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Mi heroína (Primer premio)

Badía, Malena

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº72

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº72

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Segundo Cuatrimestre 2015 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Segundo Cuatrimestre 2015

Año XII, Vol. 72, Mayo 2016, Buenos Aires, Argentina | 144 páginas

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Introducción

Este trabajo hablará de una persona a la cual nadie piensa que en algún momento le va a faltar, habla de una mamá, una hermana, una hija, una amiga, que en el momento que menos te esperas, ya no está. Mariana Delpech fue una de ellas, fue una persona con mucha luz, energía y fuerza. Como dice la madre, siempre fue la más linda del barrio, pero también la más patotera. Una mujer femenina, pero al mismo tiempo con mucha fuerza.

A los 23 años se fue a vivir con su hija y su pareja a Bariloche, dejando a toda su familia y a todos sus amigos acá, en Buenos Aires. Un año más tarde, Mariano, el padre de su hija, se volvió a la capital del país y ella se quedó sola con Malena, su hija. Al pasar los años fue armando su propia familia, siempre ellas dos solas, pero con mucho cariño alrededor.

A pesar de la gente que se cruzó en ese rincón del sur de Argentina nunca se olvidó de sus amigos de la infancia ni de su familia, que siempre que podían se escapaban a ver a las dos sureñas.

Crió a su hija sola y logró crear un vínculo entre las dos en el cual había mucha confianza, logró que la pequeña tenga un amor hacia su madre nunca antes visto. Pero un día le diagnosticaron cáncer de mama. Así empezó su tratamiento, doloroso y, a veces, inaguantable, pero a pesar de eso nunca perdió su alegría. Con la fortaleza que poseía le puso, como así decirlo, el pecho a las balas, y se enfrentó a la quimioterapia como nadie. Un día, llama a la hija diciéndole que iba a ir a la clínica porque no le bajaba la fiebre y a partir de ese día, no volvió a salir. Tuvo subidas y bajadas, un día le daban el alta y al otro no. Y así fue su paso por terapia intensiva. Hasta que su cuerpo no pudo seguir, y dejó de respirar, dejó de sufrir.

Se elige esta historia para poder expresarla por una parte, y por otra, para poder aclarar muchos hechos de los cuales, Malena, no tiene recuerdo.

Desarrollo

Mariana… ¿Cómo hablar de ella sin quebrarse? Leyendo las entrevistas te das cuenta que es algo muy difícil, también te das cuenta que todos coinciden mucho en lo que dicen.

Mariana vivió hasta los 23 años en Tempreley, Buenos Aires, todos dicen que era la más linda de todo el barrio, que tenía un montón de amigos, era muy inteligente, desde muy chica supo solucionar las cosas por sí sola. En ese lugar vivía con sus tres hermanos, Claudia, Cecilia y, el más pequeño y único hombre, Luis. También vivía con sus padres, Sheila y Hernán.

Ella era la más grande, por eso sus hermanos a Mariana la veían como una madre, una hermana, una amiga. Siempre fuerte, pero por otro una persona sensible, que tenía muchos planes para su futuro, contenta de su vida, siempre alegre, activa, no le gustaba quedarse en su casa haciendo algo, ella le decía a su hija “cuando yo tenía tu edad, me tenían que agarrar de los pelos para que volviera a casa”. Superó el colegio secundario sin gran esfuerzo, se hizo grandes amigos que pudo sostener hasta el último día, tanto que se convirtieron en tíos para su hija, a pesar de la distancia.

Empezó la carrera de hotelería, en ese momento ella tenía 18 años, estaba de novia, su familia, todo lo que ella quería. En el viaje a la facultad viaja siempre un chico, con el cual, después de un par de idas y vueltas juntos, casualmente, se animó a hablar, así por un largo tiempo, y generaron una relación de amistad, se querían mucho. Un día ella le cuenta que había cortado con el novio y ahí empezaron una relación. Fueron cinco años donde sus vidas cambiaron rotundamente. A los meses de llevar una relación estable, siendo los dos parte de ambas familias, Mariana queda embarazada y toman la decisión de irse a vivir juntos, para formar una familia. Todos estaban muy contentos por la llegada del bebé.

Cuando la pequeña nació, a ella le generó mucho miedo la inseguridad que había en su ciudad, le daba mucho miedo salir a la calle con Malena, su hija, tenían miedo de que se la robaran, su vida había cambiado completamente, por primera vez estaba haciendo lo que le parecía lo correcto pero eso la aburría, su vida no era como ella quería.

Unas vacaciones en el sur le hicieron prender la lamparita, desde ese momento quiso irse a vivir allá, repartió curriculum por todos lados. Estaba empeñada que Bariloche era su lugar en el mundo y que en ese lugar quería que su hija creciera, así fue que a los pocos meses la llamaron del Hotel Llao Llao, ella no dudó ni un minuto. Dejó a su hija y a su pareja en Buenos Aires y se fue para allá, tenía que trabajar y al mismo tiempo conseguir rápido un lugar donde vivir con su familia. Pasaron dos semanas y ya estaban los tres en su lugar, el lugar de Mariana y Malena. El padre de su hija no era feliz y eso generaba problemas en la relación, por lo que decidió volverse para Buenos Aires.

Mariana se quedó, con 23 años, sola y con una nena en Bariloche, pero eso no fue obstáculo para ella, la remó. Tuvo sus crisis, tuvo que dejar ir a su hija unos seis meses con su papá porque ella se tenía que estabilizar, y en ese momento ella encontró un pequeño departamento y un trabajo, que a pesar de no ser lo que ella quería, lo aceptó con alegría porque era la opción que tenía para volver a estar con su hija.

Así pasaron los años, veía crecer a su hija feliz, se hizo grandes amigos, los cuales se convirtieron en tíos para Malena.

Un día fue a hacerse el control anual que toda mujer se debe hacer y en el resultado del estudio mamario le salió que tenía un bulto en una de sus mamas. El ginecólogo, el cual tiene juicios de mala praxis, le dijo que no era nada grave, pero que se lo tenía que ir regulando. En el 2009 a Sheila la operaron por un tumor en el riñón y ella, muy preocupada, viajó para Buenos Aires así le hacía compañía. Su madre, también preocupada pero por el bulto de su hija, le pidió turno a un ginecólogo recomendado, y se hizo nuevamente los estudios.

Muy asustadas las dos, fueron a recoger los resultados para llevárselos al médico, el cual les dio una de las peores noticias que escucharon. Mariana tenía un tumor muy agresivo en una de sus mamas, debía operarse y hacer quimioterapia. A cada persona que se lo contó, se lo dijo sin agrandar la situación, no quería que nadie se asustara ni se preocupara, pero a pesar de sus intentos a la gente la tomó por sorpresa, nadie lo podía creer. Mariana con su fortaleza, sus ganas de vivir, joven, con una hija pequeña, nadie entendía cómo le podía pasar algo así.

Por el mes de octubre del 2009 inició la quimio, empezó una etapa dura para toda la familia, cada día se sentía peor, trataba de disimularlo por su hija, para que no se pusiera mal, pero la pequeña se daba cuenta, su madre no era la de siempre, no se podían acostar juntas porque le dolía todo, no la podía acompañar a sus actividades, ya no la llevaba al colegio, muchas veces ni siquiera podían comer juntas, porque Mariana no se podía levantar de la cama, ya no era lo mismo de antes y eso se notaba. Se le empezó a caer el poco pelo que tenía en la cabeza, poco, porque anteriormente se había rapado, para no ver cómo se le caían mechones de cabello, le parecía que era algo innecesario, ya que todo era muy duro y no quería un sufrimiento más. También se le empezaron a caer las uñas, las cejas, las pestañas, le dolía el cuerpo por el tratamiento.

Estaba muy débil, al principio salía de su casa, se juntaba con sus amigos, pero de a poco se debilitaba, solía estar gran parte del día tirada en la cama. Su hija, muy enojada con la situación, se rebelaba y eso generaba conflicto entre ellas, pero a pesar de su enojo y su rebeldía, siempre ayudaba a la madre.

Ella tuvo muchas luchas durante su enfermedad, estaba sin su familia, sola con su hija en Bariloche, tenía que dejar el cigarrillo, lo que era muy difícil, nunca lo logró. Fue muy dura su época. A Mariana le tocaba viajar, cada tanto, a Buenos Aires para hacerse un control, hasta que un día, finalmente, viajaba a operarse, a quitarse eso que le hacia tanto mal.

Nacía la ilusión, la esperanza de que esto se terminara, que fuera sólo un mal recuerdo, hasta el médico le había prometido, para que se quedara más tranquila, que le iba a hacer una cirugía estética mamaria, así ambas le quedaban iguales, fue un chiste entre ellos durante todo ese momento. Pero toda esa fantasía se rompió en mil pedazos cuando le dijeron que el tumor era peor de lo que pensaban, que no se había terminado todo ese sufrimiento, que tenía que seguir haciendo quimioterapia, para poder hacerle un tratamiento de rayos y recién ahí finalizar con esa enfermedad.

En todo el trayecto de los meses, Mariana asistió a un centro de ayuda para los que sufren de cáncer, pero no la ayudaba; si algo le molestaba a ella era que le tuvieran pena, lo que sentía en ese centro de ayuda, que pensaran que era una persona indefensa. Pero a pesar de eso, ir a ese lugar la ayudó a pensar en un futuro, siempre pensaba en él, era algo que hacía para poder darse fuerzas, tenía planes, quería adoptar a un pequeño huérfano de Haití, ya que justo había sucedido la tragedia del terremoto, quería abrir un centro de ayuda para los familiares de los enfermos de cáncer, y también para los que se adentraban en la enfermedad, para brindarles información y para acompañarlos en lo que necesitaran. También pensaba en el futuro de su hija, siempre le decía todas las cosas que iban a hacer cuando ella se mejorara, que iba a volver todo a la normalidad.

Un miércoles como cualquier otro, cuando Malena salía de clases su madre la llamó, le dijo que había tenido fiebre todo el día, que no bajaba y que la tenían que internar ya que al tener las defensas bajas no podía contrarrestar lo que le estaba pasando. Su hija, muy mal, se enojó con su madre, no entendía por qué estaba pasando eso, ahora sí, estaba sola, su madre internada y ella sola, no recuerda qué paso ese día, no se acuerda si se fue a lo de una amiga suya o de su madre, si alguien fue a su casa, sólo sabe que a partir de ese momento a su madre no la volvió a ver bien. Pasaban las semanas e iban viniendo familiares. Malena nunca dejó de hacer su vida, se juntaba con amigos, con su novio, iba y venía a su casa, trataba de estar lo menos posible allí, porque la ponía peor ver a toda su familia ahí. Ella no quería estar con ellos, quería volver a estar sola con su madre, sin que estuvieran sus abuelos, sus tíos, toda su familia dentro de su casa.

Mariana, internada, sufría muchas recaídas, era una montaña rusa de sentimientos, un día estaba para que le den el alta y al otro estaba peor que nunca, pero el médico ya les había dicho que ella no iba a poder sobrevivir del tumor que tenía, estaba muy grave y si no los dejaba en ese momento, los dejaba dentro de unos meses. Los días pasaban y se volvían eternos, los familiares se turnaban para estar en el hospital.

En uno de los momentos en el que Mariana estaba mejor la llevaron a Malena a ver a su madre, fue muy duro para ella, no se acuerda cómo llego al hospital, quién la llevó, tampoco se acuerda quién estaba con ella y su mamá dentro de terapia intensiva, lo único que se acuerda de ese encuentro fue que le hicieron ponerse mucho alcohol y otro líquido que hoy en día no sabe que era al entrar a terapia. Lo único que miraba era las cortinas blancas que había, era todo tan blanco que daba miedo, en la esquina derecha de terapia, en un apartado, igual de blanco, con una pequeña ventanita y un puerta de vidrio se encontraba Mariana, pelada, hinchada, con sus ojos verdes tristes como nunca se los había visto, tenía moretones por todos lados por las inyecciones, estaba toda enchufada a máquinas típicas de películas, nunca antes, la hija, se había imaginado que iba a verlas. La mamá no podía hablar, porque le habían hecho un agujero en la garganta para pasarle un tubito, como era obvio, su hija miraba a su madre así y no entendía nada, nunca supo qué eran todos esos tubos, esos cables, y nunca preguntó, hoy en día teniendo 19 años, prefiere ignorar. La pequeña no se acuerda cómo fue cuando la vio, no se acuerda si la abrazó o si le dio un beso, se acuerda que la madre le decía que estaba grande, que le alegraba verla, todo con señas. Malena aguantando las lágrimas, la miraba, le hablaba, le preguntaba cómo estaba, pero hoy en día no se puede acordar que le contestaba, sólo se acuerda de su heroína tirada en una cama sufriendo. Mariana le dijo a su hija que tenía sed, nunca la entendió. En ese momento su hija no aguantaba mas la angustia, pero no quería que su madre la viera llorar, no quería preocuparla, entonces decidió irse, la saludó y en cuanto pasó la puerta de terapia intensiva rompió en llanto, le dolía mucho ver a su madre así, le dolía tener esa imagen de ella, no lo podía aceptar.

Mariana estuvo un mes y medio internada, la parte más dura de la vida de su hija, y creo que de todos los que la rodeaban.

La semana anterior de su final, Malena pedía a gritos ver a su madre, que no estaba bien, estaba en una de sus peores épocas de internación pero la familia no podía hacer nada, su hija la quería ver y no se lo podían negar. Ese día Malena entró a verla, estaba sedada y peor que nunca, en cuanto entró a la habitación rompió en llanto y no pudo quedarse mucho tiempo.

Llegó el día, 6 de junio, a las nueve de la mañana, entra Cecilia a despertar a la pequeña para decirle que su madre estaba muy mal, que se iban todos al hospital, si quería ir con ellos, a lo que recibió como respuesta un no rotundo, se justificó diciendo que no quería volver a ver a su madre así de mal, que prefería quedarse con la imagen de ella riéndose, totalmente bien, que quería tener las esperanzas que desaparecían al entrar al hospital. Su tía, muy enojada, aceptó su decisión y se retiró. Dos horas después, Malena estaba en el living de su casa con su abuelo, que le sonaba el celular. Lo primero que hace su nieta es verlo, ver cómo se largaba a llorar, ver cómo se sentaba en el sillón totalmente destruido, ella no podía creerlo, hasta que se lo dijeron, lo primero que hizo fue negarlo, no podía creer lo que su abuelo le estaba diciendo, se le vino el mundo abajo, su madre, su heroína, su mejor amiga, su alma gemela, su todo, había fallecido. Ahora sí, ahora estaba sola en el mundo, nadie más la entendía mejor que ella ¿Qué iba a pasar ahora? Se tenía que ir a vivir a Buenos Aires con su padre, la iban a alejar de todo, ya se le había ido su madre, ahora iba a perder a sus amigos, a sus tíos del corazón, a la familia que ella había elegido. No lo podía creer. Al rato la pasó a buscar su mejor amiga, se fue a su casa, pero ella no estaba, físicamente estaba, pero lo único que sentía era que su alma se había ido con su madre, ella no quería estar ahí con toda esa gente, no quería enfrentar el velorio, no quería ver a nadie, no quería nada, pero lo tenía que hacer.

Llegó al velorio y lo primero que vio fue a todos sus amigos en la puerta esperándola, todos salieron a abrazarla. Un abrazo de muchas personas, con el cual a la que abrazaban estaba ausente. Sus amigas dicen que ese día estaba como perdida, no sentía nada, no lloraba, no reía, era una persona que estaba ahí porque era su deber. Esa personita, tan chiquitita pero tan fuerte lo primero que hizo fue pedirle a sus amigos que la acompañaran a ver a su madre. Con muy pocos acompañándola, entró, la vio y se acercó, sin llorar, sin mover ni un músculo de la cara. Salió de ese lugar que iba a odiar por el resto de su vida y rompió en llanto, con todos sus amigos acompañándola, que lo que le recomendaron fue irse a dar una vuelta, gran parte de la tarde se la pasaron en el centro paseando. Cuando volvió, tenía que saludar a toda esa gente que había ido a ver a su madre.

Ese día parte de Malena se fue con su madre y nunca más volvió.

Conclusión

Nadie pudo creer lo que le había pasado a Mariana, era una persona fuerte que podía contra todos sus obstáculos, había podido superar todos los “No lo vas a lograr”.

Pero una sola persona no puede contra todo, lo que hace es dejar una marca.

Ella siempre está presente, toda la fortaleza que tuvo, toda su vida la dejó en su hija, en Malena, que la ayudó a seguir adelante.

A pesar de tener sólo 13 años y perder todo su mundo, ella siguió gracias a su madre, a su heroína.


Mi heroína (Primer premio) fue publicado de la página 77 a página79 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº72

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