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El diseño: ¿Es siempre innovador? El desafío de formar profesionales creativos e innovadores

Rozenbaum, Deborah [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

ISSN: 1668-1673

XVII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2009.

Año X, Vol. 12, Agosto 2009, Buenos Aires, Argentina. | 203 páginas

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La crisis que vivió nuestro país en 2001, hizo resurgir gran cantidad de emprendimientos. Muchos surgieron como autoempleos, asociaciones familiares, o como salidas de emergencia de una situación de descontento laboral. La producción nacional empezó a ganar terreno de la mano de estos emprendedores, muchos de ellos diseñadores, que apostaron a la diferenciación y a la identidad de sus productos o servicios. El factor común de la mayoría de ellos fue el de la innovación. 

El escenario era propicio. La baja de las importaciones apoyaba la producción local. El diseño industrial y de indumentaria se vieron ampliamente favorecidos. 

Por otro lado el desarrollo de las comunicaciones digitales generaba el entorno propicio para que la tecnología, combinada con el diseño, impulse nuevos hábitos de consumo y de generación de conocimiento. 

Esta situación puso en un papel protagónico al rol de la innovación. La tendencia marcaba que había que diferenciarse y ser creativo. Por cierto, muchos de estos emprendimientos lo fueron y salieron adelante con productos y servicios exitosos, pero muchos otros no tuvieron en cuenta todas las variables con las que se iban a encontrar, no analizaron la complejidad del contexto o exageraron el valor de la innovación, en productos que carecían de ella. 

En este punto debemos preguntarnos: ¿A qué y a quiénes denominamos creativos?, ¿A los diseñadores?, ¿Qué es lo que verdaderamente hacemos cuando diseñamos?. 

La Universidad forma profesionales, pero las facultades de nuestras disciplinas, suponen además, la formación de profesionales “creativos e innovadores”. 

Si tenemos en cuenta estas dos características que habitualmente se asocian a las carreras de diseño, nos toca reflexionar acerca de la manera en que éstas se pueden transmitir: ¿Cómo hacemos para formar a una persona innovadora? 

Para comenzar debemos despejar la idea del “diseñador creativo” que está presente en el imaginario tanto de diseñadores como de los no-diseñadores. No se debe confundir el ser creativo con el dar respuestas creativas. Pretender que el diseñador es un ser creativo por naturaleza, es perder de vista la esencia misma de la persona. 

Nuestras profesiones deben responder a necesidades específicas (objetuales o de comunicación). Somos diseñadores de comunicación y de soluciones y, como tales debemos tener en cuenta, siempre, los objetivos a los que estamos respondiendo. Todas las demandas de diseño tienen una respuesta, la cual debe ser evaluada a través de objetivos cuantificables, previamente explicitados. 

El diseño puede jugar un papel importante en la innovación (de hecho llega a ser un motor importante de la misma), pero no es la disciplina la que produce innovación por sí misma. 

Un producto de diseño no debe tener nunca como premisa u objetivo único el de ser creativo. 

Las pretensiones vanguardistas que tienen muchos diseñadores (las cuales muchas veces están sobreestimuladas desde los centros de estudios), hacen que muchos jóvenes profesionales se sientan frustrados por no tener un premio de algún concurso entre sus manos. 

Entonces: ¿Formamos profesionales capaces de dar respuestas y soluciones a la sociedad a la que pertenecen, o formamos profesionales que ansían más ser innovadores que diseñadores? 

La innovación tiene que ver con la renovación, con la introducción de una novedad. Esta puede darse de manera parcial (creando algún valor agregado) o de manera radical (haciendo una introducción de algún producto o servicio inexistente anteriormente). Por otro lado puede darse tanto en el producto o servicio diseñado como en el proceso que implica su desarrollo. Hay que tener en cuenta que el contexto también influye en la producción de ideas creativas e innovadoras, ya que condiciona la producción de cada uno de los integrantes del cuerpo social de determinado momento y lugar. 

El pensamiento original es un proceso mental que nace de la imaginación. No se sabe de qué modo difieren las estrategias mentales entre el pensamiento convencional y el creativo, pero la cualidad de la creatividad puede ser valorada por el resultado final. 

Sin embargo, como formadores de profesionales, debemos saber que no todo es cuestión de genialidad ni de inspiración en este proceso, y que tanto la creatividad como la innovación pueden ser estimuladas. 

La investigación es una de las principales fuentes estimuladoras de la innovación. El desarrollo de nuevo conocimiento (producto de la investigación), permite definir nuevos conceptos y encontrar nuevas oportunidades para desarrollar productos, servicios o nuevas formas de comunicación. En este aspecto es en el que, como docentes, podemos intervenir: en el fomento de la investigación. 

Cualquier trabajo serio de diseño, es una respuesta a una investigación previa. La innovación pasa por poder observar y captar estos resultados y responder a ellos a través de la generación de nuevas ideas o conceptos, o de nuevas asociaciones entre ellos, de manera tal que se produzcan soluciones originales, que no son otra cosa que el poder cambiar el punto de vista natural.

Vocabulario relacionado al artículo:

creatividad . diseño . innovación . profesionalismo .

El diseño: ¿Es siempre innovador? El desafío de formar profesionales creativos e innovadores fue publicado de la página 88 a página89 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

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