la ciudad, y el paisaje a revisar, es el paisaje que es el hombre.

El rol de la Educación en las Sociedades del Conocimiento

A partir del punto, se hace inevitable introducir el eje siguiente: la educación. Sostiene el gran maestro del siglo XX Paulo Freire que la educación es, per se, un acto político. “Todo proyecto pedagógico es político y se encuentra empapado de ideología. El asunto es saber a favor de qué y de quién, contra qué y contra quién se hace la política de la que la educación jamás prescinde”4. Digo, ese acto político condiciona y hasta determina, la condición intrínseca del hombre. La humanidad y el ser hombre entre los hombres, se educa. Y es en ese acto de amor y de responsabilidad social, que todos debemos

sabernos agentes educadores.

Es este el concepto que nos habilita el terreno de la empiria.

No existe constructo teórico sostenible si no puede ser llevado a lo concreto, reelaborado desde allí, si no produce un efecto sobre la realidad, si no aporta a la recreación de lo creado. Analizar los siguientes textuales, vertidos en la VIII Conferencia Iberoamericana de Educación5, que se reproducen aquí, pueden brindar una perspectiva de análisis cuanto menos interesante:

• (…) sería reduccionista pretender que los sistemas educativos tienen tan sólo una función meramente secundaria o subsidiaria respecto a otros fenómenos y a otras políticas (…)

• (…) los sistemas educativos son potentes mecanismos para garantizar la cohesión y la integración social y, aún más, para dotar a la ciudadanía de los instrumentos necesarios que les permitan interrogarse acerca de las implicaciones que procesos como la globalización pueden tener para su propia identidad, bienestar y buen gobierno (…)

• (…) Sólo así puede conseguirse un modelo social y económico en el que los ciudadanos están llamados a participar activamente. Es imprescindible que los sistemas educativos continúen ejerciendo esta importante labor si se pretende, en última instancia, que los procesos de globalización sirvan al fin de una sociedad más cohesionada, que preserve las distintas identidades culturales, con mayor equidad y con un modelo de desarrollo sostenible (…)

Lo que se presenta con claridad es que, la educación se ha transformado en la única posibilidad de desarrollo sostenible para la vida de las naciones. Esto es así, dadas las características de las sociedades actuales, llamadas “Sociedades del Conocimiento”. Si aceptamos que vivimos en sociedades de estas características, la función transformadora de la educación es insoslayable, es decir, no puede ser pasada por alto. Los saberes deben circular y democratizarse; deben estar disponibles y al alcance de todos, deben ser creados y recreados en virtud de la calidad de vida de los hombres. Deben ser, en primera y última instancia, solidarios al cabal desarrollo de los pueblos y su identidad regional. Desde el punto de vista expuesto, es que podría ser pensado, entonces, que solo un hombre educado, constructor de una identidad compartida, permitirá un paisaje vivible, apreciado, comprendido y cuidado por un colectivo.

Por lo pronto, cabe resaltar una preocupación que traen algunos profesionales del paisaje. Como núcleo problemático respecto de la formación profesional señalan la necesidad de la estandarización de los niveles de educación formal respecto a las disciplinas del paisaje (léanse tecnicaturas, títulos de grado y postgrados). En tal sentido, sería necesario quizá unificar títulos, currícula y reconocimientos oficiales.

Pensar, además, en un Colegio de Graduados permitiría quizá aproximarse más cabalmente a la gestión de normativas legales que definan las incumbencias profesionales de aquellos que inciden específicamente desde el campo disciplinar del paisaje. Agréguese a esto, la necesidad de una legislación adecuada que permita la acción de estos profesionales expertos. Legislación que de hecho hoy se halla ausente y que debería aportar marcos de prevención, preservación, cuidado y construcción sostenible del paisaje que habitamos.

Cuando hablamos de educación en relación a la posibilidad de desarrollo sostenible, y a partir de esta concepción intentamos mirar el paisaje del hombre, se debe necesariamente generar la apertura a variados campos disciplinares y al compromiso de mas de un sector de la sociedad. Se hace inevitable entonces trabajar multidiciplinariamente e multisectorialmente.

Distintas disciplinas y distintos sectores sociales deben confluir en espacios de acción comunes, pues el abordaje de los temas así lo requiere. No podemos pensar en sanear, reconstruir o recrear un paisaje, una ciudad en crisis sin la cooperación del conjunto social. Y ese conjunto social debe ser guiado por los expertos.

Los expertos, deben incluirse en un marco normativo que les facilite el accionar real sobre la ciudad y su gente. Por esto es que se torna genuino reclamar la sanción de leyes que acompañen el trabajo de los expertos. Para la promoción y redacción de esas leyes, los especialistas del paisaje deberían ser consultados como expertos. A los especialistas del paisaje deberían recurrir las instancias gubernamentales y/o no gubernamentales para la consulta antes de tomar cualquier decisión respecto al “hacer en las ciudades”, desde la perspectiva del paisaje.

Se convertirían así, los Observatorios del Paisaje, en las entidades con autoridad real y formal para asesorar a las distintas administraciones locales o a la administración nacional al momento de tomar decisiones en materia de paisaje. Queda un largo camino por recorrer cuya viabilidad dependerá del grado de concientización de la sociedad en la necesidad de llevar adelante la tarea de lograr que las ciudades conviertan la crisis en crecimiento y desarrollo y que el hombre se sienta identificado con su paisaje, un paisaje que le resulte digno de ser vivido.

En este sentido es que se considera vital la construcción de una ciudadanía plena, en virtud de la formación integral de un hombre que aprenda a mirarse a sí mismo, reconociéndose en un otro semejante miembro de una comunidad determinada. La participación plural, abierta y democrática de todos, o al menos de la mayoría, es la que podrá rescatar a las ciudades y sus hombres de algunos abismos. El hombre democrático no nace, se construye a través de la educación. Así como se construye la mirada multidisciplinaria y las acciones intersectoriales.

Retomando el título de esta ponencia, si el hombre es el hacedor de su paisaje, habrá que educar a los hombres para que sepan serlo y hacerlo. En la síntesis final de estas acciones es que el hombre podrá sentirse identificado con su medio. El desafío ha de ser entonces, construir un hombre que pueda ser el paisaje que habita.

Acerca de alguna propuesta de trabajo

Dentro del marco del Encuentro de Rosario, organizado por la Red Argentina del Paisaje, en el mes de julio próximo pasado, ha sido elaborado un documento de trabajo a modo de propuesta, so pretexto de optimizar las acciones de la Red en cuanto a la consolidación de los Observatorios del Paisaje.

La propuesta se transforma en una tarea de todos. No es factible el cambio sino pensado y actuado en conjunto. Al conjunto social, a todos los actores sociales es que va dirigida. Es, en tanto cuestión de fondo, una propuesta educativa que acerca, en mayor o menor medida, a la posibilidad de generar conciencia en los temas considerados de relevancia indiscutible. Es aquí donde se presenta la idea de participación de todos los sectores sociales. El trabajo multisectorial se

vislumbra así indispensable.

Generar conciencia requiere del aporte de todas las áreas que conforman la red social. Cada sector realizará su aporte conforme sus saberes lo señalen especialista. Se transcribe a continuación (ampliada) la propuesta realizada en esa oportunidad. Propuesta sencillamente factible de ser llevada a la práctica; práctica que debe transformarse en buen hábito y cuyos resultados deben ser solidariamente compartidos. La democratización de los saberes sugiere su socialización. Los saberes socializados son capaces de generar círculos virtuosos del buen decir y actuar.

La comunidad: elemento clave en el entretejido de la Red (Documento de trabajo elaborado por la Téc. María Isabel Pérez Molina y la Lic. Blanca Rotundo para el Encuentro Rosario Julio 2009 de la R.A.P.)

1. Acerca de la propuesta de trabajo. Cuestiones fundantes Desde este espacio de encuentro se propone el acercamiento a la comunidad desde la Red Argentina del Paisaje. Es considerada de vital importancia la inclusión de todos los actores sociales en la conformación de redes; en este caso se debe comprender que la comunidad se constituye en el elemento

clave por excelencia en la consolidación de la Red. Habrá de comprenderse que, en este sentido, no habrá posibilidades de acción genuina, si no existe la participación de todas y cada una de las personas que habitan nuestros espacios sociales.

Cabe recordar que la Red no es un objetivo en sí misma, sino el vehículo que optimizará esos espacios conforme a las necesidades y deseos de quienes habitan en ellos. La comunidad: elemento clave en el entretejido de la Red deberá comprenderse entonces como una propuesta de trabajo en función de la cual se pretende la inclusión del mayor número de personas a la tarea que para la cual se convoca. En primera y última instancia, Red y Comunidad se retroalimentarán en vistas a mejorar la calidad de vida en términos de Paisaje.

En este sentido, la Red Argentina del Paisaje está trabajando en la conformación de los Observatorios del Paisaje. Relevar información, prever los objetivos de calidad paisajística, confeccionar los catálogos, definir las unidades del paisaje, entre otras cuestiones, hacen imprescindible la participación de toda la comunidad. Porque en primera y última instancia, a ella va dirigida.

2. Reflexiones sobre la propuesta de trabajo

Puntualmente lo que se propone como tarea primordial es la concientización de la población en función de la definición del paisaje que le es propio. Darse cuenta, reconocer debilidades y fortalezas en la recreación de ese paisaje, mirar desde diferentes perspectivas las posibilidades de optimizar el espacio habitado, ser partícipes en la reconstrucción de cada lugar, es la tarea que cada ciudadano activo debe conocer y llevar a cabo. Y es en este sentido que desde la Red Argentina del Paisaje se propone el acercamiento a la comunidad.

Cómo llevar a delante esta tarea es cuestión de compromiso y creatividad. En cada lugar habrá quienes se sientan aptos para hacerlo. Informar y formar es tarea de quienes algo más “saben”. Habrá que indagar, relevar información, pensar en hacer pequeños diagnósticos de situación6 a fin de revisar aquellas ideas previas o preconceptos con los que opera el habitante de los espacios públicos.

Toda la información que se logre obtener de la comunidad es el insumo básico para iniciar la acción. Los comienzos son complejos; habrá que plantearse objetivos pequeños, a corto plazo. A medida que se vayan reconociendo con mayor claridad y profundidad aquellas cuestiones sobre las que se debe trabajar puntualmente, se iniciará la tarea prevista. Esa tarea será el puntapié inicial para reflexionar y repensar objetivos más amplios y a mediano y largo plazo.

Hay que tener en cuenta que, siempre que una comunidad se siente comprometida con alguna cuestión, actúa. En esa acción reside la fuerza para que las “voces en red” se escuchen. Las cuestiones de fondo dan lugar a las cuestiones de forma, y no al revés. Concretamente, esto se traduce así: las necesidades de la población en cuanto al paisaje que les pertenece se “dicen” cada vez en “voz más alta” (cuestiones de fondo). Dicha voz debe ser llevada a las instancias de gobierno que corresponda.

En este lugar es donde reside el poder de las “formas”, léase, las leyes. La fuerza de las leyes residirá pues en el consenso de todos los actores sociales cuya acción las habrá gestado. La resultante de este proceso primario de trabajo será clara; la Administración Pública deberá plasmar en sus obras la voluntad de las “voces en red”

3. Acerca de la implementación de la propuesta de trabajo

Poner en práctica lo dado en teoría es tarea de todos. Sencilla y compleja a la vez, esta tarea debe ser sentida por quienes se comprometan con ella. Existen infinitas formas de pensar cómo operar sobre la realidad.

Se explicita a continuación algún modo sencillo para pensarlo:

• Trabajar ordenadamente; sistematizar acciones. Este ítem es fundamental para reconocer el recorrido más apto, viable, efectivo. Significa sencillamente: antes de actuar debemos pensar: por qué motivo –definir necesidades–, qué queremos lograr –definir objetivos–, cómo hacerlo –definir una metodología de trabajo y actividades específicas–, con quiénes –definir destinatarios de la acción–, qué cosas son indispensables trabajar –definir contenidos–, en qué lugar –definir espacios físicos–, con qué elementos, herramientas, instrumentos –definir recursos–, cuándo –definir tiempos–. De acuerdo a los ítems enunciados, se confeccionan proyectos de trabajo. Dichos proyectos deben contar con la especificidad necesaria para alcanzar el logro de los objetivos propuestos. Por ello la importancia de la sistematicidad.

• Visualizar espacios públicos que oficien de nexo con la comunidad. En este sentido se podría pensar el acercamiento a diferentes espacios públicos que nos acerquen a la gente, léase Clubes Barriales, Centros de Participación y Gestión, Asociaciones específicas como el C.A.J., ONG´s, otros espacios de acuerdo al ámbito donde se desarrollen los talleres.

Cada región deberá prever las acciones más aptas conforme a las necesidades y las posibilidades que ella le ofrece.

• Evaluar periódicamente resultados. En este caso se trata de observar, describir y someter a crítica las acciones llevadas a cabo. Es recomendable evaluar tanto los procesos de trabajo como los resultados esperados al fin de cada proceso. Reflexionar sobre lo actuado nos sitúa en el lugar más adecuado para reconsiderar acciones, agregar lo que estuvo ausente, corregir lo necesario, ampliar recursos, optimizar acciones, redefinir contenidos, etc.

• Trabajo por Proyectos. Proyectar es “lanzar hacia delante”; en este caso pensemos en una “idea”. La claridad de esa “idea” o “concepto” es la que nos guiará en la formulación del proyecto. Pero para formular un proyecto de trabajo, primero debemos conocer frente a qué situación nos encontramos. Para ello es que debemos realizar el diagnóstico previo al proyecto en sí (ver ítem 2). Veamos aquí un posible esquema de trabajo.

Proyecto

• Tema - Contenidos

Se requiere un elevado nivel de especificidad en la selección de los contenidos a trabajar. Deben abarcarse categorías conceptuales con claridad y pertinencia. A partir de ellas, se definen los conceptos a abordar, de manera tal que, al reflexionarse sobre ellos, todos los participantes del proyecto conozcan con exactitud acerca de qué se está discutiendo.

• Fundamentación (razones, necesidades)

Todo proyecto responde a ciertas necesidades que han sido diagnosticadas con antelación. Para ello, se deberán examinar con precisión la mayor cantidad de variables posibles que conforman lo que es dable llamar “el problema” o los problemas sobre los cuales se requiere trabajar. En términos generales, un proyecto de trabajo dirigido a satisfacer ciertas necesidades detectadas, se convierte en un instrumento reparador. La reparación de la situación provee al entorno de herramientas de superación a los problemas que se han puntualizado, saneando de este modo lo que se presenta como

debilitado o enfermo.

• Objetivos

En este caso, siempre que se elabora una propuesta de trabajo de este tipo, se señalan los objetivos (metas o expectativas de logro) que se desean alcanzar. Fundamentalmente dichos objetivos o metas deben ser elaborados con cierta plasticidad. Cabe señalar que, a veces, no se logra lo esperado en su totalidad.

Ello no va en menosprecio de la tarea realizada; por el contrario abre el camino a nuevos desafíos. En este sentido, lo que se sugiere es plantear nuevos proyectos de trabajo basados en la experiencia anterior. Así, se optimizan en la medida en que se van realizando. En una primera etapa, los objetivos deben ser específicos, observables, y en ocasiones hasta cuantificables. En la medida que se avanza, se podrán ambicionar objetivos más amplios y de mayor complejidad.

• Diseñadores y ejecutores

En este ítem se menciona a todos los actores sociales responsables de la idea del proyecto, su posterior diseño y la ejecución del mismo. Cabe diferenciar al autor intelectual, a quien elabora específicamente el proyecto y a quién o quiénes lo pondrán en práctica.

• Tiempo estimado de duración

En ocasiones, los tiempos estimados no son viables. El tiempo puede ser escaso o puede ser mayor que el efectivamente utilizado. La administración del tiempo, en términos generales, no es tarea sencilla. Como en la mayoría de los planes de trabajo, intervienen / interfieren cierta cantidad de variables que no han sido consideradas al momento de su diseño. En este caso, la administración de los tiempos se irá afinando conforme la experiencia lo indique.

• Destinatarios

Todas las personas –actores sociales–, asociaciones, entidades, etc. a quienes vayan dirigidas las acciones, se consideran destinatarios del proyecto. La especificidad en la selección de los destinatarios guía el tenor de los temas a tratar y de las actividades y recursos a utilizar. Aún cuando la temática sea la misma (o similar), difiere el modo de hacer efectiva la tarea en vistas a obtener los resultados esperados.

• Metodología de trabajo - Actividades

Este es quizá uno de los puntos más complejos para su elaboración. Responde a “cómo” vamos a realizar la tarea y “con qué” elementos debemos trabajar. La metodología de trabajo es ese “cómo” y las actividades a realizar en este sentido, requieren del “con qué”.

Qué recursos, qué elementos se han de seleccionar. Buscar los recursos más aptos y pertinentes requiere la habilidad de, al menos, comprender que el recurso está al servicio de “el abordaje de la temática propuesta debe facilitar el logro de los objetivos que se hayan planteado”. El recurso puede ser excelente, pero si no se lo pone en juego acertadamente, no sólo se lo desperdicia como elemento de trabajo sino que tampoco logra acercarnos al objetivo esperado.

• Evaluación (de proceso, de resultados)

A todo proyecto de trabajo se lo debe “monitorear”. Esto significa que, en la medida en que el proyecto transcurre, se van evaluando resultados parciales. Dicha evaluación permite realizar los ajustes adecuados al proyecto a efectos de rediseñarlo o reorganizarlo en la medida en que sea necesario. De lo expuesto surge la importancia de evaluar gradualmente los avances en el proyecto de modo tal de concluirlo con el mayor éxito posible.

La evaluación de resultado se realiza finalizado el proyecto. Fundamentalmente se evalúan los logros obtenidos y aquellos que no se han realizado. Es, en definitiva, esta evaluación la que nos permite el diseño de un nuevo proyecto de trabajo.

• Elaboración de informe final - Optimización del proyecto.

En esta última instancia, se redacta con la mayor precisión posible, la experiencia realizada. Quien acceda a este informe, aún desconociendo de qué se trata, debe poder visualizar lo actuado desde las primeras instancias de trabajo (situación diagnóstica) hasta los resultados finales obtenidos producto de las evaluaciones pertinentes.

Dicho informe se convierte así en un documento de trabajo, sienta precedente, informa, abre la posibilidad de reflexionar sobre las temáticas abordadas, y es, en primera y última instancia, un valioso instrumento que puede condicionar positivamente acciones futuras.

4. Consideraciones finales

El espíritu con el que trabaja la Red Argentina del Paisaje queda expresado de esta manera. Múltiples opciones se abren para trabajar entretejiendo lazos comunitarios, fomentando así la participación plena de todos los actores sociales en la construcción y recreación de un paisaje que le sea propio.

Aún cuando no se persiguen utopías, se trabaja en la búsqueda permanente de nuevas y mejores opciones para generar realidades nuevas, dignas del hombre actual, en cuyo caso todos los sujetos deben verse responsables por pensar una calidad de vida más cercana a la excelencia.

Notas

1 Se entienden por espacios de vacancia aquellos “lugares aún deshabitados” por la construcción cultural, que producen

un corte en el entramado social, y que, en primera y última instancia se leen vírgenes al momento de entablar relación

con ellos. Esos espacios esperan ser habitados, por usos, costumbres, ciencia y tecnología al servicio del hombre, de su

desarrollo y bienestar. Reconstruir ese entramado social escindido se convertiría así en un hecho reparador del malestar

provocado por la crisis. (Nota del Autor)

2 Se dice ser moral a ese sujeto, que deviene en persona, en virtud de su capacidad intelectual puesta al servicio de buscar, hacer, exigir y velar por el bien común. (Nota del autor)

3 “Según esto es, pues, evidente, que la ciudad-estado es una cosa natural y que el hombre es por naturaleza un animal político o social; [....] Y la razón por la que el hombre es un animal político (zôon politikón) en mayor grado que cualquier abeja o cualquier animal gregario es evidente. La naturaleza, en efecto, según decimos, no hace nada sin un fin determinado; y el hombre es el único entre los animales que posee el don del lenguaje. La simple voz, es verdad, puede indicar pena y placer y, por tanto, la poseen también los demás animales –ya que su naturaleza se ha desarrollado hasta el punto de tener sensaciones de lo que es penoso o agradable y de poder significar esto los unos a los otros–; pero el lenguaje tiene el fin de indicar lo provechoso y lo nocivo y, por consiguiente, también lo justo y lo injusto, ya que es particular propiedad del hombre, que lo distingue de los demás animales, el ser el único que tiene la percepción del bien y del mal, de lo justo y lo injusto y de las demás cualidades morales, y es la comunidad y participación en estas cosas lo que hace una familia y una ciudad-estado”.

4 Freire, Paulo (1999). La educación en la ciudad. Segunda Edición, México, Siglo XXI, p. 16-18.

5 Pedró, Francesc y Rolo, José Manuel. Los Sistemas Educativos Iberoamericanos en el Contexto de la Globalización. Interrogantes y oportunidades. VIII Conferencia Iberoamericana de Educación - Documento de Trabajo - Cintra, Portugal - 9 y 10 de julio de 1998. En www.oei.es

6 Los primeros acercamientos a la comunidad deberán ser para recoger información relevante acerca de necesidades,

modos de pensar las cuestiones del paisaje, preconceptos, deseos, inquietudes y falta de información específica del habitante del espacio público en relación a cuestiones tan elementales como el arbolado público, la iluminación de las calles, la contaminación visual y sonora, la arquitectura del lugar, etc. También deberán considerarse las múltiples relaciones que se establecen entre dichas cuestiones (ejemplo entre arbolado e iluminación).

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- 9 y 10 de julio de 1998. En www.oei.es


El hombre como hacedor del paisaje fue publicado de la página 191 a página200 en Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº30

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