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Tallerismo. El oficio de comunicar en el ámbito universitario, una verdad

Grinberg, Adriana [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIII

ISSN: 1668-1673

XVIII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2010.

Año XI, Vol. 13, Febrero 2010, Buenos Aires, Argentina. | 202 páginas

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En este artículo, quiero reflexionar sobre la experiencia con alumnos ingresantes. Un pasaje constitutivo entre instituciones secundarias y universitarias. La solvencia de los alumnos, frente a una decisión trascendente: el futuro dentro de un presente con legalidades transformadoras entre la adolescencia y la adultez. Y las posibilidades de construir identidad desde el aula. El universo subjetivo en la integración del conocimiento, probablemente, afiance saberes explícitos y latentes. Probablemente también, en este espacio subjetivo, los docentes debamos jugar el gran partido y ganar confianza para poder enseñar.

Pedro ingresó en la segunda clase, después de iniciado el ciclo lectivo para alumnos del 2º cuatrimestre, 1º año, Diseño de Imagen y Sonido.

¿Porqué? Porque recién llegó de Entre Ríos, provincia en donde radica. Un rosario cuelga de su cuello, coronado de una cabellera peinada a la gomina y un remolino da cuenta de un niño travieso, se deja entrever en una sonrisa pícara. El desaliño de las vacaciones y un morral terminan de presentarlo antes de sentarse en una mesa cerca de mi escritorio. Y la mirada de reojo, tratando de captar el ambiente o alguna cara conocida.

Se fue integrando desde su capacidad de comprensión de lo que fuimos tratando en clase, con velocidad y reflexión. Pero difícil de entregar trabajos prácticos en tiempo y forma y en los equipos, no dudó jamás en abandonar a sus compañeros con justificaciones incomprensibles. Con lo que se ganó el mal tono del equipo en cuestión.

Sin embargo reparó los daños ocasionados y finalmente cumplió con los compañeros y con los trabajos prácticos en tiempo y forma.

Siempre campechano, durante todo el cuatrimestre en una lucha por adecuarse a las normativas, peleando con los trabajos para que queden bien, logró transitar la materia Comunicación oral y Escrita y convivir en el aula lo más adecuadamente posible.

Hasta que llegó el día del Proyecto Joven: Historia de mi Familia. Presentación oral, individual, para lo que habíamos trabajado duro. Entender las formas de La Narrativa y así llegar con ese esquema vestido de la anécdota que cada cual quiso contar. Y presentar en imágenes historias visuales, de casas, campos, fiestas, casorios, ausencias y presencias, nacimientos y muertes, figuras trascendentes de abuelos famosos y padres conquistadores.

Hasta que llegó el turno de Pedro. Más elegante que lo habitual pero habitualmente sonriente, comenzó a leer su trabajo, justo a tiempo, con imágenes de Entre Ríos, su infancia, abuelos, tíos primos, el padre. Una historia de niño feliz, amado, en el campo. Pero una omisión fundamental me hizo dudar todo el tiempo del armazón de felicidad: la madre.

Pedro nunca la mencionó, salvo en el final de la historia, cuando con una pincelada maestra, narra el momento en que su padre lo llevó desde la Capital Federal a Entre Ríos, muy pequeño, con su abuela. Su madre había muerto. Un silencio uniforme en el aula contó la historia de nuestro impacto, dado que jamás Pedro se autocompadeció. Por el contrario, le rindió, según sus propias palabras, un homenaje por primera vez.

Y el mundo lo amparó. Se hizo querer, como en el aula tuvimos que hacerlo nosotros.

Esa historia que lo tenía atravesado y sin relato, lo colocó autorizado por la legalidad universitaria, en la posibilidad de ser escuchado, no con la afectación catártica sino con la solvencia de un muy buen “cuentacuentos”. Le devolvimos un aplauso sentido con lágrimas y obtuvimos una vez más su sonrisa clara, agradecida porque le dimos según sus propias palabras, la oportunidad de ser escuchado en su verdad. Esa que el eligió y se esmeró en contar, sin adjetivaciones inútiles, con descripciones que anotaron un Entre Ríos cálido y amado, un padre distante pero realista y una abuela llena de chacra, animales y árboles, con juegos, cuentos y amigos que dejaron a su madre en un punto a partir del cual, una nueva vida nació para él, Pedro, despistado constitutivo, en la Universidad.

Narró con la materia del significante: imagen y sonido. Su carrera. Balbuceó su historia sin saber del efecto que produciría ni en él ni en los compañeros. Y mucho menos en su profesora.

Una vez más me equivoqué. No ganó el primer premio, otros compañeros esmerados y cumplidores durante el cuatrimestre, con brillo real, ganaron el 1º y 2º lugar. Pero su brillo, salió tercero.

Estoy atenta siempre al sujeto de saber. No al saber. No al objeto descarnado sino a quien lo porta y cómo lo cuenta. Cómo lo integra al universo simbólico del saber.

A veces la universidad da lugar a los “más fuertes”, como Pedro que en su esfuerzo por contar la historia de su identidad, de su verdad oculta, hizo todo bien. Afectado y sensible, nos pudo contar ya en el final los recursos narrativos utilizados. Narró, narrándose. Y se llevó su diez.

Los TPs que suelo pedir en mi programa de COE o Intro a la Investigación, llevan árboles genealógicos, relaciones posibles, si existieran, entre las historias familiares del TP final y la carrera elegida. Y siempre hay alguien que se da cuenta de algo, alguien que subraya la importancia de su identidad con la identidad de la carrera. Como si así lograra encarnarse la verdad de una elección que se juega a futuro, en el presente, desde el pasado.

Existe la Universidad sin ese eslabón causado en el mundo subjetivo de quienes la conformamos? Nos contamos a nosotros mismos nuestra historia “institucional”? la que se apoya en la experiencia particular, que nada tiene que ver con el saber académico sino el saber de sí? Eslabonamos, nosotros a los alumnos con sus sensibilidades y colaboramos así con la elección de la “carrera”?

Comunicar. Parece un verbo de lo común. Lo simple. Una legalidad con forma de saberes, ocultando y rebelando cada vez las tramas entre lo público y lo privado. Entre lo que se profesionaliza y la pasión interior que lo causa.

Primer año en la Universidad, año de conflicto, encuentro, desencuentro entre discursos, ambivalencias, abandono de carreras, cambios de una carrera a otra, viajes de un país a otro, búsqueda de identidad hacia el futuro.

Vocabulario relacionado al artículo:

comunicación . educación superior . identidad .

Tallerismo. El oficio de comunicar en el ámbito universitario, una verdad fue publicado de la página 74 a página75 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIII

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