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Reflexión acerca del rol de la formación profesional en un nuevo contexto paradigmático

Ynoub, Emanuel

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIV.

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIV.

ISSN: 1668-1673

XVIII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2010.

Año XI, Vol. 14, Agosto 2010, Buenos Aires, Argentina. | 210 páginas

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El presente trabajo se plantea destacar el rol de la formación profesional en términos de dar respuestas a dos instancias diferenciadas.

1. La primera, referida a la contribución de la formación profesional respecto de la utilidad social de los saberes productivos, en el marco de una nueva conexión orgánica entre saberes, innovación y modelos productivos.

2. En segundo lugar, el rol de la formación profesional en el contexto actual, se vincula con dar respuestas a un escenario marcado por una profunda fragmentación, tanto en lo social como en lo productivo.

Cambios en el patrón tecnológico

Un primer elemento a considerar para pensar los desafíos de la formación profesional es el cambio en el patrón tecnológico en el marco de la transición de un régimen de crecimiento a otro. Específicamente destacar la modificación del lugar del saber obrero en este nuevo paradigma tecnológico caracterizado por la difusión y formación de un nuevo sistema técnico y su incidencia sobre el mercado de trabajo, las tecnologías vinculadas al procesamiento, transmisión y almacenamiento de la información. Este fenómeno se ve asociado a la internacionalización de los mercados y de los procesos productivos.

En el esquema fordista1 los incrementos de productividad estaban asociados a las economías de escala de producción, facilitadas por una organización taylorista2 del trabajo y el uso de tecnologías ya consolidadas. Los incrementos de productividad se orientaban en gran medida a aumentos de salarios que sostenían el acrecentamiento del consumo de los hogares, donde las inversiones seguían el ritmo de la producción, financiado en gran parte por las ganancias asociadas a la escala. El comercio exterior, en un contexto de tasas de cambio fijas se relacionaba con el desenvolvimiento de los ingresos nacionales.

En cuanto a los sistemas de calificaciones se instauró un esquema asociado al puesto de trabajo, donde las calificaciones se estandarizaban y se expresaban en categorías en el marco de los convenios colectivos. Resultó importante en este esquema la articulación entre formación inicial y formación en el trabajo como elemento central en la conformación de los procesos de aprendizaje que regulaban el acceso a los puestos o a los sectores profesionales en el mundo del trabajo.

La calificación se constituyó en el imaginario social como una clasificación vinculada con los salarios, reflejado en los conflictos laborales entre empleadores y asalariados. A esto hay que agregar la jerarquía en la estructura social que significaba poseer una determinada calificación. Una jerarquía social de las funciones que adquirió preeminencia cuando se la relacionó con los empleos, las profesiones y las posiciones socioeconómicas.

Los “viejos” convenios colectivos premiaban la “antigüedad” en el puesto (sobre todo en el sector industrial), ya que de alguna manera se garantizaba el aprendizaje. Materializada en el puesto, la calificación se concibe entonces como propiedad irreversible y duradera.

Posteriormente, la mayor competencia llevó a las empresas a insistir en la capacidad de adaptación de los trabajadores y de los esquemas que organizan su trabajo. Por ello la idea de flexibilidad y competencia se convirtieron en ejes importantes en la orientación de la demanda de trabajo.

La mundialización de la economía exige a las empresas que seleccionen y adopten las mejores prácticas internacionales, inversiones en investigación y desarrollo para mejorar la difusión y transferencia de conocimientos, la protección de la propiedad intelectual, la adopción de normas técnicas para codificar los conocimientos tácitos, etc.

En este sentido, se busca combinar la inversión en capital físico con tecnologías incorporadas y de inversiones inmateriales como investigación y desarrollo e inversiones inmateriales en investigación, educación y formación profesional. Dentro del progreso técnico se destacan las tecnologías en información y comunicación (TIC) que facilitan la codificación de los conocimientos tácitos y los transforman en informaciones fácilmente transmisibles.

La codificación de los conocimientos tácitos (construidos a partir de la formación, las calificaciones y competencias y la experiencia productiva) constituye un elemento donde los conocimientos tácitos y codificados se retroalimentan generando nuevos conocimientos. El nuevo modelo de crecimiento que se está construyendo, luego de la crisis, se basa en el rendimiento creciente de las inversiones inmateriales realizadas en el saber productivo que se engendra de manera endógena por el mismo proceso de crecimiento y que se incorpora en el capital físico.

Esto plantea una nueva relación entre saberes de la experiencia y los saberes técnicos. La formación profesional puede colaborar en la generación de espacios innovativos a partir de la interacción entre sujeto y experiencia (en contextos de trabajo) y simultáneamente del sujeto de la experiencia con actores que se movilizan en ambientes pedagógicos y productivos.

En términos de cohesión social se presenta un proceso dual:

- Los trabajadores con pocas calificaciones o dificultades de aprendizaje verán muy deterioradas su situación, - mientras que aumentarán las posibilidades de los trabajadores que cuentan con mayores calificaciones.

El principal desafío consiste en estimular la productividad y el crecimiento, desarrollando actividades económicas con una fuerte intensidad en conocimientos y preservando la cohesión social. A partir de esto aparece el concepto de aprendizaje a lo largo de toda la vida, actualizando y perfeccionando sus calificaciones para adaptarse al progreso tecnológico. Un elemento complementario es la validación de las calificaciones anteriormente acumuladas por los trabajadores, incluso las adquiridas en la experiencia revalorizando esos saberes, mejorando los métodos de evaluación de su desempeño, revisando las clasificaciones en los puestos y las escalas salariales.

Para esto resulta necesario buscar esquemas de concertación social, entre los distintos actores del mundo del trabajo, con el objetivo de impulsar el desarrollo tecnológico y la valorización de los recursos humanos. En este esquema la situación de los trabajadores no calificados se ha degradado en términos de volumen de empleo, productividad y salarios, mientras que mejoró sensiblemente la de los trabajadores que, gracias a sus mayores calificaciones y competencias, pudieron aprovechar la potencialidad de la NTI y TIC.

Todas estas características del nuevo patrón tecnológico y del desarrollo de sistemas de innovación tienen como base un lugar más preponderante ocupado por el saber obrero generado en la situación de trabajo, en un marco organizacional que potencie la interacción entre saberes formales y aquellos constituidos en el mundo de la vida del trabajo.

De esta forma, se presenta un primer desafío para la formación profesional en términos de colaborar en la generación de estos saberes y en potenciar la interacción entre conocimientos tácitos y saberes técnicos/formales, propiciando ámbitos de circulación de los mismos en forma abierta y de público acceso. De esta manera, el aporte de la formación profesional se relaciona con cierto proceso de reapropiación de dichos conocimientos por parte del actor obrero, a partir de una reconstrucción reflexiva de dichos saberes.

Cabe destacar que el reconocimiento de estos saberes se enmarca dentro del modelo de competencia y no en de la calificación antes descripto. La competencia se identifica con un desempeño o resultado en el trabajo. Es una compleja articulación de capacidad de respuesta “correcta” y exacta ante pruebas o demandas formalizadas, de capacidad de juicio, esto es, de argumentar, explicar e interpretar cuestiones opinables y de capacidad de solucionar problemas o situaciones imprevisibles.

Esto provoca una recaída sobre las aptitudes del propio obrero, y no tanto en la formalización de saberes o en la antigüedad en un puesto de trabajo. De esta manera, el obrero se debe adaptar permanentemente al trabajo que realiza, por ello sus conocimientos requieren la dinámica de una formación continua, que no se garantiza con un modelo de calificaciones.

Sintetizando esta noción, la competencia contempla tres instancias.

1. La primera sería el conocimiento que posee el trabajador antes de acceder al empleo (por ejemplo, formación educativa);

2. en la segunda se pasaría de la adaptabilidad de los conocimientos a los requerimientos y formación (capacitación) de la organización empresaria;

3. y en la tercera, se redundaría en una evaluación constante de la competencia desplegada en la empresa.

En términos generales, se puede hacer una clasificación de las distintas competencias que se requieren para generar saberes técnicos/formales:

Genéricas: serían aquellas que aseguran la transferibilidad de destrezas ocupacionales porque se refieren a comportamientos asociados con desempeños comunes a diversas organizaciones y ramas de actividad productiva (habilidad para analizar, interpretar, organizar, negociar, etcétera).

Meta- competencias: aquellas que operan en otras competencias.

Básicas: comportamientos elementales que deberán mostrar los trabajadores, tales como conocimientos de índole formativa (lectura, redacción, aritmética, etc.).

Empleabilidad: las necesarias para obtener un trabajo de calidad. Podrían equivaler a las competencias básicas. Interpersonales, organizacionales o sociales: las que permiten mantener relaciones humanas y laborales con fluidez, trabajar en equipo y comunicarse en general.

Técnicas o específicas: aquellos comportamientos de índole técnica vinculados a un cierto lenguaje o función productiva. Sistémicas: aquellas que permiten aproximarse a la realidad en su complejidad de relaciones y no como un conjunto de hechos aislados.

Tecnológicas: las que facultan el conocimiento y uso de tecnologías usuales.

Intelectuales: incluyen comprensión de entornos y procesos, concentración, y resolución de problemas.

Orden: se refieren a la capacidad de seguir prescripciones que hacen al orden y a la rutina de trabajo, a las destrezas y habilidades de tipo manual y/o práctica

A modo de conclusión: Los desafíos de la Formación Profesional en el contexto actual.

Considerando los cambios a nivel global en el régimen de crecimiento, el papel de las nuevas tecnologías y el contexto nacional, se presentan nuevos desafíos para la formación profesional. En este marco se pretende caracterizar la relación de la formación profesional con: 1) la nueva conexión entre saber obrero y proceso productivo, 2) la reconstrucción del mundo del trabajo y un nuevo marco de concertación entre los actores, 3) el escenario de profundas heterogeneidades tanto del aparato productivo como del mercado de trabajo.

En este contexto resulta significativo precisar algunas definiciones. La Educación y Formación Profesional denota las actividades de aprendizaje organizadas formalmente y llevadas a cabo con el objetivo de mejorar las calificaciones de los individuos. Cubre desde la educación elemental, pasando por la educación secundaria y post secundaria general o profesional (educación superior y pasantías en empresas), hasta llegar a la educación de adultos, la formación profesional posterior y la formación continua.

Por su parte, los Regímenes de Educación y Formación Profesional (REyFP) refieren al conjunto de instituciones que organizan y proveen servicios de educación y formación, así como las costumbres específicas, reglas y regulaciones que rigen su funcionamiento interno y coordinación mutua dentro de los marcos de la política nacional (ministerios, sindicatos, organizaciones de empleadores, escuelas, oficinas de empleo, empresas, centros de formación, formadores).

Esta estructura concentra la provisión de servicios de enseñanza y formación en términos de diferentes ciclos institucionalizados de educación y formación profesional, su selectividad interna, grado de estandarización y conexiones, así como el peso relativo que tienen en un contexto nacional dado. Los cambios, tanto a nivel global como en el escenario nacional de las últimas décadas, plantean nuevos desafíos para este sistema.

1. Un primer elemento es el rol de la formación profesional en su contribución respecto de la utilidad social de los saberes productivos, en el marco de la crisis de las formas de organización tayloristas del trabajo, a partir de una nueva conexión orgánica entre saberes, innovación y modelos productivos. Esta relación se asocia al carácter endógeno de los procesos innovativos, que requieren de un tipo de organización formativa. Pero este tipo de organización tiene como base el trabajo calificante, es decir el conjunto de saberes tácitos que son generados en el propio proceso de trabajo y que ubica en un nuevo lugar el saber obrero respecto de las prácticas innovativas.

Esto plantea una nueva relación entre saberes de la experiencia (generados en los contextos productivos) y los saberes codificados. En este sentido, la formación profesional colabora en la generación de espacios innovativos a partir de la interacción entre sujeto y experiencia (en contextos de trabajo) y simultáneamente del sujeto de la experiencia con expertos (actores que se movilizan en ambientes pedagógicos y productivos), en ámbitos de actuación donde participan empresarios, sindicatos, Centros de Formación Profesional, Centros de Investigación, etc.

2. Una segunda instancia, da cuenta del aporte de la formación profesional en términos de articulación y cohesión social, colaborando en la producción de ciudadanía, a partir de potenciar distintas instancias de circulación de saberes y en la búsqueda de nuevos esquemas de concertación entre los actores que participan del mundo del trabajo y del mundo educativo. Dar cuenta del nuevo estatuto del saber obrero en la organización moderna supone la necesidad de un nuevo esquema de acuerdos sociales. La crisis de la organización taylorista del trabajo pone en evidencia una nueva forma de valor del trabajo en la empresa, que necesita de la movilización de los conocimientos generados en la experiencia.

Pero esto implica un nuevo marco de concertación, nuevas formas de legitimación que se correspondan con estas formas de valorización del trabajo y que permitan articular un principio de solidaridad con otro de utilidad social a nivel macro y de acción orientada al éxito (acción instrumental y estratégica orientada a la eficacia económica), con acción comunicativa (necesidad de entendimiento y comprensión mutua) a nivel microsocial en el interior de la organización. Estas dos instancias de acuerdo, resultan fundamentales a la hora de producir un bien público como es la formación, con sus consecuencias en términos de inserción e inclusión social.

3. Por último y como tercer desafío se presenta, asociado a las consecuencias sociales y productivas de las políticas neoliberales de los años ’90 y como elemento más específico de la realidad latinoamericana, un contexto de alta heterogeneidad y fragmentación productiva y social, que requiere modos de intervención flexibles y plurales por parte de los responsables de ejecución de la políticas públicas.

Estas heterogeneidades no solo se expresan en lo económico sino que adquieren una dimensión social y cultural. En este sentido, la formación profesional puede contribuir, en estas dos últimas dimensiones, a potenciar nuevos modos de concertación social (capital social) que impulsen formas de circulación de saberes más abiertas (capital cultural), colaborando en la reconstrucción del entramado social y productivo.

Notas

1 El fordismo, realizando una síntesis grosso modo, se relaciona con la cadena de montaje que impulsó el nacimiento de la industria pesada como así acuerdos entre diferentes actores sociales: trabajadores, empresarios, sindicatos y el Estado. Dichos acuerdos tomaron la forma de un modelo productivo que podía ser comprendido también como forma de acumulación de un determinado país o una región.

2 Por taylorismo se entiende la simplificación de las tareas asociadas a la reducción de los tiempos de producción lo intensifica el ritmo de trabajo, y elimina los tiempos muertos de la jornada laboral.

Referencias bibliográficas

- Boyer, R, Freyssent, M. (2001); Los modelos productivos. Humanitas, Buenos Aires

- Neffa, J.C. (1998); Los paradigmas productivos taylorista y fordista, y su crisis. Una contribución a su estudio desde la teoría de la regulación, Humanitas, Buenos Aires.

- Neffa, J.C. (2000); Las innovaciones científicas y tecnológicas. Una introducción a su economía política. Humanitas, Buenos Aires.

- Neffa, J.C. (2003); El trabajo Humano. Contribuciones al estudio de un valor que permanece. Humanitas, Buenos Aires

- Tanguy, L. (2001); “De la evaluación de los puestos de trabajo a la de las cualidades de los trabajadores. Definiciones y usos de la noción de competencias”, en El trabajo del futuro. El futuro del trabajo. De la Garza Toledo, E y Neffa, J. C compiladores. CLACSO, Buenos Aires.

Vocabulario relacionado al artículo:

conocimiento . formación profesional . tecnología .

Reflexión acerca del rol de la formación profesional en un nuevo contexto paradigmático fue publicado de la página 193 a página196 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIV.

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