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El eterno telar

Souza, Nora

Actas de Diseño Nº21

Actas de Diseño Nº21

ISSN: 1850-2032

XI Encuentro Latinoamericano de Diseño “Diseño en Palermo” VII Congreso Latinoamericano de Enseñanza del Diseño Julio 2016, Buenos Aires, Argentina

Año XI, Vol. 21, Julio 2016, Buenos Aires, Argentina | 258 páginas

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Resumen:

Presentando un estudio de caso en la enseñanza de posgrado del Diseño Sustentable, proponemos un modo integral de aprender-enseñar que incluye el cuerpo sensibilizado, las emociones y las pasiones de sus actores; el saber como construcción colectiva y autogestiva; prácticas comprometidas con la realidad social, económica y cultural; el pensamiento complejo como herramienta idónea para un conocimiento profundo y contextualizado; cambio en el rol del magisterio, en transición hacia la asesoría; la información apoyada en el eficiente empleo de las TIC’s; y un desplazamiento del curriculum hacia los intereses y necesidades de los participantes del proceso educativo y de los contextos locales, académicos y circunstanciales, incluidos en los espacios globales.

Palabras clave:

Aprendizaje Integral - Cuerpo - Posgrado - Estudiante - Docente - Aprendiz - Currículo - Diseño Integral.

Mi intención es compartirles una experiencia en educación continua, que propone un enfoque aplicable a diversos ámbitos y niveles de la formación profesional del diseño, y radicalizando mi idea, creo que puede inspirar algunos cambios en la manera de concebir los modos de intervención en los procesos de aprendizaje.

Me refiero al Diplomado en Ecodiseño, realizado en la Unidad de Posgrado de la Escuela de Diseño del Instituto Nacional de Bellas Artes (EDINBA), en la ciudad de México, siendo pionero en 2004, y concebido para profesionales del diseño y estudiantes del último año de carreras afines.

La EDINBA otorga título de Licenciatura en Diseño Integral. Su Plan de estudios, en evaluación y revisión permanente, cambió hace más de 15 años, de la titulación en Diseño Gráfico a una concepción más amplia en la formación del diseñador. Consideraciones acerca de la celeridad de los cambios en los ámbitos laborales y la proliferación desmedida de “diseñadores gráficos” de escasa formación, que redujeron considerablemente las oportunidades de desempeño profesional, desembocaron en un currículum enfocado a la preparación de un profesional apto para encarar diversos problemas de diseño.

Tres fueron las versiones, cuya planeación y aplicación, nos abrieron a nuevas formas de encarar la enseñanza en todos los niveles, en particular en el ámbito universitario y sortear algunas de sus resistencias a los cambios didácticos.

El punto de partida fue procurar una coherencia entre una ética, la práctica docente y un diseño comprometido.

Desde allí comenzamos a integrar nuevas formas de entender y acompañar los procesos de aprendizaje; sin inventar la pólvora, recurriendo a los avances de variadas disciplinas y a alternativas concretas de la pedagogía crítica, fuimos creando una trama de convergencia compleja, exploratoria y abierta.

Creyendo en el valor educativo de las parábolas, los cuentos y las metáforas, para atravesar superándolo al entendimiento racional y alcanzar la intuición y la emoción como motores de la comprensión profunda y lograr la máxima apertura, usaré en mi exposición una metáfora textil para ir hilvanando las ideas.

Antecedentes: la trama averiada

La Naturaleza como modelo de tejido ilimitado y cíclico, ha sido dañada. Sin abundar en los síntomas claros de ese daño, que todos estamos conociendo con consecuencias dramáticas y sin señales de mejoría, ya que los agentes agresores siguen ensañándose con la salud y la vida, quiero al menos mencionarlo porque la situación actual ya es insostenible y porque el diseño en todas sus manifestaciones tiene una alta cuota de responsabilidad.

Los problemas creados por los seres humanos, son patrocinados por un sistema depredador y suicida, donde prevalecen los valores económicos, se subordinan los poderes políticos y se subvencionan y jerarquizan con desmesura, ciertas áreas del conocimiento moderno, como son la ciencia dura y la tecnología. El número se inviste de verdad, y lo mensurable y las estadísticas son los únicos parámetros de validación, siempre revestidos de las ideas triunfalistas de ganancias, olvidando reportar con el mismo entusiasmo las pérdidas irreparables, que el mito mediático del progreso arrastra a su paso, y a las que se llama cínicamente “efectos colaterales”.

La responsabilidad del diseño es incuestionable; agregar basura en un mundo saturado de desperdicios tóxicos o asumir el reto de diseñar para la gente de hoy y mañana, salvaguardando la vida desde el humilde espacio de aportar soluciones creativas y sostenibles, son opciones ineludibles.

La trama político económica responsable nos afecta globalmente a todos. Frente a su vastedad y la fuerza destructiva de la verdadera trama vital, a la que pertenecemos, podemos asumir el desaliento como condición de hebra atrapada en el tejido; sin embargo, es posible aprovechar las múltiples condiciones de la urdimbre – tensión, torsión, flexibilidad, proximidad, contacto, ondulación… siguiendo la metáfora textil– que nos ofrece nuestra condición de integrantes del entramado, para que, sin escapar del compromiso, podamos comenzar con pequeños movimientos que inviertan nuestra condición reintegrándonos a la trama primigenia: la red de la vida. Y estas reflexiones tienen la modesta intención de procurar opciones para ayudar a expandir la conciencia en las aulas.

Algunas precisiones: acerca de hilos rotos en 

la trama…

Con intención, terminé el párrafo anterior citando las aulas sin especificar materia ni carrera. Otra trama rota y con poca reparación, más frecuentemente solo remendada, es el sistema educativo que está averiado, desde hace tiempo, para sus protagonistas.

Desde mi lugar de docente que organiza y coordina talleres de estimulación de la creatividad para adultos en distintos lugares de México, hace casi veinte años estoy trabajado para que estudiantes y profesionales de las distintas áreas, y en particular del diseño, recuperen su espacio perdido de sensibilidad, exploración y juego, que con el propio cuerpo les ha sido arrebatado en la escuela, desde la más temprana edad.

Con ello, se intenta restablecer una unidad fragmentada al infinito por el actual pensamiento occidental, tiránico y con pretensión hegemónica, que ejecuta, hasta en los rincones más inconscientes del ser, el principio imperial “dividir para reinar”. La fragmentación grosera a que somos sometidos los humanos, comienza con la claudicación de nuestro origen animal: nuestra corporalidad.

El cuerpo, es el ausente obligado en las aulas, organizadas como escuadrones del ejército, citando a Foucault, donde se impone la rígida distribución espacial, los tiempos medidos y estandarizados, las necesidades postergadas, los silencios prolongados, la inmovilidad forzada, las atenciones raramente atraídas y los intereses individuales absolutamente ignorados… todo lo que constituye el orden cotidiano del sistema educativo en su totalidad. La disciplina se impone sobre los cuerpos así como lo hace sobre las mentes. Al llegar a la universidad, el estudiante que ha sido moldeado por esa escolaridad, no se resiste y acepta pasivamente que hablar es como hacer.

¿Qué los juegos y el dominio del cuerpo corresponde a los primeros años de escolaridad? Ése es un prejuicio devastador para la creatividad, porque al perder el cuerpo también vamos perdiendo partes importantes del ser humano: intuición, sentimiento, pasión, sensibilidad, dándole todo el crédito al pensamiento racional.

De las pérdidas que conlleva el cuerpo negado, deseo destacar la pérdida del centro propio… Y perdido el centro, nuestro equilibrio depende de la manipulación que desde afuera se nos ejerce. Y aquí nos encontramos inexorablemente atrapados en una trama que es trampa y prisión, creyendo que ésa es la realidad y que el todo no es más que la suma de fragmentos inconexos, hebras imbricadas por decisiones ajenas, sin noción del entramado integral, y por ello mismo, enajenados.

Restituir la valoración al hilo de la trama que es el ser humano, es un proceso solidario con la restitución del cuerpo y la reinserción del centro en uno mismo para poder desde allí reconectar con los otros, hacer viva y consciente nuestra pertenencia a una vastísima red.

Creo que la verdadera creatividad, aquella donde el reto desafía y obliga al arquetípico del guerrero que llevamos dentro, surge desde el propio centro como necesidad vital comprometida consigo mismo, con el grupo, con el mundo y con el cosmos.

Al liberar el cuerpo sueltan amarras, como emergente de la complejidad del mismo proceso liberador, las sensaciones, la afectividad, la capacidad lúdica, la curiosidad… La piel recupera su función de límite, radar y contacto… la mirada se quita lentes impuestos y tal vez comience a recordar cómo mirar; la voz desde el centro encuentra el grito, exhala el suspiro, modula el canto y se permite buscar las palabras… o inventarlas.

¿Cómo con tantas mordazas se puede ser realmente creativo?… El hoy acuciante requiere mucha de nuestra creatividad.

En este sentido, el cuerpo debe regresar a las aulas para regresar a la vida…

Una propuesta alternativa: procurando restituir 

las hebras perdidas

Después de este recorrido por las circunstancias y las creencias, podemos regresar al proyecto llamado Diplomado en Ecodiseño, un desafío del siglo XXI. Se trata de un diplomado de 170 horas, distribuidas en cuatro módulos de 40 horas cada uno, que se cubrieron con dos clases semanales de cuatro horas, salida de reconocimiento de ruinas prehispánicas, una cuenca hidrológica y un cultivo orgánico de maguey en el estado de Morelos, México; incluyendo la proyección de la película Baraka, además de la visita de seis conferencistas invitados, vinculados a temas de sustentabilidad y diseño.

Reconocer que el cuerpo olvidado es una hebra perdida, ha sido uno de los ejes principales de nuestras clases, e implica hacer ingresar al estudiante integral e integrado al grupo, bajo el supuesto de que no defenderemos bien la naturaleza si la negamos en nosotros mismos.

Para ello, en el diplomado, dedicábamos los primeros minutos, docentes y alumn@s para relajarnos con la respiración profunda. Desde esta sencilla práctica, se consigue concentración, se promueve la llegada de la atención, se contacta con sentimientos, lo que se facilita con la guía de la/el docente y, con el agregado de alguna visualización, se intenta despertar la imaginación.

Solo entonces podemos afirmar que la mayoría de nosotros hemos llegado a la clase. Es una práctica que aplico en todas las materias que comparto.

Otro de los tramos desprolijos del telar, es la distribución de roles fijos en la clase: docente que sabe y alumnado ignorante. Ésa es otra premisa cuestionable desde el nivel de pre-escolar, tan limitante para uno como para los otros.

Partiendo de la idea de que todos estamos aprendiendo todo el tiempo, el desarrollo de la sesión se planteaba como un espacio compartido de reflexión y debate, donde cada uno aportaba lo que sabía, y donde humor, juego y error no solo participaban, si no que se tomaban como vías excelentes para conectar con las funciones del hemisferio derecho del cerebro, sin las cuales la creatividad queda limitada y encerrada en medio de la trama de prejuicios, como un nudo gordiano que inhibe nuestra imaginación.

“¿Por qué desatarlo?” dijo Carlomagno, y lo cortó con su espada recurriendo al pensamiento lateral para resolver un problema que por siglos permaneció insoluble.

El debate pone en el centro del círculo –forma no solo simbólica de la atención centrada, si no que era la distribución de los lugares donde nos sentábamos– distintas miradas que estimulábamos para ser expresadas; no solo se enriquecía el acervo de docentes y estudiantes, si no que además ofrecía una gran oportunidad para ejercitar la escucha respetuosa, fomentar la defensa de las propias ideas e incorporar el hábito de flexibilizar la mente para cuestionarse y/o cambiar, convirtiendo al estudiante en co-creador consciente del curriculum.

Otro síntoma del telar roto es el gran agujero de hebras perdidas en el tejido, equivalentes a la cantidad de participantes del hecho educativo; se trata del desconocimiento, por parte de los docentes, de los intereses y pasiones de sus alumnos, y viceversa. ¿Cómo esperar apertura, entusiasmo y compromiso en el aprendizaje si se ignoran los profundos intereses y las urgencias de los integrantes del grupo? ¿Cómo pretender que por pura obediencia a un currículum exterior y ajeno a esa particular clase y un principio de autoridad docente cada vez más cuestionado, suponemos que se puede generar excitante atracción por un tema impuesto? No es tan difícil hallar esos lasos en el tejido de la clase, si el primer día nos tomamos el tiempo de hacer llenar una ficha que nos oriente, tanto en el punto de partida del conocimiento que porta el alumno vinculado a la materia, como en cuáles son sus gustos, pasiones y las expectativas con la carrera. Esa simple actividad, que llamo “presentaciones”, sirve para empezar a conocernos… y yo como docente también lleno ese requisito, para comenzar a democratizar el intercambio, contestando oralmente las preguntas que los estudiantes me hagan, para que ellos completen mi perfil. Desde que empecé a aplicar sistemáticamente este “pretest”, rápidamente puedo seleccionar enfoques y actividades que logren abordajes atractivos para el grupo.

Una red para no perder el diseño: la urdimbre 

del tejido

El Diplomado en Ecodiseño fue estructurado según dos ejes, que a la manera de las representaciones del ADN o de la energía kundalini, se solidarizaban entrecruzando sus caminos, orientado la clase al desarrollo de la integración mente-cuerpo. A falta de mejores nombres o de más imaginación, los ejes quedaron nominados como: Teórico-conceptual, uno, y psico-corporal, el otro.

El eje teórico-conceptual del diplomado estaba orientado a la adquisición y/o desarrollo de conocimientos (conceptos, perspectivas de análisis, estrategias metodológicas, casos de estudio, etc), pretendiendo que los participantes se hicieran de un mínimo de conocimientos teóricos e instrumentales sobre el tema, se informaran en el estado del arte y lograsen generar una metodología propia que, desde la perspectiva de los diseños, les permitiera encarar problemáticas y proponer soluciones alternativas respetuosas del medio ambiente.

El eje psico-corporal estaba orientado al desarrollo de la sensibilidad física y emocional (autopercepción, exploración, juego, expresión, imaginación, emoción, comunicación y creatividad) se pretendía que los participantes interiorizaran los conocimientos que iban adquiriendo o desarrollando, mediante técnicas de sensibilización y expresión corporal, tratando de adquirir habilidades para canalizar más y mejor sus energías, apoyándose en armonizaciones, visualizaciones, búsquedas lúdicas y expresivas, propiciando desbloqueos y reconociendo las maneras de ponerse en la mejor disposición para la proyección y ejecución del acto creativo, sea éste personal o profesional, individual o compartido.

El intento con este doble asomo a la complejidad del mundo, en su más amplia acepción, es la posibilidad de adquirir una nueva mirada más inquisitiva, más crítica, más plena y profunda, por disponer de más canales de acceso al tema tratado. Con esta manera de abordar la tarea docente, los maestros también entran en el juego, sorprendiendo al grupo; eso hicimos los docentes del Diplomado de Ecodiseño con performance, instalaciones, juegos y debatiendo ideas frente a los alumnos.

El tapiz adquiere volumen: la trama atravesada 

por el espacio múltiple

Como urdimbre del tejido y aprendiendo de la red ecológica, tomamos la conceptualización que Edgar Morin hace del Pensamiento Complejo, como el abordaje más idóneo para el conocimiento, que nos permite sortear las falsas creencia reduccionista con que se nos ha enseñado a mirar al mundo, emprendimos la tarea de desarmar los nudos de prejuicios y saberes entronizados desde una filosofía de la dominación, apoyada en la ciencia “ciega” (dice Morin), la técnica, política, economía y cultura de la modernidad.

Desde allí nos propusimos enhebrar pensamientos, reflexiones y observaciones críticas para avanzar construyendo, estudiantes y maestros, la transición hacia un nuevo paradigma de educación.

En ese fascinante viaje enmarcado por un rústico telar, fueron convergiendo:

• Cambio sustancial de roles, de docente a aprendiz y guía; de alumno a cocreador del acto educativo.

• Consideración de las presencias ignoradas en la universidad y en su curricula: cuerpos, sentimientos y pasiones, que suelen quedar en el perchero.

• Los saberes impuestos mutan a saberes incorporados a partir de los intereses del grupo como ente mayor que la suma de los individuos.

• Reconocimiento de otros ausentes notables y poniéndolos al frente de las prácticas, como son los intereses y necesidades del contexto local, y solo desde allí poder procurar una inserción más justa en el concierto global.

• Una práctica que debe dejar de ser ejercicio escolar, para convertirse en una actividad que resuelva un problema real para la pequeña comunidad de pertenencia.