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Los alumnos están desmotivados ¿Y nosotros?

Rozenbaum, Deborah [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIII

ISSN: 1668-1673

XVIII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2010.

Año XI, Vol. 13, Febrero 2010, Buenos Aires, Argentina. | 202 páginas

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Estamos acostumbrados a luchar contra grupos numerosos de estudiantes que manifiestan directa o indirectamente el fastidio que les genera estudiar. Ven al estudio como algo aburrido, poco interesante, por el cual tienen que transitar para conseguir el preciado título, sin pensar que es el estudio el que llena de contenidos y da sentido a ese título. Como consecuencia de esta situación cada vez más común en las aulas universitarias, también vemos y escuchamos a grupos de profesores quejarse de la falta de motivación y de maduración de su alumnado. Es cierta y notoria la crisis educativa que vienen arrastrando los universitarios desde la etapa secundaria, pero también es cierto que nosotros no podemos transformarnos en meros espectadores de dicha situación. Es la realidad que nos toca, por lo que al igual que cada alumno debería hacerse cargo de su decisión de formarse profesionalmente con responsabilidad, también nosotros debemos hacernos cargo, desde nuestro lugar, de cambiar (aunque sea dentro del aula), esa sensación de desmotivación constante. Para esto, deberíamos repasar primero qué es y qué significa la motivación.

El término motivación deriva del vocablo latino motus que significa movimiento. Esto significa que la motivación está asociada con algo dinámico, con una acción, con un estímulo que mueve a una persona a hacer algo para llegar a un resultado esperado. Así, podemos definir la motivación como el proceso por el cual alguien se plantea un objetivo, emplea los medios adecuados y mantiene la conducta con el fin de conseguir dicha meta.

El hecho de mantener la conducta, implica perseverancia, interés continuo y esfuerzo, valores que hoy en día, con una cultura en la que prevalece la velocidad, los cambios constantes y la tendencia al “facilismo”, están en crisis.

Sin embargo, debemos tener en cuenta que con el sólo hecho de comenzar una carrera universitaria, el alumno, consciente o inconscientemente se está planteando un objetivo. Nosotros desde nuestro lugar, debemos remarcarlo. Sea cual fuera el motivo que los movilizó a ocupar un espacio dentro del ámbito universitario, el estar allí implica la persecución de un fin. Ayudarlos a que se conecten con “su” decisión, es un primer paso para hacerlos responsables de la misma.

Las carreras universitarias son elegidas por cada persona por diferentes causas, pero los motivos principales que prevalecen durante su transcurso para llegar a la meta tienen que ver con el crecimiento, el desarrollo personal, el reconocimiento o su realización como personas.

El interés o la voluntad que cada uno pueda tener en su carrera, proviene de 2 lugares opuestos pero complementarios: el interior y exterior de cada persona. Una persona puede estar motivada tanto por una variable interna (como por ejemplo una necesidad de desarrollo personal), como por una variable externa (un incentivo que lo mueve a hacer algo, por ejemplo una calificación o un premio). Ambas son válidas, aunque sería deseable que la mayoría de los estudiantes estén movilizados por variables internas.

Entonces, si la motivación está relacionada con el interés, tal vez sea beneficioso plantear clases que ayuden a despertarlo, generar factores y recursos que logren mantener la atención y dirigir la conducta hacia el objetivo buscado. En este punto es donde comienza nuestra responsabilidad. Pedimos que nuestros alumnos estén motivados, cuando muchas veces no lo estamos nosotros. Pedimos que nuestros alumnos se interesen en un tema, sin tener en cuenta si lo exponemos de una forma atractiva e interesante.

No pienso que sea nuestra responsabilidad que los alumnos estudien, pienso que es nuestra responsabilidad, estimularlos a hacerlo. No creo que tengamos responsabilidades compartidas, creo que tenemos responsabilidades distintas pero complementarias en su camino universitario. Somos nosotros quienes iniciamos e incitamos al contacto de ellos con el conocimiento, y más allá del contexto y entorno desfavorable, la manera en que lo hagamos va a influir directamente en la forma que ellos se relacionen con el mismo.

Una persona está motivada para un aprendizaje cuando descubre que existe relación entre ese aprendizaje y alguna necesidad personal, cuando descubre alguna relación entre la teoría y el entorno o realidad con la que convive o convivirá. Hay distintas fuentes que generan o benefician la motivación:

- Cada persona (a través de sus pensamientos, de las estrategias que usa para cada causa, de las rutinas que sigue, etc.)

- El entorno social (la familia, los amigos, los compañeros o colegas, etc.)

- El entorno físico (en este caso: el aula, la luz, el sonido, distintos objetos motivacionales)

Como podemos ver, sólo podemos (y debemos) actuar sobre la tercer fuente. No podemos modificar los motivos que cada alumno traiga de su entorno cercano o de referencia, pero sí podemos crear clases dinámicas, con recursos audiovisuales, con textos que nos parezcan interesantes también a nosotros, con asociaciones permanentes entre lo que enseñamos y su aplicación en la práctica profesional, etc. Debemos conectarnos con el contenido curricular y transmitirlo con entusiasmo, haciendo explícito su uso profesional, para que cada alumno lo vea como algo útil. Debemos estimularles el deseo de aprender.

Esto no significa que el estudiante no deba hacer nada, sino que éste es el punto de partida, nuestra parte de la responsabilidad. Aquí termina la función de la motivación y comienza la del esfuerzo personal.

Como vimos y estamos acostumbrados a escuchar, estudiar para los alumnos, es algo aburrido. Pero, ya que no es divertido... ¿Podemos hacerlo interesante? Creo que sí…

Vocabulario relacionado al artículo:

aula . educación . motivación .

Los alumnos están desmotivados ¿Y nosotros? fue publicado de la página 117 a página118 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIII

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