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Enfoques teóricos en relación al arte y la diversidad cultural

Massara, Gisela [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIII

ISSN: 1668-1673

XVIII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2010.

Año XI, Vol. 13, Febrero 2010, Buenos Aires, Argentina. | 202 páginas

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El mayor desafío actual que tenemos los profesionales y teóricos vinculados al arte, es poder contar con las herramientas y el método más correcto para abordar la diversidad cultural. Cuando hablamos de diversidad cultural e identidad, nos encontramos con diferencias que no todo el mundo esta dispuesto a aceptar. La globalización nos ha llevado a interactuar con la diversidad, pero no a comprometernos con ella. La palabra interacción está muy lejos de ser aplicada por políticas de estado más conscientes de que un país es la suma de su diversidad. Durante años la mayoría de la teoría elaborada en torno al arte, se elaboró bajo una concepción eurocentrista. La teoría occidental pocas veces fue confrontada con otros modelos. “La teoría occidental sirvió así no para comprender y explicar la producción simbólica ajena, sino para relativizarla, oscurecerla y excluirla de los ámbitos que se reparten honores, espacios y recursos, para borrar o devaluar los sentidos que los otros habían construido a lo largo de la historia a menudo milenaria, a menos, claro, que por algún azar encajaran perfectamente en ella” (Colombres, 2004). El relativismo cultural ha tenido gran importancia en los últimos años, ocultando su verdadera posición. Esta corriente no supone comprender y explicar las diferentes teorías, ni sus diferencias ni similitudes, sino que crea un postulado falaz sobre todas las virtudes por el solo hecho de tolerar la diversidad. Pero tolerar no significa relacionarse o interactuar con el otro. Es más bien una impostura que manifiesta el poder para demostrar que la diversidad también tiene un espacio, con el cual no prefiere relacionarse. No se puede hablar de una cultura y pensar su identidad como algo impermeable. Los diversos grupos, interactúan permanentemente dentro de una sociedad. Recordemos el concepto de culturas mosaicos esgrimido por Roger Bastide, en su famoso texto, Les Amériques noires. Bastide simplifica el proceso que contribuyó a la formación de culturas y sociedades. No se puede hablar en términos de cultura como compartimentos estancos, las culturas son intercambios permanentes entre los diversos grupos que integran una u otra sociedad.

En grandes regiones de Bolivia, Perú, Paraguay, Nicaragua, Guatemala y México los indígenas no hablaban o hablaban poco español, conservan hábitos de producción y consumo, fiestas y rituales, ajenos a la modernidad occidental. En Brasil, gran parte del Caribe y otras zonas del continente las culturas afro prolongan también formas culturales propias. La adopción de los productos de su trabajo por las culturas nacionales simula una integración que se desbarata ni bien miramos sus prácticas cotidianas, y en algunos casos los movimientos políticos con que defienden su autonomía. Esto se ve claramente cuando tomamos el ejemplo de varios estudios en relación a la comunidad afro en plena época colonial. No se los ve como sujetos activos, que han mantenido, a pesar de todo, algunas prácticas religiosas o artísticas. Se los determina como sujetos pasivos, sin tener en cuenta, el aporte invalorable que realizaron en la música y en otras manifestaciones artísticas. Varios profesionales niegan de manera obstinada la contribución de los esclavos africanos al devenir histórico y social de la mayoría de países latinoamericanos.

El desafío implica esbozar nuevas teorías, y nuevas herramientas para la puesta en valor de la diversidad. Lograr contribuir al desarrollo, y la innovación de cada manifestación artística en particular. De ahí surgirán nuevos instrumentos para aplicar a la currícula. Como profesores, debemos enseñar de manera integradora, todas las producciones simbólicas surgidas de las diferentes culturas. Es necesario reflexionar acerca de teorías innovadoras, que utilizaremos, para poder abordar la diversidad. “Desde esta región del planeta no invalidar la teoría occidental, sino tamizarla, aceptarla con el beneficio de inventario, para resignificar ciertos aspectos y rechazar otros que dejaban afuera, en la anodina esfera del no-arte, a la mayoría de nuestras prácticas simbólicas y en especial a las de origen popular e indígena” (Acha, Columbres, Escobar, 1991) El término de Adolfo Colombres la tranculturalidad, es un argumento que nos permite establecer diálogos sinceros frente a la diversidad, y aporta herramientas para poder seguir elaborando un verdadero pensamiento latinoamericano, que eche luz sobre nuestras prácticas simbólicas y las ajenas. En la historia del arte, encontramos sobrados ejemplos de aportes de una cultura a otra. El japonismo, fue desarrollado en los círculos de vanguardias del siglo XIX. Los artistas independientes buscaban nuevas innovaciones pictóricas, se interesaron por los maestros de ukiyo-e (arte popular japonés de los siglos XVII-XIX). El japonismo resultó ser un profundo cuestionamiento de la representación visual occidental. O pensemos en el diseño del afiche de Gismonda, de Alphonse Mucha, inspirado en la iconografía bizantina. Según el análisis de Jaques Maquet en “La experiencia estética”, en “Francia, durante la primera década del siglo XX, Braque, Picasso y Matisse, se preocuparon de traducir las apariencias visuales de los objetos en estructuras hechas con cubos, conos y esferas. Estos cubistas se sorprendieron al descubrir que algunos esfuerzos análogos habían sido completados con éxito por la estatuaria africana. Los pintores alemanes y franceses fueron los primeros en reconocer el valor estético de las imágenes talladas en las sociedades africanas. Los críticos de arte siguieron a los pintores. Carl Eisntein, en un artículo publicado en 1915 analizó las esculturas africanas sólo como formas visuales. Concluyó que la tradición africana era la única que en realidad había resuelto el problema de la representación en tres dimensiones, quedando la escultura europea “pictóricamente” a una gran distancia. Las estatuas ancestrales, las figurillas rituales y las máscaras ceremoniales, se metamorfosearon en objetos de arte occidentales. Analizar los diferentes aportes es iniciar el camino a revalorizar la diferencia. “La diferencia debe ser asimismo agudizada y sintetizada en categorías de percepción y de entendimiento, como un sistema organizado que permita no sólo a cada pueblo conocerse a si mismo, sino también enriquecer esa confrontación con el otro que va construyendo la identidad” (Colombres, 2004). Durante años se trató de colonizar los sistemas simbólicos propios de una determinada cultura. El sincretismo religioso es prueba de ello. El principal objetivo es lograr que la producción simbólica de las diferentes culturas pueda salir del encierro al que fueron sometidas durante años. Esto se consigue a través de políticas públicas coherentes y comprometidas, con la diversidad cultural. Varios son los planos en los que hay que trabajar. Debemos establecer un corpus teórico cada vez más interrelacionado con criterios de convivencia e interacción entre clases, etnias y naciones diferentes. En educación hay que poner en valor el pensamiento latinoamericano, tan ignorado por la currícula. Implementar en los programas de historia del arte, producciones simbólicas de distintas sociedades. Dar a conocer las influencias de determinados grupos en diversos movimientos artísticos. De esta manera, lograremos que el aprendizaje del alumno sea mucho más enriquecedor; ofrecerle en el acto de la mirada, todo un conjunto de formas visuales, que se manifiesten en su propia obra. Que puedan reinventar formas, estableciendo un lenguaje propio. Asimismo, en relación al arte debemos trabajar más los lugares de legitimación. Ya sea los museos, los críticos o los propios artistas, tenemos que abrir espacios para exponer todas las producciones simbólicas sin imponer unas sobre todas. Llevar adelante proyectos innovadores que nos permitan descubrir otros mundos, no tan lejanos a nosotros y redescubrirnos a nosotros mismos en esos mundos. “Se dice que todo arte es expresión, y por lo tanto un modo de lenguaje, pero se debe destacar que se trata de un lenguaje diferente, conformado no por signos puros sino por formas visuales, cuya interpretación depende de la historia de cada cultura, la que al describir su evolución proporciona los códigos, las unidades semánticas de comprensión” (Colombres, 2004). Nuestro actual desafío, especialmente, en estas latitudes, es elaborar nuevas herramientas y nuevos espacios dentro del arte, que contribuyan a enaltecer la producción de cada uno, estableciendo un pensamiento independiente.

Referencias bibliográficas

- Acha, Juan; Colombres, Adolfo; Escobar, Ticio (1991) Hacía una teoría americana del arte. Buenos Aires: Ediciones del Sol - Colombres, Adolfo. (2004) Teoría Transcultural del arte: hacia un pensamiento visual independiente. Buenos Aires: Ediciones del Sol.

Vocabulario relacionado al artículo:

arte . diversidad cultural . globalización .

Enfoques teóricos en relación al arte y la diversidad cultural fue publicado de la página 91 a página93 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIII

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