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La influencia de la subversión compositiva escénica de Pina Bausch en la escena contemporánea

Burgueño, Loreto; León, Claudia; Pol, María Gabriela

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXI

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXI

ISSN: 1668-1673

Tercera Edición Congreso Tendencias Escénicas [Presente y futuro del Espectáculo] XXV Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación

Año XVIII, Vol. 31, Agosto 2017, Buenos Aires, Argentina | 252 páginas

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Resumen:

El arte, con el paso del tiempo, se ha convertido en un elemento versátil, donde la forma y el contenido han logrado fraccionarse para alcanzar diferentes herramientas de trabajo que han servido a la creación dentro de las artes escénicas. Por ello, en el siguiente documento se hablará sobre la importancia del legado artístico compositivo que dejó la bailarina y coreógrafa Pina Bausch para el arte escénico, quien se vio influenciada por el proceso de la modernidad para más tarde abrir la posibilidad de concebir a la danza no solamente como un ejercicio de movimiento (modernidad), sino que se permitió también crear desde otra óptica. Surge entonces una nueva mirada hacia la danza, conocida como “danza-teatro”, gracias a la subversión que Pina Bausch aportó al mundo del arte escénico. 

Palabras clave: modernidad - arte contemporáneo - puesta en escena - movimiento moderno

Introducción 

Actualmente, el arte contemporáneo, en especial la danza, se encuentra en un estado que no se corresponde con un proceso específico sino que está en constante construcción. Esta nueva forma de manifestar la danza se debe en gran medida a las distintas propuestas planteadas por figuras que, a lo largo de la historia, han producido una deconstrucción de los valores estéticos para la creación de nuevos horizontes en el mundo artístico. Es aquí donde entra en juego la figura de Pina Bausch, a quien se la considera una artista que replantea la forma de hacer danza. La subversión que ella genera dentro la danza moderna en la década de los años 60 ha sido un gran aporte para que, en el presente, la danza sea percibida de otra manera.

Una mirada retrospectiva 

El hombre siempre ha buscado maneras de expresarse; es así que ha podido llegar a comunicarse y reflexionar sobre los acontecimientos que lo rodean. De esta forma se ha permitido que surjan varias manifestaciones artísticas que se han ligado al ser humano desde sus inicios; una de ellas es la danza, que ha sido parte de la vida del hombre como una extensión de su cuerpo y su mente. En realidad, el mundo dancístico ha atravesado por varios recorridos, los mismos que le han permitido llegar al punto en el cual se encuentra hoy en día. Por ello, para comprender el estado actual de la danza, comenzaremos con una breve mirada retrospectiva respecto de cómo su práctica y concepto se ha ido modificando con el paso del tiempo. 

En sus inicios, la danza fue utilizada dentro de rituales de diferentes culturas en todo el mundo; ha sido, es y será una actividad que se desarrolla conjuntamente con cada civilización: su progreso depende del dinamismo cultural en el que se encuentra. Es así que las primeras manifestaciones de danza surgen a la par de la evolución del hombre. 

La danza, antes de ascender a un escenario y convertirse en un género artístico-teatral, fue movimiento bailado, desborde emotivo, manifestación desordenada de temores y afectos que, con el tiempo, se transformó en conjuro mágico, rito, ceremonia, celebración popular o simple diversión. En la antigua Grecia y, más tarde, en Roma, esta actividad formó parte de la dialéctica cotidiana de las culturas, en donde los individuos consideraban que era un momento para expresar los distintos elementos que daban vida a la sociedad a la que pertenecían. Así se fue consolidando un lenguaje que representaba a la vida en su totalidad. Dentro de los primeros desenvolvimientos nacieron géneros como el mimodrama, imitación que tenía la intención de representar a la muerte y resurrección de la naturaleza. 

Se puede considerar que la danza primitiva procedente de Grecia era una forma de expresión que surgía de la necesidad del ser humano de comunicarse y relacionarse con el medio en el que habitaba, pero no un espacio en el cual se exigía seguir pasos exactos y preestablecidos. Se producía de manera natural y significativa ante la experiencia vital del hombre. 

Mayra Aguirre y Susana Mariño (1994) sostienen que la danza es como cualquier arte, producto de la actividad humana sobrevivencia y búsqueda de placer estético. Su origen, como todo en la sociedad, es cultural. La historia de la civilización es la historia de la trayectoria del hombre desde un estado casi animal hasta el de las sociedades refinadas, el cultivo de las artes, la asimilación de los valores y el uso de la razón. El arte ha sido una suerte de ayuda mágica para examinar un mundo real inexplorado. En la magia se fusionaron la religión, la técnica y el arte. La magia está aún en el sentimiento, en la sugestión, y estimula a la acción a través del enfrentamiento del hombre con el entorno natural y social. 

En la Edad Media europea, la danza estableció conexión con actividades tanto populares como elitistas. Podía encontrarse una gran variedad de danzas que pertenecían a distintos pueblos. Existían danzas folclóricas y de salón que se desarrollaban dentro y fuera de las cortes. Al comienzo, eran realizadas por aficionados, pero luego nació el papel del bailarín, quien realizaba sus danzas en distintos entornos. La danza en esta época, sin duda, estaba ligada a la religión, al culto; de hecho, los obispos intervenían su organización. También existían danzas protagonizadas por mujeres que representaban la fertilidad. La visión medieval de este arte la introdujo en un campo más profesional, que dio pie al pensamiento del Renacimiento y de la Modernidad. 

Tras el Renacimiento, época de grandes avances cientí- ficos, políticos y artísticos, la danza se vio bajo el dominio de un nuevo momento histórico conocido hoy como Modernidad, una etapa influenciada y marcada por la superioridad de la razón ante los estímulos sensoriales. Susana Tambutti (2009) nos recuerda que el origen de esa concepción está en el pensamiento del filósofo y matemático René Descartes; el cartesianismo, derivado de éste, propone la anulación de los sentidos bajo la premisa de que éstos no son confiables. 

En este periodo surgió un nuevo planteamiento acerca de la danza: se comenzó exigir para ésta estudio y rigurosidad, al igual que en otras disciplinas. Se buscaba entonces construir una metodología corpórea, en donde la forma tomara el poder sobre los cuerpos de los bailarines y coreógrafos. La creación de esta nueva metodología dancística permitió la consolidación de la técnica clásica.

Ruptura del Pensamiento Moderno 

Tambutti (ibídem) también señala que el cuerpo se convirtió en un instrumento mecanizado, asociándolo a la imagen de un robot. Dicho instrumento robotizado sirvió para construir una metodología y dar una forma doctrinal que debía ser asumida en las siluetas de los bailarines. El cuerpo se convirtió en un espacio donde algunas de las cualidades que nos vuelven humanos desaparecieron. Por lo tanto, se transformó en un lugar ajeno, dominado por la coherencia, eficacia y rapidez del movimiento; la belleza única y la perfección se impusieron en el discurso. Se dispuso un orden que alejaba el cuerpo de las pasiones. Dicho cuerpo se fundó en verdades establecidas, convirtiéndose en un cuerpo invariable, único y cosificado. En suma: se generó un vocabulario que mecanizaba y automatizaba los movimientos para, de esta manera, instituirse como una lengua universal. La razón ordenaba al cuerpo liberándolo de cualquier tipo de instintos. 

La primacía de la racionalidad hizo que los aspectos emotivos de los intérpretes quedaran anulados, pues se consideraba que éstos interferían en el actuar del ser humano. Desde esta perspectiva, se pretendía lograr universalizar una misma metodología de aprendizaje de la danza mediante la llamada “técnica clásica”. Con esta idea de homogenización, el mundo podría llegar a un estado de exactitud, aceptación, veracidad y conformismo; una restricción que debía ser fomentada en todas las escuelas para que Occidente se rigiera por una verdad única, que fuese verificable y fiable ante la mirada de todos. La mencionada autora afirma que, como resultado a esta nueva percepción propia de una era científica, el cuerpo perdió naturalidad, trasladándose a un estado de dominio absoluto. Fue tomado como un objeto al servicio de la razón, que debía estar preparado y moldeado perfectamente para que la técnica pudiera ejercerse con rapidez, elegancia y control, permitiendo así lograr un desenvolvimiento en la escena que justificara la estética propuesta. La idea central era que jamás se dejase entrever el esfuerzo en el momento de ejecutar la técnica, con el objetivo de lograr la apariencia de un cuerpo etéreo. La danza de la modernidad se vio, por lo tanto, afectada por ese contexto histórico-ideológico, en el que la razón y la forma predominaban ante los estímulos y sensibilidades corporales. Algunos pensadores posteriores han coincidido con esta teoría; por ejemplo, Nietzsche (en Zpeke, 2014), a fines del siglo XIX, sostenía que la modernidad no había terminado, ya que ésta se define como la libertad que posee la razón para ir más allá de sus límites, y lo hace mediante la fuerza de lo racional, instalándose así en el poder. De esta manera, el arte pasa a ser parte de un juego de dominación, al ser considerado un instrumento que está al servicio de la razón y del poder. La llegada de la posmodernidad será vista como una amenaza a este orden establecido dentro del marco político, social y artístico (ibídem). 

Volviendo a Tambutti, ésta recorre el panorama dancístico en los siglos XIX y XX, dividiéndolo en tres momentos importantes que permitieron que la danza tomara otra dirección. El primer momento surgió con la aparición de la bailarina Isadora Duncan, quien se enfrentó a la tradicional manera de bailar (técnica clá- sica) abandonando las zapatillas de ballet. El segundo momento se inició con Martha Graham, quien planteó una nueva forma de mirar el arte. En los años sesenta del siglo XX comenzó el tercer momento en la historia de la danza, cuando figuras como Yvonne Rainer, Anna Halprim, Shasa Waltz y Pina Bausch (en quien nos concentraremos luego) convirtieron a la danza en algo más que una serie de reglas a seguir, regresando la mirada al cuerpo y brindándole la posibilidad de que éste sea el creador, utilizando además combinaciones de diversos lenguajes artísticos.

Según la misma autora, la danza corre el riesgo de disolverse si se limita a contemplarse narcisísticamente a sí misma. Para ella, la danza contemporánea ha encontrado una renovadora vertiente abstracta y expresionista, ampliando así sus fronteras, dejando de ser un género teatral diferenciado para constituirse en una manifestación más de los procesos de hibridación propios de la sensibilidad postmoderna. Afirma que las fronteras entre teatro, plástica, danza y literatura se difuminan en un espejo que le devuelve su imagen ampliada y, hasta cierto punto, deformada, de sus propios orígenes, siendo y no siendo ballet, siendo y no siendo teatro, plástica, danza literatura e incluso filosofía. 

El arte en todas sus áreas (artes visuales, música, dise- ño, danza, teatro, etc.) ha evolucionado y sufrido una transformación a lo largo del tiempo. El arte contemporáneo, en especial la danza, se encuentra en un estado que no permite definirlo como un proceso específico, sino que está en constante construcción. Esta nueva forma de manifestar la danza se debe, en gran medida, a las distintas propuestas planteadas por figuras que, a lo largo de la historia, han producido una deconstrucción de los valores estéticos para la creación de nuevos horizontes en el mundo artístico. Esto justifica que Pina Bausch sea considerada una coreógrafa que cambió la forma de concebir la danza en la década de los años 60, ya que produjo una subversión en la danza moderna, y ese aporte llega a nuestros días.

La visión del arte en la actualidad 

“La ambición declarada del arte-acción es dejar atrás tanto el arte-objeto simbólico-patrimonial como la obra de arte atesorable y comercializable para unir el arte a la vida”. 

Con la aparición de nuevas propuestas artísticas, el concepto habitual de la modernidad se vio trastornado en primera instancia con la instalación. Considerándolo como un lugar que se halla en constante cambio, al cual no se le permite ser específico y de alguna manera se asemeja a la variabilidad emotiva y sensitiva a la que estamos expuestos los seres humanos, de esta manera la instalación se convierte en un espacio que se parece a la vida. 

Al dirigir la mirada hacia el cuerpo, se empieza a romper con las estructuras modernas, las cuales se regían en una metodología establecida y una filosofía como en el caso de Descartes. El cuerpo empieza a ser una fuente de estudio y se lo concibe como un elemento misterioso que plantea ser redescubierto. Es por ello que, a la danza se la comienza a percibir no solamente con la idea de movimiento, sino que internamente requiere de más elementos, como la energía y la expresión para su desenvolvimiento en las nuevas propuestas escénicas. 

La instalación ha golpeado en las representaciones artísticas tradicionales y modernas a nivel de paradigma y categorización del arte. Con ella, la esencialidad del arte occidental, en muchos de sus fundamentos, ha entrado en conmoción, tanto así que: la concepción del espacio, del espectador, del museo, del yo creador, de la expresión subjetiva, de lo sublime, de lo bello, de la permanencia artística, del aura original y del mercado del arte se estremecen ante la presencia de este arte del acontecimiento espacial. 

La danza hoy en día se centra en ciertos parámetros que le permiten la creación de otro tipo de discurso: en primer lugar, la filtración del impulso teórico sobre el cuerpo en la teoría y en la práctica de la danza; en segundo lugar, la apropiación por la danza de técnicas somáticas que modifican el entrenamiento del bailarín y, en consecuencia, la escritura coreográfica; en tercer lugar, en el terreno del diálogo de la danza con otras artes, subrayamos la retroalimentación con estéticas que se articulan en torno a la presencia y la definición del cuerpo y, por último, identificamos un significativo y paradójico debate entre el cuerpo y el movimiento como objetos de la danza. 

En toda esta evolución de pensamiento y de técnicas aparece la figura de Pina Bausch, quien para su creación artística va más allá de utilizar a la danza y al cuerpo como elementos que siguen un único estilo de danza. Ella se centra en trabajar con lo que les acontece a sus intérpretes y de quebrar la estructura aristotélica de las obras. Lo que es importante para el trabajo de Pina son la experiencias de sus bailarines, las imágenes que pueden aparecer a partir de las acciones, los textos y la sonoridad, compendios que han logrado trasformar a las danza en un lenguaje único y esencial para las escenas del arte vivo, y que hoy es considerado como la danzateatro en Europa

Una danza diferente: El cuerpo que escribe 

Las ideas de nuestras creaciones artísticas, yacieron a partir de nuestras experiencias y vivencias propias, involucrando los sentidos y las emociones. Dentro de cada obra tratamos de plasmar una pisca de nuestras vidas, de nuestro interior, de nuestro ser, porque no buscamos el perfeccionismo de la técnica, mucho menos el virtuosismo como tal y la narrativa no busca ser aristotélica. Utilizamos gestos y comportamientos cotidianos, así como la escenografía es diversa e innovadora porque se relaciona directamente con nuestro entorno cultural, la representación a la que damos lugar no siempre es en una sala o teatro. Es por ello que nos identificamos con las obras de la famosa coreógrafa bailarina y directora Pina Bausch, donde recicla y reintegra en composiciones llenas de originalidad, ternura, irónica crueldad y, sobre todo, de una viva y cruda humanidad. 

Nosotras retornamos de manera constante al trabajo de Pina, como un referente muy importante, ya que ahí se ven reflejados todos estos parámetros contemporáneos que ya hemos mencionado anteriormente, porque la composición escénica de Bausch nos permite identificarnos como si tuviésemos un espejo en el cual nos observamos, y vemos nuestro ser con naturalidad. Sus obras para nosotras resultan encarnar las pasiones humanas que nos rodean cotidianamente y no anulan los instintos de los seres humanos; dicho elemento compositivo se ve reflejado en la obra Café Müller, en donde encontramos a los diversos seres que tratan de sobrevivir en un mundo que se ha quedado devastado por la guerra y de ello derivan otros temas como el desamor, el dolor y la soledad. 

La influencia de la subversión compositiva escénica de Pina Bausch en la escena contemporánea, se manifiesta en el pensamiento de la contemporaneidad, donde se concibe al arte como un proceso que no se lo llega a concluir, que siempre puede encontrar otra dirección por donde volver a empezar. También en el hecho de que permite al intérprete y al creador tomar otra postura dentro del desarrollo creativo de las obras, eliminando la jerarquía a modo de dominación y se la reemplaza por una relación entre el director y el intérprete. De tal manera el bailarín comienza a tomar un lugar y empieza a ser propositivo en su trabajo, no tiene únicamente el papel de cumplir con el rol de ejecutor ya que se enfrenta a un proceso investigativo del cual es parte con su cuerpo, su mente y sus emociones. 

Por ende podemos decir que a partir de la propuesta metodológica de Pina el paisaje dancístico hoy en día tiene una nueva mirada que ha transformado la visión de la danza. Estamos en la época de la llamada danza contemporánea, en donde el deber del artista es también observar los puntos de quiebre que la sociedad tiene para crear a través de ellos. Con esto se dice que el arte contemporáneo se encuentra en un estado en el cual hasta el momento no ha logrado generar un arquetipo que lo conceptualice, ya no tiene intención de ser formalizado. La contemporaneidad es el arte de la construcción. Como decía Giorgo Agamben:

La contemporaneidad es esa relación singular con el propio tiempo, que se adhiere a él pero, a la vez, toma distancia de éste; más específicamente, ella es esa relación con el tiempo que se adhiere a él a través de un desfase y un anacronismo. Aquellos que coinciden completamente con la época, que concuerdan en cualquier punto con ella, no son contemporáneos pues, justamente por ello, no logran verla, no pueden mantener fija la mirada sobre ella.

Ser un individuo contemporáneo dentro de las artes, es el poder agudizar los sentidos en todo lo que rodea. Ser contemporáneo es tomar en cuenta y estar consciente del medio en el que se habita, es utilizar el lado oscuro y profundo, el lado que no está a la vista de todos. 

Desde la época del modernismo el arte ha ido cambiando su dinámica al punto de liberarse, ya no sigue una forma que lo encasille. La manera contemporánea es una apertura a la posibilidad de crear en base a nuevas estrategias que el autor de la obra va construyendo y que va formando una metodología de trabajo. En el ámbito de la danza, la idea del cuerpo no se limita y permite que él sea el transmisor de un discurso que surge en base a la exploración e investigación del intérprete. El arte contemporáneo debe hacer visible lo invisible, dejar que los sentidos se apoderen del ser que habita en nosotros y de encontrar en ello verdades que no tienen fin, que simplemente acompañan al desarrollo del mundo y que es preciso mostrarlas para que el arte pueda compartir un contenido.

Referentes bibliográficos: 

Agamben, G. (1 de 12 de 2008). Salonkritik. Recuperado el 05 de 05 de 2016, de http://salonkritik.net/08- 09/2008/12/que_es_lo_contemporaneo_giorgi.php 

Aguirre, M., & Mariño, S. (1994). danzahistoria. Quito: SINAB. 

Alarcón Dávila, M. (2015). La espacialidad del tiempo: temporalidad y corporalidad en danza. Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, 37 (106), 113- 147 

Brozas Polo, M. P. (2013). El cuerpo en la evolución de la escritura de la danza contemporánea. movimiento, 19 (3) 275-294 Fajardo Fajardo, C. (2010). Nuevas represenatciones artísticas, otros receptores. Aisthesis, (47), 284-295 

Molina García, É. (2013). Fingir que se finge: lecturas de la danza más acá del escenario. Revista de filosofía, 69, 183-194 Michell, J. (2010). Hipótesis para un arte posthistórico; Acto performativo, flujo y sentido. Observaciones Filosóficas. Disponible en: http://www.observacionesfilosoficas.net/hipotesisparaunarte.html 

Rodríguez, A. (2008). ¿Qué es el cuerpo? Quito: Las estéticas del cuerpo. 

Tambutti, S. (2009). Teoría General de la Danza. 20. 

Vásquez Rocca, A. (2006). Pina Bausch; Danza Abstracta y Psicodrama Analítico. Heterogénesis. Revista de arte contemporáneo, 50-55. Disponible en: http:// www.margencero.com/articulos/articulos3/bausch. htm 

Zepke, S, & Zuleta Pardo, M. (2014). Foucault y el arte: del modernismo a la biopolítica. Nómadas, (40), 101-113

Abstract: Over time, art has become a versatile element, where shapes and contents have managed to split in order to obtain different tools that have served to the creation of preforming arts. Therefore, in the following document, the importance of the composite artistic legacy, which left the dancer and choreographer Pina Bausch for the preforming arts, will be explained. She was influenced by the process of modernity, so she could open the possibility of conceiving dance not only as a movement exercise (modernity), but it allowed to create another point of view. Then a new look towards the dance arose, commonly known as “theater- dance” all thanks to Pina Busch who contributed to the world of preforming arts. 

Key words: modernity - contemporary art - staging - modern movement 

Resumo: A arte com o passo do tempo converteu-se num elemento versátil, onde a forma e o conteúdo têm conseguido fraccionarse para atingir diferentes ferramentas de trabalho que têm servido à criação, dentro das artes escénicas. Por isso no seguinte documento, desenvolver-se-á a importância do legado artístico compositivo, que deixou a bailarina e coreógrafa Pina Bausch para a arte escénico, quem se viu influenciada pelo processo da modernidad para mais tarde abrir a possibilidade de conceber a dança-a não somente como um exercício de movimento (modernidad), se não que se permitiu criar desde outra óptica. Surge então uma nova mirada para dança-a, mais conhecida como teatro graças à subversión que Pina Bausch contribuiu no mundo da arte escénico. 

Palavras chave: modernidade - arte contemporânea - posta em cena - movimento moderno

(*) Loreto Burgueño. Actriz y Lic. en Artes Escénicas por la Universidad Mayor, Chile. (2013) Magister en Artes por la Universidad de Cuenca, Ecuador. (2013). Profesora en la Universidad de Cuenca, Ecuador. Directora teatral. 

(**) Claudia León. Escuela de Danza/Teatro, Facultad de Artes de la Universidad de Cuenca. Actualmente forma parte del colectivo Garagatos. 

(***) María Gabriela Polo. Escuela de Danza/Teatro, Facultad de Artes de la Universidad de Cuenca. Academia de Ballet Clara Donoso. 


La influencia de la subversión compositiva escénica de Pina Bausch en la escena contemporánea fue publicado de la página 99 a página103 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXXI

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