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Mobiliario urbano e imagen barrial. La silla de uso público en los barrios históricos de Palermo y San Telmo, 2008 – 2013.

Pacheco Zapata, Elizabeth

Escritos en la Facultad Nº96

Escritos en la Facultad Nº96

ISSN: 1669-2306

Presentación de Proyectos de Tesis Foro de Investigación. Maestría en Diseño Edición X. Mayo de 2014

Año X, Vol. 96, Mayo 2014, Buenos Aires, Argentina | 48 páginas

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Buenos Aires es una ciudad inspiradora de diseño; “Gracias a la colaboración entre las esferas privada y pública, la ciudad de Buenos Aires ha sabido explotar la energía y la innovación del ámbito del diseño para desarrollar iniciativas a nivel local, regional e internacional” (United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization, 2005), reconocida por ser Argentina uno de los países donde el diseño industrial se instauró como profesión y promovió su desarrollo. En el diseño de mobiliario, esta ciudad cuenta con el reconocimiento de una larga trayectoria e importantes aportes a la profesión, como la creación del sillón BKF, icono del diseño moderno (Blanco, 2011). 

El mobiliario, como parte del conjunto de elementos urbanos, identifica la ciudad y nos permite conocerla y recordarla, llegando a establecerse como una parte integral de la imagen local. Desde el diseño, el mobiliario debe responder y adecuarse a los espacios, imaginarios y usos previstos y debe adaptarse a las condiciones y normativas que las distintas entidades municipales han ido decretando para regular su instalación y mantenimiento (Jornet, 2007). Dentro de esta rama, la ciudad cuenta con reconocidos diseñadores como Ricardo Blanco y Diana Cabeza. Aunque son arquitectos de profesión, se han dedicado al diseño industrial y, puntualmente, al diseño de mobiliario. Blanco es Director de la Especialización en Diseño de Mobiliario de la Universidad de Buenos Aires (UBA), ha creado más de 250 productos entre sillas y sillones, es docente hace 40 años y autor de, por lo menos, tres libros sobre sillas (Construya Noticias, 2007). 
Diana Cabeza ha expresado que “La principal fuente de inspiración es nuestra cultura y la vida comunitaria que de allí se desprende” (Revista Jardín, 2008). Su trabajo cuenta con varios reconocimientos nacionales e internacionales entre los que se encuentra el del Ministerio de Industria de la Nación con el premio al Buen Diseño en cuatro de sus líneas de productos en el 2012 y el premio obtenido en el Concurso Nacional para el diseño de todos los elementos del Mobiliario Urbano y Equipamiento de la Ciudad de Buenos Aires en el 2005. 
Según el contexto expuesto anteriormente, la comprensión del medio y un análisis en profundidad sobre los usos, costumbres e imaginarios del espacio donde será ubicado el mobiliario, deberán marcan la pauta para un diseño con aceptación social e inclusión urbana. En Buenos Aires las propuestas han sido segmentadas, la ciudad se ha desarrollado a lo largo del tiempo bajo distintos conceptos y características. 
A partir del desarrollo de la industria del diseño, luego de la crisis del 2001, la ciudad comenzó a presentar cambios en el espacio público, como lo expresa en su página el Gobierno de la Ciudad: "Renovar el mobiliario urbano es saber que el futuro pasa por acá... Es enaltecer la fisonomía de la ciudad, de sus calles y avenidas pero, fundamentalmente, es mejorar la vida de los porteños, de quienes trabajan aquí y de quienes nos visitan". En el año 2005 se realizó un concurso nacional para el diseño de todos los elementos de mobiliario urbano y equipamiento de la ciudad de Buenos Aires. A partir de ese año, se implementan de forma gradual la mejora o renovación del mobiliario, instalando un total de 25.974 elementos urbanos dentro de los que se cuentan 900 bancos y asientos. El diseño de este se realizó bajo las premisas de inclusión, cultura y valores (Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, s.f.). Damos por supuesto que, si un diseño cumple a cabalidad las anteriores premisas, se enmarca dentro de los que establecemos como imagen de ciudad, originada en los hábitos, costumbres y prácticas cotidianas. Según el Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, ser porteño, y definirse como tal, implica no sólo una pertenencia geográfica, sino -lo que es aún más importante- una pertenencia simbólica, manifestada en los saberes y usos de la ciudad, vinculados a la memoria nostálgica individual y colectiva. Vemos emerger la porteñidad en aquellos simbolismos indiscutidos y aparentemente indiscutibles asociados a una manera de vivir la ciudad (con la noche, el café, los amigos, la nostalgia, los ídolos, las transgresiones a la ley y su tolerancia) que no admite otras lecturas más que aquellas que refuerzan este estereotipo. La idealización de aquello que fuimos encarna nuestro deseo de lo que queremos ser (Historias de Buenos Aires, 1993, pág. 3). Aun así, no podemos entender la porteñidad como un concepto generalizado, existen diferencias entre los imaginarios presentes entre un barrio y otro, si adherimos al concepto de barrio que define Pierre George:

Como centro vital de la experiencia urbana… La unidad básica de la vida urbana es el barrio. Se trata a menudo de una antigua unidad de carácter religioso, de una parroquia que todavía subsiste, o de un conjunto funcional… Siempre que el habitante desea situarse en la ciudad, se refiere a su barrio. Si pasa a otro barrio, tiene la sensación de rebasar un límite… Sobre la base del barrio se desarrolla la vida pública y se articula la representación de lo popular. Por último -y no es de hecho menos importante-, el barrio posee un nombre, que le confiere personalidad dentro de la ciudad (Como se cita en Gravano, 2003, pág. 15).

Entre cada barrio existen las llamadas “Fronteras Invisibles” que funcionan como limitantes pero permiten permear las identidades e imagen de cada barrio, no es lo mismo ser de La Boca que de Palermo, tampoco se puede ceñir una imagen barrial a las delimitaciones oficiales; no es lo mismo ser del Abasto, de Congreso o de Once, aunque todos estos nombres estén contenidos oficialmente dentro de Balvanera. “Cada uno de estos sub-barrios tiene una presencia simbólica y material que los sustenta (avisos inmobiliarios, referencias en los medios de comunicación, marcas indicativas en los medios de transporte urbano)” (Gonzáles Bracco, 2013).
En los últimos años, debido a procesos económicos, políticos y culturales los barrios de Buenos Aires han cambiado su fisonomía, población y actividades, procesos que, según González Bracco (2013), han producido la desaparición de ciertos imaginarios y el surgimiento de otros nuevos, provocando el pronunciamiento de asociaciones barriales patrimonialistas y vecinos preocupados por la inminente pérdida de identidad de los barrios afectados. Actualmente se lleva a cabo el Plan de Desarrollo Urbano Ambiental, PUA, entre otras cosas para la recuperación del espacio público perdido y la apropiación de la ciudad por parte de los ciudadanos, por esto cabe destacar que dicho plan de desarrollo necesita de un diseño de mobiliario urbano adecuado para poder responder al desarrollo de un espacio con necesidades propias de las relaciones dinámicas que se generan entre la ciudad, el objeto público y el ciudadano (como se cita en Girola, González Bracco y Yacovino, 2013). En este estudio se pretende analizar cuál ha sido la presencia del diseño industrial en las sillas creadas para los espacios públicos de la ciudad de Buenos Aires, cuál es la trascendencia de estos diseños al interior de un territorio que busca poseer reconocimiento e imagen propia y cuál es el nivel de aceptación de estos elementos por parte de la ciudadanía. Como objeto de estudio analizaremos las sillas de los barrios históricos de Palermo y San Telmo -Casco Histórico de Buenos Aires-, reconocidos a nivel local e internacional por su historia y su importancia en el desarrollo de la ciudad. También se pretende demostrar la fuerte relación entre la calidad de los objetos de diseño y la usabilidad del mueble. 
Como preguntas de investigación se plantean los siguientes interrogantes, ¿Es posible reconocer elementos del diseño industrial presentes en las sillas urbanas y asociar estos con la construcción de la imagen barrial de Palermo y San Telmo en el periodo 2008-2013? 
¿Son aceptadas estas sillas como parte del barrio y del entorno público por los habitantes de estos barrios? 
El objetivo general busca identificar la presencia de constantes en las características formales de uso y tecnología, en las sillas ubicadas en los espacios públicos de los barrios históricos de Palermo y San Telmo, que contribuyen a la construcción de una imagen barrial porteña. 
Los objetivos específicos son: 
- Identificar los elementos del mobiliario urbano –sillas- ubicados en los barrios de Palermo y San Telmo, entre los años 2008 y 2013. 
- Indagar acerca del reconocimiento y la aceptación de las sillas ubicadas en los espacios públicos de los barrios Palermo y San Telmo, por parte de los habitantes y visitantes, como participantes activos en la construcción de la imagen barrial porteña. 
- Determinar si los autores y fabricantes de estos elementos incorporaron la imagen barrial desde la conceptualización de sus diseños. 
Como hipótesis del trabajo se plantea que las sillas ubicadas en el espacio público de los barrios históricos de Palermo y San Telmo en el periodo 2008 – 2013 exhiben la presencia del diseño industrial como participante en la construcción de una imagen barrial aceptada por sus habitantes.


Mobiliario urbano e imagen barrial. La silla de uso público en los barrios históricos de Palermo y San Telmo, 2008 – 2013. fue publicado de la página 27 a página28 en Escritos en la Facultad Nº96

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