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Comunikación y subjetivid@d. Algunas reflexiones en el borde de la red

Belmes, Débora Irina [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº39

Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº39

ISSN Impresión 1668-0227
ISSN Online: 1853-3523
DOI: https://doi.org/39

Alquimia de lenguajes: alfabetización, enunciación y comunicación

Año XII, Vol. 39, Marzo 2012, Buenos Aires, Argentina | 308 páginas

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“En la era de la información la invisibilidad es sinónimo de muerte.”

(Bauman, 2007, p. 25)

Una persona no es sólo su imagen, no es sólo su voz, no es sólo unos signos pero… La mirada es hoy una figura hegemónica en la vida cotidiana occidental. La imagen ocupa un lugar central tanto en el escenario urbano como en el mundo de las relaciones sociales y en el de la intimidad. Desde el renacimiento la era se ha tornado oculocéntrica, pero las últimas décadas parecieran exhibir cierta fascinación con la imagen que acompañada de signos, mensajes y sonidos son transmitidos por distintos medios de comunicación a todo tiempo y lugar. 

Las superficies y los espacios en los que nos movemos facilitan encontrarnos, en forma casi permanente, con una imagen reflejada de nosotros mismos, de los otros y de los objetos. Espejos, vidrios, metales, entraman y construyen superficies lisas y brillosas que junto a pantallas, cámaras de video, teléfonos celulares, satelitales, internet móvil, pagers conforman el escenario

En casi todos los lugares de encuentro y tránsito de personas hay superficies que reflejan, luces y contrastes, hay fuentes que producen y reproducen sonidos y mensajes, melodías y voces, informaciones y ruidos. Vivimos rodeados y acompañados por imágenes propias y reflejadas, por signos e informaciones, voces que nos hablan y que hablamos, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos.

Reflejo, imagen, virtualidad. Aún en la “privacidad” los brillos de las pantallas seducen a sus usuarios y los invitan a compartir un mundo de contactos, promesas, encuentros, búsquedas donde el laberinto de signos y destellos acompañan, enredan, esquivan, direccionan, alientan, confunden, prometen, alejan sin necesidad de traslados ni desplazamientos geográficos.

En este escenario la vida continua, los sujetos, las familias, las instituciones, las sociedades y la cultura se producen y re-producen de manera recursiva. Las luces, los sonidos, las imágenes y los mensajes conforman una puesta en escena inédita para la humanidad. La era actual puede ser denominada por diversas nombres pero cualesquiera que sean las corrientes, todos los autores coinciden en la presencia de la complejidad y la incertidumbre, en la caída de los grandes relatos, en la desaparición de la idea de progreso como accionar de la sociedad en su conjunto y en el papel ocupado por los medios masivos de comunicación en el camino de estas transformaciones. 

En todo este proceso la subjetividad no ha sido ajena y el contexto ha ido imprimiendo y dejando sus marcas: las familias, las parejas, los sujetos han ido cambiando, sus posiciones han sido cuestionadas, las responsabilidades y las acciones han recaído sobre los hombros del sujeto individual y los efectos y sucesos, devengados seguramente han tranformados sus relaciones y sus vínculos. Estos procesos y fenómenos están interrelacionados, sus productos y sus efectos, afectan en forma recursiva los distintos ámbitos que conforman el mundo social y cultural. Multiples escenarios, un posible encuentro, un posible desencuentro…

Este escenario, sobrepoblado de imagenes, aparece caracterizado por multiplicidad de mensajes y variedad de medios para estar conectados. Mensajes que incitan a la comunicación y mensajes que pueblan el mundo del sujeto con palabras, textos que presentados en diversos formatos facilitan la comunicación aquí y ahora, con lugares cercanos y remotos, sin la intermediación de ningun otro sujeto, ni necesidad de enlace especial. Algunas nociones como urgencia, inmediatez, virtualidad, velocidad, tiempo real, se han ido imponiéndo sobre la espera, la postergación, la continuidad, la presencia.

En este gigantesco espejo, ¿qué observamos? Muchos sujetos, que se miran a sí mismos, que buscan contactos, que a veces rehuyen el contacto visual con el otro, pero que necesitan de esa conexión como el alimento, como aquello que al igual que el oxígeno, provee, regula y da cuenta de su existencia. Los timbres y ringtones de los celulares, los bips de los mensajes de texto, los e-mail, pueblan y conforman un espacio compartido de sonidos, que paradojicamante los acercan y alejan de los otros, que allí en carne y hueso, amenazan con su presencia la propia posición subjetiva. Amenazan, en tanto afectan pues, una presencia que por su misma circunstancia, impone un esfuerzo, una marca de su existencia, que interfiere en el propio mundo y lo fuerza a producir algun tipo de respuesta, algún tipo de movimiento.

Por cierto, nuestra percepción de la realidad se ha complejizado, multiplicidad de fenómenos, situaciones y contextos necesitan ser procesados y significados por cada uno de nosotros. Toneladas de información, signos e imágenes son tramitadas acompañando y sosteniendo un estar en el mundo donde los tiempos se han acortado y los referentes sociales, que orientan su significación han perdido su vigencia y se encuentran en proceso de cambio.

Uno de los aspectos conceptuales que posibilita pensar características del tiempo contemporáneo es la noción de complejidad. Edgar Morin (1994) propone la idea de paradigma de la complejidad como una herramienta conceptual que es diferente del paradigma de la simplicidad. La simplicidad busca el orden y persigue el desorden. El orden se reduce a una ley o principio. Acepta la existencia de lo uno y de lo múltiple pero no los puede considerar al mismo tiempo. O bien separa lo que está ligado (disyunción) o bien unifica lo diverso (reducción).

La complejidad considera que ciertos desórdenes son necesarios para que, en ciertas condiciones, se puedan producir fenómenos organizados, que contribuyen al incremento del orden. El mundo de la complejidad es aquel donde azar y desorden pueden generar procesos autoorganizadores que pueden contribuir a crear nuevos órdenes. En la complejidad hay que incluir las nociones de autonomía y racionalidad.

La autonomía se presenta ligada a la noción de dependencia, entendiendo la dependencia como aquello relacionado con la educación, el bagaje genético, el lenguaje, la cultura, la sociedad, la época. La autonomía es conceptualizada como la generación y el sostenimiento de la capacidad de elección y de la capacidad de reflexión. La racionalidad es otro de sus fundamentos. Es pensada como una racionalidad autocrítica “que pueda ejercer un comercio incesante con el mundo empirico, el único corrector del delirio lógico” (Morin, 1994, p. 104). Esta racionalidad está sostenida en la posibilidad de diálogo y discenso. Su función no es englobar la totalidad de lo real en un solo sistema lógico. Morin le adjudica tres principios a la complejidad: 

Un primer principio, el dialógico, que es aquel que permite mantener la dualidad en el seno de la unidad. Asocia dos términos a la vez complementarios y antagonistas. El segundo principio es denominado recursividad organizacional. Este principio sostiene la idea de que los productos y los efectos son al mismo tiempo, causas y productores de aquello que los produce, contiene la idea de movimiento continuo que genera nuevas posibilidades. Y por último, el principio hologramático que sostiene que la parte está en el todo y que el todo está en la parte.

Complejidad remite a pensar sobre lo actual, y bajo que condiciones se realiza esta reflexión. Hablar de lo actual implica poder construir cierta distancia, cierto desfasaje que permita transformar en pensamiento y en experiencias aquello que se vive. Podría decirse que es necesaria cierta brecha, irregularidad o hiato, que establezca cierta discontinuidad, cierto ruido porque el exceso de coincidencia, vuelve indiferenciados los tiempos y los momentos tiñéndolos de uniformidad, como matrices que engloban y comprimen la materia para obtener un producto siempre similar. 

Como señala Puget (2009) el desfasaje es “algo que nos permita no solo ser actores sino también testigos de nuestro tiempo” (Puget, 2009, p. 1). Cada período, cada época tiene su forma de crear su actualidad. No prestarle atención, no pensarlo es una forma de negar la fuerza de lo actual, de velar las transformaciones y encubrir las nuevas producciones.

Reflexiones sobre la comunicación y las subjetividades en la actualidad Estoy en una sala de embarque, al igual que en cualquier sala de espera, donde a modo de una babel moderna y circunstancial, algunos charlan, otros leen, otros estan conectados a internet y algunos hablan por sus celulares. Sus conversaciones no me interesan, pero las escucho, carecen de intimidad, pareciera que quien charla anula la existencia de los demás que como meras sombras comparten el mismo lugar. 

La escena puede ser similar en multiples ámbitos urbanos: un cine, un bus, la parada de un colectivo, un aula, un restaurant, una confitería, la vereda de cualquier calle, la ventana o el balcón asomado a la calle, la sala de espera de cualquier sitio. Babel de comunicaciones y mensajes que invaden los sentidos, tratando de sostener y mantener la conectividad ¿Estará relacionada con alguna manera de esconder la soledad?, ¿Será un modo actual de hacer uso del tiempo?, ¿Será una forma de dar cuenta de la dificultad que la presencia de los otros tiene para cada uno de nosotros? ¿Estará relacionado con la identificación entre el sujeto y el consumidor? ¿Será una manera diferente de plantear la presencia y la ausencia? ¿Implicará nuevos estilos de inclusión? ¿Se constituirá en nuevos modos de organización? ¿Serán maneras diferentes de imaginar lo que nos rodea? ¿Conformarán nuevos modos de representar el mundo? El diccionario nos dice que una imagen es:

Figura, representación de una cosa. Opt. reproducción de la figura de un objeto por la combinación de los rayos de luz.. Opt. La que se produce por el encuentro efectivo de los rayos luminosos reflejados por un espejo o refractados por una lente” (Diccionario Enciclópedico Ilustrado de la Lengua Española, 1964, p. 1450). Representación: “acción de representar o representarse. Nombre antiguo de la obra dramática. Autoridad, dignidad, carácter. Figura, imagen o idea que sustituye a la realidad” (Diccionario de la Lengua Española, 2010).

Hay algo, hay alguien, un otro, un semejante que acompaña nuestra cotidianeidad, una presencia que puede ser o no ser presencia y que entre sus elementos constituyentes sobresale su función ficcional. Como nos señalan las definiciones del diccionario, entrar en el campo de lo imaginario implica entrar en el campo de la re-presentación, de la re-producción, pero también es la posibilidad de entrar en el campo de lo nuevo y lo inédito, que a partir de la presentación puede llevar al camino de la producción y la creación.

Una de las carácterísticas en que todos los autores coinciden es en la superabundancia y en el exceso de elementos, entre ellos los medios actuales de comunicación que facilitan la transimision de múltiples imagenes y sonidos, que acortan las distancias, que simulan las presencias y que, como ojos y oídos extendidos, amplian la posibilidad de abarcar diferentes espacios y situaciones y mantener la ilusión de la continua presencia, de ausencia de interferencia o por lo menos la posibilidad de una eterna conexión.

¿Podrán ser pensados estos medios como nuevos modos de estar en el mundo?¿Qué efectos producirán en nosotros estos ojos y oídos extendidos? ¿Se constituirán en hologramas para ver y oír nuestro entorno?

La denominación mass media o medios masivos de comunicación refieren no solo a las características de los mismos sino a la evaluación y lectura de su lugar dentro de lo social desde diversas posturas ideológicas.

Jacques Perriault (1991) piensa en el fenómeno de la mass media poniendo su enfoque en lo que este autor denomina las “máquinas de comunicar”. Una revisión histórica le permite encontrar un elemento que está presente y desencadena la invención de cada una de estas máquinas: un desequilibrio que el inventor quiere atenuar o suprimir gracias a su invento. 

En los orígenes, fueron la discapacidad, la sordera, la ceguera, la ausencia y la soledad, los móviles manifiestos para que muchos inventores aguzaran sus sentidos y a veces con éxito y otras veces no, pudieran concretar sus sueños y reparar o suplir el deficit. 

Desde esta mirada, la función principal de estas máquinas ha sido la compensación: oír y hablar a distancia, ver una imagen proyectada, escuchar una melodía registrada y sus múltiples combinaciones. Fue este deseo, aquello que marcó desde las primeras tecnologías de la ilusión hasta la hipercomplejidad de un aparato actual, la preocupación de sus creadores para evaluar la eficacia de sus realizaciones más allá de otros usos que la invención pudiera deparar.

Citando a Pierre Schaeffer (1970) señala que: lo que estos aparatos tienen en común es que trabajan con lo que podríamos llamar tanto huellas del universo en tres dimensiones, como simulacros de una presencia temporal: la imagen electrónica efímera como la imagen que fija la película de cine, la imagen sonora fijada por el disco o la cinta magnetofónica o transmitida sin registro por la cadena electroacústica, que va del micrófono a un altoparlante, no son, pese a lo que se diga en contrario, reproducciones de la realidad. Son trompe-l´oeil , ilusiones no de óptica, sino de existencia (Perriault, 1991, p. 51).

Estas máquinas manejan los dos grandes aspectos del fenómeno audiovisual: por un lado, la captación y reproducción de sonidos e imágenes y por otro lado, la difusión de mensajes a través del espacio y el tiempo hacia toda clase de poblaciones. Perriault caracteriza a las máquinas de la comunicación a través de cinco funciones: función simulación, función discursiva, función económica, función organizadora de los modos de relación social y función compensadora.

Basándonos en su propuesta podríamos distiguir los siguientes aspectos:

Función de la simulación, su objetivo es la producción de simulacros para la vista y el oído, cuya perfección y agudeza ha evolucionado rápidamente. “Estás viendo, en vivo y en directo lo que está sucediendo”; “Hola, ¿me escuchas bien?” “Hola, ¿me ves?” “Ubica mejor la cámara que no se te ve” Sólo las fallas en la misma, como por ejemplo el entrecortado en una comunicación telefónica o los quiebre en la imagen de la pantalla, rompen con el encanto, y la máscara ficcional cae abruptamente. La ilusión juega a favor de velar la complejidad tecnológica que la genera como un plus que desde el plano discursivo (e imaginario) sostiene el juego y amplifica su expansión. 

Función discursiva, promueve la complejización y el perfeccionamiento tanto en la capacidad lingüística como en la construcción de imágenes para lograr a través de múltiples estrategias tecnológicas nuevos impactos. Las pantallas, los teléfonos, los equipos de sonidos, las representaciones audiovisuales se incrementan buscando obtener cada vez un efecto mayor de realidad.

Del fonógrafo al CD, de las viejas proyecciones al 3D, del teléfono al celular o al satelital, del proyector familiar al home theater, de la televisión blanco y negro a la digital, se constituyen en algunos ejemplos que sólo en unos pocos años, menos de un siglo, irrumpieron en el mundo social, afectando la vida de los conjuntos e incorporándose en los ámbitos familiar, educacional, laboral, e individual.

Función económica, la comunicación a través de los distintos medios tecnológicos forma parte del Mercado en cuanto a que tiene un valor, y circula dentro de él. Los aparatos de comunicar y los medios crearon y generaron también nuevos lugares y ocupaciones. Como así también nuevos productos que impactaron a través de usos y acciones que los usuarios fueron adoptando, apropiando, compartiendo, desechando y olvidando.

Función organizadora de modos de relación social, considerando su ergonomía se puede poner el acento en sus usos, aparatos para utilizar en soledad como aparatos para ser utilizados en grupos. Esta noción incluye también el papel y la función simbólica que estas máquinas representan dentro de la cultura. Quizás este sea uno de los aspectos que desde la masividad y penetración más posturas y teorías ha generado. 

Estas discusiones podrían ser leídas como un desfasaje con respecto a modalidades anteriores vinculadas a la comunicación y a la masividad. Las distintas posturas ideólogicas suelen ser radicalizadas posiblemente, debido al temor que sus efectos puedan producir en la constitución de las subjetividades y en la producción socio-cultural en función de no minar su existencia con la consecuente pérdida de la autonomía y libertad. Función compensadora: la revisión de la historia de los inventos vinculados a los aparatos de comunicar permite apreciar que entre los motivos que dieron origen a estas inquietudes se encontraba la intencion de disminuir, disimular o anular un desequilibrio o una falta. Muchos de los inventores tenían un pariente cercano o ellos mismos, con algún déficit. 

Dentro de esta función y más allá de la compensación particular referida a la pérdida de un sentido determinado Perriault reflexiona:

Si la sociedad se mueve en un sentido –demasiada soledad, demasiados escépticos, demasiados colonos aislados en el Far West, demasiada agresion a la naturaleza– las máquinas de la comunicación actuarán en el sentido inverso, con una intensidad proporcional a la del desequilibrio: se ofrecerán entonces linterna mágica, telégrafo, mensajes telemáticos (Perriault, 1991, p. 59). ¿Será este exceso la presencia de un desequilibrio? ¿Será este desequilibrio la posibilidad o la oportunidad de generar apreciaciones diferentes, modos de estar en el mundo que generen nuevas modalidades?

Las últimas máquinas son productos de combinaciones complejas que han incorporado funciones lógicas que aumentaron sus capacidades de procesamiento dando lugar a un nuevo bien económico: la información. La información en la era cibernética arrasa con la verticalidad, mantiene su vigencia en tanto circula y además es consumida por sus mismos productores, producción y generación se encuentran enlazadas de manera recursiva.

 En este aspecto resulta interesante la reflexión de este autor ya que se pregunta si desde el punto de vista social el uso de las máquinas de comunicar (¿también podríamos agregar su exceso?) las lleva a ser fantaseadas como varitas mágicas que permitan obtener el lugar anhelado, el cumplimiento de los deseos, la temporalidad atemporal, el poder absoluto, el control y la persuasión. 

También podríamos generar preguntas desde otra posición ¿A qué se debe el exceso de información? ¿Qué se puede pensar de este exceso? ¿Qué representa? ¿Exceso es similar a nocivo, que es preferible un no-exceso? ¿Exceso es desorden, es caos? ¿Qué efectos pueden producirse si consumidores y productores son la misma figura?

Resulta interesante rescatar la etimología de la palabra comunicación, para ver si en ella hay algún elemento que se relacione con la idea de exceso, con el incremento, adopción y uso de estas tecnologías en todo tiempo y lugar. En la etimología del término comunicación, está la asociación del prefijo com con la raiz munus. Esposito (1998) señala que en las lenguas latinas, lo común es lo que no es propio, que empieza donde lo propio termina. 

Lo común es aquello que concierne a más de uno. El munus pareciera referirse por un lado a la idea de deber, asociado a cargo, obligación, función, pero también contiene la idea de deber de caracter obligatorio.

O sea, cuando alguien acepta el munus, está obligado a retribuirlo de alguna manera. El munus representa la reciprocidad o mutualidad que implica “del dar y determina entre uno y otro un compromiso, y digámoslo también un juramento, común…” (Espósito, 2007, p. 28). Sostiene que lo que se comparte mas bien es el deber, una deuda. Por lo tanto lo que se comparte en el munus no es una propiedad sino justamente una prenda, un don-a-dar “Una despropiación que inviste y descentra al sujeto propietario, y lo fuerza a salir de sí mismo, a alterarse” (Espósito, 2007, p. 31).

Podrían pensarse diferentes ideas a partir de la raíz munus que se incluye en la noción de comunicación: por un lado la facilidad y velocidad con que las nuevas tecnologías de la comunicación se han impuesto, el valor casi de necesariedad de estar conectado. La comunicación sería una pertenencia a partir justamente de un vacío, de una no pertenencia que unifica y obliga a salir de sí mismo y enlazarse con otro. Desde su misma etimología los usuarios estarían forzados a formar parte de ese medio e interactuar dentro de él. 

Desde este lugar el acto de la comunicación los lleva a tomar contacto con lo que no es, con lo que no está, paradójicamente en el mismo momento en que entra en conexión con algo que no estaba allí: una imagen, una voz, un texto. Simulacro, máscarada, efigie que representa a la cosa en su ausencia, pero a la vez da cuenta de su presencia, en tanto ese otro que se encuentra en el extremos de la comunicación, su destinatario, le confiere en ese acto (en el momento mismo del contacto), existencia. También se podría pensar que ese forzamiento, ese salir afuera y ese conectarse con otro produce un nuevo elemento, algo que interfiere en el camino de lo esperado. 

En este sentido es la presencia y su presentación lo que podrá producir e inaugurar nuevos espacios, nuevos elementos. Asíla comunicación podría ser pensada como un sustrato, como un ámbito que podría poner en juego el surgimiento de la interferencia y como tal, producir una acción que interrumpe y cuestiona modos de pensar para dar lugar a nuevas posiblidades, a nuevas inscripciones (Berenstein, 2004).

Pensadas así, estas máquinas podrían producir distintas miradas de acuerdo al lugar desde donde las apreciemos: por un lado estar al servicio de la reproducción privilegiando la ausencia, la falta y/o estar al servicio de la producción, privilegiando la presencia y la interferencia. Los mails, los mensajes de texto, los blogs, la televisión podrían describir un mundo hipercomunicado, donde siempre hay conexiones posibles, interlocutores ávidos de contactos, donde espacio y tiempo se comprimen en instantaneidad y accesiblilidad.

La conexión entre los distintos sujetos, entre los sujetos y los distintos signos e imágenes está siempre disponible. El medio se transforma en un escenario, donde lo que haga cada sujeto, grupo y agrupamiento tornará a esa representación en una obra que desde el drama a la comedia y viceversa podrá adquirir distintos destinos. Los deseos, los valores y los pensamientos vertidos posibilitan transformar a los usuarios anónimos en sujetos singulares

Es la conexión y es el medio, aquello que posibilita que los sujetos puedan transformar aquello transmitido en algo que haga una diferencia, que marque una interferencia, que esfuerce a un nuevo hacer, a una nueva huella. 

En los medios de comunicación, en las máquinas actuales de comunicar, el encuentro y la presencia están diferidas. Hay un vacío, una efigie, una mascarada que ocupa su lugar. En los encuentros cara a cara, el otro está allí, en vivo y en directo. Su presencia suele producir diversos efectos y afectos (curiosidad, apatía, agresión, alegría) vinculados con el extrañamiento y la ajenidad que ese otro porta y representa. Berenstein (2004) señala que la presencia del otro manifiesta que no existe la unidad sino justamente que hay necesidad de vínculo porque no hay concordonancia, porque hay diferencia, porque hay ausencia, porque hay ajenidad.  El otro, con su ajenidad es también la oportunidad que a través de la actividad conjunta (entendida en términos de vincularidad) los libera del propio encierro de la subjetividad. Pero el otro con su ajenidad también es lo distinto, lo temido, lo denegado, que puede ser negado, doblegado a través de su indiferenciación, masificado para velar su distinción y expresar ciertas modalidadesabusivas de poder.

En este sentido los medios podrían asociarse a dos maneras de pensar la presencia (parafraseando a Berenstein): por un lado, cubriendo la ausencia (motivo entre otros de las invenciones, para compensar) y por otro cuando pueden propiciar la aparición de una nueva percepción, de un nuevo juicio, cuando se experimenta una ampliación de los sentimientos, cuando su presencia posibilita aspectos antes impensados. La presentación lleva a hacer un espacio donde no lo hay y a un hacer que produce un pensar. La presencia no es una mera percepción, “entre la percepción del otro y el otro hay un camino plagado de interpretaciones y lo que sorprenderá al sujeto es la presencia y lo no posible de interpretar”(Berenstein, 2004, p. 54). 

Es aquello que moviliza y posibilita nuevos decires, nuevas miradas, nuevos posicionamientos, nuevas producciones.

Los medios de comunicación que se sirven de las máquinas de comunicar comparten las mismas ideas asociadas: la mitad de algo, lo equidistante, también lo que envuelve o rodea, el lugar donde algo se desarrolla. Los medios en este sentido, sus mensajes, sus imágenes se constituyen, como espacio simbólico y como lugar, en los que transitan lo cotidiano, y donde se producen sucesos que pueden afectar directa o indirectamente las relaciones entre los sujetos y a los sujetos en sí mismos. 

Como medio, todos somos miembros y lo que hacemos puede producir efectos en los demás y en cada uno de nosotros

La presencia del otro con relación a mí –sea yo considerado como sujeto o como otro entre otros–, en tanto relación, corresponde al mundo de lo intersubjetivo y tiene una fuerte incidencia en la constitución de la subjetividad, en esa modalidad singular de devenir sujeto, donde se reúnen la modalidad corporal derivada del género y la pertenencia a un mundo interno, a una familia, a una clase social y a una época” (Berenstein, 2004, p. 117).

La etimología nos dice que lo común es lo que no es propio, que empieza donde lo propio termina. Aquello que empieza donde lo propio termina refiere también, a la idea de límite, de borde. La idea de límite contiene una doble dimensión: por un lado marca hasta donde cada uno llega, lo que es propio de cada uno y eso resulta tranquilizador y por otro comprime y presiona obligando a respetar sus bordes. El límite contiene en sí mismo la misma idea que lo común, hay un borde, delgado que es compartido por lo menos por dos, pero que no es de ninguno. 

La noción de límite está asociada a la existencia, su ausencia es amenazante, ya que el riesgo es quedar disuelto, es desintegrarse y perder la identidad. Algunos productos actuales ponen en jaque y riesgo las ideas sobre los límites, lo propio y lo privado, lo público, lo compartido. Facebook, Twitter, los textos reenviados, los blogs, los mensajes no borrados posicionan a los sujetos frente a una multitud de interlocutores conocidos, anónimos, deseados e indeseados. Los sujetos se ubican y mueven en un mundo constituido por efigies que se “exponen” en el medio sujetos a su mutua aprobación y crítica. “Lo tengo en mi lista” “viste las fotos que subí”; “te llegó lo que te envié”;“No contesta los mensajes ni los mails”; “Lo borré de mi lista”, “Desapareció de la red”. El mundo se puebla de espectadores y espectáculos, de miradas insomnes y de voces que no callan. 

Estar (en la red) y ser reconocidos por otros, parecieran convertirse en sinónimos que dan cuenta de la propia existencia.

La red, como medio, contiene y da un lugar en el mundo, por el que circular y navegar jugando con varios domicilios y porqué no, varias identidades. Perriault citando a Marc Guillaume señala que lo que se propone a través de las máquinas de comunicar es el intercambio de identidades, de efigies pensadas en sentido espectral,

“Se entiende por espectralidad la voluntad más o menos conciente que tiene el usuario de enmascararse en una relación con otro por medio de la máquina” (Perriault, 1991, p. 53) ¿Será también una forma distinta de construir identidad, de construir pertenencia? ¿Un nuevo universo con reglas y modos de codificación y decodificación (TQM, BSO) que marca la pertenencia de los nativos que a diferencia de los no nativos, tienen otros modos de procesar los acontecimientos y otros modos de contar aquello que ya pasó y/o soñar e ilusionar lo que vendrá?

La red conceptualmente atrapa, contiene y retiene. Se constituye en una ocasión en la que las multitudes se agrupan sin esfuerzo, articulando un espacio sin arriba y sin abajo, y que carece de organización jerárquica. Sus miembros se mueven en forma conjunta sin la necesidad de construir y sostener lealtades. 

Son agrupamientos que pueden fácilmente tanto armarse como desaparecer en la medida en que las expectativas de los que las conforman así lo requieran. Para Bauman el motor de estos agrupamientos, es la misma sociedad consumista que ve en ellos un modo de convertir y reducir a los sujetos en simples objetos a merced de los vaivenes del mercado, donde sus deseos e insatisfacciones son provistas por el mismo. Bauman los denomina “grupos de guardarropa” y los define así:

Se trata de comunidades fantasma, comunidades ilusorias, comunidades ad hoc, ambulantes, la clase de comunidades que uno siente que integra por el simple hecho de estar donde hay otros presentes, o por lucir los simbolos o los emblemas de intenciones, estilos o gustos compartidos. Y son comunidades con vencimiento (o al menos reconocidamente temporarias) de las cuales uno “se cae” ni bien la multitud se dispersa, pero de las cuales tambien podemos retirarnos antes de lo previsto ni bien nuestro interés comience a mermar” (Bauman, 2007, p. 152).

La horizontalidad de la red, por ejemplo, destrona la idea rectora asociada al orden vertical, pero a la vez, no privilegia ninguna mirada. Son el orden vertical y el orden horizontal en tanto posibilidades que se cruzan y se privilegian en función de la mirada y de la ubicación de los sujetos. ¿Surgirán otros modos de organización? ¿Los límites y su desdibujamiento, la continua exposición e intromisión afectarán los intercambios entre los sujetos? ¿Privilegiar lo imaginario, la ilusión cómo se conjugará con los límites y los bordes necesarios para la constitución y existencia psíquica? ¿Qué sucederá cuando dos sujetos se encuentren? Para algunos la excesiva autorreferencia, la excesiva recursividad producen parálisis y conducen a la violencia. 

Por otro lado, los modos de organización, donde predomina la horizontalidad ¿podrán constituir el germen de nuevas formas de organización del poder? ¿De qué sujeto estaremos hablando si consideramos que su determinación estará vinculada al juego del pasado con las marcas de lo actual, de las relaciones y vínculos con los otros, de su relación con el espacio público y el poder? Había una vez un tiempo…

El tiempo ha sido siempre un modo de organizar la vida de las sociedades en relación al espacio. Las ideas que tenemos hoy, siglo XXI, acerca del tiempo poseen matices diferentes a las manejadas en el siglo precedente. El tiempo de hoy, es un tiempo compacto, plano, que anhela la instantaneidad, que sostiene la continuidad, es un estar siempre conectado, omnipresente y donde la velocidad se constituye en un rasgo fundamental que aumenta su apreciación. Es un tiempo donde no siempre lo previo lleva a lo consecutivo, no está estructurado de una sola manera y donde un punto puede remitir a múltiples posibilidades. 

Comunicación es aquí y ahora, es la posibilidad de formar parte de la red, leer y enviar mensajes, invitar y confirmar eventos, arreglar encuentros, transimitir información, buscar datos, etc. Mirar el celular, chequear los e-mails, responder los mensajes, es realizado en forma casi automática y en segundos sus contenidos son propagados a innumerables usuarios. La rutina cotidiana ha incorporado nuevas acciones y porqué no?, nuevas necesidades. Tiempo y actualidad, vigencia y vencimiento son nociones que se han adquiridio diferentes matices y han acelerado la espera y la respuesta. 

Son aspectos que de alguna manera también han modificado, o por lo menos impactado en los modos de procesamiento subjetivos, en los modos de constituir y sostener un lugar generador de proyectos y vínculos, que configuran un modo de hacer y estar en el mundo. Para Bauman estamos en el tiempo puntillista, un tiempo pulverizado, en una multitud de “instantes eternos” –eventos, incidentes, accidentes, aventuras, episodios– monadas cerradas sobre si mismas, bocados diferentes, y cada bocado reducido a un punto que se acerca cada vez mas a su ideal geométrico de no dimensionalidad” (Bauman, 2007, p. 52)

Diversos autores han demostrado que la separación del tiempo del espacio ha sido un logro de la modernidad. La homologación de los calendarios, la transformación del lugar (entendido como aquello que porta marcas personales, posibilita encuentros cara a cara y es el asentamiento físico de sujetos y sociedades) en espacio (entendido como una abstracción, un vacío que da lugar a los intercambios, que adquieren un modalidad virtual) ha permitido aunar lo local y loglobal, favoreciendo y acelerando los intercambios a través del borramiento de las diferencias. 

La concepción histórica de los sujetos, de los acontecimientos es a escala mundial. Pero borrar las diferencias acerca a la uniformidad, a lo idéntico. El riesgo es la pérdida de la subjetividad y su reducción a una pieza más del engranaje del mercado. Pero si lo pensamos como semejante, las diferencias pueden tener lugar y fuerzan al trabajo de crear y constituir subjetividad.

Esta nueva rutina, ejemplificada en las llamadas redes sociales, presenta tensión entre el pertenecer y estar, en ser miembro y no quedar aislado, formar parte y no quedar al margen. Esta pertenencia genera cierta necesidad y provee cierta satisfacción pero a la vez también es una fuente de ansiedad y malestar. ¿Podremos pensar en una nueva dramática? ¿Los desencuentros seguirán inspirando a la subjetividad? Hernan Casciari reflexionando sobre el uso del celular en un mail que me llega, se pregunta que hubiera pasado si Julieta le hubiese escrito a Romeo: “M HGO LA MUERTA, PERO NO TOY MUERTA. NO T PREOCUPES NI HGAS IDIOTCS. BSO” (me hago la muerta, pero no estoy muerta. No te preocupes ni hagas idioteces. Beso)

El malestar es una pista que habla sobre cierta incomodidad, cierta desazón que esta participación, que esta pertenencia, como mascarada no logra cubrir ni cerrar: el encuentro y el desencuentro, la ajenidad y el extrañamiento seguirán vigentes, en la medida que la diferencia y el desfasaje con el otro estén vinculados con la constitución de la subjetividad. Históricamente se ha pensado tanto la constitución (y la conceptualización) de la subjetividad como los modos de construcción social en función de determinados referentes que a modos de garantes aseguraban estos procesos dotándolos de legitimidad. 

La incertidumbre es parte del tiempo actual: el trabajo de las generaciones está cuestionado, ya no determinan (de acuerdo a la noción de contrato narcisista) el lugar que se espera de cada uno ni como cada uno debe ocuparlo, pues justamente no se sabe (con certeza) cuales son esos lugares ni que hacer en ellos y con ellos. El quiebre y la caducidad de los referentes seguros, la caída de los grandes relatos, la presencia de un vacío, la pérdidad de los lugares establecidos podrían ser considerados como los signos que dan cuenta del cambio epocal vinculado al malestar social. 

De acuerdo a Kaes el malestar posmoderno está asociado a ciertas fallas en la simbolización y a ciertas formas de caos identitarios, de las cuales describe cuatro modalidades: cultura del control, cultura de lo ilimitado, cultura de la urgencia y cultura de la melancolía. Relacionando estas modalidades con las comunicaciones en la actualidad podríamos señalar lo siguiente:

- Cultura del control: produce violencia regulada cuando funciona y una violencia descontrolada cuando se disgrega. Uno de los efectos de la violencia descontrolada es la cultura de la anomia (donde ninguna ley puede ser impuesta ya que todas las leyes se volvieron arbitrarias). En este sentido los medios transmiten y amplifican cualquiera de sus posibilidades. La horizontalidad podría ser un freno, a la imposición y al abuso. 

Pero también la expansión y penetración de los medios podría ser, como en las peores pesadillas futuristas un elemento al servicio del control. Paradójicamente imágenes, información, pantallas, cámaras, son algunos de los elementos que junto con la telefonía celular y la internet permiten transformar todo lugar en espacio y todo espacio en un lugar geográfico, en un nombre y apellido, en un sujeto singular.

- Cultura de lo ilimitado o de los límites extremos: los medios y en especial, los audiovisuales contribuyen a la difusión de aquello que pulula en lo social y afecta nuestra percepción y valoración. La hazaña, la heroicización, la necesidad de sobresalir, la exposición mediática, la expansión de lo que constituye el mundo de lo público caracterizan a muchos de los contenidos transmitidos y modelan, desde el imaginario, lo apreciado socialmente.

- Cultura de la urgencia: se privilegia el tiempo sincrónico, lo breve sobre lo largo, el nomadismo sobre la continuidad. El tiempo es tiempo “real”. La rapidez, la velocidad son marcas de la comunicación y califican a los aparatos de comunicar estableciendo su vigencia, su uso, su elección o su vencimiento. La urgencia también tiñe al estilo comunicacional en general: está en los modos de decir y en los modos de mostrar, en los contenidos y en su difusión.

- Cultura de la melancolía: el mundo no es encantador y el futuro tampoco es prometedor, sólo queda lugar para lo actual. La posmodernidad cultiva a la vez el catastrofismo, las promesas maníacas y los sueños de dominio y control. Un breve repaso por el menú televisivo es una muestra de las distintas versiones en que estos aspectos son transformados en un producto transmitible y asimilable, frente a tanto dolor y a tanta frustración, y si los mecanismos que acompañaban su tramitación se encuentran devaluados, será el mercado un proveedor de satisfacción?

El malestar ¿será generador de nuevas diferencias?; ¿será motor de otros garantes que ayuden a constituir otros modelos?

Berardi sostiene que la posibilidad de formar parte de la red implica un reformateo, borramiento que sirve para favorecer la compatibilidad con otros: “el tiempo de la mente debe ser depurado de sus características de singularidad, compatibilizado con el tiempo de todas las otras mentes conectadas y, por lo tanto, formateado según un código de traducción universal”(Berardi, 2007, p. 94). 

Este autor sostiene que el formateo caracteriza a la generación videoelectrónica. A esta generación la denomina generación post-alfa (postalfabética): una generación que usa menos palabras pero que posee una competencia inédita en la elaboración y manejo de signos audiovisuales.

Considera que además de tener un manejo pobre de las palabras su uso está escindido de la emocionalidad por lo cual considera por un lado que las posibilidades de socialización (si las pensamos en términos modernos) son pobres y por otro plantea el riesgo de la separación entre las palabras y las emociones. 

Muchos de los usuarios de la red y de los mensajes de texto señalan que la falta de elementos de significación metalínguisticos que dificultaban la comprensión y daban lugar a ambiguedades se vio mejorada con la introducción de nuevas imágenes, como por ejemplo los emoticones. 

Estas imágenes califican el texto y le brindan un apoyo para su interpretación (su ausencia podría implicar diversos riesgos como la propia proyección y el exceso de recursividad, como también el exceso de mascarada, espectralidad). ¿Qué otros elementos podrían caracterizar a una generación en el mundo actual hipercomunicado? ¿Qué construcciones subjetivas tendrán lugar? ¿Cuáles serán los cambios cognitivos y afectivos que se generarán? ¿Qué lugares tendrán estas diferentes conceptualizaciones del tiempo en su relación con la constitución de las subjetividades?

Una de las acciones que acompañan este proceso es lo que Giddens denomina desanclaje: que es despegar las relaciones sociales de sus contextos locales de interacción y reestructurarlas en indefinidos intervalos espacio-temporales. El desenclaje esta representado por dos tipos de mecanismos: la creación de señales simbólicas y el establecimiento de un sistema de expertos. 

El sistema de expertos posibilita que los elementos que conforman nuestra vida cotidiana funcionen y nosotros, los que no somos esos expertos los usemos. En cuanto a la creación de señales simbólicas ¿Hay algún signo que marque más claramente que @ el desenclaje? ¿Un signo que existe en el ciberespacio, que no reconoce ningún otro tipo de marca, que no pertenece a ningún lugar, a ningún género, ni tampoco tiene dueño? 

Celularización del tiempo, espacio sobre lugar, modos de estar marcados por la omnipresencia de las comunicaciones, no hay tiempos ni límites. Hay conexión y desconexión. ¿Será un modo de transformar a los sujetos en individuos, dotándolos de las cualidades necesarias para funcionar en ese mundo y producir el modelo de existencia requerido para ese mercado? ¿Será lo posibilidad de pensar en nuevos modelos, nuevas estructuras que careciendo de marcas conocidas y con existencias inéditas permitan pensar en igualdades en las diferencias y diferencias en las igualdades, a la misma vez y en un mismo tiempo?

Para ir finalizando 

Las formas modernas de pensar se han complejizado. Simultaneidad, igualdad, diferencia, velocidad, conexión, presencia, construcción, distancia, espacio, lugar, horizontalidad, verticalidad se constituyen en modos y herramientas para capturar el mundo y dotarlo de sentido. La idea no es abolir modos de pensar sino incorporar y producir nuevas miradas que profundicen en el mundo contemporáneo y permitan capturar lo actual y apreciar los efectos y el impacto que la cotidianeidad y sus aparatos para comunicar imprimen y configuran en las subjetividades. Los medios de comunicación y sus aparatos pareciera que marcan en forma llamativa y con mayúsculas dificultades y carencias que las sociedades y sus sujetos no logran manejar.

Distancia, encuentro, ausencia, presencia son conceptos que nos fuerzan a implementarlos como nuevas herramientas.

Los medios son espacio y a la vez, sólo un medio que puede amplificar y disminuir, compensar y generar. Reproducen y producen, igualan y diferencian. Pero pensar en comunicación y subjetividad es también abordar la posibilidad de inaugurar nuevos terrenos, de dar lugar a lo imprevisto, que cuestiona, revoluciona y desubica los saberes y las posiciones subjetivas, sacudiendo sus perspectivas y abriendo a nuevos pareceres. El desfasaje, la diferencia, contribuyen a la creación y a la producción. Pero lo común, lo que no es de ninguno pero es de todos puede ser un espacio labil también, para la reproducción, la sumisión y la falta de creatividad. Fenómenos inéditos, conceptualizaciones renovadas, nuevos modos de relación, más allá de las distintas valoraciones inquietan nuestras mentes y nos fuerzan a buscar horizontes desconocidos.

Lo viejo, lo nuevo, lo transformado, lo reparado, lo adaptado, lo abolido, lo desechado implican movimientos que pueden viabilizar diferentes tipos de movimientos, azar y desorden pueden generar movimientos autoorganizadores. 

Lo actual se nos presenta en un modo paradojal: por un lado, la necesidad de permanente conexión, de pertenencia a partir de alguna red, y por otro, la misma conexión está caracterizada por la precariedad, la temporalidad, la superficialidad y la intermitencia. Los contactos posibles son múltiples, simultáneos, pero muchos son desconocidos, con pocos privilegios y leve profundidad. Velocidad, distancia y espera se constituyen en modelos que la comunicaciones han modificado y transformado constituyéndose en valores que predominan en el mundo contemporáneo. 

El malestar se siente, la soledad asoma, los tiempos son cortos pero el sufrimiento persiste. Los sujetos están allí y en diferentes versiones muestran su ajuste y adaptación, su rebeldía y su creatividad.

Comunicación y subjetividades. La idea es preguntarnos y hacer visible, para dar entidad y existencia, a aspectos e ideas, modelos y debates que permitan iluminar lo contemporáneo y comprender, desde la producción y la reproducción, algunos fenómenos que conforman aquello que denominamos lo actual.

Lista de Referencias Bibliográficas

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Comunikación y subjetivid@d. Algunas reflexiones en el borde de la red fue publicado de la página 225 a página239 en Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº39

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