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Entre fritas y salsas, un misterio en cocinópolis (Segundo premio)

Baracaldo Ramírez, Juan Camilo

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

ISSN: 1668-5229

Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Introducción a la Investigación. Proyectos Ganadores Primer Cuatrimestre 2016 Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita. Proyectos Ganadores Primer

Año XIII, Vol. 75, Septiembre 2016, Buenos Aires, Argentina | 170 páginas

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Introducción 

Al mencionarles un rey y su reino, seguro se imaginarán que esta historia se tratará de un típico relato de amor, sobre una hermosa princesa, en su enorme castillo, un guapo príncipe azul en su radiante caballo blanco y un inmenso bosque encantado lleno de enanitos y animales corriendo, Pero no, este relato tiene su fantasía desde el punto de vista del encanto de la imaginación. Con una reina, un príncipe, un castillo y su pueblo pero no como cualquier otro. 

Este relato que les voy a contar lo tengo guardado en mi memoria desde mis épocas de revolcarme y escabullirme entre la comida y los rincones. Una época extraordinaria donde solía comer queso sin interrupciones ni preocupaciones. “¡Ummm, qué rico, me dio ganas de comer!” Por si no lo han notado todavía, soy una rata. 

Como buen roedor que soy, mi lugar favorito en el mundo es la cocina, en especial esta cocina… Donde los ingredientes, comida y utensilios cobran vida y forman parte de una comunidad. Aquí es donde transcurre mi relato, una historia de búsqueda, investigación y aventura, en donde mi deber era servirles a la reina y su pueblo como pago por el exceso de comida que me brindaban. 

La investigación surge después de un crimen repentino cometido en la familia Real, era necesario encontrar el culpable pronto, antes de que el pueblo cayese bajo el reinado equivocado. Pero déjenme contarles desde el principio…

La magia de cocinopólis 

Es allí en el reino de Cocinópolis donde el pueblo formado por las papas, batatas, calabazas y otras verduras, eran reinados por su majestad la reina Salsa Royal. Una mujer codiciosa, fría, amarga y llena de odio como nunca había visto antes; siempre con intenciones dudosas y borracha por todo su oro de fritas. Como toda reina, era asesorada por su fiel y único amigo la botella de vino noble y elegante: El Sr. Tinto. 

Dentro de lo que era la familia real, formaba parte el sobrino de la reina, el príncipe Mac Salsa. Un gran líder querido por su pueblo que esperaba con ansias ser el gran rey de Cocinópolis el día que finalmente se case con su amada Lady Mayonesa; una princesa de salsa real, hechas de las yemas más puras de la historia de Parrillópolis. 

Cocinópolis estaba custodiada por el imperio de mini salchichitas, siempre estaban firmes y dispuestos a pelear por sus reyes. Listos y atentos a la entrada del palacio Alacena con sus armas de escarbadientes afiladas. 

Un crimen rancio y una reina sin pudor 

Recuerdo una tarde de primavera que estaba rondando por el Palacio Alacena y escuché hablar al Sr. Tinto que le decía a Mac Salsa: “Algún día pasará toda la oscuridad producida por la reina y ese día lograrás todos tus sueños, yo te lo prometo”. Él sonrió y lo miró a los ojos y suspirando le comentó que cuando él fuera el dueño del trono, el pueblo y él tendrían un futuro mejor, podrían dejar los harapos a un lado y ser felices de nuevo, era una promesa de amigos inseparables de infancia. 

Otra tarde me acuerdo ver al príncipe Mac Salsa jugar y disfrutar en los jardines de orégano, frente al Palacio con Lady Mayonesa. Desde un estante la reina Royal los podía observar y murmuraba toda su ira al saber que su reino pasaría en muy poco tiempo a las manos de su sobrino el futuro rey de Cocinópolis. 

La reina Royal tenía la costumbre de impedir que su sobrino Mac Salsa sea el heredero al trono ya que ella buscaba su beneficio propio de cualquier manera. En el pasado existieron momentos donde se encontraba al príncipe enfermo porque una misteriosa persona en el palacio lo había envenenado con canela en polvo. O en una ocasión escandalosa, si bien recuerdo, había rumores de que el príncipe había cambiado sus sentimientos hacia Lady Mayonesa por el Ají Macho. Claramente todos estos fueron intentos fallidos de su Majestad Royal para impedir el triunfo del Príncipe. 

El temor de la Reina eran los rumores que llevaba más de 50 años en el poder absoluto y ya estaba poniéndose rancia y agria, por lo cual el pueblo decidiría arrojarla por el acantilado basurero muy pronto. Su mentalidad codiciosa le hacía desconfiar de todo Cocinópolis. Al único que le comentaba sus planes siniestros era a su fiel Sr Tinto. 

El príncipe Mc Salsa creció con muchos cuidados y afectos, pero siempre la Reina Royal buscó formas de sacar al príncipe del palacio. Mientras más tiempo pasaba mayor era la desesperación de la reina al darse cuenta que su reinado estaba a punto de acabarse, ya que los intentos por deshacerse del príncipe habían fallado. Tantos intentos fracasados habían hecho que la reina se agotara de ideas. 

Cuando el príncipe era tan solo un pequeño sachet fue visto ante los ojos de la reina como una verdadera amenaza a su trono. Él nunca tuvo la oportunidad de estar cerca de su tía, quien siempre fue su única familia ya que los padres del príncipe fueron vaciados hasta la muerte en un gran banquete de hamburguesas y fritas, cuando él tan solamente era un pequeño. Tinto y Mc Salsa siempre habían compartido una amistad muy fuerte. De niños fueron inseparables, como hermanos. Era como su hermano mayor, quien lo cuidaba y lo defendía en todo momento, y hasta jugaban juntos ya que a Mc Salsa se le tenía prohibido compartir con otros niños del pueblo por su propia protección. 

Fue en el alba de una mañana ventosa de otoño, que me encontré al cuerpo del Príncipe Mc Salsa agonizando a un lado del basurero, frente al acantilado mesón. Imaginé que alguien le había hurtado su Tapa Corona Real. Sus ojos estaban casi cerrados, estaban segados, su envase muy aplastado, parecía como si le hubieran hecho algo grave. Rápidamente le pregunté si él me reconocía y si recordaba lo sucedido. Pero no supo contestarme, se tomó unos segundos para reaccionar y pensar si recordaba algo. 

Mc Salsa: “¿Qué pasó?, ¿Por qué estoy aquí?” 

Ese fue el momento en que me di cuenta y supe que el príncipe estaba desvanecido y requería ayuda inmediata, mucho de su contenido tomatazo se había vertido sobre los azulejos. Rápidamente traté de cargarlo sobre mi lomo y llevarlo al palacio donde podía ser asistido. 

Una vez allí que reaccionó y pudo dedicar tiempo a pensar sobre los hechos, el príncipe pudo notar que su Tapa Corona Real había sido usurpada: 

Mc Salsa: “¡Oh no! ¿Por qué estoy tan adolorido?... ¿Dónde se encuentra mi Tapacorona?

” Lady Mayonesa rápidamente entró en la habitación al escuchar lo ocurrido, trató de hablar con su amado príncipe para poder confortarlo después de semejante tragedia. Pero sin importar cuánto amor y afecto de su blando y cremoso corazón le entregaba al rey, no hubo forma de poder fortalecer a este príncipe desmoralizado. 

Furiosamente exclamó a los cielos que llegaría al fondo de este crimen contra la corona y el futuro de Cocinópolis. Las malas conductas de la reina hacia el príncipe en el pasado, dejaban a la idea de que ella podría ser la gran sospechosa del crimen.

Recogiendo los rastros de salsa 

Fue entonces cuando recurrieron a mis servicios. Era un tema delicado que necesitaba seriamente ser resuelto lo más rápido posible. Los problemas reales siempre fueron de suma importancia, pero este ya requería tomar medidas drásticas. Debía pensar cuidadosamente todos mis movimientos, ser ágil, cauteloso y eficaz.

Lo primero que debía hacer era identificar pistas que argumenten mis teorías, para ello necesitaba ir a la escena del crimen, en este caso a la alcoba del príncipe, el estante real del palacio. Lo primero que se resaltaba era el caos. 

Era evidente que hubo mucho movimiento por parte de la víctima y el sospechoso, lo primero que se me ocurrió fue que el príncipe intentó salvarse como pudo. Lo segundo que se destacaba era el importante color rojo de la salsa del príncipe, que cubría la alcoba. Por un segundo se me ocurrió que tal vez la salsa derramada podía no ser puramente del príncipe, ya que noté que por algunas esquinas sobresaltaba un color rojo bordó. Evidente que era la salsa de alguien más viejo, alguien más rancio y más seco. Fue entonces cuando mis sospechas sobra la reina Royal se intensificaron. Pero aún no estaba seguro. Como buen investigador debía ser más observador y seguir identificando pistas. 

Por último descubrí que la salsa derramada simulaba una especie de dibujo sobre el suelo de la alcoba. A la orilla del estante, se notaba una forma extraña. La miré detenidamente por un rato. Estaba totalmente confundido con aquella forma, hasta que recordé y entendí que estaba tratando con objetos, no animales. Por lo tanto no dejarían rastro de huellas, sino las marcas de sus bases; y eso es lo que era. Ya todo era más claro y se podía notar detalladamente los bordes que todos los frascos de Cocinópolis llevaban. 

No había duda, mi siguiente paso era interrogar a los presuntos sospechosos del crimen. 

Por más dulce y delicada que fuera su alteza Lady Mayonesa, no dejaba de ser una sospechosa principal. Era ella la que compartía la alcoba con la víctima y solía estar al tanto de todos los movimientos de su amado, el príncipe. Pero curiosamente esa noche parecía no haber estado allí. Por lo tanto decidí hacerle una visita. La encontré reposando en uno de los jardines reales descansando después de tanta angustia. Luego de una dulce charla de incentivación, comencé a interrogarla: “¿Escuchaste algún ruido extraño anoche?” 

Lady Mayonesa me respondió de manera triste y sensible: “La verdad es que no. Sé que seguro piensas que es extraño que no me haya enterado de nada anoche, pero la realidad es que hace días cargo con una presión muy fuerte que ya se me sale de las manos. Su majestad Royal ha estado persiguiéndome para explicarme lo difícil que es ser parte de la familia real y la importancia del puesto que pronto asumiré. Por lo tanto al llegar la noche necesité venir aquí a mis jardines para pensar. Tal como lo estoy haciendo ahora. Mis jardines son lo más importante para mí, luego de mi amado es el fresco aroma del orégano que me calma y ayuda a aclarar mi mente”. 

Yo le respondí muy compresivo: “Se entiende lo difícil que debe ser estar a punto de asumir un cargo tan importante. Más cuando el futuro de Cocinópolis está en juego. Pero no le puedo negar que usted sigue siendo una sospechosa ya que nadie la vio entrar anoche a su jardín, ni tampoco hay pruebas que confirmen lo que usted dice”. 

Lady Mayonesa entendió por completo mi argumento y explicó que no había más nada para decir por su parte. Sólo que por favor le avisara si había algo en que ella pueda ayudar para concurrir con la investigación. 

Mi siguiente paso sería volver al palacio para interrogar a su majestad. Para mi sorpresa cuando llegue allí fui detenido por su mayordomo el Sr. Tinto quien me impidió pasar por el pasillo real para finalmente llegar a la alcoba de la reina. Sr Tinto: “¿A dónde cree que va usted?” 

Yo le respondí sorprendido por su pregunta: “¿No es obvio? Me dirijo hacia la alcoba de su majestad. Por más salsa real que tenga, debe ser interrogada como el resto de los sospechosos”. 

 El Sr. Tinto respondió muy sarcásticamente: “¡Jaaa! La reina no debería ser molestada después de todo lo que hizo por el pueblo. Ella legalmente es la auténtica tutora del príncipe y no se merece ser considerada sospechosa. Además. Las únicas personas que tienen acceso al pasillo que conduce a la alcoba del príncipe son los sirvientes. Por lo tanto su majestad no debería ser cuestionada. Pero si realmente tiene la necesidad de molestarla, siga su camino. Sólo le advierto que se llenará de desilusión y culpa por haberle quitado su valioso tiempo”. Desconcertado por la antipática respuesta del mayordomo, seguí mi rumbo. Las palabras de aquel vino rondaban en mi mente. 

Al entrar educadamente a la habitación de su majestad, noté el dolor de lo que había sucedido con su sobrino, no habitaba en su alma. La noté preocupada por el conteo de sus amadas fritas. Totalmente poseída por su codicia. Pero tuve que controlar mi mente y mis ojos para concentrarme en el crimen. Le pedí formalmente que me dedicara algo de tiempo para colaborar con la conclusión del crimen. Después de insultarme por haberla interrumpido y por atreverme a desconfiar en ella, fue que accedió a una interrogación: 

“¿Dónde se encontraba usted la noche del crimen?” 

La reina muy molesta respondió: “Obviamente estaba reposando en mi trono con mis fritas, como corresponde”. 

“¿Pero no notó o escuchó nada raro que le llamará la atención?

” Reina: “¡Por supuesto que no! Cuando una reina se concentra en su riqueza, no debe ser molestada ni distraída. Sin importar qué. Debo seguir con el conteo de mi oro, perdón, el oro del pueblo, por supuesto. 

Indignado por su respuesta le dije: “Usted siempre preocupada, siempre atenta y amorosa pero no con su pueblo, sino con su grasoso oro. Cuando se descubra al culpable, no quedará nada de ello y usted estará nada más que acompañada por su soledad”. 

Enojado y lleno de ira luego de mis palabras, me retiré y seguí mi camino. 

Destapando el culpable 

La salsa del príncipe se secaba, el futuro de Cocinópolis se quemaba y mi tolerancia se acababa. Ya casi no había tiempo debía, descifrar este misterio y encontrar al culpable junto con la Tapa Corona rápidamente. 

Decidí andar por el palacio. Necesitaba repasar mis pistas y pensar detalladamente en todo lo que había visto y hablado. Caminé de nuevo por la alcoba del príncipe, los pasillos, y por último por la cocina donde la servidumbre trabajaba. La mayoría de ellos eran uvas muy obedientes y colaboradoras. Todos cumpliendo órdenes de su dueño, fieles a la corona y al futuro de su amado pueblo. 

Fue entonces cuando luego de pasar unas horas con ellos, ¡comprendí! Logré unir los lazos y armar el rompecabezas que descifraba el misterio del crimen. Ya todo era claro, todo era obvio y coincidía perfectamente. Era un culpable mucho más perverso e ingenioso de lo que había imaginado. Pero no podía gritarlo, debía ser muy cuidadoso y no dejar rastro de mi descubrimiento ya que sino yo sería la próxima víctima.

Rápida y silenciosamente me dirigí hacia el jardín de Lady Mayonesa donde su amado reposaba. El príncipe ya estaba casi vacío y crecía de energía. Pero en cuanto le revelé lo que había descubierto se llenó de coraje y valentía. No dudó en poner sus últimas fuerzas en levantarse y llamar enseguida a su tropa de mini salchichitas para que nos acompañaran a la alcoba de su alteza real de la reina Royal. 

La tropa firme con sus escarba dientes afilados, derrumbó la puerta principal de la alcoba de su majestad, y se ubicó rápidamente alrededor del cuarto, especialmente cubriendo las salidas para que el acusado no escapara. 

La reina furiosa grito: “¡¿Qué es esto?! ¡¿Qué está sucediendo aquí?! ¡¿Quién se creen que son para invadir la alcoba de su reina?! ¡Contesten!”

Antes que alguien pudiera responder, el príncipe y su amada ingresaron a atrás de mí a la alcoba y dijo… 

Príncipe: “¡Cállate tía! Esta vez no estamos aquí por tu causa. Me encantaría declararte culpable y llevarte al basurero donde perteneces”. 

Reina molesta: “Entonces, ¿qué hacen aquí?, ¿por qué me molestan? ¡Yo soy inocente!”. 

Príncipe: “Así es tía, venimos en búsqueda de él. Tu mayordomo”. 

El príncipe señaló al Sr. Tinto y los guardias rápidamente lo esposaron. 

Sr. Tinto: “¡Suéltenme! ¡Cometen un error! ¡No tienen pruebas de nada!”. 

Luego yo interferí: “Estas equivocado botella. Tengo muchas pruebas contra ti. Incluso tu solo te has delatado. 

Sr. Tinto: “¿De qué hablas?, ¡Estas delirando!” 

Yo expliqué: “Todas mis sospechas conducían a la reina. Ella era la culpable en mi mente desde un principio. Pero luego comprendí ¿Quién fue siempre el pobre iluso que estaba bajo la sombra del príncipe? ¿Quién fue obligado a ser amigo de su majestad sin tener la posibilidad de disfrutar de los mismos beneficios? ¿Y quién sería el futuro heredero al trono si la reina desaparecía? Desde ya que la única persona de la servidumbre que tiene acceso a los pasillos del palacio, el más confiado amigo de su majestad y el príncipe, y por último el más descuidado criminal. Tus huellas te delataron. Las bases marcadas en el piso de la habitación del príncipe, coinciden claramente con tu base gastada y arruinada. El color bordo por los rincones no era de la reina, sino de la mezcla de la salsa del príncipe con el rancio y viejo vino de tu botella. Todo fue claro cuando noté que las uvas sólo obedecían órdenes de su due- ño, el vino. Ni ellas poseían el acceso que sólo tu posees”. 

La reina ya no encontraba palabras para poner en su boca y su expresión la delataba. Totalmente desconcertada y confundida por el comportamiento de su único amigo. 

Sr. Tinto: “Ustedes no comprenden. No saben lo difícil que es ocupar mi puesto soportando ver cómo todos ustedes se revuelcan en su oro y su fama mientras yo me mantengo al margen para observar. Pude haberlo tenido todo. Pude haber sido rico y finalmente feliz si no fuese por ustedes”. 

Mientras el Sr. Tinto se justificaba, yo me sentía deslumbrado por un reflejo que salía de entre las fritas. Me acerqué y pude ver claramente. Era la Tapa Corona Real. La tomé con cuidado y se la coloqué al príncipe para que finalizara su sufrimiento. Reina Royal: “¡Juro!, no sabía que se encontraba allí. Reviso mi oro a diario y nunca hubo rastro de la corona”. 

Yo le expliqué: “Usted será codiciosa y resentida pero no está mintiendo en lo que dice. Estuvo corriendo mucho peligro esta noche ya que el culpable estaba a punto de concluir con el final de su plan y su último delito. Sólo le quedaba deshacerse de usted para triunfar”. 

Príncipe: “¡Guardias! Llévenselo directo al basurero y asegú- rense que nunca salga este traidor de allí. 

Las mini salchichitas siguieron las órdenes del príncipe, y la alcoba de la reina volvía a estar vacía. El príncipe me agradeció y me aclaró que me pagaría con todo el queso que Cocinópolis había prometido. Y que aquel pueblo estaría eternamente agradecido conmigo por brindarles mi sabiduría y conocimiento de detective. 

Yo exclame: “¡No hay de que! Ahora todo ha vuelta a la normalidad. Usted príncipe Mc Salsa podrá pronto ceder al trono del cual tanto pertenece con su amada mayonesa y Cocinó- polis quedará bajo buenas manos”. 

El príncipe observó la tristeza de su tía la reina. Se encontraba sola y desdichada junto a sus fritas. Nunca la había visto en ese estado. El príncipe guardó silencio y luego de unos minutos dijo: 

“El futuro de Cocinópolis quedará siempre en buenas manos. Yo siempre estaré presente y prometo serle fiel al pueblo como él lo ha sido conmigo. Pero no subiré al trono real”. 

Asombrados por las palabras del príncipe, la reina, Lady Mayonesa y yo aguardábamos una explicación. 

El príncipe continuó: “Mi tía no es una buena persona ni es querida por su pueblo, pero cuida bien su riqueza. Ella está sola en esta vida y su único consuelo son sus fritas. No es algo que yo le sacaré después de encerrar a su único amigo. Y en cuanto a mí, no necesito del trono para ser querido y ocuparme de mi gente. No escaparé de mis deberes, no defraudaré a mi pueblo y me casaré con mi amada sin compromiso ni obligación de cumplir un puesto real”. 

El príncipe habló con sabiduría. Había tomado la decisión correcta para él y para su pueblo. Fue entonces cuando supe que Cocinópolis tendría un futuro mágico y prospero. Al igual que el príncipe y su nueva princesa con su recién nacido hijo Salsa Golf Junior. Por otro lado la reina logró deshacerse del temor que la perturbaba por tantos años. El miedo de perder su trono y sus fritas grasientas. Su majestad siguió siendo rica pero se quedó sola y vacía por dentro. Tal como le había advertido la vez que la interrogué en su alcoba. 

Esta es una historia mágica por la riqueza de los objetos y comida que tuve el honor de conocer. Personajes llenos de amor que me han enseñado a observar e interpretar la vida de una manera diferente. Personajes que me han alimentado y me han abierto las puertas de su amistad. Por eso siempre que esté entre fritas y salsas, pensaré en ellos.


Entre fritas y salsas, un misterio en cocinópolis (Segundo premio) fue publicado de la página 133 a página136 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

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