1. Diseño y Comunicación >
  2. Publicaciones DC >
  3. Actas de Diseño Nº26 >
  4. Enseñar, proyectar, habitar. La utopía de proyectar el hábitat

Enseñar, proyectar, habitar. La utopía de proyectar el hábitat

Marchisio, Mariela

Actas de Diseño Nº26

Actas de Diseño Nº26

ISSN: 1850-2032

XIV Encuentro Latinoamericano de Diseño “Diseño en Palermo” X Congreso Latinoamericano de Enseñanza del Diseño

Año XIV, Vol. 26, Julio 2019, Buenos Aires, Argentina | 256 páginas

descargar PDF ver índice de la publicación

Ver todos los libros de la publicación

compartir en Facebook


Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

Resumen:

Hay un momento en el cual la humanidad resolvió relacionarse con la naturaleza como si no fuera parte de la misma, con una lógica de exterminio y ocupación de la misma: tomarla, poseerla, transformar un mundo vivo, un ecosistema en un mundo artificial en el cual todo es recurso, incluso los otros hombres. ¿Son sinónimo de equidad, igualdad, justicia, el acceso a estas cuestiones instaladas por el “mercado” cuando las condiciones para hacerlo termina poniendo en crisis las relaciones planetarias, cuando se instala el miedo como hábito de vida pública? Aunque sepamos que la respuesta es no, parece al menos utópico pensar que sería posible instalar un modelo de habitación del planeta más equitativo, con las posibilidades de acceso a las condiciones y niveles mínimos requeridos para la satisfacción de las necesidades de cada integrante del mismo.

Palabras claves: Educación - Universidad - Sustentabilidad - Escenarios - Trayectoria.

[Resúmenes en inglés y portugués y currículum en p. 242]

En nombre del progreso, la equidad y la técnica se llegaron a escenarios de divisiones, colapsos y crisis que no es necesario desarrollar en este artículo, pues es suficiente con abrir el periódico de la mañana. En nombre de todas esas cuestiones algunos hombres establecieron categorías de habitación y procesos de habituación a determinados conceptos al menos dudosos: asociando la calidad de vida a cuestiones meramente relacionadas a capacidad de consumo, capacidad de acceso a determinados segmentos de residencias y localizaciones, a determinados estándares de viajes, de vestimentas, etc. Sin embargo el verdadero concepto de calidad de vida debiera estar asociado a un equilibrio entre los niveles, condiciones y medios de vida.

¿Son sinónimo de equidad, igualdad, justicia, el acceso a estas cuestiones instaladas por el “mercado” cuando las condiciones para hacerlo termina poniendo en crisis las relaciones planetarias, cuando se instala el miedo como hábito de vida pública? Aunque sepamos que la respuesta es no, parece al menos utópico pensar que sería posible instalar un modelo de habitación del planeta más equitativo, con las posibilidades de acceso a las condiciones y niveles mínimos requeridos para la satisfacción de las necesidades de cada integrante del mismo.

Hay un momento en el cual la humanidad resolvió relacionarse con la naturaleza como si no fuera parte de la misma, con una lógica de exterminio y ocupación de la misma: tomarla, poseerla, transformar un mundo vivo, un ecosistema en un mundo artificial en el cual todo es recurso, incluso los otros hombres. Con la lógica de la tabla cartesiana o el curso del progreso hacia una abstracción siempre mayor, anunciada por el etnólogo Leroi Gourhan, el imaginario tecno-científico no ha cesado de organizarse, alrededor del concepto de desaparición: de la puesta en obra de una desposesión de la sustancia de lo viviente.

Nuestro mundo es étnica y culturalmente diverso. Frente a la homogeneidad (afirmada e impuesta por el Estado a lo largo de la historia, la mayoría de las sociedades civiles se han constituido históricamente a partir de una multiplicidad de etnias y culturas que han resistido generalmente las presiones burocráticas hacia la normalización cultural) cada cultura va configurando, un estilo étnico de apropiación de su ambiente. Un territorio étnico, de acuerdo a la definición de Leroi-Gouthan es una territorialidad construida por prácticas de apropiación del mundo, resultado de una dialéctica entre organización ecológica, significación cultural y espacialidad geográfica, que se define a través de identidades culturales y estilos de apropiación de la naturaleza.

Felix Guattari en Las tres Ecologías, inscribe al humano como parte insertada en la totalidad y desmontando el concepto de la especie humana como cumbre de una supuesta jerarquía de los seres vivos. Es una visión que acaba con la perspectiva antropocentrista y que aproxima el humano a lo que tiene que ser la ética ambiental y holística: no se permite aprovechar sin límite los recursos naturales. El mismo Guattari creó el término “ecosofía” –de oïkos y sophia en griego, por “sabiduría del hábitat”– para definir y proponer prácticas específicas que permitan reinventar las formas de ser. Reconstruir literalmente el conjunto de las modalidades del ser-en-grupo no solamente en acciones de comunicación sino a través de intervenciones en el propio ser, mutaciones existenciales, como objeto de la esencia de la subjetividad. La actitud ecosófica consiste en llevar la ecología más allá de una relación justa y armoniosa con la naturaleza. Conviene reexaminar la relación del individuo con su subjetividad, cuestionar las subjetividades que fomentan la fragmentación entre asalariados, marginales, élites… preguntarse sobre las formaciones de poder. Se trata de buscar unos caminos alternativos al capital mundial antropocentrista, que adjudica igual valor a los bienes materiales, culturales y naturales. El capitalismo mundial antropocentrista, vive una gran paradoja: por un lado el potencial técnicocientífico de la sociedad mundial puede ser suficiente como para superar las diferencias sociales y económicas entre regiones y también localmente, por el otro, la imposibilidad operativa del mismo se hace patente en las inequitativas relaciones entre sujetos y entre los sujetos y el sistema planetario. Las profundas transformaciones técnico-científicas de nuestras sociedades engendran un desequilibrio ecológico que amenaza a corto plazo la biología del planeta.

La causa y el efecto de toda forma de arraigo la constituye la habitación, la existencia del habituarse y del habitar, el hastío no permite echar raíces: el hombre asediado es un ser substancialmente desarraigado, marcado por un hiperactivismo desenfrenado, exteriorizante y evasivo.

El surgimiento de la burguesía, precisamente, viene a suponer la oposición frontal de la ciudad sobre el campo.

Enfrentada y “liberada” del campo, opuesta a lo “raigal”, esta postura “liberal” representa una vida urbana signada por el cosmopolitismo. Se trata de vivir en libertad y desarraigo “por sobre los grandes símbolos de la cultura que la humanidad, toda urbanizada, ya no comprende ni tolera”. El dinero transforma el solar en bien de cambio, en mercancía –una tendencia a la homogeneización y la infantilización de los individuos manipulados por “la producción de subjetividad colectiva de los medios de comunicación”: … La relación de la subjetividad con su exterioridad ya sea social, animal, vegetal, cósmica se ve así comprometida en una especie de movimiento general de implosión y de infantilización regresiva.

Una incapacidad de aprensión de las distintas implicaciones del problema por parte de las formaciones políticas: la toma de consciencia parcial de los peligros más llamativos que amenazan el entorno natural de nuestras sociedades, en general se limitan a abordar el campo de la contaminación industrial, pero exclusivamente desde una perspectiva tecnocrática. El sistema político favorece una economía del beneficio y de relaciones de poder y de competitividad. Guattari toma como ejemplo las tutelas económicas que pesan sobre el Tercer Mundo y que conducen a algunas de sus regiones a una pauperización absoluta e irreversible. Por no hablar del carácter casi delirante del almacenamiento de miles de cabezas nucleares que, al menor fallo técnico o humano, podrían conducir de forma mecánica a una exterminación colectiva, o al riesgo que conllevan las actuales políticas de energía nuclear que llevan a cabo países europeos y americanos.

La arquitectura ampara al hombre de lo otro a la vez que le permite estar en eso otro. En un sentido ambivalente, por implícitamente cambiante e informal, por explícitamente múltiple, con ajustadas predeterminaciones funcionales, a la vez con ambigüedades y libertades en sus formas de ocupación, los modos de apropiación y uso de los objetos arquitectónicos han ido mutando en el tiempo, la tecnología ha tenido mucho que ver en estos cambios, pensar la resolución funcional, por lo tanto se constituye en un ejercicio de máxima experimentación.

En 1917 el magnate Henry Ford había declarado operativa la primera cadena industrial de montaje de vehículos, esa otra cadena de la fatalidad que permitiría sustituir, a no más tardar, a los trabajadores humanos por robots… se produce entonces la revolución laboral. Que no concluye allí sino que se avanza hacia otra revolución que fue la de las relaciones y comunicaciones virtuales, en efecto, tras el hombre biológico estaría el hombre virtual, un individuo que, habiendo vivido, pensado y actuado como si tuviera solo una existencia y que sus semejantes no fueran sino vanas sombras, seria invitado a convertirse, por su parte, en sombra de sí mismo.

¿Cómo percibir esas presiones de todo orden ejercidas durante los últimos decenios sobre el hábitat en cuanto tal? ¿Cómo redefinir la relación entre la construcción del hábitat humano en relación y armonía con la necesidad de habitar del resto de los ocupantes de esta biosfera? ¿Cómo se ocupa un planeta? ¿Los hombres habitamos u ocupamos el planeta? Responder estos interrogantes exige una re imaginación radical de la actual relación entre los seres humanos y el sistema planetario a través del establecimiento de nuevos protocolos de arquitectura de la convivencia en la búsqueda de un nuevo sistema de respuestas a la necesidad de habitar humano. La arquitectura siempre ha operado como un mediador entre el ser humano y el entorno, dentro de un marco ideológico antropocéntrico con un enfoque determinista. Las líneas de pensamiento proyectual que intentan dar respuesta a todos estos interrogantes desde distintos campos (arquitectura, diseño industrial, ingeniería, medicina, biología) actualmente, buscan escapar de esta relación directa y exploran ideas capaces de producir nuevos escenarios socio-ecológicos capaces de reinventar nuestras ideas y preconcepciones actuales, en relación a las nociones de equilibrio y la sustentabilidad vigentes dentro de la cultura occidental.

Existe una situación de exterioridad asumida, una ocupación extendida hacia el exterior. Un montañista ocupa el refugio o lo usa para refugiarse momentáneamente y ocupa la montaña entera. La condición de la ocupación se asocia entonces no solamente a la cantidad de espacios ocupados por los hombres, ni a la cantidad de tiempo que se habita en tanto objeto, sino también el espacio-impacto que significa la ejecución y funcionamiento del acto mismo de habitar humano. Los expertos caratulan esta relación de tensión entre lo que el ecosistema puede resistir a los impacto que la humanidad puede producir como límite de capacidad de carga del planeta y a la relación entre el espacio real de ocupación y el impacto a nivel planetario que esa ocupación significa como huella ecológica.

En cierta medida se pone en crisis el concepto tradicional de sustentabilidad. Aun enfocado desde la concepción de dominación antropocentrista del planeta. Estos nuevos conceptos debatidos y puestos en ejercicio desde visiones y posiciones más utópicas que factibles en relación a la producción de los espacios para el hábitat de los hombres, puede ser muy discutido por todos los expertos que instalaron y defienden el concepto desde hace al menos 20 años. Sin embargo muchos de los productos de arquitectura, de urbanismo y de diseño asumidos como “sustentables”, traen el defecto de origen de no poder desprenderse de un paradigma productivista, elitista y discriminatorio, que no termina de poner en debate los modos de producción, los modos de ocupación, ni las tecnologías, sino que instala el concepto de la reducción, el monitoreo de los impactos, entre otras cuestiones, como si de esa manera se lograra sostener un equilibrio demostrado inexistente en las relaciones entre los hombres y el resto de la biósfera.

La conciencia ambiental emerge a partir de los años sesenta como síntoma de una nueva realidad sociopolítica inundada de catástrofes ambientales, cambios climáticos bruscos, producción ilimitada de basura, etc. Muchas disciplinas la adoptan en sus discursos y las relacionadas al diseño no son la excepción. Sin embargo pareciera que los discursos proyectuales concentrados en la concientización de la necesidad de usar materiales reciclables y células solares en el techo, ahorros en los consumos y aprovechamiento de aguas pluviales y grises, no hacen que un edificio cualquiera que fuese su función realmente postule un comportamiento distinto en relación al sistema planetario total, terminaron siendo ejemplos de “edificios verdes”. Quizás Antoni Gaudí y Frank Lloyd Wright diseñaron edificios “más verdes” que la mayoría de los ejemplos que intentan los medios difundir bajo este título. Esta línea de pensamiento basada en instalar la idea de respeto hacia el ambiente y todos los seres vivos que lo habitan, si bien no marcó un cambio de paradigma, fue instalando en distintos equipos de diseño la idea de que otra arquitectura superadora de la racionalidad moderna era posible de ser explotada.

Richard Rogers en el año 1968 propone la Casa Zip-up, un proyecto no-construido y en el que plasma sus primeras inquietudes acerca de pensar la arquitectura como máquinas sustentables, a partir del uso de elementos prefabricados y en los que el control medioambiental permite crear ambientes climatizados mediante la combinación de elementos naturales y tecnologías de última generación, instalando así en el discurso arquitectónico el término sustentabilidad. Son muchos los arquitectos que trabajan estos conceptos, entre los más reconocidos y publicados se encuentran Emilio Ambasz, Gustav Peichl, Jean Nouvel, Sim Van der Ryn, James Cutler, Stanley Saitowitz, Nigel Coates y Michael Sorkin. En muchos casos las respuestas tienen una clara preocupación tecnológica, en otros más morfologista y en muy pocos casos se superan las lógicas funcionales modernas.

Otro ejemplo de arquitectura sustentable, que marcó una referencia en la evolución del concepto es la propuesta de Jourda y Perraudin, en la década del ochenta, conocida como la casa privada en Lyon-Vaise, Francia. El edificio se concibe como un organismo “vivo” biodegradable.

Esta filosofía llevó a ciertos principios básicos –la mínima intervención en el paisaje, la continuidad del espacio entre el interior y el exterior, una estructura de construcción modular flexible, la provisión de cubierta fuera de espacio. La casa está construida de tal manera que permite vínculos con la vegetación circundante del sitio sin dañar el ecosistema.

Durante los noventa, en un mundo que ha sufrido una severa pérdida de recursos, los conceptos de arquitectura sustentable no están dirigidos únicamente a la ética de la salvación del mundo, por ejemplo, un movimiento denominado ‘EcoRedux’ que reconoce la contaminación y los residuos como potenciales generadores para el diseño. Entre los arquitectos que trabajan esta línea de pensamiento ambiental encontramos a Anna Pla Catalá, Jonathan Enns, Eva Franch i Gilabert, Mitchell Joachim (Terreform Uno), Rafi Segal, Alexandros Tsamis, Eric Vergne.

Nuevas miradas un mismo hábitat En los últimos años comenzaron a aparecer algunos niveles de debate y supuestos de diseño que al menos intentan romper con los modelos instalados en este sistema de relaciones y hábitos en el que estamos, avanzando hacia reflexiones que apuestan a una mirada del hábitat más audaz: recualificador por reformulador. Postura basada en una intervención no-impositiva, proyectiva e integradora en sinergia con el medio y también con la tecnología. Una posición frente al planeta-hábitat donde sustentabilidad es interacción, naturaleza es artificialidad, energía es información, tecnología es vehiculización, desarrollo es evolución genética, conservar implica intervenir.

Por ejemplo la Mercedes Benz, en la competición anual de concepts card del Salón del Automóvil de Los Ángeles, presentó el Biome Concept, cuya idea constructiva radica en un entorno orgánico en el que el vehículo crecería a partir de una semilla modificada genéticamente para desarrollar el equipamiento deseado por el cliente, y otra que daría forma al cuerpo del vehículo, capaz de retener la energía del sol en un imaginario líquido que sustituiría al combustible. Sería totalmente biodegradable y sin emitir ningún gas nocivo. El Bioma emite el oxígeno de su conducto de humos. El techo está hecho de células solares orgánicas transparentes. Esto permite que la luz pase a través de él, mientras que la generación de energía se utiliza para alimentar los componentes multimedia y los ventiladores que ayudan a controlar el clima en el interior del coche.

El Bioma coche está propulsado por un combustible de futuro llamado BioNectar4534, que sorprendentemente no se almacena en un tanque, sino que se almacena en el material Biofibra de la trama, interior y las ruedas.

Obviamente que, como todo concepto, aún es una utopía, sin embargo produce un quiebre importante en el modo de pensar las formas de producción, hecho que no había sido reformulado desde la aparición del fordismo.

Otro ejemplo a considerar en esta línea de reflexiones, es el material desarrollado por la empresa bioMASON que a partir de la utilización de microorganismos hace “crecer” materiales de construcción basados en biocemento. Este producto fue presentado durante el mes de diciembre de 2014 en una muestra sobre bio-construcción montada en el MOMA de Nueva York, instalando el debate de reemplazar los procesos físico-químicos de producción de materias por procesos biológicos, formulando así nuevos desafíos y corriendo las fronteras arquitectónicas hacia otros campos disciplinares.

Una mirada semejante es la que formula el concurso Yumen [eco] tec-pharming, es de hecho una competencia sobre repensar ecología (o ecosofía siguiendo un concepto formulado por Félix Guattari) ya no como una nueva forma de trascendental moral, sino más bien como una participación en los diversos procesos de deterioro del material y recomposición en juego en nuestro ambiente.

Cada presentación tiene que identificar / crear una condición de sitio adecuado para el desarrollo de la parcialtotal Ecología proyectada: “Yumen [eco] tec-pharming”.

Debido a la naturaleza del concurso, sobre la base de las relaciones y procesos, el sitio ha de entenderse como un espacio de conflicto, de transacciones y de relaciones.

Un ejemplo de exploración teórica transformada en prototipo que surgió de este certamen es la obra Perdida en Paris, de R & Sie Francois Roche la casa de 130 metros cuadrados de construcción en el sur de París. Esta no sólo alberga a una familia de cuatro integrantes, también alberga un laboratorio viviente de más de 1.200 helechos que en realidad se comporta como la piel de la casa. El autor explica que todos sus proyectos se basan en un protocolo similar; tocan los límites de la arquitectura. Lo que hace que la piel verde exterior de la casa sea única es que es una pared “viva” sobre la base de un sistema de cultivo hidropónico. Los helechos se envuelven alrededor de la estructura y se alimentan mecánicamente con una mezcla líquida de bacterias y no necesitan base de suelo para crecer.

Estas líneas de pensamiento parecen utópicas y hasta de ciencia ficción, pues apuestan a concretar una realidad avanzada por anticipada a su tiempo. Se plantea una paradoja en relación a estas necesarias miradas sobre la construcción del hábitat, por un lado, el desarrollo de la ciencia y de las tecnologías asociadas tienen un potencial suficiente como para resolver los problemas planetarios y también para encontrar los justos reequilibrios de las actividades realmente útiles para la sociedad humana en adecuación con su medio. Por otro lado, se hace evidente la incapacidad de las diferentes fuerzas organizadas por la sociedad para ampararse en este potencial, para hacerlo operativo.

El gran desafío es mantener la diversidad, a la vez que se configuran parámetros comunes que hagan que los hombres sean ciudadanos del mundo. Frente al proyecto homogeneizador del espacio de las culturas que generó la globalización económico-tecnológica; habitar el hábitat es localizar en el territorio un proceso de reconstrucción de la naturaleza desde identidades diferenciadas.

Bibliografía Virilio, P. (2005). Lo que viene. Madrid: Ed. Tiempo al tiempo.

Leff, E. (1998). Saber Ambiental. México: Siglo XXI editores.

Guattari, F. (2000). Las tres Ecologías. Valencia: Ed. Pre-textos.

Abstract: There is a moment in which humanity resolved to relate to nature as if it were not part of it, with a logic of extermination and occupation of it: take it, possess it, transform a living world, an ecosystem in an artificial world in the That everything is resource, even the other men. Are they synonymous with equity, equality, justice, access to these issues installed by the “market” when the conditions to do so end up putting planetary relationships in crisis, when fear installs as a habit of public life? Although we know that the answer is no, it seems at least utopian to think that it would be possible to install a more equitable room model of the planet, with the possibilities of access to the minimum conditions and levels required to satisfy the needs of each member of the same.

Keywords: Education - University - Sustainability - Scenes - Trajectory.

Resumo: Há um momento em que a humanidade resolveu se relacionar com a natureza como se não fosse parte dele, com uma lógica de extermínio e ocupação do mesmo: levá-la, possuí-la, transformar um mundo vivo, um ecossistema em um mundo artificial na Esse recurso é tudo, até mesmo os outros homens. Eles são sinônimo de equidade, a igualdade, a justiça, o acesso a estas questões instaladas pelo “mercado” quando as condições para fazê-lo acabar colocando relações planetárias em crise, o medo Quando instala como um hábito de vida pública?, Embora saibamos que a resposta é não, ao que parece, ao menos utópico pensar que iria ser possível instalar um modelo de sala mais equitativo do planeta, com as possibilidades de acesso às condições mínimas e os níveis necessários para satisfazer as necessidades de cada membro do mesmo.

Palavras chave: Educação - Universidade - Flexibilidade - Sustentabilidade - Palcos - Trajectória.

(*) Mariela Marchisio. Magister GADU, Arquitecta. Profesor - investigador de la FAUD - UNC del área teoría y proyecto. Desempeña funciones de gestión en la UNC. Ha publicado artículos y obras distintos medios nacionales e internacionales. Es embajadora de Diseño de la UP.


Enseñar, proyectar, habitar. La utopía de proyectar el hábitat fue publicado de la página 239 a página242 en Actas de Diseño Nº26

ver detalle e índice del libro