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Reflexionar v. tr. (1). Considerar algo con atención

Salgado, Gustavo [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

ISSN: 1668-1673

XVII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2009.

Año X, Vol. 12, Agosto 2009, Buenos Aires, Argentina. | 203 páginas

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Según el Diccionario de la Lengua Española, la definición de “fotografía” es meramente técnica y concreta. La otra definición, la que se exige, a mi entender, no le corresponde porque esa falta, esa carencia, vive en nosotros. 

Sobre ella teorizamos, analizamos, planteamos, estudiamos y nunca llegamos a un punto concreto, claro, porque para cada uno es lo que nos parece o creemos que es. 

Punto de vista. 

Creo conveniente apuntar –en mis vivencias áulicas– al desarrollo del punto de vista propio e individual, de gran importancia a la hora de construir una imagen, un texto, una pintura o lo que fuera. 

¿Pero qué pasa con nuestro punto de vista? ¿Cómo está? En crisis claro, con tantas definiciones que no definen mucho, intentar profundizar en los alumnos la búsqueda del “yo lo veo así” más allá de lo establecido, nos daría la posibilidad de un espacio donde la opinión del sujeto no quedaría relegada al esquema tradicional: Docente proveedor-alumno receptor. 

En estos tiempos de tanta libertad, paradójicamente el “yo” también está sufriendo la peor de sus crisis, la falta de protagonismo. 

Y en fotografía eso se nota, la individualidad del acto fotográfico está influenciada por tantas definiciones y teorías –además de la tecnología, muchas veces innecesaria y compleja a tal fin–, más la saturación visual reinante, que hace que nuestro sentir, deseo y pensar queden casi nulos, abrumados. 

Como fotógrafo creo necesario un trabajo constante en la relación con el grupo a efecto de que los alumnos tomen –en el marco de la cursada– el lugar de protagonistas y no de espectadores. Desde ese lugar, la fotografía no viene hacia ellos con una pesada herencia indefinida, sino que van hacia ella, livianos y abiertos. De esta manera, y con la fotografía como medio, podemos saber más de cada uno: lo que piensa, lo que siente, qué le gusta. 

Según Sandro Aguilar –fotógrafo peruano–: “Fotografiar es la declaración silenciosa del Yo oculto...” 

A modo de ejemplo, vemos en clase una conocida revista de modas donde en su número Edición Especial publica, en formato revista-libro, unas 200 producciones fotográficas de distintas marcas. La conclusión general es que, de alguna manera, todas son iguales. Cambia la ropa, el decorado y la modelo claro, pero todas repiten una estructura visual, una especie de visión globalizada. 

Uno de los ejercicios es ver qué ocurre cuando aplicamos el logo de una marca conocida de ropa a una foto ya existente, propia, concebida no como imagen publicitaria, sino como foto de autor, libre de conceptos y especulaciones comerciales. El resultado manifiesta que también un punto de vista propio sin otra búsqueda más que la expresión del yo, puede servir a objetivos comerciales. Hay casos, pocos, de marcas muy reconocidas que buscan en el fotógrafo y su obra la imagen para su producto o sea, un recorrido diferente, inverso, y no como mayormente se hace, el uso del fotógrafo como proveedor.

Un fotógrafo, desde mi punto de vista, no es aquel que saca fotos, sino el que necesita hacerlas. Imagino que la “diferencia” será un bien muy preciado a futuro, esa diferencia la podrán marcar aquellos que puedan reconocerse y tengan la necesidad de manifestarse, sinceros, auténticos y comprometidos. 

Y hablando de ser auténticos me cabe –lo digo también como docente– esta particularidad, poder decir o expresar qué nos sugiere un trabajo al margen de que sea correcto o deficiente objetivamente. Esto nos ubica frente al alumno como personas que expresan lo que creen y sienten, sinceros, y no ser la representación estéril de un curriculum o un clásico conducto de transmisión de conocimiento de una generación a otra. 

Otra forma de estimular la construcción del punto de vista propio del estudiante, puede surgir de la relación docente-alumno con la fotografía como medio. Mi experiencia áulica llevada a cabo en este sentido fue muy gratificante. 

Un día al entrar a clase, los alumnos se encontraron con muchos elementos exhibidos sobre una mesa (anteojos, sombreros, camperas, una pipa, un libro, etc.) y en un costado del aula un sencillo set fotográfico, una cámara montada sobre un trípode y un equipo de iluminación. La consigna era que cada uno debía tomar el rol de fotógrafo y “lookearme” a su antojo para luego retratarme. Percibí que la reacción inmediata fue de incomodidad y desconcierto, no estaban preparados o predispuestos a poder hacer lo que pensaban o querían con su “profesor”, claro, pero tampoco podían eludir la situación. Superada esta instancia, cada uno imaginó cómo le gustaría fotografiarme y la “incomodidad” se transformó en protagonismo puro, y de muy diversas maneras, desde la más clásica y tímida hasta la más ridícula y provocativa. 

El resultado fue movilizador. Poder convertir la figura “autoridad-conocimiento” en un modelo a fotografiar a su propio antojo y deseo, libremente, transformó la relación docente-alumno de manera ascendente, sincera, donde el espacio a “ser” protagonistas, ahora era de todos. Y eso conlleva a comprometernos –alumnos y docente– con ese espacio ganado. Fotográficamente, las imágenes resultantes daban clara evidencia del “punto de vista” propio y diferente de cada alumno, trabajando con los mismos elementos y modelo. 

Como si fuera poco... 

Resulta ser que, con la aparición de la tecnología digital, la fotografía sufrió aparentemente un desdoblamiento, una partición, la análoga y la digital. 

Más difícil aun, si no podíamos definir una, menos ahora que supuestamente existen dos. 

No confundamos, la fotografía es una sola (el diccionario no habla de análoga o digital), con diferentes técnicas de aplicación sí, pero una al fin, como cada uno que la ejerce o la contempla. Ser único e irrepetible, indefinible. 

A mi entender, hay cierta irresponsabilidad en determinados profesionales en vaticinar que la foto análoga está en camino de extinguirse y que la “nueva” fotografía digital será la sucesora. 

Este no es un mundo estático, claro está, y la fotografía mucho menos. Siempre irá a la par de los cambios –así lo ha hecho desde que existe–, pero nunca cambiará su esencia. Y única, porque en su esencia viven nuestras necesidades. Si estamos seguros de lo que queremos no tendremos miedo o desconfianza de la innovación, no necesitaremos “extinguir” porque podremos “convivir”. En la Universidad existe ese clima de convivencia. Los alumnos en distintas cursadas experimentan desde la forma fotográfica más básica y artesanal, pasando por procesos de exposiciones, revelados y copiados análogos, hasta la utilización de la última tecnología digital. Y ese es un buen punto de partida para que existan variadas posibilidades de aplicación en pos de un proceso creativo-experimental que dé lugar a la expresión más allá de la tecnología. 

Cuando en clase vemos fotos de carácter documental, intercalo fotos de profesionales –realizadas con equipos digitales y sofisticados– con otras hechas por chicos de barrios carenciados realizadas con cámaras descartables –análogas–, y nadie nota la diferencia. Porque la clave no está en la técnica, sino en quien las hace y quien las ve, el triángulo: individuo-foto-individuo. 

Muchos alumnos justifican no sacar “buenas” fotos por no tener una cámara digital mejor ¡Cuidado! 

Entonces, suponemos que si no se tiene los medios o las formas para tener una cámara de fotos de última tecnología, el punto de vista propio ¿es inferior? 

Antes que cualquier tecnología está el individuo, y desde esa perspectiva toda foto es posible. Cuando las pretensiones del conocimiento dudan o no contamos con la tecnología, las pretensiones de la creatividad compensan la falta. La creatividad y la experimentación son valores en baja en estos tiempos de tanto todo y poco al fin. 

Muchas veces el manejo de las nuevas tecnologías, contrariamente a lo que se piensa, puede limitarnos a la hora de expresarnos. El conflicto tecnología-expresión debería tomarse y transmitirse como una posibilidad de aplicación o de superación y no como un problema o limitación. Como docente debo estar atento e intentar brindar herramientas y posibilidades para generar espacios propicios para el desarrollo creativo y el libre pensamiento más allá de la tecnología disponible, y no sentenciar o reivindicar categóricamente sobre el uso de ella. 

Decir que la fotografía análoga desaparecerá y que la digital será la única opción, estaría –sospecho– limitando el campo creativo y experimental propio y ajeno. La cuestión análoga-digital, además, tiene fuertes componentes comerciales y los fotógrafos profesionales nunca estuvimos en los objetivos o prioridades comerciales de las empresas a tal fin.

Realidad, ¿Cuál? 

Discutimos sobre si la fotografía nos muestra la realidad o no, sin antes preguntarnos a qué realidad nos referimos. 

Muchas veces, considero que el compromiso de la fotografía con la realidad está sujeto al fotógrafo como individuo. 

Siento que pueden existir varias realidades en una foto, la que se ve y la que no, o la que se intenta mostrar, depende de cómo se use y de la intención. 

En un trabajo de campo bajo el formato documental, una alumna desarrolló su tesis fotográfica eligiendo como tema las marchas callejeras de las Madres del Dolor (familiares de las víctimas de accidentes de tránsito). Observando el resultado con todo el grupo fue claro ver cómo, a partir de las fotos, surgían diferentes estados y realidades en cada uno más allá de la “existente”. 

Por un lado, el resto del alumnado veía en las fotos “gente angustiada manifestándose”, pero –y es lógico– la relación con esa realidad era distante, no era su realidad. Sin embargo, para la alumna que realizó las fotos, esa realidad pasó a ser la suya. 

Consultada sobre las fotos obtenidas se limitó a señalarme lo que para ella había significado ser parte de esa realidad –desconocida hasta entonces– y lo mucho que la había conmovido y afectado, a tal punto que sentía la necesidad de participar más comprometidamente con la causa. 

Lo que mostraban esas fotos era para unos una mera representación visual, para otros significaba la representación de su realidad. 

Por eso creo que definir si la fotografía nos revela o no “la realidad” como única y absoluta, sería nuevamente, limitar las posibilidades de que cada alumno (individuo) pueda, a partir de la fotografía, construir su propia realidad. 

Siento, y esto es a modo muy personal, que la fotografía como fin tiene la vida de una mariposa: elegante, pero nace y muere el mismo día. 

En cambio, como “medio” tiene innumerables aplicaciones y posibilidades infinitas a la hora de construirnos un yo activo y protagonista. 

Quizás, deberíamos dejar de tratar de definir a la fotografía y ver qué nos pasa a través de ella, no tanto por lo que es, sino por lo que significa para cada uno. Cabe aclararlo, en mi caso particular, significa una oportunidad. 

Como docente busco en los alumnos generarles una oportunidad, un granito de arena que ayude a que desarrollen un perfil propio y único en sus actividades, sin miedo a sentir o a expresarse.

Vocabulario relacionado al artículo:

factor de reflexión . fotografía .

Reflexionar v. tr. (1). Considerar algo con atención fue publicado de la página 92 a página94 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

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