1. Diseño y Comunicación >
  2. Publicaciones DC >
  3. Actas de Diseño Nº19 >
  4. El rol del sistema educativo como articulador del diálogo proyectista - emprendedor

El rol del sistema educativo como articulador del diálogo proyectista - emprendedor

Lopez, Cristina Amalia; Bergomi, Paolo I. G. [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Actas de Diseño Nº19

Actas de Diseño Nº19

ISSN: 1850-2032

X Encuentro Latinoamericano de Diseño “Diseño en Palermo” VI Congreso Latinoamericano de Enseñanza del Diseño

Año X, Vol. 19, Julio 2015, Buenos Aires, Argentina | 256 páginas

descargar PDF ver índice de la publicación

Ver todos los libros de la publicación

compartir en Facebook


Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

Estamos atravesando un escenario de cambios enmarcados en una notable crisis de valores.   Las posibilidades de inserción laboral para los jóvenes es uno de los temas acuciantes en tanto y en cuanto de él derivan conflictivas subsiguientes. Siendo ya un problema instalado en prácticamente todos los países, adquiere un carácter universal, que no por ser tal, es de consuelo tenerlo.  

El ámbito educativo es un valioso y comprometido actor en este análisis, en su rol de formador no sólo del educando sino de la sociedad en su conjunto.   Pensar que la acción de los centros de estudio concluye en las horas de clase, es permitirnos el lujo impropio de una visión conformista y críticamente limitada.   Múltiples son los factores y roles a tener en cuenta para un análisis. Estudiantes, empresas, centros de formación, políticas de gobierno, serán por cierto elementos indispensables en esta discusión.   Por un lado los estudiantes, que emergen al mercado laboral con falencias en su preparación para desenvolverse en el trabajo y en el involucramiento con el sistema empresa, primando el concepto de necesidad de sustento propio, frente a la falta de pertenencia a la empresa. La práctica de vinculación, en general escasa, con los medios productivos y con el mercado (que se desarrolla durante sus tiempos de estudio), no complementa el perfil profesional deseado.   Las empresas enfrentan estados cambiantes que no propenden a inversiones en proyectos productivos, en los cuales el diseño en su concepto global no encuentra cabida, factor que sumado a la tercera revolución industrial, la que aporta “la tecnológica”, donde la sociedad del conocimiento interactúa en redes y el saber se globaliza y multiplica contenidos, pero no necesariamente se comunica de manera efectiva. Tecnología que está al alcance de todos e incluso sustituye mano de obra, un capital humano que ante el desafío, debe asumir el poder superarse en calidad y capacidad.   En esta línea de acción se verifican factores que preocupan y tienen que ver con la desconexión de los jóvenes con la realidad que los circunda. La lectura es escasa o directamente no se desarrolla como hábito, en consecuencia el lenguaje es deficiente, la pobreza en la expresión denota la falta de asimilación de conceptos elementales que no pueden volcar en palabras, esto es visible y palpable en los exámenes orales y en las mismas entrevistas de trabajo, muchos jóvenes son incapaces de componer un texto de manera lógica e incluso tienen dificultad para elaborar informes, resultados también verificables en las presentaciones escritas.   Necesitamos un profesional obligado e inmerso en el tejido cultural, capaz de comprender y plasmar ideas, conceptos e imágenes. Con capacidad de plantearse una síntesis de preguntas, investigar el porqué de las cosas y proponer soluciones. Notamos que la única realidad que a muchos los motiva es lo que van a ganar y no lo que va a aportar a la comunidad. El operador está desapareciendo, casi anulado, detrás de la herramienta, dejando de ser una persona pensante.   Por esta razón planteamos analizar la forma de provocar un cambio desde la cultura, recuperar conductas éticas y ver la crisis como una oportunidad, y a la tecnología como una aliada, actuando desde los centros de formación e innovando en la gestión empresarial con la inclusión de la figura del profesional de diseño, en el tejido social y productivo, como un aporte al necesario cambio de paradigma de las empresas y del sector industrial, en el cual la visión de la aplicación de la RSE, o mejor dicho de la responsabilidad civil, la involucra con la realidad más allá del interés meramente comercial.   Es inútil todo lo que podamos hablar, pensar y desarrollar desde el Diseño si no se cuenta con un “proyecto de país industrial” que contenga consignas contundentes para el desarrollo de los sectores productivos. Programa que implemente políticas de financiamiento para apoyar el desarrollo, con programas de acceso franco a líneas crediticias de pronta resolución, con control cierto del destino de los fondos y resultados verificables, con transparencia en la gestión.   Haciendo un poco de historia nos podemos remontar a la creación de la Fundación InnovaT del año 93’ por parte del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) con el objetivo de promover y fomentar la investigación, desarrollo e innovación (I+D+I) y la Vinculación Tecnológica (VT) como instrumentos de mejora de la actividad productiva de bienes y servicios. La Ley 23877 de Promoción y Fomento de la Innovación Tecnológica1, promulgada en 1990, incluyó por primera vez los términos de Diseño Industrial, prototipo y preserie con intervención de profesionales, como figuras crediticias de financiamiento. Un logro que permitiría a la industria acceder a factores de competencia necesarios a su permanencia en los mercados y la conquista de nuevos espacios. La intervención de la ALADI (Asociación Latinoamericana de Diseño) fue vital para que esto ocurriese a través de su aporte y diálogo con autoridades de redacción del proyecto. En 1993 se la presenta en el X Congreso ALADI en Santa Marta, Colombia, siendo la primera iniciativa a nivel latinoamericano. Lamentablemente esta ley, que tenía un fondo anual previsto de 20 millones de dólares, no llegó a reglamentarse según su espíritu original y nunca pudo ser aplicada ni accedida por los futuros beneficiarios.   Con la creación de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (1997) se inició en cierta manera un proceso de recuperación del ciclo virtuoso en la ciencia y tecnología argentina2, que con el regreso de científicos del exterior, volvió a reforzarse a partir del año 2003, con la incorporación de nuevos investigadores repatriados y la creación de nuevos centros de investigación, sin embargo, persiste un aspecto aún deficitario que es la articulación del sistema científico con el sistema productivo.   Hasta 2007 el área administrativa dedicada a la ciencia y la tecnología estuvo incluida dentro del Ministerio de Educación (con jerarquía de una secretaría ministerial) pero esto se modificó al crearse el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, que para el 2013 lanza EMPRETECNO, a través del Fondo Argentino Sectorial (FONARSEC) de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, y que otorga hasta $2.500.000 para financiar proyectos de desarrollo de empresas de base tecnológica. En la actualidad este ministerio ha lanzado el Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Argentina Innovadora 2020, que es el instrumento por el cual el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva establece los lineamientos de política científica, tecnológica y de innovación para el país en los próximos años, pretendiendo dar continuidad al crecimiento y consolidación de estas áreas consideradas puntales estratégicos del desarrollo nacional.   Se recomienda leer desde la página oficial los lineamientos y objetivos del plan3.  

El Proyecto de Desarrollo Industrial Sustentable del Ministerio de Industria, considera sectores elegibles a las industrias lácteas, curtiembres, galvanoplastia, y frigoríficos. También brindará asistencia técnica crítica a las asociaciones empresarias de los sectores seleccionados, para crear capacidad técnica y financiera, fomentando la responsabilidad ambiental de las empresas, llevando a cabo estudios para identificar otros sectores industriales y parques industriales para una posible financiación de la segunda Fase. (Las dos Fases del Proyecto se ejecutarán en el período 2010-2019, la Fase 1 (APL-1) se estima que se aplicará en 5 años y la Fase 2 (APL-2) en 4 años). También el Programa Aprendiendo a Emprender4, que es otra herramienta a través de la cual los jóvenes entre 18 y 35 años reciben capacitación y asesoría en forma gratuita, para aprender los conceptos y prácticas que implican ser un emprendedor en términos de actitudes y aptitudes, se suman a los programas Empresas Madrinas5, Capital Semilla6 y el PACC Emprendedores7.   A través del Régimen de Crédito Fiscal para Instituciones, las empresas de todo el país pueden financiar la creación de centros de formación y aulas virtuales para capacitar a Pymes en Universidades Públicas Nacionales y Provinciales, los Parques Industriales registrados en el RENPI y las Agencias de Desarrollo Productivo y obtener el reintegro en bonos de Crédito Fiscal por parte del Ministerio de Industria8.   Pero confirmamos, lamentando, que no existen previsiones para el desarrollo en sectores con peso específico para el Diseño. Y es preciso facilitar la capacitación de Pymes para el acceso a las TIC.   Para que hubiere inversión en tecnología se necesita el conjunto de políticas, programas y planes que tanto el Estado como las empresas, universidades e institutos de enseñanza y los organismos y asociaciones nacionales e internacionales elaboren para el desarrollo, investigación e innovación, creando infraestructuras científicas y tecnológicas.   El factor fundamental del progreso, del desarrollo, del éxito de un proyecto no se basa pura y exclusivamente en el capital humano, en el intelecto y la capacidad cognitiva, ni tampoco en los recursos, está dado por el conocimiento aplicado hacia la innovación y la creatividad con conectividad entre los individuos que trabajan en él (lo que conocemos vulgarmente con el término “ponerse la camiseta y jugar como equipo”), y es preciso que eso sea volcado a la organización como un elemento de evolución (la conectividad entre partes es la que crea progreso cuando existe la sinergia de grupo). Por tanto se requiere una inversión sostenible en el proceso de adquisición del conocimiento y crear espacios de conexión para capitalizar las distintas áreas del saber.   La función estratégica de los centros de formación en estos momentos es abrirse al sistema productivo.   Ante esta nueva visión, la formación del individuo va más allá de los contenidos de la disciplina, es preciso que aprenda a trabajar en equipo, a relacionarse con las personas por reciprocidad, para que el conocimiento fluya entre los miembros (en el aula, con el docente, entre los alumnos y con una tarea significativa que los convoque; al igual que en la empresa, con los componentes jerárquicos y sus pares y el proyecto, sin desconocer la relación directa con la comunidad) en el objetivo de lograr resultados, aplicando la inteligencia interpersonal, retroalimentándose culturalmente y teniendo a la información como una herramienta poderosa para la toma de decisiones en la gestión de proyectos.   Hoy en día la competitividad de una sociedad depende de la calidad de su fuerza de trabajo, para lo cual la educación debe tender a formar ciudadanos con capacidades tales como “el dominio de la lengua, la comprensión de los fundamentos de las ciencias y de las nuevas ecnologías, el pensamiento crítico, la capacidad de analizar un problema, de distinguir hechos y consecuencias, la capacidad de adaptarse a situaciones nuevas, la capacidad de comunicarse y de comprender al menos una lengua extranjera, la capacidad de trabajar en equipo, el gusto por el riesgo, el sentido de la responsabilidad y la disciplina personal, el sentido de la decisión y el compromiso, la iniciativa, la curiosidad, la creatividad, el esfuerzo de profesionalidad, la búsqueda de la excelencia, el sentido de la competencia, el sentido del servicio a la comunidad y el civismo”. (El nuevo pacto educativo: calidad para todos. Juan C. Tedesco. Alauda Anaya . Cap. 3, Pág. 64) Lamentablemente muchos piensan que para hacer dinero es mejor la especulación financiera que invertir en las empresas, lo que ha destruido la cultura del trabajo, entendida no como necesidad sino como actividad positiva para desarrollar la profesión para la cual uno se preparó y ser útil a la sociedad. Por eso es bueno recordar que el diseñador tiene el deber de resolver problemas y no pensar en generar un emprendimiento productivo por el solo hecho de instalarse en el mercado sin considerar la sostenibilidad, funcionalidad y responsabilidad civil que le cabe por su desempeño profesional. Es preciso crear conciencia ambiental, social, civil, ética, en nuestras escuelas.   Estamos proponiendo entonces aplicar una praxis dentro del aula con una motivación fortalecida por el vínculo, para ejercitar la capacidad de relacionarse con el medio y sus actores culturales.   El trabajar en equipos interdisciplinarios, es trabajar dentro de un sistema, ya que cada persona conforma un elemento y cada persona se asocia a otra para buscar soluciones a problemas específicos.   La formación de equipos interdisciplinarios tiene diversos objetivos, como puede ser, la presencia de determinadas condiciones en los integrantes del equipo para trabajar juntos en un proyecto, el interés compartido por cierto tema o problema, empatía en acciones recíprocas, actitudes para escuchar al otro cuando se enfrenta con diferentes formas de conceptualizar un objeto de conocimiento, superación de las barreras producidas por el lenguaje hermético de cada disciplina, ambiente de confianza, humildad y creatividad.   Creemos fundamental una formación de los especialistas que estimule la imaginación y la actitud crítica. Así como rever el perfil del coordinador del grupo, que debería poseer liderazgo democrático desde sus saberes, un manejo adecuado del lenguaje básico de las diferentes áreas, la captación de la esencia de los problemas, la definición y orientación del proceso para que el equipo encuentre las soluciones posibles a la problemática o anormalidad del espacio o situación estudiada9.

La responsabilidad social empresaria o corporativa no debe ser una pantalla, la empresa como institución tiene que tener una responsabilidad que se manifieste desde la imagen, el marketing, el hacer de la gente que la compone y que por ende tiene alto contenido ético, respeto a los derechos universales, contribuyendo al desarrollo de las comunidades y por ende del país.   Acceder a una educación de calidad con inclusión, es una meta de este milenio que surge desde la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, quien sostiene que la Alfabetización es el eje mismo de la Educación para Todos y resulta esencial para erradicar la pobreza, reducir la mortalidad infantil, contener el crecimiento demográfico, lograr la igualdad de género y garantizar el desarrollo sostenible, la paz y la democracia. La alfabetización es un derecho humano y constituye la base de todo aprendizaje. Por eso la propuesta de este análisis es invitarlos a que diseñemos espacios educativos desde una visión innovadora con capacidad para erradicar la deserción escolar y sus consecuencias de violencia e ignorancia.   Las aspiraciones hacia una educación de calidad, van más allá de las decisiones del currículum y de las buenas intenciones de los docentes en las aulas, es un deber instalado en la sociedad del conocimiento, que requiere de un soporte diseñado de estrategias dirigidas a la solución de problemáticas de aprendizaje, que adolecen a nuestros jóvenes en su desempeño. Las prácticas no siempre demuestran que las buenas intenciones conduzcan a este logro, si no hay acompañamiento de toda la Sociedad en su conjunto. En este punto, el rol de la educación juega un papel trascendental, que requiere sumar la participación de la Sociedad Civil y el Estado, para elaborar proyectos que mejoren la calidad de vida de los individuos, y generen espacios de debate sobre la sociedad que esperamos concebir para estas próximas décadas.   A modo de conclusión queremos compartir con ustedes algunas ideas claves que entendemos pueden modificar favorablemente las realidades planteadas:   Educación y Sociedad Civil: los centros de enseñanza de diseño deben aprender a actuar en conjunto con el resto de las entidades de la sociedad civil, integrando las organizaciones especificas del sector, en una sinergia de propuestas, participación y control sobre las acciones de la sociedad política en cuanto al desarrollo y la puesta en vigencia de políticas específicas que favorezcan y promuevan el proyecto de desarrollo socio- económicoindustrial de las comunidades-país.   Acciones parciales e unilaterales como los Planes Nacionales de Diseño encarados por el sector público con exclusión de la sociedad civil han servido sólo a intereses limitados de parte y en cada caso resultaron un fracaso en el corto y mediano plazo, las experiencias de Argentina, Brasil, México y Venezuela así lo demuestran. El objetivo del presente documento es proponer e instalar en las universidades esta línea de pensamiento y acción a efectos de asegurar un horizonte concreto de trabajo para los estudiantes que en ellas se forman, emitiéndolos al mercado laboral con capacidades de interactuar con eficacia y resultados verificables, como favorecedora del diálogo proyectista-emprendedor. La educación de calidad implica formar a nuestros estudiantes para una práctica profesional con capacidad para trabajar en equipos, en conectividad con reciprocidad.   RSE: necesitamos crean conciencia en nuestros alumnos para que sean parte de una sociedad emprendedora que practique la responsabilidad social empresaria. Liderar el cambio a través de la cultura, el conocimiento y una visión ética de la profesión.   La importancia de la innovación y la conectividad entre individuos: el don: dar, recibir y cambiar.   El cambio está en manos del diseñador: un diseñador necesita aprender a trabajar en equipo, es preciso aprender a seguir antes de poder guiar, y la retroalimentación y el intercambio de ideas es lo que logra los mejores resultados. La espontaneidad del niño que tenemos en nuestro interior es clave para el descubrimiento del mundo. La innovación es una componente necesaria del Diseño, está implícita como conducta y procedimiento. La falta de conocimiento del medio, de la realidad, desconecta al profesional del propio mercado, y lo induce a proponer soluciones formales y productivas de poco calibre innovador. Muchos de nuestros jóvenes estudiantes de diseño dominan el proceso de la herramienta pero no tiene apropiación del bagaje cultural y sin cultura no hay diseño. Crisis como oportunidad de crecimiento: Nuestras creencias definen acciones, se requiere autodisciplina, elección de objetivos, determinación. Los problemas importantes no pueden ser resueltos en el mismo nivel de pensamiento en el que surgieron, señala Eisntein.   Praxis/Clases significativas: las aulas con experimentación representan un espacio próspero para el aprendizaje.   Lamentablemente, la escuela nos mecaniza, en el afán de aplicar normas y priorizar la memorización antes que el flujo de conocimiento para un aprendizaje flexible, centra los valores de la enseñanza en currículos repetidos y planificaciones obsoletas, sin consignas que inviten a pensar a nuestros estudiantes. Se siguen generando escuelas de diseño con base curricular de los años ‘80, la única diferencia con aquellas sería la incorporación de los sistemas informáticos.   Es preciso que se enseñe en las aulas, los valores humanos, el diálogo intercultural, el respeto por la diversidad. La cultura se genera y comparte con una relación interpersonal y en ese trato es preciso el análisis y reflexión de la realidad y el entendimiento de nuestro proceso humano para que pueda existir una propuesta nacida del pensamiento de las nuevas generaciones comprometidas con el cambio.   Por ello y para concluir estamos convencidos que es preciso sumar cultura a la carrera de diseño, fortalecer las prácticas de los estudiantes en las empresas, para lo cual será necesario desarrollar los criterios de vinculación universidad-empresa. Enseñar a nuestros alumnos a pensar, a no depender de las herramientas, para que no anulen su capacidad creativa y resolutoria de las problemáticas. Enseñarles valores, a ser honestos, éticos en sus relaciones con sus pares, sus clientes, con la comunidad, cumpliendo con los compromisos adquiridos, cuidando y protegiendo los recursos, proponiendo soluciones a las demandas con el menor daño ecológico a la hora de producir.   Quizás, un universo posible para el diseño ya esté en marcha.