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Integración de los conocimientos académicos. Rol de la interfase en la articulación de contenidos

Caniza, Fernando G. [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXI

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXI

ISSN: 1668-1673

XVII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2009.

Año X, Vol. 11, Febrero 2009, Buenos Aires, Argentina. | 195 páginas

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Una vez escuché en los pasillos de la facultad, de parte de un alumno de diseño industrial, la siguiente frase: “Ahora me tengo que inscribir en las materias culturales. Son las optativas”. Ese comentario, pero especialmente su tono de voz que asumía lo “cultural” casi como una fatalidad, me dejó pensativo ¿Acaso la cultura es un compartimento estanco separado de todo, al que se accede en último término, después de haber cursado lo verdaderamente útil? ¿No es que se llega a lo verdaderamente útil después de haber asimilado los saberes que circulan en nuestro universo cultural? No costaría mucho comprobar que ese comentario específico, escuchado al pasar, es un pensamiento instalado, no sólo entre los alumnos sino en amplios sectores sociales. 

Esta situación me hizo recordar la grilla de materias organizada como un recuadro, con celdas indicando el año de cursada y sus correlatividades, que se entrega a los alumnos. Así se ve el todo (la carrera completa) y las partes (las materias), que se presentan ante los alumnos como un objeto que los impulsa a tomar decisiones y muchas veces a concebir esas decisiones como partes que, sumadas, forman ese todo y les permite tener un título que los habilita para ingresar al mercado laboral. De pronto pensé que los alumnos incorporaban mecánicamente este procedimiento informativo, típico de cualquier institución educativa, a su sistema de pensamiento sin encontrar los nexos conceptuales. Entonces relacioné la grilla de materias como una metáfora eficaz para explicar esta separación en compartimentos, con la cultura simbolizada en “algo” ajeno y extraño. 

El desafío entonces resultó doble: ¿Cómo vincular los conocimientos de una manera integral, para que se comprenda el valor de cada parte en función del todo? ¿Cómo hacer que ese todo tenga sentido no sólo dentro de la vida académica sino para el mundo exterior? 

Cuando me tocó ingresar, en 2006, al Seminario de Integración I y II (en ese entonces se dictaba con la modalidad de Diálogo con Profesionales y vinculado sólo a la carrera de Diseño Industrial) comprobé que era habitual convocar como invitados a diseñadores industriales. Se hacían inevitables dos preguntas: ¿Alcanza con invitar a diseñadores industriales para que cuenten sus experiencias? ¿Cómo diseñar sin comprender el mundo en que vivimos? 

Mi ingreso al staff docente de la UP coincidió con una necesidad de la institución: elevar el nivel académico de los contenidos que los entrevistados podían transmitir. En ese entonces ya comenzaba a perfilarse el Seminario de Integración, como parte indispensable del Proyecto de Graduación. Por lo tanto, la materia debía convertirse en una interfase entre una modalidad y otra. 

Si bien podía parecer fascinante para los alumnos tratar directamente con profesionales que cuentan sus alegrías o desventuras en su trabajo, se notó claramente que esta instancia se agotaba en sí misma o, mejor dicho, revelaba que la materia se podría aprovechar mucho más para que los alumnos incorporen la reflexión crítica, que les hiciera pensar el diseño como una pequeña parte de un mundo más vasto y complejo, el mundo de la cultura1 y de las ideas. 

Por eso se pensó en un cambio de timón para ver un horizonte más amplio. La historia del diseño, sin duda, está atravesada por otras disciplinas como sociología, economía, historia, arquitectura, ecología, psicología o filosofía, entre otras. Convocar a especialistas de estas disciplinas podía significar enriquecer la perspectiva sobre la realidad en general y el diseño en particular. El objetivo consistió en que los alumnos pudieran capitalizar nuevos conocimientos y desarrollar un pensamiento que los vincule con el mundo concreto y de aplicación inmediata, pero también con la reflexión más abstracta, que también sirve para estructurar ideas a largo plazo. Pero la modificación del rumbo se hizo progresivamente, porque a quienes están acostumbrados a una actividad vinculada con un saber técnico, les resultaba difícil incorporar categorías propias de las ciencias sociales. Pero la importancia del desafío de romper los compartimentos estancos pudo más que algunas incertidumbres iniciales. Así, en principio se estructuraron ejes comprensibles en función de los entrevistados: ecología y diseño, economía y diseño, entre otros. 

En 2006 y 2007 pasaron por Seminario de Integración I y II profesionales del diseño industrial y gráfico, arquitectos, filósofos, sociólogos, periodistas, politólogos, historiadores en economía, psicólogos, especialistas en comunicación, marketing e identidad visual. Los alumnos comenzaron a aceptar poco a poco, no sin cuestionamientos, que el conocimiento interdisciplinario los obligaba a pensar de una manera más amplia. El resultado de este ciclo de invitados, se volcaba en entrevistas con formato periodístico, que les permitía organizar el texto según el criterio de pirámide invertida, en el que no se sigue un desarrollo narrativo lineal sino que lo más importante está en el comienzo. Así pude aplicar mi experiencia de muchos años en el periodismo gráfico para incentivar y mejorar la escritura. 

Sin embargo, deduje que el problema de cierta reticencia inicial hacia el tipo de materia ‘cultural’ se originaba en que casi nadie estaba acostumbrado a leer y a escribir (y eso excede al ámbito universitario para insertarse en la raíz del grupo social). Esto lo reforcé en el segundo cuatrimestre de 2007 y primero de 2008, con la incorporación en la primera clase de un cuestionario informativo sobre múltiples aspectos culturales y profesionales. Los resultados fueron para asustarse, muy pocos leían o consumían bienes culturales. Por eso implementé la lectura obligatoria del diario y la realización de trabajos prácticos que incluyeran el análisis de las partes de un artículo. Cada lunes, cuando se dictaba la materia, los alumnos debían hacer un comentario sobre las notas que leían y, en mi rol de profesor les hacía preguntas o trazaba relaciones con el diseño, para que pudieran comprender mejor. También los impulsaba a leer libros, ver cine y a debatir sobre temas de actualidad. 

Los finales fueron una verdadera sorpresa. A pesar de no estar acostumbrados a la escritura, los alumnos pudieron realizar un ensayo breve de 10 páginas como mínimo, con su correspondiente hipótesis, marco teórico, desarrollo y conclusión. Se les exigió leer como mínimo tres libros relacionados con su tema, que debían relacionarse con los contenidos desarrollados durante las entrevistas. Los trabajos y su defensa resultaron muy interesantes porque los alumnos eligieron temas de acuerdo con sus inquietudes y los defendieron con mucha pasión, algo que fue bien ponderado también por los profesores adjuntos a la mesa de exámenes. 

Traté siempre de incentivarlos para que eligieran temas que tuvieran que ver con sus intereses y expectativas laborales, que les sirvieran para el trabajo final de graduación y, posteriormente, si ellos quisieran, para seguir profundizando en la investigación.

A todo esto se sumaron mis charlas en clase en las que se impulsaban la lectura y la escritura en general, poniendo especial énfasis en la ortografía, la sintaxis y la construcción de sentido. Y también los especialistas convocados para las entrevistas se eligieron siempre después de comprobar que sus temáticas de trabajo podían integrarse en un contexto de coherencia interna de la materia. De ese modo se pudieron vincular elementos comunes entre los invitados y los temas, y encontrar la unidad de sentido, lo que permite superar los compartimentos estancos del pensamiento, a los que me refería al principio del texto. 

Cambio 

El intercambio con otras disciplinas, libros y autores permitió a los alumnos incorporar elementos nuevos que los hizo crecer como personas, como profesionales y pensar su futuro más allá de lo meramente utilitario o desde la urgencia por aprobar la materia. Leer libros, revistas, ir al cine, informarse, dialogar y debatir, son algunas de las actividades que nutren y forman parte del concepto de cultura que aquí se expresa. Un profesional que cuenta con mayor cantidad de saberes tendrá más oportunidades en una sociedad cada vez más competitiva y cambiante. 

Por eso considero que la interpretación de la realidad es fundamental, y la lectura obligatoria de los diarios es un aporte necesario, ya que se hace hincapié en secciones que casi nadie lee: política, información general, economía. Hasta ese momento ningún alumno leía el diario. Y cuando surge algún tema para debatir la mayoría participa activamente, lo que confirma la necesidad que tienen los alumnos de expresarse y ser protagonistas. 

En 2008 se produjeron cambios importantes. Seminario de Integración I dejó de estar vinculada a una carrera específica y absorbió alumnos de todas las carreras de la Facultad de Diseño y Comunicación. Me tocó contar con más de 30 alumnos de Diseño Industrial, Gráfico, Indumentaria, Interiores, Cine y TV, Relaciones públicas. 

 No obstante, esta modalidad se topaba con una realidad compleja. La combinación de entrevistas a profesionales con la preparación del ensayo final de la materia resultaba un híbrido que no permitía profundizar demasiado. Y esto se notó mucho más cuando se avanzó en la implementación obligatoria de Seminario de Integración II, como un módulo para elaborar el Proyecto de Graduación. 

¿Cómo se podría vincular la estructura de Diálogo con Profesionales con los nuevos requerimientos? Se fortaleció el rol de interfase que tenía la materia a mi cargo. La solución inmediata fue tener menos invitados, que éstos formaran en conjunto un bloque compacto de saber, articulados en torno a un eje temático de inclusión y exclusión. Todos los entrevistados aportaron ideas que se podían retomar desde el enfoque de cualquier carrera: por ejemplo, la concepción del otro como un enemigo, la estética, el diseño accesible, la identidad visual y la comunicación, permitieron pensar la inclusión y la exclusión según su posible aplicación. También se insistió en la conveniencia de elegir temas que pudieran tomarse como punto de partida para pensar un tema para el PG. 

Al tener menos invitados me quedó más tiempo para hablar sobre ensayo, algo vital para alguien que debía pasar luego a Seminario de Integración II para hacer su PG. Busqué material para que los alumnos tuvieran los lineamientos básicos para su elaboración. 

Finalmente, considero que la experiencia fue exitosa en cuanto a que se pudo acompañar los cambios de organización de materias de la facultad, elevar los contenidos, interesar al alumno en otras cuestiones más generales, de integración de conocimientos. 

El pasaje a Seminario de Integración como articulador PG cumple con el objetivo de aumentar la exigencia académica en cuanto a tiempos y metodología. La modalidad de Diálogos con Profesionales estaba agotada. No obstante, de la experiencia de la modalidad de interfase que implementé, me parece que se pueden rescatar algunas cosas. 

Actualmente dicto la materia Seminario de Integración II para PG, y se nota que los alumnos aún tienen en esa etapa avanzada de la carrera dificultades muy fuertes de integración de conocimientos. 

Considero y dejo abierto el debate, acerca de buscar una fórmula que permita profundizar en conceptos generales, tales como imaginario social o cultura, entre otros. Tal vez podrían ser clases especiales con profesores residentes de la UP o externos con previa selección según un eje temático con monografías de investigación extracurriculares cada año, y formulación de ensayos. Esta materia o clase especial tendría también un rol de interfase, es decir como elemento articulador del contenido, para disminuir la tendencia a producir compartimentos estancos en las mentalidades de los alumnos, símil exclusas de un barco. A diferencia de un barco, romper las exclusas y dejar que se inunde cada parte tendría un efecto dinámico muy distinto al del Titanic. Aquí no se hunde el pensamiento, se combinan ideas, dejamos que nos atraviese el conocimiento para alcanzar una integración mucho más productiva, que redundará en un mejor rendimiento y eficiencia de todo el esfuerzo educativo que hace la UP en su conjunto. Hay muchas posibilidades de profundizar y elevar el nivel académico. La Universidad de Palermo aún es joven, y puede demostrar en un futuro no muy lejano que puede desarrollar más contenidos de calidad e investigación académica y ser referente incluso entre universidades con más antigüedad. 

Notas 

1 Cultura implica todas las formas de vida y expresiones de una sociedad determinada. Como tal incluye costumbres, practicas, códigos, normas y reglas de la manera de ser, vestirse, religión, rituales, normas de comportamiento y sistemas de creencias. Desde otro punto de vista podríamos decir que la cultura es toda la información y habilidades que posee el ser humano que resultan útiles para su vida cotidiana.

Vocabulario relacionado al artículo:

conocimiento . diseño industrial . intercambio . interfaz .

Integración de los conocimientos académicos. Rol de la interfase en la articulación de contenidos fue publicado de la página 48 a página50 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXI

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