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¿Usted es o se hace? (el profesional)

Fernández, Jorge Rubén

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

ISSN: 1668-1673

XVII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2009.

Año X, Vol. 12, Agosto 2009, Buenos Aires, Argentina. | 203 páginas

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Cuando recién recibido entre por primera vez a un set de filmación me dije: “Ahora a demostrar todo lo que aprendiste en la facu”. A los veinte minutos, y viendo trabajar a profesionales de oficio y no de formación universitaria, me di cuenta que muchas cosas del aula debía meterlas momentáneamente en un cajón. Sin embargo, al poco tiempo, muchos de esos profesionales destacaron, de una forma u otra, aquellas cualidades que encontraron en mí que, definitivamente, habían surgido de mis estudios superiores. Es que hay cosas que se forman en el oficio y cosas que, sin lugar a dudas, se aprenden en el aula.

¿Qué es lo que se debe enseñar en el aula universitaria a un alumno/a de una carrera vinculada con las artes y/o el diseño? 

Un alumno/a universitario elige una carrera determinada por distintos motivos. Por vocación, por curiosidad, por mandato familiar o, algunas veces, por error. Y también es cierto que no siempre coincide el éxito profesional con aquellos que fueron extremadamente decididos al momento de abrazar tal o cual carrera. 

El enfrentar un curso en donde la materia a dictar supone un descubrimiento de contenidos meramente teóricos no solamente supone el desafío del aprendizaje por parte de los alumnos, si no que además debe lograrse que ese paso por el aula, ese tiempo, esa relación educador-educando, sea de crecimiento profesional. Pues el crecimiento profesional no se da solo con la experiencia práctica, aunque dicha experiencia al cabo de un tiempo termina formando un crecimiento. El crecimiento profesional empieza con el puntapié inicial del alumno/a eligiendo, cambiando de carrera o, inclusive, eligiendo o cambiando de una casa de altos estudios a otra. También acarrea la dificultad de que el alumno/a no tome dichos conocimientos teóricos como sustancia de su profesión. Esto puede deberse a que muchas veces piense que solo necesita de los conocimientos técnicos para poder realizar sus ideas o proyectos. 

En esencia son muchos los desafíos al enfrentarse a una clase e impartir conocimientos históricos o meramente teóricos de análisis. Pero el fundamental es saber que brindarle al alumno. 

Un programa detallado, textos definidos y acertados, exposición clara de los temas, material audiovisual correctamente pautado. Todo ello es básico y esperable pero ¿con ello se forman profesionales? Conocer cual es el funcionamiento y la manera de manipular herramientas o equipos, interpretar sistema de medición, estadísticas, todo ello es útil, conveniente e imprescindible para un profesional, ¿pero hace a un profesional? 

A la hora de trabajar, el profesional es mucho más que un conjunto de conocimientos, destrezas y experiencia. Hay algo que lo diferencia. Es ello lo que se debe buscar formar en el aula. 

Éste es el desafío mayor pues no es la tarea de un aula, sino de muchas. Y de muchos pasillos. No es la búsqueda del alumno, si no la del docente. Pues el alumno desconoce cómo llegar a ser profesional. Puede el docente descubrir nuevos conocimientos a raíz de la interacción dentro del aula (y esto es casi obligatorio pues una universidad es el ámbito propicio para generar nuevos conocimientos) pero es imperioso que se busque “eso” que al egresar haga al alumno/a diferente. 

Es una actitud, una postura, una forma de expresarse, de encarar las responsabilidades áulicas y académicas en general. Es eso que se aprende fuera de programa, en unos minutos en la puerta del aula o en el pasillo, en la puerta del edificio o en un encuentro casual en algún bar aledaño. Es eso a lo que el docente debe estar atento. 

En medio de lecturas, trabajos prácticos, primeros hallazgos ajustando las horas de sueño en función de las fechas de examen o de entrega, el alumno/a tiende a olvidar lo que principalmente fue a buscar (una formación), y a desesperarse por el objetivo intermedio que es la culminación de los estudios. Es allí en donde el docente ingresa con su experiencia personal o con su actitud dado que el alumno/a contiene muchas veces una vocación fuerte, pero otras veces flaquea sin entender cual es el recorrido y cual es la meta. 

Mantener una postura firme en la fecha de una entrega es tan importante como buscar que el trabajo a entregar sostenga la impronta, la sustancia de la creación y la verdadera dedicación de su autor. Pues a la hora en que ese egresado tenga que enfrentarse con la situación real no va a tener, en la mayoría de las situaciones profesionales, una segunda oportunidad de demostrar lo que sabe y es. Todo esto el alumno/a no lo conoce ni tiene los medios para deducirlo. Debe ser explicitado y remarcado. El aula universitaria es el lugar ideal para “jugar” a ser profesional. Y jugar para cometer errores y ser corregido sin tener mayores consecuencias que aprender un poco más. 

Un alumno/a universitario, aún con una fuerte vocación, debe ser empujado a comportarse como profesional. No esta mal conversar sobre el mundo real y situaciones veraces, pues es ello lo que le dará pautas certeras. Y no está mal reforzar los flancos débiles del alumno/a aún, inclusive, cuando se detecten que no tienen que ver con el programa de la materia. Pues es eso lo que marca a un profesional como tal: la preocupación por la realización del objetivo final, en este caso, la formación de un nuevo profesional. En un set de filmación el iluminador no solo se preocupa de que la puesta de luces se corresponda con la estética, los requerimientos técnicos y los deseos del director, si no también de que el generador móvil de energía esté colocado en un lugar que no produzca interferencia con el sonido directo. Pues a pesar de ser iluminador, sabe que es muy costoso y poco efectivo el tener que filtrar una pista de audio directo en post producción. De la misma forma se debe buscar que el alumno/a entienda sus responsabilidades y, sobre todo, el alcance y consecuencias de sus actos. Es decir, que no solamente estamos ante el servicio de transmitir conocimientos, sino que estamos ante el objetivo de que esos conocimientos sean correctamente incorporados, con la actitud manifestada en la creación original y responsable de cualquier hecho académico. Vivimos en el paradigma darwinista de la evolución constante. Por ello debemos entender que las actividades humanas continúan su evolución. Y debemos mantener viva la esperanza que esa evolución sea para crear un mundo mejor. Y allí radica la importancia de la actitud profesional de los nuevos egresados. No solamente deben egresar conociendo las nuevas tecnologías, sino que deben comportarse como profesionales para que las actividades que desarrollen sean a su vez mejores. Eso se logra en el claustro, en la formación.

¿Cómo llegar a las instancias en que el tema de la profesionalidad surja? 

A veces es el alumno/a, o los alumnos quienes lo hacen surgir. Quizás solo con una observación del docente el tema se dispara y en un par de frases pueden desarrollarse las inquietudes y las cadenas lógicas dentro de los alumnos; luego son ellos mismos los que cambiarán, evolucionarán o dudarán. Tal vez simplemente consultando a los mismos alumnos como resolverían una determinada situación que, sin ser muy compleja, pueda llegar a evidenciar de que forma tienen que actuar el que se distinga por sobre el resto, el que manifieste esa actitud diferenciada. 

Hay que mostrar al alumno su proximidad al ejercicio de la profesión, pues uno, dos o tres años en la universidad, a pesar de ser muy intensos, son un espacio de tiempo muy corto en la vida. 

También es importante la actitud del docente, que (como en el mundo real) puede ser cordial y ameno pero a la vez tiene que estar envuelto en ese aura que lo haga, como vimos antes, singular. 

Pero, en resumidas cuentas, ¿Qué es un profesional? 

Es ni más ni menos una persona que con conocimientos específicos, experiencia y actitud, puede garantizar el cumplimiento de objetivos, la calidad del trabajo realizado, la impronta creativa y la responsabilidad por lo realizado en forma parcial y total. 

Un profesional es firme en sus opiniones pues las sustenta con un bagaje de conocimientos generales y específicos. Por ello mide sus palabras y las pronuncia cuando las puede defender. Y admite de inmediato el posible error cuando encuentra una argumentación consistente que contradiga sus dichos. Un profesional experimenta, pero en pos de un objetivo. Un profesional crea con la responsabilidad de la originalidad. Un profesional actúa decididamente, pero solo cuando es conveniente y oportuno hacerlo y respetando el trabajo de sus compa- ñeros de equipo, de área o de proyecto. Un profesional informa en forma concreta, precisa y sintética. Solo se explaya en detalles cuando es necesario o le es solicitado. Un profesional respeta los plazos estipulados de antemano y acciona en forma rápida cuando la emergencia surge. Un profesional respeta al que no lo es, y lo ayuda cuando éste se ve sobrepasado, y sabe pedir ayuda a tiempo cuando él mismo se ve rebasado, pues un profesional conoce sus virtudes y sus limitaciones. Esto se puede buscar en el aula. Un trabajo práctico. Un breve ensayo. La entrega parcial o total de un encargo a evaluar. Un análisis o, inclusive, la participación en la dinámica de clase. Todo ello son las instancias en las cuales el alumno/a tiene la oportunidad de empezar a formar el profesional que será al egresar. Y cuanto mejor sea al egresar mejores oportunidades tendrá en la búsqueda laboral o en las distintas etapas de su proyecto creativo. Y, por sobre todas las cosas, si egresa como mejor profesional hará que nuestra actividad sea mejor.

Vocabulario relacionado al artículo:

arte . cine . diseño . enseñanza .

¿Usted es o se hace? (el profesional) fue publicado de la página 44 a página45 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

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