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Adolescentes y redes sociales online. El photo sharing como motor de la sociabilidad

Basile, Diego; Linne, Joaquín

Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación Nº 54

Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación Nº 54

ISSN Impresión 1668-0227
ISSN Online: 1853-3523
DOI: https://doi.org/10.18682/cdc.vi54

Reflexiones sobre la imagen: un grito interminable e infinito

Año XVI, Septiembre 2015, Buenos Aires, Argentina | 248 páginas

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1. Introducción

La fotografía tiene la virtud de unir en el imaginario colectivo dos atributos contradictorios:la objetividad del registro maquínico y el punto de vista humano del autor; el registro objetivo de lo real por parte de la máquina, y el testimonio de lo real por parte del fotógrafo (Sontag, 2003). Desde su invención en el siglo XIX, los usos de la fotografía han estado asociados al registro de experiencias memorables y al recordatorio de hechos significativos. A nivel visionado y compartido, la fotografía hasta fines del siglo XX solía utilizarse como recordatorio de hechos que ocurrieron en el pasado.

La fotografía personal es un objeto de complejidad emocional y sentido cultural, un artefacto usado para conjurar la memoria, nostalgia y contemplación. La fotografía de valor personal es un talismán, donde el pasado suele ser percibido como re-experiencia. (…) Este es un mecanismo a través del cual el pasado puede ser re-construido y situado dentro del presente. (…) Como tecnologías de la memoria, las fotografías juegan un rol fundamental en el tráfico entre la memoria personal, la memoria cultural y la historia. (Sturken, 1999: 178, traducción propia).

En este fragmento escrito por el investigador Sturken (1999), podemos leer una descripción de lo que representaba la fotografía hasta la expansión de la tecnología digital. Realizadoa partir de una revisión del estado del arte y una etnografía basada en entrevistas y observaciones mixtas (copresenciales y virtuales), nuestra investigación cualitativa busca explorar si los adolescentes tienden a realizar nuevas prácticas fotográficas o si continúan los patrones culturales de la generación precedente. Es por esto que indagar acerca de las prácticas fotográficas es un modo de pensar las diferencias generacionales en cuanto a apropiaciones tecnológicas.

Ahora bien, ¿Cuáles son los efectos de la digitalización sobre las prácticas fotográficas? Apartir de la masificación de las TIC, la fotografía se ha convertido en una actividad que forma parte de la cotidianeidad de millones de personas. Esto se constata en la proliferación exponencial de fotos personales1 en sitios de redes sociales. En este sentido, ¿qué consecuencias sociales y subjetivas implica el hecho de ser fotografiado cada vez más? ¿Y que la imagen personal se fotografíe con mayor frecuencia, para luego publicarse y socializarse? Ser objeto de fotografías, “posar para las fotografías” es un juego de simulación para los adolescentes, en tanto implica una práctica que con anterioridad estaba restringida sólo a las celebrities, a quienes podemos definir como las personas que trabajan en el mundo de las artes y el espectáculo y tienen una alta visibilidad y exposición frecuente en los medios masivos de comunicación tradicionales como el cine, la televisión y la prensa. Los adolescentes retoman la práctica de las sesiones de fotos a modelos y famosos, y parte del sistema mediático de las “estrellas”. De este modo, juegan con la experiencia de su propia imagen capturada con la cámara, en el intersticio entre el espacio privado y público. La tecnología digital ha dado vía libre a dicho juego, antes restringido por una cuestión de costos (de las cámaras, de los rollos, de las impresiones) y por la limitada capacidad de almacenamiento de las cámaras analógicas. Al mismo tiempo, Facebook colabora con el juego, poniendo a disposición de la sociabilidad adolescente un micro-espacio de visibilidad, que replica en miniatura la puesta en escena de la massmedia.

Al utilizar como estudio de caso la sociabilidad de los adolescentes de la Ciudad de Buenos Aires en Facebook, hemos podido observar cómo las prácticas fotográficas de las nuevas culturas juveniles no se centran en el registro de momentos de pasaje a nuevas etapas vitales (nacimientos, cumpleaños, bautismos, entre otros) sino en las funciones de pasatiempo, experimentación y ocio cultural. En Facebook, el posteo y comentario de fotos personales ocupa el lugar central (Mendelson et al, 2010) y la sociabilidad por medio de la escritura ocupa un lugar secundario (Linne y Basile, 2012). Si bien la fotografía todavía posee algunas de las características que le adjudica Sturken (1999), ha cambiado su concepción y uso hacia prácticas más ancladas en el presente, en la cotidianidad, lo lúdico y la experimentación visual asociada a la imagen personal y del grupo de pares que se moldea en los sitios de redes sociales digitales.

2. Las dos grandes transformaciones

La actividad fotográfica es una práctica social que, durante el siglo XX, ha ayudado a crear y modular la memoria individual y colectiva (Bourdieu, 1989), y a influir de modo significativo en cómo las personas recuerdan sus experiencias. La “fotografía personal” empieza a desarrollarse a fines del siglo XIX como un medio utilizado por la burguesía para simular el retrato pictórico aristocrático. Durante las primeras décadas del siglo XX, las fotografías personales eran consideradas objetos prestigiosos que otorgaban estatus a las familias que exhibían sus autorretratos en los hogares. En este contexto, hasta mediados del siglo XX la mayoría de las personas que poseían cámaras eran fotógrafos profesionales (Bourdieu, 1989). La primera gran transformación en los usos sociales de la fotografía se produce después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la empresa Kodak lanza al mercado una línea de pequeñas cámaras a un costo accesible para los sectores medios. Esto posibilita que las fotografías sean tomadas por aficionados – ya no por profesionales– y destinadas al uso privado y familiar. Dicho fenómeno de masificación de prácticas fotográficas es denominado por Chalfen (1987) como “cultura Kodak”. De este modo, el hecho de que un amateur pueda fotografiar modifica los hábitos de uso, en tanto altera la relación de los sujetos con los equipos y con el acto de fotografiar. A su vez, esto provoca la constitución de nuevos estilos fotográficos. A partir de la masificación de la tecnología digital a fines del siglo XX, se genera la segunda gran transformación en los usos de la fotografía. La rápida difusión social de las tecnologías digitales produce un crecimiento extraordinario tanto de la cantidad de equipos en el mercado como de las imágenes tomadas y en circulación. Este fenómeno sólo es posible porque la tecnología digital permite realizar, procesar e intercambiar fotografías de manera sencilla, rápida y con costos cercanos a cero. Esta segunda transformación se observa en numerosas estadísticas. Por ejemplo, se estima que existen 3,7 trillones de fotos tomadas en toda la historia. De ese total, 1,9 son digitales y 1,8 analógicas. Todo sucede de modo reciente y a gran velocidad: en 2011, las fotografías digitales superaron definitivamente a las analógicas, dato esperable considerando que actualmente se toman cuatro veces más fotos que hace diez años y que en el último año se produjo el 10% del total de las fotografías de la historia (1000memories.com). Al mismo tiempo, esta transformación obedece a una dimensión material: en el año 2010 había 403 millones de cámaras digitales, 52 millones de videocámaras digitales y 2000 millones de teléfonos celulares con cámara de fotos (GFK.com/Global, 2010)2. Por lo tanto, esta transformación tecno-cultural provoca el surgimiento de millones de prosumidores3 fotográficos, lo que implica que cada vez más personas crean e intercambian imágenes personales.

3. Nativos digitales y fotografía

Según nuestro trabajo de campo, las actividades más frecuentes que realizan en Internet los adolescentes son: 1) usar Facebook; 2) ver videos y escuchar música en Youtube; 3) buscar en Google contenidos multimedia de entretenimiento e información (lo que incluye películas, textos, videos, música e imágenes). Tanto los adolescentes de sectores medios como los de sectores populares coinciden en cuáles son sus usos más frecuentes. Estos datos, a su vez, coinciden con los obtenidos a nivel nacional y analizados por Morduchowicz (2012). Por ahora, para la gran mayoría de los adolescentes el principal uso de la Web es socio-comunicacional.

Para dar cuenta de los cambios que se producen en los usos y apropiaciones de las TIC según las diferentes generaciones, Prensky (2001) definió a los jóvenes nacidos después de 1980 como “nativos digitales”, dado que considera a esta generación como hablante “nativa” del lenguaje de las computadoras, los videojuegos e Internet (Urresti, 2008). De modo similar, podemos denominar a los “nativos digitales” como los que nacen ya inmersos en entornos digitales, y a los “inmigrantes digitales” como los nacidos en tiempos de cámaras analógicas y discos de pasta, es decir antes de esa década. Diversos autores de la bibliografía sobre Internet y juventudes (Cassany y Ayala, 2008; Piscitelli, 2009; Albarello, 2011, entre otros) utilizan las categorías elaboradas por Prensky para referirse al conjunto de características tecno-sociales que agrupa a la generación nacida con el advenimiento de las TIC. Si bien no hay un acuerdo en la comunidad científica sobre la población a la que hace mención el término –algunos autores como Piscitelli (2009) y Albarello (2011) denominan así a los nacidos a partir de la década de 1980–, en este trabajo denominamos a los nativos digitales específicamente como los nacidos después de 1990, para darle mayor validez al argumento de su “natividad” en cuanto a la espontaneidad con que manipulan los dispositivos tecnológicos digitales. Realizamos este corte generacional porque es a partir de la década del noventa cuando empiezan a masificarse los principales cambios tecno-sociales que motorizan el conglomerado de las TIC: el CD, el DVD, las cámaras de fotos digitales y las consolas de videojuegos. De este modo, a partir de esta década estos dispositivos empiezan a formar parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes. Sin embargo, la apropiación de la fotografía digital en la sociabilidad de los adolescentes se produce con la masificación de los sitios de redes sociales que se da recién a inicios del siglo XXI. En este sentido, coincidimos con Albarello, quien da cuenta de la centralidad que tienen las computadoras como objetos lúdicos y de experimentación en la conformación identitaria de esta generación de adolescentes:La computadora ha sucedido a la televisión en su condición de tótem, pero con la característica de que los “nativos digitales” encuentran en ella un sentido diferente y proyectan sobre este aparato una gran cantidad de expectativas, ligadas al juego, la experimentación, el aprendizaje y la socialidad, al punto que la consideran parte de su identidad (Albarello, 2011: 38).

Las diferencias generacionales en el uso de la tecnología que señalan, entre otros, Prensky y Albarello, están principalmente asociadas a que cada generación es más digital que la anterior (Negroponte, 1995). A partir de este argumento, afirmamos que los nativos digitales son los adolescentes que se criaron y socializaron desde su infancia con las nuevas tecnologías de información y comunicación (Urresti, 2008). Para ellos, que viven entre pantallas desde que tienen memoria, “la identidad es la cultura internalizada en forma de conceptos, ideas e imágenes compartidas” (Morduchowicz, 2012: 18). Estas investigaciones refuerzan nuestro argumento de que la generación contemporánea de adolescentes construye una significativa parte de su identidad y sociabilidad a partir de la experimentación visual y el intercambio de imágenes en redes sociales digitales. En la actualidad coexisten dos comunidades generacionales diferentes, una de jóvenes –e incluso niños– y otra de adultos, que aunque compartan una misma tecnología informática, móvil y multimodal, la utilizan y la transforman de manera distinta y peculiar (Cassany y Ayala, 2008: 55).

Es por todo esto que, a partir de los cambios digitales a los que asistimos durante los últimos años, nos preguntamos: ¿Qué usos de la fotografía realizan los adolescentes que no realizan los adultos? En plazas, colegios o en la vía pública, es frecuente ver a adolescentes que llevan sus cámaras –esos ligeros dispositivos móviles de registro y almacenamiento digital de la imagen– como extensiones mecánicas de sus brazos. Para los adolescentes, la cámara digital de fotos se ha vuelto un objeto de juego y sociabilidad con el que experimentar en torno a su imagen, su identidad y la de su grupo de pares. Para ellos, la práctica fotográfica implica en la mayoría de los casos producir y compartir imágenes en redes sociales digitales.

4. Ampliación de la práctica fotográfica: la cámara como objeto masivo y personal

Además de la capacidad de almacenamiento, el abaratamiento de los dispositivos y del proceso fotográfico, otra característica que permite la masificación de la fotografía es el elevado nivel de usabilidad que tienen las cámaras digitales. De este modo, la práctica fotográfica se ha casi universalizado, con la inclusión de sectores que hasta hace unos años tenían vedado el acceso. Esta masificación de personas que practican con regularidad la fotografía se da en tres niveles: a nivel de sectores sociales, segmentos etarios y género. En primer lugar, a nivel de sectores sociales la ampliación de la práctica fotográfica ha sido posible a partir del abaratamiento progresivo de los equipos, que se ha dado en simultáneo con la incorporación de la cámara digital al teléfono celular. A su vez, esto implica el abaratamiento de la toma fotográfica, la anulación del proceso de revelado y los costos cercanos a cero en el proceso de publicación e intercambio de imágenes. Todo este conjunto de factores contribuyen a la masificación entre los sectores populares de la fotografía como práctica social.

En segundo lugar, debemos considerar la ampliación del acceso a la cámara fotográfica a nivel etario: con anterioridad a la era digital, las cámaras eran un bien familiar. Había una cámara por familia, y por lo general a cargo del padre. Hoy en día, por el contrario, cada integrante tiene o puede llegar a tener su propia cámara. Incluso entre adolescentes, que llegan a tener un teléfono celular con cámara de fotos para las instantáneas de la vida cotidiana (que podríamos denominar como una mini polaroid digital con publicación online), y además, una cámara digital con mayor calidad de imagen para las ocasiones especiales. Todo ello implica que la cámara de fotos ya no es un objeto sólo de adultos y jóvenes aficionados, sino también de adolescentes; y, además, que va dejando de ser un bien familiar para convertirse en un objeto personal. En tercer lugar, la ampliación del acceso a la práctica fotográfica por género: si bien ha habido mujeres fotógrafas a lo largo de la historia, lo fue siempre de modo marginal; en cambio, a gran escala es la primera vez que mujeres adolescentes y de sectores populares poseen y utilizan sus propias cámaras. Es por todas las razones señaladas que observamos una casi universalización de la fotografía, lo que la ha convertido en una práctica social generalizada al incorporar masivamente “nuevos fotógrafos”. De este modo, estas prácticas personales y colectivas asociadas a la creación e intercambio de imágenes personales implican una transformación de lo que se conocía como fotografía hasta fines del siglo XX.

5. Ampliación de temas y cambio en el estilo de la fotografía personal

Las transformaciones tecnológicas son absorbidas de formas diferentes según las generaciones: por un lado, los adultos con la fotografía digital tienden a reproducir los patrones de la cultura Kodak que vivieron en su infancia o juventud (Chalfen, 1987); por otro lado, los adolescentes tienden a generar nuevos estilos basados en la ampliación de temas considerados photoworthy, es decir, dignos de ser fotografiados. Mientras los adultos en su vida cotidiana suelen dedicarse a registrar eventos vitales significativos (por ejemplo, nacimientos o cumpleaños, o en condición de turistas, viajes), los adolescentes ya no se concentran sólo en escenas “especiales”, culturalmente codificadas como fiestas, ceremonias y experiencias extraordinarias, sino que se retratan cotidiana y espontáneamente a sí mismos y a su grupo de pares. En este sentido, los adolescentes ejecutan prácticas innovadoras vinculadas directamente con su uso cotidiano de la fotografía y sin estructurarse a partir de los patrones clásicos de la cultura kodak. La mencionada ampliación de temas se produce a partir del desarrollo y masificación de dispositivos móviles que integran comunicación escrita y oral (sms, whatsapp, mail, mensajes personales y redes sociales, además de telefonía móvil y videollamadas) con expresión visual e intercambio fotográfico. Así, los dispositivos de comunicación denominados smartphones o tablets permiten articular estos tres modos de expresión (oral, escrito y visual) en un mismo aparato, convirtiéndose en centros de comunicación lúdica y generando una nueva autonomía ubicua respecto de los adultos.

6. Cambios en la presentación y circulación

En la cultura kodak, las fotografías para familiares y amigos eran impresas y organizadas en pequeños álbumes clasificados cronológicamente o por eventos sociales, y luego eran visualizadas en hogares. El álbum familiar estructuraba una secuencia fotográfica de los momentos más importantes de la familia. De este modo, el esquema desde la toma hasta los modos de compartir las fotografías se articulaba de la siguiente forma:

En la figura 1 podemos observar los procesos que implicaba producir y compartir fotografías: 1) Tomar la foto; 2) Revelarla e imprimirla en papel; 3) Incorporarla al álbum (o reservarla para exponerla); 4) Guardar el álbum en el hogar (o poner la fotografía en un portarretratos o en una pared); 5) Compartir la foto con visitas al hogar (sea que la imagen esté en un álbum, un portarretratos o colgada). A diferencia de este esquema que primó durante el último cuarto del siglo XX, con la llegada de la tecnología digital, más el advenimiento de la Web 2.0, el esquema se modifica:

En la figura 2 podemos observar los procesos que implica en el siglo XXI producir y compartir fotografías: 1) Tomar la foto; 2) Guardarla en la computadora (o en el teléfono celular, que también es una computadora); 3) Editarla digitalmente; 4) Publicarla en una red social online (con accesibilidad irrestricta, sólo a los contactos, o sólo a ciertos contactos de la red); 5) Compartir la imagen con contactos de redes sociales o con personas que también figuren en la foto (etiquetándolas, lo que implica un envío de aviso automático de que aparecen en una imagen que ha sido etiquetada recientemente). A su vez, este último esquema también puede tener una variante abreviada: la sincronización casi instantánea entre el momento de la toma y el de la publicación en una red social, o incluso el retoque digital online con programas como Instagram, que permiten editar imágenes desde el smartphone4.

Este nuevo esquema en la toma, presentación y circulación de fotografías personales es propio de la tecnología digital y utilizado de modo intuitivo por los adolescentes. En las prácticas sociales de los adolescentes ocupa un lugar preferencial el photo sharing (Urresti, 2008; Mendelson et al, 2010), que refiere al acto de compartir y comentar fotos. En este intercambio de fotos entre adolescentes, las redes sociales online ocupan un lugar preferencial (Urresti, 2008). Facebook, por ejemplo, estima que posee actualmente cien billones de fotografías subidas por los usuarios y que cada mes se suman dos billones y medio más (www.insidefacebook.com). A través de cualquier perfil y muro de la red social, las fotos personales son vistas y valoradas por la comunidad de pares y el grupo familiar de cada usuario. La mayoría de los adolescentes han hecho de esta práctica (publicar fotografías, etiquetarlas, compartirlas, comentarlas) uno de los principales hábitos de su sociabilidad.

Ardevol et al (2007) denomina a esta nueva cultura de la imagen como “cultura snapr”, en el sentido de que estas nuevas prácticas, íntimamente vinculadas a la reproducción digital de la imagen personal, no serían posibles sin los sitios de redes sociales, en especial Facebook. Estos espacios virtuales permiten y estimulan la ampliación del círculo de contactos familiares y amigos. A su vez, compartir imágenes personales genera un continuum offline/ online (Morduchowicz, 2012) de nuevas relaciones sociales y formas de sociabilidad. Así como la tecnología digital transformó los modos de producción de las fotografías, también han cambiado profundamente las formas de presentación y circulación de las imágenes. Esto ha sido posible por el desarrollo de la Web 2.0, que implica un uso intensivo de plataformas colaborativas, interactivas y con un alto nivel de usabilidad5 como Facebook, donde los usuarios publican, comparten y comentan contenidos propios y ajenos, y donde las fotografías personales ocupan un lugar central. De este modo, en Facebook la fotografía funciona como moneda de cambio para acumular capital social en forma de amigos y contactos. La publicación y circulación constante de fotos generan un flujo de intercambio de imágenes y comentarios sobre imágenes que es lo que motoriza la sociabilidad dentro de la red. Así, los cortejos, seducciones, fantasías, peleas, amistades y enemistades que generan los adolescentes se basan en muchos casos en el intercambio de fotos personales que podemos denominar fragmentos narrativizados de imágenes (Jameson, 1999). Uno de los mayores tópicos de conversación entre adolescentes suelen ser las fotografías puestas en red. A través de textos en el muro, mensajes privados en el “inbox” (casilla de mensajes personal) y el chat, los adolescentes intercambian apreciaciones personales y grupales acerca del contenido moral y estético de sus imágenes.

7. Conclusiones

A partir de la masificación de las TIC, se ha casi universalizado la práctica fotográfica debido al bajo costo de las cámaras, su extrema facilidad de uso y el costo cercano a cero de las plataformas de edición y circulación de las imágenes. El hecho de que millones de personas accedan a estos económicos equipos digitales, hizo posible que se produzcan y compartan billones de fotos en el mundo. Como consecuencia de esto, las prácticas fotográficas se han generalizado a nivel de sectores sociales, etarios y de género, permitiendo el acceso a la práctica fotográfica de mujeres, adolescentes y sectores populares. A su vez, la cámara se ha vuelto un objeto masivo y personal.

Los dispositivos digitales permiten capturar imágenes que luego son compartidas en el espacio común de las redes sociales con el grupo de pares. Sin necesidad del revelado, ni de los costos que ello implicaba, el proceso de toma y compartido de fotos se simplifica y acelera, y los adolescentes son los primeros en incorporar esta práctica a la vida social. Así, los sitios de redes sociales se han convertido en un espacio de sociabilidad fundamental.

Esto ha generado que la fotografía sea utilizada para intercambiar imágenes de múltiples escenas de la cotidianidad que estimulan constantemente la sociabilidad online. Por último, se ha producido una ampliación de los temas y momentos fotografiables, que desestructuró la cultura fotográfica tradicional y la cultura Kodak que tuvo lugar durante el último cuarto del siglo XX. Como consecuencia de esto, ha cambiado el sentido de la práctica fotográfica, que ha dejado de obedecer a la consagración de momentos de la vida familiar y social como ritos y momentos de pasaje institucional, para transformarse en una práctica cotidiana y lúdica que configura una significativa parte del continuum offline/ online de la sociabilidad juvenil. De este modo, la fotografía ocupa entre los adolescentes contemporáneos un lugar central como “moneda de cambio” en la sociabilidad que despliegan a través de redes sociales digitales.

Notas

1. Con la expresión “fotos personales” nos referimos a las imágenes fotográficas tomadas por los aficionados para usos recreativos, en las que aparecen los mismos usuarios, sus grupos de pares y/o su familia.

2. Citado en: Bañuelos Capistrán, J. (2007): “Socialización fotográfica digital: competencias y prácticas culturales en nativos digitales”, Ciudad de México. Recuperado el 10 de febrero del 2012 de gabinetecomunicacionyeducacion.com.

3. El concepto de prosumidor refiere a la transformación de los usuarios de las tecnologías de información y comunicación en consumidores y productores.

4. Así se denomina a los teléfonos celulares que, además de permitir realizar llamadas telefónicas y enviar sms, traen incorporado cámara de fotos, reproductor de mp3, y navegador web.

5. La usabilidad es el nivel en que un dispositivo puede ser manipulado por diversos usuarios que poseen o no saberes previos y a su vez mide el nivel en que los usuarios logran conseguir objetivos específicos con efectividad, eficiencia y satisfacción (fuente: www.sidar.org).

Referencias Bibliográficas

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Adolescentes y redes sociales online. El photo sharing como motor de la sociabilidad fue publicado de la página 17 a página27 en Cuadernos del Centro de Estudios en Diseño y Comunicación Nº 54

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