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François Boucher y el Rococó Francés

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº17

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº17 [ISSN: 1668-5229]

Ensayos sobre la imagen Edicion III.

Año V, Vol. 17, Agosto 2008, Buenos Aires, Argentina | 111 páginas

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Caballos Loor, María José

A mediados del siglo XVIII surgen en Europa cambios sociales y políticos que conllevan a Revolución. A nivel artístico, el proceso se inicia en Francia en la corte de Luis XV y se desarrolla con Luis XVI, cuando aparecen nuevos patronos y centros de cultura apartados de la corte. La burguesía se va apoderando paulatinamente de todos los medios de cultura y este nuevo arte, que por primera vez se aleja de los cánones estilísticos tradicionales, creará un ansia de perfeccionismo, básico para la formación de las generaciones decimonónicas.

El arte del siglo XVIII en Francia, como evolución del cortesano, es aún un arte distinguido y esencialmente aristócrata, donde lo más importante es el virtuosismo ejecutivo y el valor decorativo; pero existe una diferencia con el barroco, determinada por la ausencia de gran formato, de lo heroico, solemne y ceremonial, que da paso a lo gracioso e íntimo, expresado con línea firme, y rico y claro colorido.

Los artistas franceses se encuentran protegidos por el Estado, la Iglesia y la aristocracia, que apoyan su formación. Es el siglo de la Ilustración. La corte absorberá casi toda la actividad de sus artistas, que traducen en pinturas de costumbres y género galante la cultura de la época. Tras el absolutismo de Luis XIV, se desarrolla con Luis XV un arte sensualista e intimista que gana en elegancia y ternura en oposición del arte de la Regencia. El rococó consigue la representación objetiva de su entorno, y a pesar de que la temática siga basándose en la corte, la minuciosidad del detalle, el empleo de fondos paisajísticos, el colorido y el erotismo lo convierten en un arte cercano al sentir de la alta burguesía. El desnudo femenino ocupó un lugar relevante, tanto en las alegorías como en los personajes mitológicos. En los retratos, se usaron telas y afeites de gran calidad y elegancia que permitieron una magnífica y detallada interpretación.

El rococó en Francia

Francia es la cuna del estilo y desde aquí se extiende al resto de Europa, especialmente a los países de lengua germánica donde adquiere una fuerza extraordinaria debido a las fuertes relaciones de Federico II de Prusia con la corona francesa. El estilo de vida francés también se hizo popular en las cortes de otros países, sobre todo en España y Alemania, que por aquel entonces estaba dividida en una incontable cantidad de pequeños reinos y marquesados. En Prusia, el rey Federico II hizo construir, siguiendo el modelo francés, el palacio Sans-Souci, de estilo rococó. En el sur de Alemania, el pintor italiano Giovanni Battista Tiepolo, que había conseguido hacerse un nombre más allá de las fronteras de su país gracias a los grandes murales que había pintado, recibió el encargo de decorar la residencia de Wurzburgo. Su ilusionismo revela visiblemente la procedencia veneciana del pintor. Ya en tiempos de Veronés, estas pinturas tan imponentes que se abren en el espacio eran toda una especialidad de la ciudad de los canales.

Pintura

Tras la llegada al poder de Luis XV en 1722, el rococó francés alcanzó su máxima representación gracias a sus artistas principales: François Boucher y su alumno Jean Honoré Fragonard. Los temás preferidos por la pintura del rococó son galanterías refinadas, juegos amorosos, situaciones íntimás e insidiosas, y momentos eróticos y picantes. Los cuadros de Boucher y Fragonard, que alcanzaron una gran fama, reflejaron y también formaron el gusto artístico de comienzos del siglo XVIII.

Mobiliario

El diseño de muebles es la principal actividad de toda una dinastía de ebanistas parisienses. En Francia, el estilo se mantiene muy sobrio, puesto que los ornamentos, principalmente de madera, eran menos macizos y se presentaban como composiciones de motivos florales, escenas, máscaras grotescas, pinturas e incrustaciones de piedra.

La tapicería fue un capítulo importante para conseguir comodidad en el mueble. Los asientos llegaron a cotas de comodidad inimaginables pocos años antes. La tendencia general a favor del lujo y del confort hizo que los cortesanos asistentes a los salones pudieran ahora sentarse (e incluso reclinarse y estirarse) en las reuniones, a diferencia de la época anterior, en la que había sido obligatorio permanecer de pie por cuestiones de protocolo. Este nuevo concepto de la comodidad, una actitud más despreocupada respecto al cuerpo humano (al cual se permitía en momentos de intimidad evadirse y librarse de rígidas posturas), la inquietud por desarrollar actividades intelectuales y lúdicas en los espacios privados, propicia el desarrollo de nuevos diseños de muebles.

Arquitectura

Con el alejamiento de la cultura de los palacios de la corte, las construcciones características de esta época fueron las casas alejadas del centro de ciudad o en medio del campo: folies, bergeries, bagatelles o ermitages. En residencias urbanas, el hôtel o mansión en la ciudad, la planta se divide en unidades espaciales relativamente pequeñas con lo cual se obtienen ámbitos especializados de diferente medida según su función: salón, comedor, cuarto, antecámara, galería, gabinete.

De esta forma, apareció una distribución más práctica que la anterior; ahora las habitaciones eran independientes y con acceso individual. Se cortaron oblicuamente las esquinas de las habitaciones para colocar escaleras secundarias en los espacios ganados y éstos se comunicaban entre sí mediante pasillos, corredores y galerías.

Escultura y objetos de porcelana

Francia ocupó un lugar importante en la producción de porcelana durante el siglo XVIII. Se fabricó en Ruán, Estrasburgo, Saint- Cloud, Mennecy, Chantilly y en la Manufactura Real de porcelana de Sèvres.

Después de unos inicios difíciles (1741) en Vincennes, la Manufactura Real se trasladó a Sèvres en 1756. La porcelana de Sèvres se caracterizaba por sus dibujos rodeados de ornamentación de rocalla sobre fondo blanco, aunque este blanco pasó rápidamente a colores de tonos muy vivos como el azul y rojo (posterior al Rococó), el amarillo vivo, el azul turquesa, y el rosa Pompadour (a partir de 1757), de moda durante diez años y que se denominó así como reconocimiento al interés personal de Madame Pompadour en el desarrollo de las Manufacturas.

A partir de la década de 1750 se puso de moda la colocación de placas de Sèvres como decoración de muebles pequeños o accesorios.

François Boucher, artista

Hijo de Nicolás Boucher, nació el 29 de septiembre de 1703 y murió el 30 de mayo de 1770. Fue un pintor que gustó del estilo galante, propio de la época rococó; famoso por sus pinturas idílicas y voluptuosas de temás mitológicos, alegorías sobre pastores y varios retratos de Madame de Pompadour.

Fue quizás el decorador más famoso del siglo XVIII, con su estilo enmarcado básicamente en el arte rococó. A los diecisiete años fue aprendiz del pintor François Lemoyne, con quien sólo estuvo tres meses antes de empezar a trabajar con Jean-François Cars. Tres años después, Boucher había ganado el prestigioso Premio de Roma, pero tuvieron que pasar otros cuatro años para que empezara sus estudios en Italia. Tras su regreso de Italia, en 1731, fue admitido en la Real Academia de la pintura y escultura. Llegó a ser rector de tal institución y director de la Real Fábrica de Tapices de los Gobelinos. En 1765 fue nombrado primer pintor del rey.

Su obra está inspirada en artistas como Watteau y Rubens.

Sus primeras obras celebraban la tranquilidad de la naturaleza y la evasión que otorga el campo. Su trabajo olvida la inocencia tradicional del campesino e impregna sus escenas con algo de erotismo; sus escenas mitológicas son apasionadas y amorosas, en lugar de las típicas épicas.

Su gran protectora es Madame de Pompadour, amante de Luis XV, de la cual fue profesor de dibujo. A partir de que Boucher fue nombrado pintor del rey, empezó a sufrir grandes críticas por parte de los ilustrados. Según ellos, el arte debía ser didáctico y no recrearse en frivolidades. El gusto por el Neoclasicismo empezaba a imponerse.

Además de sus cuadros, Boucher diseñó trajes para teatros, tapices y participó en la decoración de los palacios de Versalles, Fontainebleau y Choisy. Ha sido uno de los mayores exponentes del estilo rococó francés.

Fue considerado en su época el artista de moda. Su variada labor abarca desde pinturas, ornamentaciones decorativas de un sinfín de residencias en los alrededores de París, dibujos e ilustraciones (por ejemplo para Molière) hasta una gran actividad en el ámbito del arte industrial, sobre todo en la ilustración de la porcelana fina. Fue el pintor de lo agradable y lo gracioso y adoraba las representaciones pastoriles, que a menudo combinaba con arreglos muy artísticos, como alegorías de las épocas del año. Sus cuadros apuntan hacia una efectividad total, cuestión que consideraba más importante que resaltar simplemente los objetos o las personas individuales. Pintaba con colores claros, porcelanosos y lisos, que en realidad eran bastante fríos; utilizaba matices muy seleccionados que parecían reflejar un brillo luminoso propio.

Entre sus pinturas más importantes, se destacan: El triunfo de Venus (1740, National Museum Stockholm), El baño de Diana (1742, Museo del Louvre), Louise O’Murphy (1751, Wallraf-Richartz Museum, Cologne), La marquesa de Pompadour (1758, Victoria & Albert Museum). De estilo intimista, su Desnudo en reposo (Alte Pinakothek, Munich) está considerado como su cuadro predilecto. La cara de la mujer es la de su propia esposa –Diderot dijo que Boucher estaba “prostituyendo a su mujer”– y, según leyendas, el trasero es el de Madame de Pompadour.

Madame de Pompadour

La amante más famosa de Luis XV, Jeans-Antaine Polisón, se hizo famosa como la marquesa de Pompadour. Ella fue la protectora más eficaz de los artistas rococó de la corte. Su retrato realizado por François Boucher revela tanto el poder como la vulnerabilidad de su posición: Madame de Pompadour aparece ante nosotros sin adornos, a excepción de su propia belleza y de los exuberantes pliegues de su vestido. Este reluciente despliegue de satén es un elemento de la pintura tan importante como los demás. La gracia femenina es la esencia de este retrato. Mediante su gracia e inteligencia, esta dama se encumbró al poder y a su vez convirtió a Boucher en el pintor de moda de sus días. En ese retrato, el pintor adecua perfectamente los medios a los fines. Presenta la gran belleza de una amante extremadamente habilidosa. Elabora y embellece sobre la tela del vestido el rico juego de luces y sombras. Es, en el aspecto más sutil posible, una pintura dedicada totalmente a la atracción femenina.

Aunque los pintores del rococó fueran menospreciados por sus “ilustrados” contemporáneos a causa de la frivolidad y de la glorificación de la prodigalidad de la aristocracia, debe considerarse que las obras, como los sensuales desnudos de Boucher, son al mismo tiempo una insurrección provocadora contra la moral de la Iglesia y, desde este punto de vista, contienen la misma idea ilustradora que la defendida por los filósofos de su tiempo, como por ejemplo Rousseau y Voltaire, que exigían al hombre que tuviera “valor para pensar por sí mismo” y que no se limitara a depositar su confianza en las obsoletas concepciones ideológicas y doctrinas de la Iglesia y de la nobleza, sino que volviera a recuperar las capacidades recibidas por la naturaleza: el pensamiento y el intelecto.

Retour à la nature (Vuelta a la naturaleza) es lo que reclamaba Rousseau, con lo que en ningún caso se refería a retroceder a un estado de civilización primitiva, sino que, en vistas de la forma de vida cortesana, era necesario abandonar la hipocresía y volver a la sencilla naturalidad.

Recursos Electrónicos

- www.artehistoria.jcyl.es/genios/pintores/1371.htm - www.es.wikipedia.org/wiki/Barroco - www.metmuseum.org/toah/hd/bouc/hd_bouc.htm



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François Boucher y el Rococó Francés fue publicado de la página 89 a página90 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº17

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