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Experiencias en la dinámica áulica

Expósito, Elba [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº IX

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº IX

ISSN: 1668-1673

XVI Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2008.

Año IX, Vol. 9, Febrero 2008, Buenos Aires, Argentina. | 211 páginas

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Rompiendo clichés

Siempre me asombró la carga de modelos convencionales acerca de los más conocidos lugares turísticos del mundo, con que llegan al nivel universitario de enseñanza nuestros alumnos de Turismo, que es con quiénes tengo esta experiencia. De la observación y detección repetida de este hecho se ha inspirado el trazado de estas reflexiones.

Nuestro perfil de educando se dibuja sobre personas que, mayoritariamente, han tenido oportunidades de viajar al extranjero por becas, posibilidades de trabajo temporal, por solvencia económica de sus padres, que les ha permitido tener la vivencia, por trabajar en compañías aéreas, por participar en fam tours y podrían enumerarse decenas de otras razones. Dichos modelos, ganados o adquiridos a través de viajes familiares, publicidad de tendencias, moda, preferencias personales e innumerables otras fuentes de comunicación, llamativamente, les generan un encasillamiento de los lugares turísticos en categorías bastante estrictas que los estructuran intelectualmente y les limitan la facilidad de abrirse a las múltiples facetas que puede tener y mostrar cada destino en particular.

No pretendo decir que dicha categorización sea negativa, pero diseñada como la traen, les disminuye la flexibilidad mental necesaria para absorber la variedad enorme de realidades, costumbres, modalidades y posibilidades que encierran los parajes y su gente.

Sirvan como muestra los siguientes ejemplos extraídos cada cuatrimestre al iniciar las diferentes variedades de la asignatura Circuitos Turísticos, que es en la que me desempeño.

Mencionar que vamos a desarrollar Brasil, siempre genera una sonrisa placentera relacionada con sentir en la memoria la calidez del sol sobre la piel y la aspereza de la arena blanca y caliente bajo los pies. Acompañan comentarios relativos a las palmeras, Río de Janeiro o Florianópolis, y el recuerdo del ritmo de su música les mueve el cuerpo de manera apenas perceptible (porque estamos en clase).

Pero la expresión de asombro -y a veces de incredulidadva reemplazando a la anterior conforme avanzamos por los Circuitos Mineros que tienen a Ouro Preto como corazón y que reservan para la humanidad el reducto más destacado del Barroco Lusitano en América. El mundo amazónico, su flora, la observación de sus animales y su aprovechamiento turístico a través del hidroavión no es fácil de amoldar al cliché de las playas con palmeras. Y qué no decir al revelarse el Gran Pantanal como uno de los humedales más extensos del mundo, compartido con Paraguay y Bolivia, y que funciona para la fauna local de manera parecida a lo que sucede en las sabanas del Serengeti en África Oriental.

Y si nombramos Bolivia, surgen comentarios referidos a la monotonía y aridez del altiplano, indisolublemente unida a la silueta de algún pastor indígena arropado para soportar el viento, ejecutando alguna melodía plañidera con su quena milenaria. Pero no dan crédito a sus ojos frente a imágenes del Oriente boliviano, con su lujuriosa vegetación de selvas y ríos turbulentos. Y más complejo aún, les resulta procesar que en ese medio tropical se alcen, restauradas, las magníficas misiones jesuíticas chiquitanas cargadas de historia y de epopeya ignaciana, con interiores barrocos en los que el oro reluce tanto como en el siglo XVIII.

También los arquetipos se aplican a destinos lejanos, ya que por ejemplo, Egipto es desierto y pirámides. Y les resulta difícil de creer que las imágenes de aguas azules y transparentes, con corales y peces de colores, propios de los mares tropicales, acompañen a las playas egipcias sobre el mar Rojo y se elijan para el buceo.

Playas y corales son el paradigma de la Polinesia, pero qué ajenos les resultan a ese modelo los volcanes en actividad, las calderas burbujeando lava roja e incandescente y los ríos de lava fluyendo hacia el mar envueltos en nubes de gases y vapores azufrados.

Se podría continuar con innumerables casos del mismo tenor. Se me dirá que para eso llegan los alumnos a la universidad, para aprender cosas nuevas.

No me sorprendo por el desconocimiento “acerca de” sino por el sentimiento que acompaña al “darse cuenta” de que existen otras realidades diferentes a la supuesta. Y allí aparece en algunos alumnos el sentimiento de duda. Para ese grupo, ya no existe la seguridad en lo que se sabe. Se rompió el cliché que se traía. Enhorabuena que eso ocurra y agradezco el poder ser espectadora del proceso que con ello se inicia.

Considero que el uso de imágenes y de mapas en el desarrollo de las clases facilita el derrotero a seguir. Por un lado, porque el impacto de un paisaje natural o humano, cultural o salvaje, conmueve fibras internas muy particulares en cada ser; y por otro, el trabajar con cartografía apuntala el reconocimiento del nuevo espacio en que se empieza a mover el alumno que ha sido permeable al cambio.

Y toda esa movilización sutil e inasible, invisible e interna desencadena el proceso del que no hay vuelta atrás... y eso es lo valioso; no queda otra que seguir: creciendo.

Aquellos alumnos que a lo largo del período académico, íntimamente se cuestionan lo que traen y son concientes de que se van rompiendo los modelos adquiridos, en realidad están en las puertas de un inefable camino pleno de descubrimientos sutilmente personales.

Y ese proceso requiere, como primer paso, incentivar la creatividad para buscar los propios carriles que le permitan a cada uno desenredar la porción de realidad que interese a sus objetivos.

Y luego llega la instancia de hacerse cargo de los cambios que se han generado y que marcan la personalidad profesional que se va perfilando.

Entonces, ¿Qué me lleva a hilvanar estas reflexiones? ¿Cuál es mi sentimiento en esa coyuntura? ¿Por qué traigo a colación estas circunstancias, en cierto modo domésticas, dentro de la tarea en el aula?

La respuesta es bien simple y sencilla, pero no por eso banal y superficial, y tiene que ver con el devenir de la profesión y del tiempo: siento una personal plenitud al poder acompañar a cada uno de los que se atreven a iniciar ese proceso. Disfruto la posibilidad de observar y presenciar cada intento y cada logro.

Generar el cuestionamiento personal, favorecer el crecimiento interno, instrumentar el cambio, apoyar el ejercicio de pensar y decidir en libertad, aquello que los pensadores hindúes llaman “tender puentes a la luz”: creo que en definitiva, en eso reside la tarea docente.


Experiencias en la dinámica áulica fue publicado de la página 158 a página159 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº IX

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