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Reflexiones sobre el aprendizaje del proceso de diseño

Krasniansky, Sebastián [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

ISSN: 1668-1673

XVII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2009.

Año X, Vol. 12, Agosto 2009, Buenos Aires, Argentina. | 203 páginas

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Resulta inherente al hacer universitario concientizar al alumno hacia una postura ideológica responsable en la pertenencia social –esto tanto en el proceso de diseño como en la propuesta que se hará al usuario–, generando aportes que faciliten la integración y planteen criterios de cuestionamiento frente a la discriminación que la sociedad impone relegando a los sectores más necesitados a un status de ciudadanos de segunda clase, a partir del posicionamiento siguiente: “Sobre parámetros humanistas, democráticos y universalistas se deben desarrollar las prácticas docentes”.

El concepto de “necesidad” en el proceso de diseño del objeto se explicita y formaliza de manera práctica, primero aplicando los conocimientos desarrollados previamente sobre reconocimiento y observación de la realidad, cultura, función, forma, sistema, estructura, materialización y comunicación. Esto se contextualiza en el marco de un trabajo planeado con un fin específico de función–acción, en tanto inserción de objeto que promueve comportamientos generando transformaciones en la realidad que interviene. 

La observación metódica del destinatario-usuario, observado junto a las características de su contexto (socioculturales y económicas), el aprendizaje de los dispositivos específicos de la disciplina proyectual (antropometría, ergonomía, materialidad y recursos), y lo interdisciplinario (sociología, antropología, psicología, estética, semiótica, economía) acercan al alumno al hacer concreto desde su futuro rol de diseñador, desarrollando aportes a la problemática social en la que el objeto proyectado en su diversidad interviene, participando en el “desarrollo de sus conocimientos como aportes a su actuación en la vida”. 

Para la construcción de un pensamiento proyectual resulta fundamental el encuentro con una realidad y su vivencia sustantiva; ésta opera en la motivación, comprensión de los fenómenos observados que dan cuenta de la necesidad concreta a la cual el sentido otorga el compromiso del alumno frente a la experiencia que deviene en aprendizaje genuino de los propósitos y los contenidos planteados, facilitando las prácticas docentes y generando un alumno activo en la resolución de problemas vistos en su trama compleja. La vivencia opera en los aprendizajes en el darse cuenta, haciendo propio de cada sujeto los conocimientos y la evaluación de los resultados en la verificación en el uso del objeto propuesto en modo concreto junto a otro sujeto (el destinatario) en un entorno cultural determinado. 

El marco ideológico referencial desde el cual planteo el presente trabajo parte de concebir al proceso educativo como camino de la libertad y autonomía hacia el pensar y el hacer desde una ética responsable de carácter humanitario en relación con el contexto social y en coincidencia con los siguientes pensamientos: 

Si la enseñanza y el aprendizaje se desarrollan en un amplio contexto de contradicciones internas y externas (adaptación e innovación, teoría y práctica, individualidad y sociedad, dependencia y autonomía), es necesario entonces construir una concepción de la enseñanza capaz de penetrar en la esencia de los procesos educativos, desarrollar el pensamiento, el conocimiento y la comunicación pedagógica mediante la dinámica que genera las contradicciones. A través de dudas, de la manifestación de los saberes previos mediante preguntas por parte del alumno para que éste mismo se oriente hacia las resoluciones de sus incógnitas. Enseñarle a pensar. Los intentos por enseñar a pensar pueden ser hallados en la actividad instructiva de Sócrates, quien creía en la superioridad de la discusión sobre la escritura e inventó un método a través de preguntas denominado mayéutica. Para él, hacer preguntas a los interlocutores con vistas a que les buscaran respuestas era el mejor método de discusión. 

Dado que la significación de las cuestiones filosóficas sobre lo verdadero, bueno, recto o bello tiene que ser estimada por su relación con la vida social y su efecto en ella, es en la práctica que debemos respaldarlas con un esfuerzo educativo: argumentativo, persuasivo, demostrativo. Con frecuencia, ese esfuerzo, descansa en un compromiso dialógico. Opuesto al centramiento epistemológico en el conocimiento positivo, sea ideal o práctico, el diálogo queda como la esperanza de superar el dominio dogmático de ciertos significados sobre otros. Para Paulo Freire, el diálogo es la unión del maestro y de los alumnos en el acto común de conocer y re-conocer el objeto de estudio. El diálogo como una aproximación dinámica al objeto. De esta manera, la meta de la enseñanza y el aprendizaje dialógicos es el desarrollo común del entendimiento por un proceso de indagación compartida, no la transmisión de “verdades” del especialista informado a un receptor pasivo. Leer la palabra no sólo quiere decir decodificar el texto, sino que representa una capacidad inclusiva de crítica cultural. Leer el mundo. El diálogo, en tanto comunicación pedagógica, es la confluencia del mundo comunicacional y del mundo educacional, constituyendo un recurso didáctico estructurante en la concepción pedagógica de aprendizaje, enseñanza, multiculturalismo y humanismo. Esto es educar en la diversidad y para la diversidad. 

El pensamiento dialógico es una serie de actos creativos recíprocos dentro de los cuales nos movemos hacia delante y hacia atrás en nuestras mentes. Consiste en utilizar nuestra creatividad e imaginación para ubicarnos en un determinado marco de referencia y a partir de ahí establecer algunas razones que apoyen nuestra aseveración, después salir del marco de referencia e imaginarnos en la posición contraria y responder a esas razones desde el punto de vista opuesto. 

La creatividad es esencial para todo pensamiento dialógico y racional. 

El pensamiento dialógico ayuda a desarrollar habilidades de pensamiento crítico, y esto es esencial en la instancia de aprendizaje del proceso de diseño de objetos, de la índole que fueran (habitacionales, comunicacionales u objetuales). 

El proceso de diseño cuenta con la cualidad de ser un proceso heurístico, entendiendo la heurística como una metodología del pensamiento creador e inventor, de aplicación a la resolución de problemas concretos. Las distintas áreas de las disciplinas del diseño tienen como objetivo primordial precisamente la resolución de problemas, cuyas respuestas no pueden partir de recetas, ecuaciones ni fórmulas; cada problema requerirá una respuesta particular y específica. Resolver un problema de diseño significa entonces enfrentar un desafío, donde se debería indagar y tener en cuenta una compleja red de variables que en gran medida se ven inscriptas en la Teoría del Habitar. 

Según la Teoría del Habitar, este es el resultado de una relación dialéctica entre conformaciones, convalidadas socialmente, y comportamientos ó prácticas sociales. El diseñador es artífice de estas conformaciones promoviendo prácticas o inhibiéndolas. En el análisis se recurre a disciplinas tales como la psicología, semiótica, antropología, entre otras, y dentro de éstas, ergonomía y proxémica, como uso cultural del espacio.

En la instancia de aprendizaje del proceso de diseño conviene potenciar las capacidades cognitivas y creativas de los alumnos partiendo de los saberes previos (supuestos) con los que el alumno cuenta como esquema referencial en primera instancia al momento de iniciar el curso para que luego él mismo encuentre que sus saberes previos se enmarcan en disciplinas académicas específicas, y así su aprendizaje deviene en gran medida del potencial que él mismo ha adquirido como Sujeto-Objeto en la cultura. 

La posición de Bruner se asienta en una hipótesis constructivista en un doble sentido: la mente es construida, literalmente, por la cultura, y la cultura ofrece la caja de herramientas con la cual la mente, a su vez, construye el mundo. En esta adquisición de elementos culturales, se adquieren los instrumentos de producción. 

No solo se adquiere el conocimiento estabilizado, también los instrumentos a través de los cuales la cultura se genera. 

El ser humano es conciencia activa, y por tanto constructor de realidades. Es posible definir al ser humano como un ser histórico y social, no sólo social. Lo que define al ser humano en cuanto tal es la reflexión de lo históricosocial como memoria personal; cada ser humano es su medio histórico y social, y es, además, la reflexión y el aporte a la transformación o inercia de ese medio. Desde la perspectiva aquí presentada el ser humano es, por sobre todo, un constructor. La intencionalidad humana es lo que mueve al mundo, lo transforma, lo mejora o lo empeora, lo hace evolucionar o involucionar. 

El conocimiento más que un objeto externo, es una construcción interna. 

Frente a esto es posible creer que esta concepción del ser humano como un ser histórico y social, no sólo social, es un salto cualitativo de importancia en cuanto a sus posibilidades creadoras y perfectibles. En tal concepción resulta inaceptable una educación meramente reproductora e insuficiente a la luz de las enormes potencialidades transformadoras y constructoras de realidad y sentido que posee el ser humano. 

(El trabajo aquí expuesto es una síntesis de la justificación, fundamento, supuesto y marco teórico de mi proyecto de tesis de especialización en DiCom).

Vocabulario relacionado al artículo:

diseño . ideología . pensamiento .

Reflexiones sobre el aprendizaje del proceso de diseño fue publicado de la página 55 a página57 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

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