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Una aproximación a la escritura en el ámbito de la Universidad

Aguirre, Laura [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXI

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXI

ISSN: 1668-1673

XVII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2009.

Año X, Vol. 11, Febrero 2009, Buenos Aires, Argentina. | 195 páginas

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En los tiempos del management y las nuevas tecnologías, los jóvenes estudiantes creen que están más comunicados que nunca. Es más, algunos parecen pensar que con sólo escribir un texto en la computadora, mágicamente la máquina se encargará de complejidades tales como la redacción correcta, la coherencia, la ortografía y la sintaxis adecuada, entre otras cosas. Parece que hablar de comunicación escrita y del esfuerzo que esta actividad implica es un asunto obsoleto. Los estudiantes, en general, no han descubierto la necesidad de trabajar el texto escrito como un escultor trabaja su escultura. Los alumnos ingresan a la universidad con mejores o peores competencias adquiridas en su paso por la escuela. Lamentablemente lo que podemos observar los docentes en los últimos años es cómo la competencia que tiene que ver con el poder producir un texto escrito está en “vías de extinción”. Sin embargo, esto no es lo peor. Los estudiantes no sólo no han adquirido medianamente la posibilidad de escribir un texto, sino que además no son conscientes de que sus escritos adolecen de varios problemas. Por lo tanto, cuando un profesor indica correcciones sobre un texto, lo más probable es que obtenga una mirada incrédula por parte del alumno. 

¿Son culpables por su absoluto desconocimiento de lo que es manejar la lengua escrita? Es una pregunta que no tiene una única respuesta. Seguramente la falta de lecturas, el facilismo, el desapego por el esfuerzo, la falta de valoración en la que ha caído la escritura en nuestros días han contribuido a ese desconocimiento. 

Para meternos más de lleno en nuestro tema, en primer lugar deberíamos recordar lo que menciona Walter Ong acerca de que la escritura es una tecnología y como tal exige un aprendizaje. La escritura constituye un saber que no nos es dado sino que exige una práctica. Ong agrega: “El uso de una tecnología puede enriquecer la psique humana, desarrollar el espíritu humano, intensificar su vida interior”. 

Nos preguntamos qué pensarían nuestros alumnos ante esta afirmación que define a la escritura también como una tecnología y qué pensarían, además, del enriquecimiento y el desarrollo que el manejo de esa tecnología traería a sus vidas. 

Nuestros jóvenes creen que sus textos están correctamente escritos en la primera versión y esta creencia es difícil de erradicar. 

Daniel Cassany, investigador reconocido en el área de las ciencias del lenguaje, clasifica a los escritores (en el sentido de personas que se disponen a construir un texto de cualquier característica) en cuatro grupos. El escritor competente es quien ha adquirido el código y posee buenos procesos de composición de textos. El no iniciado no ha adquirido ni código ni utiliza procesos de composición. El escritor sin código, como su nombre lo indica, no posee código pero sí ha desarrollado estrategias de composición. Y por último, el escritor bloqueado quien conoce el código pero no tiene las herramientas necesarias para desarrollar un texto. 

Consideramos que, en general, los alumnos que inician la vida universitaria son “escritores bloqueados”, en el sentido que Cassany le da a esta expresión. Es decir, estudiantes que conocen el código, pero no han desarrollado el conocimiento de las estrategias a usar para producir un texto, en una situación determinada. Podríamos agregar que éstos son los estudiantes que, entre otras cosas, escriben como hablan. Sus textos reflejan un uso coloquial del lenguaje que se aleja bastante del ámbito académico. También estos estudiantes desconocen formatos textuales que deben escribir en la vida universitaria. Muchas veces los docentes suponemos que los alumnos reconocen los formatos pedidos, pero no siempre es así. 

Linda Flower y John R. Hayes, desde la psicología cognitiva, explicaron la tarea de escritura como un proceso formado por varios pasos: en principio, el estudiante tiene que producir una clase de texto que tiene un tema en particular, está dirigido a un receptor o receptores y la formulación del mencionado texto tiene un fin o un propósito determinado. Pensemos, por ejemplo, en un parcial, o un informe de investigación, un informe de lectura, una tesis, todos tipos de textos que circulan en los ámbitos universitarios. Para comenzar a resolver la situación de escritura, el estudiante deberá buscar en su memoria a largo plazo dos cuestiones fundamentales: conocimientos sobre el tema y sobre el formato del texto. Por supuesto que también buscará información acerca del tema en libros, en periódicos, en revistas especializadas, en internet, haciendo una selección de los sitios más confiables, etc. 

El estudiante o el escritor reúne la información y comienza una tarea ardua; por cierto, escribir es una tarea ardua, pero también apasionante. 

Como decíamos, la tarea es hacer una selección de la información que se posee tanto en la memoria a largo plazo, como en otro tipo de soporte. Se debe pensar qué se quiere escribir, qué datos son importantes para esta situación de escritura, o cuáles se deben desechar. Siempre suele ser muy importante recordar quién será el lector del texto, el tipo de texto que se quiere producir, el tema y el objetivo. 

Luego de esta selección, los autores identifican un nuevo paso: el proceso de redacción propiamente dicho que implica, como dicen Flower y Hayes, en traducir ideas en lenguaje. En este momento del proceso, el escritor debe tener en cuenta todos los elementos que conlleva la construcción de un texto: género discursivo, adecuación, requerimientos léxicos, sintácticos, ortográficos por lo que podemos afirmar que es el momento más complejo de la composición de un texto. Paralelamente a la redacción el escritor debe hacer una revisión de lo escrito que le permita hacer evaluaciones parciales para saber si puede seguir adelante o debe reescribir algún párrafo. 

Como podemos observar, el acto de escribir se instala en un complejo proceso tecnológico, al decir de Ong, que implica un proceso de aprendizaje de escritura y reescritura. 

Es interesante también aclarar lo siguiente: cuando hacemos una enfática defensa de la escritura como una actividad que nos enriquece y nos permite comunicarnos, por ejemplo, en los ámbitos académicos, no decimos que los estudiantes olviden sus formas particulares de comunicación, ni tampoco exigimos que abandonen la computadora, el chat y tomen una pluma y un tintero y retrocedan 300 años en el tiempo. Todos necesitamos ciertas formas de comunicación o jergas que nos integran al grupo y al tiempo al que pertenecemos. Esto en sí mismo no constituye un problema; la dificultad es no poder adecuar el discurso a la situación comunicativa en la que nos encontramos.

Los docentes tenemos un desafío adicional: lograr que los estudiantes que ingresan en la vida universitaria, además del interés que tienen por la carrera elegida, descubran que la escritura es una herramienta indispensable para poder transmitir conocimiento, el conocimiento respectivo de cada recorrido universitario.

Referencias bibliográficas 

- Cassany, Daniel (1989) Describir el escribir. Cómo se aprende a escribir. Barcelona: Paidós. 

________________ (1999) Construir la escritura. Barcelona: Paidós. 

- Klein, Irene y otros (1999) Escribir: Apuntes sobre una práctica. Buenos Aires: Eudeba. 

- Ong, Walter (1987) Oralidad y escritura. Tecnologías de la palabra. México: Fondo de Cultura Económica.

Vocabulario relacionado al artículo:

escritura . investigación . nuevas tecnologías .

Una aproximación a la escritura en el ámbito de la Universidad fue publicado de la página 15 a página16 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXI

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