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El papel de las nuevas tecnologías en los vínculos humanos

Veneziani, Marcia [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

ISSN: 1668-1673

XVII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2009.

Año X, Vol. 12, Agosto 2009, Buenos Aires, Argentina. | 203 páginas

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“...Y si volvemos a referirnos a la soledad, se hace cada vez más claro que ella, en el fondo, no es nada de lo que se pueda tomar o dejar. Somos solitarios. Uno puede a este respecto ilusionarse y hacer como si no fuera así. Eso es todo. Pero cuánto mejor es reconocer que lo somos; aún más: partir de aquí. Ciertamente, entonces sucederá que experimentaremos vértigo, pues todos los puntos en que nuestros ojos solían descansar, nos son quitados: nada hay ya cercano, y todo lo lejano lo es infinitamente. Quien fuese transportado, casi sin preparación ni transición, desde su cuarto a la cúspide de una gran montaña, sentiría algo parecido; una inseguridad sin igual, un estar a la merced de algo desconocido lo anonadaría; se imaginaría estar cayendo, o se creería lanzado al espacio o estallado en mil pedazos: ¿Qué prodigiosa mentira debería inventar su cerebro para poder dar alcance a sus sentidos y serenarlos?. Así cambian todas las distancias, todas las medidas para aquél que se vuelve solitario; de estos cambios, muchos acaecen de improviso, y como en el hombre de la montaña, nacen entonces figuraciones extraordinarias y sensaciones extrañas que parecen desarrollarse hasta sobrepasar todo lo soportable...”. Rainer Maria Rilke (1875-1926) 1

Introducción 

Comenzaremos abordando el tema con la pregunta que se hace Erich Fromm en su libro El Arte de Amar al interrogarse respecto de si la estructura social de la civilización occidental y del espíritu que de ella resulta llevan al desarrollo del amor2 , afirmando luego que no se puede responder positivamente a esa pregunta ya que en nuestro modo de vida occidental las formas de amor como el fraterno, erótico y materno han sido reemplazadas por otras las que él denomina de “pseudoamor” y que corresponderían según su pensamiento a formas de desintegración del mismo amor. 

A modo de aproximarnos a la cuestión podemos comenzar preguntándonos: ¿Cuál sería esta estructura social de la civilización occidental a la que se refiere Fromm que lo lleva a pensar en esa desintegración? 

El capitalismo moderno necesita de la obediencia ciega por parte del hombre moderno a los mandatos de la sociedad de consumo para poder funcionar. Por un lado hombres libres, no entendida como la verdadera libertad de espíritu que sería a lo que el hombre está llamado: a ser “sí mismo”, único e irrepetible sino a una “aparente libertad” que conseguiría a través del consumo creyendo que es dueño y señor de ella –pero al mismo tiempo dependiente de éste– para que el círculo pueda funcionar. 

Convive con la sensación de que si no posee los productos y servicios que la sociedad le promete como medio para ser libre, “no pertenece” y por lo tanto lucha desesperadamente para conseguirlos y así continuar dentro de ella. Citando textualmente a Fromm: “...El capitalismo moderno necesita hombres que cooperen mansamente y en gran número; que quieran consumir cada vez más; y cuyos gustos estén estandarizados y puedan modificarse y anticiparse fácilmente. Necesita hombres que se sientan libres e independientes, no sometidos a ninguna autoridad, principio o conciencia moral – dispuestos, empero, a que los manejen, a hacer lo que se espera de ellos, a encajar sin dificultades en la maquinaria social...”3

La revolución tecnológica y los vínculos humanos 

“Toda revolución paradigmática, tecnológica, social o científica, expresa una singular etapa del camino de la humanidad que a través de la obra individual intencional da vida a procesos colectivos, cuyos sucesos no aparecen predecibles, ya que nacen de una pluralidad de intenciones, en un mundo marcado irremediablemente por la dispersión de los conocimientos, incontrolables, y no de una mente omnisapiente...”4 

Con el continuo avance de los medios de comunicación y a través de ellos (medios gráficos, radio, televisión y especialmente a través de internet), el ser humano tiene acceso a una cascada de información proveniente de otros países y culturas. Puede intercambiarla en forma instantánea. Los avances a nivel científico, industrial, económico, se vieron favorecidos gracias al intercambio y a la velocidad con que se fueron acelerando los procesos de producción. 

Este artículo, no pretende ser una crítica, sino más bien generar algunas preguntas. Entre ellas: ¿las nuevas tecnologías, pueden influir en los vínculos humanos de modo tal de llevar al hombre a creer que vive relaciones de afecto verdadero? ¿Colaboran las nuevas tecnologías a dar un sentido de pertenencia? ¿Pertenecer y al mismo tiempo iniciar un posible proceso de aislamiento dentro de una “pretendida” cultura única y como respuesta a esto, a la formación de pequeños grupos con intereses comunes que intenten juntarse –a modo de salvación– para no ver disolverse su propia identidad? Comencemos intentando abordar la primera pregunta con algunas reflexiones. 

Es menester observar como influyen las nuevas tecnologías en nuestros “vínculos”, los cuales requieren de un compromiso, una presencia, un trabajo arduo del cual nos libera la distancia, la descorporalización a través de la red. Para ello debemos realizar una diferenciación entre los “vínculos “(los cuales pueden fortalecerse y mantenerse a través de la red utilizándola como un complemento más de la misma, pero requiriendo necesariamente en algún momento de su desarrollo del encuentro físico”) y las relaciones establecidas sólo y a través de ella, las cuales son más superficiales y menos comprometidas. No es lo mismo mantener una relación “cuerpo a cuerpo” que un contacto sin la “presencia física del otro” que es más ligera y nos libera de algún modo de “nuestra responsabilidad”. Los contactos en la red pueden “cortarse” en cualquier momento y no conllevan la “carga” y el “esfuerzo” que implica una relación. 

La “realidad virtual” choca con la “realidad física”, táctil, por llamarla de algún modo. 

Martín Buber en su libro Yo y Tú nos habla de aquel instante en que el hombre toma conciencia de su Yo y se coloca ante las cosas como espectador pero “...sólo podrá encontrar el sentimiento de exclusividad en una relación...5 ”. El Tú para Buber “....aparece en el espacio, pero aparece en ese frente a frente exclusivo en el que todo el resto de los seres sólo puede servir como un fondo del cual él emerge sin encontrar allí ni su límite ni su medida.....”6 

Es importante destacar que muchas de las relaciones entre seres humanos que se establecen a través de la red surgen a partir de intereses comunes, forman como afirma Castells7 “comunidades virtuales”. Si bien las relaciones entre los miembros de este tipo de asociaciones no son iguales a las comunidades tradicionales donde la presencia física del “otro” es prioritaria, gozan de la particularidad de construir lazos con aquellos que tienen intereses comunes y no deben “esforzarse” y trabajar en la construcción y búsqueda de personas con intereses comunes. Que no son necesariamente aquellos que están más cerca de nuestro entorno cotidiano.

Eros y Thanatos en las nuevas tecnologías 

A este punto de nuestra reflexión nos preguntamos: ¿Qué relación tiene el homo economicus (una conducta fundamentalmente racional) con el homo consumus (consumir para vivir) con los vínculos humanos y con las nuevas tecnologías? 

Una primera respuesta la podemos vislumbrar en la afirmación de Jack Hirschleifer cuando dice que en su ilusión, el ser humano cree que a través de la adquisición de los bienes de consumo –que tanto anhel– puede alcanzar un bienestar que, más tarde comprende, no puede reducirse a una concepción simplista de hombrecosa, sin considerar el aspecto de las relaciones interpersonales que conlleva todo intercambio económico.8 Sigamos con otro ejemplo: el del emigrante: el ser humano tiene acceso al mundo. A través de una pantalla en su habitación puede asomarse, interesarse y enriquecerse con el aporte de otras civilizaciones y culturas. Y también puede comenzar a soñar. Una de las formas de este sueño puede impulsarlo por ejemplo a emigrar o a adherirse a alguna ideología, como modo de defender su identidad. 

Recordemos las imágenes de los barcos cargados de gente provenientes de Albania que desembarcaron en las costas de Puglia en Italia en los años ‘90. En su tierra natal, los albaneses podían ver a través de la televisión italiana, un mundo diferente: lleno de promesas de una vida de bienestar que jamás ellos podrían llegar a gozar en su país. Llegaron llenos de esperanza y ésta quedó trunca en las costas italianas. Inmediatamente fueron devueltos a Albania. No contaban con la oposición de las leyes migratorias y de factores culturales que desencadenaron grandes polémicas en la opinión pública mundial. 

El ser humano abandona su tierra, su cultura, su familia, sus afectos, esos lugares que le pertenecen. Se siente solo y abrumado. La salvación ya no comprende solamente la adquisición de un cierto bienestar económico. La salvación pasa entonces a depender de “pertenecer a un grupo”, donde se encuentra con otros, sus semejantes. 

El “pertenecer”, el ser como los otros, disminuye la angustia de sentirse diferente. En nuestro ejemplo, el ser humano se debate entre la pertenencia, la emigración y la transformación de sus relaciones que se producen como consecuencia de la búsqueda de un bienestar económico. 

 Consideramos oportuno a esta altura de la presente exposición las palabras de Alfonso López Quintás al referirse a la bellísima obra literaria El Principito de Saint-Exupèry la cual alude al tema de los vínculos humanos: “...En la congoja del exilio, aislado de nuevo en el desierto de la humillación patria, el autor suscita la aparición súbita y brillante de su otro yo, de la vertiente infantil que todos – hombres y pueblos – llevamos dentro y que, a la hora sombría en que hace crisis el mundo confiado de los objetos y posesiones, nos recuerda el valor inquebrantable de lo aparentemente efímero: el encuentro interhumano, la fidelidad a la flor débil e imperfecta del pequeño asteroide perdido en los espacios....” 9 

El uso de las herramientas que facilitan los servicios a través las nuevas tecnologías como internet: los foros de chat, el e-mail y los bajos costos de las comunicaciones telefónicas a través de programas como Skype, en que además podemos ver al “otro” con una simple cámara conectada a la computadora, contribuyen a mantener los lazos con los familiares y amigos de las tierras lejanas y que parecieran acortar las distancias y reducir la angustia que provoca la sensación de soledad y desarraigo. Un sueño hecho realidad cuando pensamos que poco más de una decena de años atrás dependíamos de un correo postal lento y de llamadas telefónicas costosísimas para escuchar una voz querida del otro lado del mundo que nos dijera que no estábamos solos, que ellos –nuestros seres queridos– estaban allí esperándonos. 

Vale aquí citar un maravilloso pensamiento de Buber: “...Otra vez, el hombre, si se estremece en la soledad y su Yo está angustiado, levanta los ojos y percibe una imagen. Poco importa cuál sea ella; el Yo vacío se encuentra atestado de mundo o la corriente del mundo ondea sobre él; y el hombre se tranquiliza...”10 

Al abrir la cuenta de correo y ver el mensaje de los otros, leemos palabras que disminuyen esa sensación de soledad y recordando el fragmento de Rilke con que iniciamos este trabajo: de estallar en mil pedazos, de creer enloquecer ante la idea de la soledad y de la sensación de exclusión. Y, ¿qué es la exclusión sino una especie de muerte? Y a eso el hombre le teme: a lo más definitivo y fatal: a la muerte (Thanatos). El no aceptar –como dice el mencionado autor– que “somos solos”. Para mencionar otro ejemplo, el formar parte de las grandes empresas multinacionales, etc., donde el que pertenece, se siente seguro, formando parte de un “nú- cleo” donde se siente identificado, protegido, lejos del aislamiento: del fantasma del desempleo y de la exclusión social y psicológica que este fenómeno conlleva. 

Allí también las nuevas tecnologías como herramientas no sólo de trabajo sino también de integración: las alianzas, los grupos, los amores y desamores, etc., comenzaron a formar parte de una necesidad cotidiana en estas enormes organizaciones. Sin las nuevas tecnologías pareciera que estamos “fuera” del sistema: y otra vez el terror, a quedar afuera, a la soledad, a no ser aceptados y en definitiva: otra vez a la muerte. 

Eros y Thanatos los dos impulsos que construyen al ser actúan en el mundo moderno a través de las nuevas tecnologías. Hay otros dos ejemplos que no quisiéramos dejar de mencionar y que nos pone a prueba como individuos y como sociedad en su conjunto. Nuestra ética se mide sobre todo por como tratamos a los sectores más vulnerables de nuestra sociedad y que a veces parecemos no tener en cuenta: a los niños, a las personas mayores y a los discapacitados. 

Los valores que profesamos y ponemos en práctica nos definen como hombres y como sociedad. 

Respecto del tema, y en relación con las nuevas tecnologías en el Informe Mundial de la UNESCO del año 200511, se menciona que una mayor solidaridad entre las generaciones en beneficio de las personas mayores (quienes son los que presentan más dificultades en relación con el aprendizaje de la utilización de las nuevas tecnologías) ayudarían a reforzar los vínculos sociales y familiares en las sociedades del conocimiento emergentes; como así también en relación a la situación de los discapacitados. 

Internet –como se afirma en el mencionado informe– por ejemplo representa una posibilidad única de reinserción social ya que permitiría que la gente con capacidades diferentes pudiese trabajar desde sus casas. Al respecto se están realizando enormes esfuerzos por parte de quienes desarrollan estas tecnologías para construir estos instrumentos que faciliten cada vez más la utilización de los ordenadores por parte de los discapacitados.

El “achicamiento” del tiempo y del espacio 

Ya en el año 1967 Philip Lersch12 nos prevenía respecto de los efectos que la moderna racionalización ha producido sobre el alma humana y aplicó un especial interés al tema de la organización de las comunicaciones y de la información en relación al acortamiento de las distancias físicas y el enriquecimiento del horizonte vital por un lado y de una creciente y progresiva desinteriorización por el otro. Para entender que es lo que pretendemos decir al referirnos a “interioridad”, transcribimos sus mismas palabras: “...para aclarar que cosa sea la interioridad resulta insuficiente cualquier definición conceptual, pues ésta delimita, aprehende y sitúa los fenómenos en un espacio ordenado por yuxtaposición, el cual, como todo espacio, tiene la estructura de la extensión. Ahora bien, la interioridad anímica no tiene, por su misma esencia, nada de extenso y sí de intenso; carece de la dimensión de extensión, en cambio tiene la dimensión de profundidad, que no se puede sondear ni delimitar por medio de conceptos....”13 

Por un lado con las nuevas tecnologías lo más lejano y remoto es más cercano. Se ha ampliado el horizonte: hay más posibilidades de acceder a lugares remotos y a acercarnos la información más variada. Pero si bien se puede acceder a toda esa “biblioteca babilónica”, también es cierto que es requisito saber “donde buscar” y ese es uno de los grandes desafíos que nos deparan las nuevas tecnologías. 

Pero no nos resuelve el problema ya que al mismo tiempo, si bien podemos conocer a muchísimas personas en la red –quizás hasta con nuestros mismos intereses en los lugares más remotos– nos pase como al Principito de Saint-Exupèry cuando descubre que su rosa no era la única en su especie sino que había muchas más y llora indignado al pensar que ella lo había engañado, para más tarde comprender que para él ella era “su rosa”. Aunque vanidosa, con ella había establecido “un vínculo” y por lo tanto era “única” y no reemplazable por tantas otras aparentemente iguales. Entonces lo lejano –al decir de Rilke– “lo es infinitamente” cuando establecemos un lazo y necesitamos el contacto físico con el otro: ya no nos basta ni la imagen ni el recuerdo (como en el caso arriba mencionado). 

El personaje del zorro también, como al Principito, nos susurra al oído que “...el tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante...”. Al decir de López Quintás: He aquí el secreto de la actividad cognoscitiva del hombre: “…No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”. 

El encuentro con el otro requiere además de tiempo, dedicación e intimidad. Si bien las nuevas tecnologías nos ayudan a acercarnos a los demás y contribuyen a mantener los lazos, siempre necesitamos de ese espacio y tiempo necesarios: de esas tardes en que las agujas del reloj parecen detenerse para permitirnos gozar de ese momento “eterno” de la plenitud provocada por la intimidad física con el otro. La necesidad de inmediatez y del obtenerlo “aquí y ahora” de la sociedad actual pareciera interponerse con los tiempos necesarios para la madurez de una relación personal.

Notas 

1 Rilke, Rainer María, Cartas a un joven poeta, Ed. Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Instituto de Estudios Germánicos, Buenos Aires, Argentina, 1938, pág.51 

2 Fromm, Erich, El Arte de Amar, Ed. Paidos, Buenos Aires, Argentina, 1965 pág 100 

3 Ibídem, pág 103 

4 Felice, Flavio, Hacia una nueva filosofía de la praxis y del trabajo humano, Traducción al español: Putruele E. y Veneziani M., Revista Valores en la Sociedad Industrial, Pontificia Universidad Católica Argentina, Año XXIII Nº 64, diciembre 2005, pág. 16 

5 Buber, Martín, Yo y Tú, Ed. Galatea Nueva Visión, Buenos Aires, Argentina, 1960, pág. 31 

6 Ibídem 

7 Castells, Manuel, “Internet y la sociedad red”, Lección inaugural del programa de doctorado sobre la sociedad de la información y el conocimiento Universitat Oberta de Catalunya (UOC), Cataluña, España, 1999 

8 Gui, Benedetto: “ La Teoría Económica alle prese con i fenomeni interpersonali”, Universitá di Padova, Padua, Italia, marzo 2002 

9 López Quintás, Alfonso, “Como formarse en Ética a través de la Literatura: análisis estético de obras literarias”, Instituto de Ciencias para la Familia, Universidad de Navarra, Madrid, España, 1994, pág.202 

10 Buber, Martín, Yo y Tú, Ed. Galatea Nueva Visión, Buenos Aires, Argentina, 1960, pág. 69 

11 “Hacia las Sociedades del Conocimiento”, Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Ediciones UNESCO, París Francia, año 2005, pág. 32. 

12 Lersch, Philipp, El hombre en la actualidad, Biblioteca Hispánica de Filosofía, Ed. Gredos, Madrid, España, 1967, pág.42 13 Ibídem. Pág 46.

Referencias bibliográficas 

- Buber, Martín (1960) Yo y Tú. Buenos Aires: Galatea Nueva Visión. 

- Castells, Manuel (1999) Internet y la sociedad red. Lección inaugural del programa de doctorado sobre la sociedad de la información y el conocimiento. Cataluña: Universitat Oberta de Catalunya (UOC). 

- Felice, Flavio, “Hacia una nueva filosofía de la praxis y del trabajo humano”, Traducción al español: Putruele E. y Veneziani M., Revista Valores en la Sociedad Industrial, Pontificia Universidad Católica Argentina, Año XXIII Nº 64, Buenos Aires, Argentina, diciembre 2005 

- Fromm, Erich (1965) El Arte de Amar. Buenos Aires: Paidós. - Gui, Benedetto (2002) La Teoría Económica alle prese con i fenomeni interpersonali. Padua: Universitá di Padova. 

- Lersch, Philipp (1967) El hombre en la actualidad. Madrid: Biblioteca Hispánica de Filosofía, Ed. Gredos. 

- López Quintás, Alfonso (1994) Como formarse en Ética a través de la Literatura: análisis estético de obras literarias. Madrid: Instituto de Ciencias para la Familia, Universidad de Navarra.

- Rilke, Rainer María (1938) Cartas a un joven poeta. Bs. As.: Ed. Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Instituto de Estudios Germánicos. 

- Saint-Exupèry, Antoine (2001) El Principito. Buenos Aires: Emecé.

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El papel de las nuevas tecnologías en los vínculos humanos fue publicado de la página 124 a página128 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

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