1. Diseño y Comunicación >
  2. Publicaciones DC >
  3. Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIV. >
  4. Pensar el problema desde el proyecto y desde las disciplinas sociales

Pensar el problema desde el proyecto y desde las disciplinas sociales

Devalle, Verónica [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIV.

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIV.

ISSN: 1668-1673

XVIII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2010.

Año XI, Vol. 14, Agosto 2010, Buenos Aires, Argentina. | 210 páginas

descargar PDF ver índice de la publicación

Ver todos los libros de la publicación

compartir en Facebook


Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

Uno de los puntos que, a partir de mi tarea docente y mi tarea como investigadora me ha llamado la atención, particularmente desde el surgimiento de los posgrados en Diseño –y la necesaria finalización con Tesis– es el vinculado a la idea de “problema”. Para un metodólogo y para un proyectista, el problema no se declina de la misma forma. Efectivamente, la distinción entre un problema de investigación, que supone su construcción como un problema del conocimiento, y por el otro un problema de la realidad, que supone el diagnóstico y la resolución vía la intervención son, aún en su sinonimia, aparentemente bastante diferentes. En este sentido, no es lo mismo pensar las condiciones de producción un pensamiento que el intervenir en la realidad, aunque bien pueden (y sería lo deseable) complementarse. A modo de referencia, abundan los proyectos de investigación que proponen soluciones aún antes de haber construido el problema. Porque, por lo menos en el ámbito en el que me manejo que es el de la formulación de proyectos de investigación en las disciplinas proyectuales, el problema incomoda y está para ser evaluado y solucionado.

Por el contrario, para quien se precie de haberse formado en las ciencias sociales, lo problemático es la ausencia de problemas. Y si no los hay, es porque de alguna forma se ha naturalizado la conflictividad en el mundo y se toma a la realidad como un dato y no como un terreno de problematicidad y de posible reformulación. Para decirlo en los términos de un proyectista: en ciencias sociales se busca analizar el diseño de los conceptos con los que la misma ciencia opera, la cocina conceptual.

Es comprensible entonces, las series de dificultades que enfrentan, nos enfrentan y nos desafían a quienes intentamos pararnos en zonas afines y dispares. Porque el problema es del orden de la comunicación: oímos lo mismo y escuchamos cosas distintas. A la hora de formar equipos interdisciplinarios esto puede ser muy potente o conllevar sonoros fracasos. Evidentemente, la sinonimia aquí puede jugar malas pasadas. Además del término “problema” existen otros conceptos que difieren absolutamente en el campo del proyecto y en el de las disciplinas sociales. Y aquí vale la crítica a la sociología que ha considerado como novedad el pasaje de una sociedad logocéntrica a una iconocéntrica, el reemplazo de lo verbal por lo visual. Se ha descubierto el dominio de la imagen y no se ha preguntado por el papel fundamental que ocupa el diseño en esta puesta en forma de lo visual, que es una puesta en sentido y por lo tanto configura gran parte de lo que los analistas sociales denominan la dimensión simbólica. En los últimos años, los llamados Estudios Visuales –emparentados a los Estudios Culturales– han abierto este debate, instalando el problema de la politicidad de lo visual y de lo espacial, la consideración de lo visible como un territorio privilegiado para analizar las dinámicas de época o para citar a un referente al respecto: cuánto lo visual tiene de social y cuánto lo social tiene de visual. Pero es llamativo también, que un segmento importante de estos argumentos coincida –desde otras perspectivas– con preguntas que pueden ubicarse tempranamente en los años ´50, particularmente en la reformulación teórica y en la praxis que supuso el proyecto de síntesis de las artes, enunciado previamente en Bauhaus, desplegado en las vanguardias constructivas, alimentado por el concretismo y con una fuerza y presencia inusual en la revista nueva visión que en el período en el que se editó en nuestro país (1951-1957) sentó gran parte de las bases disciplinarias de la reformulación académica de la enseñanza de la Arquitectura a la vez que contribuyó a la configuración de lo que hoy se conoce como Morfología.

Algo similar ocurre con el término “identidad”. En este punto, la brecha semántica que separa su comprensión en los términos del proyecto y en los términos de los estudios sociales es profunda. Se habla de lo mismo, pero se lo habla desde lugares completamente distintos. Algunos años atrás Regine Robin sostenía que el problema de la identidad –su tematización– sobreviene cuando se la pierde o entra en crisis. Un planteo similar al de Norbert Elías en El proceso civilizatorio. Este tipo de afirmaciones son una consecuencia directa de la crítica que en ciencias sociales se despliega a partir de la experiencia del nazismo, esto es la afirmación de una condición identitaria por fuera de un juego de referencias y de diferencias. Afirmar lo que se es, postular una suma de atributos, desconociendo el concierto de diferencias, implica establecer identidades fijas, inmutables que cuando se consolidan y prescinden en su formulación de la presencia de los otros, pueden llenarse de contenidos raciales y xenófobos. Pensar la identidad como suma de atributos es desconocer que, en términos sociales y culturales, toda construcción identitaria opera en un juego de diferencias por y a partir de los demás. Otra palpable diferencia la encontramos en las formas de considerar lo “teórico” y lo “práctico”. Se trata de la herencia de un positivismo que, ya entrado el siglo XXI, deber ser revisado. Más allá del anacronismo que la separación conlleva, lo interesante es el nivel de instrumentalización que implica para el pensamiento y para la acción. Al estar divididos, parecieran entidades autorreguladas ¿Por qué puede cernirse un peligro en la reproducción de esta dicotomía? Centralmente porque pareciera que las acciones se justifican en sí mismas por el objetivo al que apuntan, y que la teoría acompaña al proyecto como un discurso, una retórica, una argumentación. Esta separación desconoce el modo en que los pensamientos son acciones o, bien que las formas de intervención en el mundo, en la realidad parten, consolidan y transforman las formas en que percibimos y vivimos la realidad.

Creo, finalmente, que la consagración de las disciplinas solo a partir de lo que “hacen” –vinculado a una postura profesionalista– instala la forma de evaluación de la acción en los términos de lo eficaz. Si esto termina siendo el universo de análisis, pueden sobrevenir algunos problemas, entre otros el olvido de la pregunta para quién se proyecta. Me interesa reflexionar sobre estos puntos –y apuntar a un posterior y más amplio desarrollo– para mostrar que tanto las visiones profesionalistas, como también las academicistas de las disciplinas y sus formas de enseñanza descansan en configuraciones epocales, aunque pueden -y creo que sería saludable que lo hicieran- repreguntarse qué son, para quienes son y qué elementos configuran la especificad de su praxis. Olvidar entonces el modo en que las épocas regulan los sistemas de pensamiento/acción es naturalizar el mundo, naturalizar la realidad y pensar que solo se puede intervenir y pensar a partir de lo dado. Algo que va contra toda la tradición crítica que caracteriza a la enseñanza universitaria.

Vocabulario relacionado al artículo:

identidad . investigación .

Pensar el problema desde el proyecto y desde las disciplinas sociales fue publicado de la página 49 a página50 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIV.

ver detalle e índice del libro