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Inteligencia Artificial: Máquinas que piensan y sienten

Barbarossa, Carolina

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº25

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº25

ISSN: 1668-5229

Ensayos Contemporáneos. Edición III Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2009

Año VI, Vol. 25, Noviembre 2009, Buenos Aires, Argentina | 132 páginas

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Introducción

El siguiente ensayo no busca responder a uno de los grandes interrogantes de la ciencia moderna, sino que intentará entender un poco más acerca de los últimos desarrollos de la inteligencia artificial: cómo fueron evolucionando a través del tiempo, y qué es lo que nos espera para un futuro cercano.

En mi opinión y conjuntamente con la tesis que propongo en este escrito, los seres humanos no serán capaces de poder construir un robot con capacidad de pensar y sentir como el homo sapiens de la actualidad. El cerebro humano es un órgano súper desarrollado, capaz de resolver situaciones y tomar decisiones complejas que ninguna otra especie conocida posee.

De todos modos, estoy segura de que los profesionales en el área sí serán capaces de crear máquinas que tengan la habilidad de imitar el comportamiento y el pensamiento humano en los próximos años. El problema surge entonces frente a la posibilidad de que los robots alcancen un nivel de inteligencia sumamente elevado, de esta forma podrían obedecer a situaciones complejas, e incluso ser casi indetectables en relación a la apariencia humana.

Hoy en día es muy común encontrar en películas de ciencia ficción y hasta en estudios muy avanzados, máquinas que intentan imitar el comportamiento de algunas actividades humanas.

El objetivo de los científicos ya no es el de crear robots parecidos físicamente al homo sapiens, sino lograr que éstos tengan la capacidad de sentir, saber y pensar como los humanos mediante la inteligencia artificial.

¿Qué pasaría si estas máquinas inteligentes realmente se lograran y superaran la inteligencia humana? ¿Seríamos capaces de distinguir entre una persona concebida de forma natural, y una completamente mecánica, pero con las mismas capacidades? En caso de que se llegara al desarrollo de un humano mecánico casi real, ¿serían necesarios derechos para robots?, ¿habría posibilidad de formar familias mitad orgánicas, mitad mecánicas? Todas estas y muchas otras preguntas son las que nos hacemos a la hora de pensar en un futuro no muy lejano.

Hay quienes, como Pamela McCorduck y Edward Feigenbaum, creen que nosotros, los humanos, estamos preparando el mundo para una generación de robots mucho más avanzada que los homo sapiens denominada la quinta generación.

¿Qué es la Inteligencia Artificial?

Esta disciplina nació formalmente en el año 1956, tras varios años previos de estudio, y puede definirse de diferentes maneras según el enfoque que se le quiera dar.

Stuart Russel y Peter Norvig en su texto Inteligencia Artificial: Un enfoque moderno diferencian entre aquellos aspectos de la ciencia que se orientan a los procesos mentales y los que se vinculan al razonamiento para evocar a la conducta. Separan además, las acepciones que se desarrollan en función de la eficiencia humana, y aquellas en donde la racionalidad juega un rol importante. Podemos entender entonces que los científicos se han dividido en cuatro grandes enfoques: están los que creen que la inteligencia artificial puede entenderse como sistemas que piensan como humanos, “La interesante tarea de lograr que las computadoras piensen (…) máquinas con mente, en su amplio sentido literal” (Haugeland, 1985).

Están quienes entienden a la ciencia como sistemas que piensan racionalmente, “el estudio de los cálculos que permiten percibir, razonar y actuar” (Winston, 1992). Hay quienes creen que la inteligencia artificial puede definirse como sistemas que actúan como humanos, “el arte de crear máquinas con capacidad de realizar funciones que realizadas por personas requieren de inteligencia” (Kurzweil, 1990). Y por último están los que creen que son sistemas que actúan racionalmente.

“La rama de la ciencia de la computación que se ocupa de la automatización de la conducta inteligente”.

Pero para que las máquinas puedan imitar la mente humana, es necesario que primero entendamos cómo se comporta el pensamiento humano. Según Russel y Norvig, el primero en proponer un pensamiento racional fue el filósofo griego Aristóteles.

Él intentó inducir un tipo de pensamiento “correcto” e irrefutable mediante silogismos, es decir “si A e igual a B, y B es igual a C, entonces A es igual a C”. Esto está estrechamente relacionado con la Mayéutica de Sócrates, que propone indagar para conocer la verdad. Si bien esto es algo complejo, no nos resulta tan complicado a los humanos a la hora de desarrollar premisas, y de este modo tomar determinadas decisiones.

Las premisas son la base de un programa informático, según Theodore Roszak en El culto a la información. A la hora de realizar operaciones las máquinas siguen una serie de reglas tales como “esto es lo mismo que aquello; junta éstos” o “si esto es así, entonces aquello no es así; aquello puede eliminarse”. Quiere decir, entonces, que las operaciones mecánicas se comportan parecido a la mente humana, solo que a una escala mucho menor. Hasta ahora, ya que aún no conocemos la magnitud que esta ciencia ha alcanzado en los últimos años.

En el libro El Culto a la Información se incluye una cita de Joseph Weizenbaum que encuentro muy interesante por coincidir con mi postura: “Por mucha inteligencia que los ordenadores puedan obtener ahora o en el futuro, la suya será siempre una inteligencia ajena a los auténticos problemas y preocupaciones humanos”. Creo que estas palabras están muy acertadas dentro de la realidad de la tecnología, ya que en mi opinión nunca podrá lograrse un cerebro humano a no ser que sea concebido de forma natural. Sí podremos llegar a lograr clones exactos de una persona por medio de la clonación de células madre, pero ese sería un tema a discutir en otra oportunidad.

¿Qué proponen el cine y la literatura al respecto?

Lo más interesante con respecto a la gran incógnita de saber cómo evolucionará la inteligencia artificial en los próximos años es poder analizar lo que proponen los directores de cine en películas del género de ciencia ficción. Algunas de las más controvertidas que plantean el problema de la inteligencia artificial como un post desarrollo de los seres humanos, son Inteligencia Artificial (Steven Spielberg, 2001), El Hombre Bicentenario (Christopher Columbus, 1999), Yo, Robot (Alex Proyas, 2004) y Blade Runner (Ridley Scout, 1982) entre tantas otras menos reconocidas.

Las cuatro películas anteriores tienen como protagonistas a androides con un coeficiente intelectual muy elevado capaces de sentir, amar y pensar dependiendo el título.

En Inteligencia Artificial, por ejemplo, Spielberg trata el tema de la ambigua relación amor-odio entre humanos y robots. El film cuenta la historia de un niño androide llamado David que desea con todas sus fuerzas poder ser un niño humano para así poder ganarse el amor de su madre adoptiva. Esta película trata muy de cerca las catástrofes provocadas por la arrogancia tecnológica. En cuanto a la inteligencia propiamente dicha de los androides, a diferencia de sus creadores, presentan virtudes propias de los humanos como ser la lealtad, la solidaridad, la inteligencia y la compasión. Según Spielberg, en caso de que en algún momento de la historia se lograra crear un robot con capacidades humanas, los androides no serían superhombres destinados a convertirse en sucesores evolutivos del homo sapiens, solamente se trataría de eso: androides programados para amar. En la película nos encontramos con una gran ruptura de paradigmas, en los que los humanos están aprendiendo a amar a esos robots que aman. Algunos lo asumen más rápidamente que otros; la mamá adoptiva de David, por ejemplo, siente ternura por el androide, pero sin embargo no puede quererlo, ya que sabe que el amor que el niño siente por ella nunca será más que un “amor mecánico”, y por eso termina abandonándolo en el medio del bosque.

Algo similar ocurre en El Hombre Bicentenario, en donde una familia del futuro compra a Andrew, una especie de androide mayordomo con una inteligencia súper desarrollada para ocuparse de los quehaceres de la casa. Como David, Andrew también quiere convertirse en un ser humano para poder experimentar sensaciones como reír, llorar y amar. Andrew consigue cambiar su aspecto de robot a uno prácticamente humano, y hacia el final de la historia logra modificar su cuerpo mecánico por uno orgánico. La película termina con la muerte humana del androide y su declaración como el ser humano más viejo de la historia. El paradigma de la inteligencia artificial está tratado más suavemente en esta película.

Los humanos en general aceptan a Andrew como androide y también lo ayudan a convertirse en un ser humano real.

En Blade Runner, una película basada en la novela corta de Philip Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, los humanos buscan exterminar a los androides que son empleados de trabajos riesgosos o como esclavos. En la película, así también como en la novela, se presenta un aspecto de los robots hasta ahora no explorado y es la duración de su vida útil.

Ambos David y Andrew en sus respectivas películas viven más de doscientos años. Dick propone otro número. Para él, los androides deberían vivir solamente cuatro años, periodo en el cual sus células se deteriorarían. De esta forma los humanos se asegurarían de que los robots nunca obtengan un mayor nivel de inteligencia y poder en la sociedad.

Tanto en Blade Runner como en Yo, Robot se trata el tema de la violencia de los androides para con sus creadores. El androide Roy Batty tiene un enfrentamiento con su diseñador, el doctor Tyrell, mientras que en Yo, Robot se trata de un androide que planea una rebelión del mundo mecánico para matar a los humanos. De esta manera, nos adentramos en otra pregunta controversial a la hora de pensar en la adquisición de una inteligencia artificial similar a la de los humanos: ¿Si los robots tuvieran un coeficiente intelectual igual o mayor al de los homo sapiens, cabría la posibilidad de que éstos se rebelaran contra sus creadores para así obtener el poder absoluto y derrocar a la sociedad humana? En mi opinión, esto podría suceder. Yo creo que, como la ciencia lo está demostrando, los robots están siendo creados para facilitar y alivianar las tareas de los humanos. El principal objetivo de la tecnología hoy en día es lograr máquinas inteligentes que puedan solucionar los problemas cotidianos de la gente, es decir, construir súper mucamas, mayordomos, albañiles, constructores y así sucesivamente. En caso de lograr un androide con inteligencia superior nos encontraríamos en la disyuntiva de creer que los mismos aceptarían con gusto la idea de servir a los humanos o no. Cabe la posibilidad de que, como lo propone Alex Proyas en Yo, Robot, hubiera máquinas que quisieran rebelarse contra los humanos. También está la posibilidad de que los androides asuman su posición dentro de la sociedad, y los humanos podamos vivir por siempre ante el servicio de los robots.

Ahora, ¿que sucedería si, como en el típico cuento en que el príncipe heredero del trono se enamora de la plebeya criada, hubiera humanos y androides decididos a formar parejas? Colombus en El Hombre Bicentenario propone esta cuestión moral. El androide Andrew se enamora de Portia, la bisnieta humana de su amo humano y tras unas ideas y vueltas, terminan juntos como pareja. ¿La sociedad aceptaría estás relaciones mecánicas-orgánicas o las pondría en tela de juicio como lo hace con las relaciones homosexuales?

¿Pueden pensar las máquinas?

Al preguntarse si las máquinas serían capaces de pensar Russel Stuart propone un término interesante: aI débil. Este término propone dos afirmaciones que complicarán un poco el trabajo de los científicos para los próximos años. Russel afirma que, “hay cosas que las computadoras no pueden hacer, independientemente de cómo se les programe”, y “ciertas formas de diseñar programas inteligentes están condenadas al fracaso tarde o temprano”. Teniendo en consideración estas afirmaciones, la idea más acertada sería pensar que nunca se va a lograr que las máquinas tengan un pensamiento al menos similar al humano.

Alan Turing, reconocido científico del área propone en su más famoso escrito Computing Machinery and Intelligence que no hay que preguntarse si las máquinas pueden pensar, si no que si serían capaces de pasar una prueba conductual. Lo que luego se llamó la Prueba de Turing, proponía que una máquina fuera capaz de conversar ante un interrogatorio por cinco minutos para el año 2000; y de hecho, en parte se logró. Se concluye entonces, que las máquinas en realidad sí puedan pensar, aunque nunca podrán tener sentido del humor, enamorarse, aprender de la experiencia, saber distinguir lo bueno de lo malo y otras actitudes propias del humano Inteligencia Artificial: Un Enfoque Moderno dedica su último capítulo a preguntarse qué sucedería si se concibieran máquinas capaces de pensar. Nos damos cuenta que preguntas tales como “¿Deberían tener las máquinas sus propios derechos?” o “¿Cómo interaccionarían las máquinas inteligentes con los seres humanos?” o “¿Qué sucedería si las máquinas inteligentes deciden trabajar en contra de los intereses de los seres humanos?” salen a flote y deben ser tenidas en cuenta.

Entonces es cuando nos preguntamos si es conveniente seguir con este proyecto, arriesgarse y seguir hacia un camino desconocido y creer que lo que puede llegar a suceder no será negativo.

Russel y Norvig ven a este mundo desconocido como algo un poco más optimista. Ellos opinan que las máquinas inteligentes son capaces de “mejorar las circunstancias materiales en las que se desenvuelve la vida humana” y que de ninguna manera podrán afectar nuestra calidad de vida de manera negativa.

Siempre cabe la posibilidad de que esto se desarrolle de manera positiva o que las máquinas afecten el crecimiento de los niños, y generen más estrés en los adultos. El resto, opinan los autores, “no parece ser tan terriblemente negativo”.

Conclusiones

Al comienzo de este ensayo poco sabía acerca de esta apasionante ciencia que es la inteligencia artificial conjuntamente con la ciencia cognitiva. Creía que se trataba solamente de poder lograr robots casi humanos por medio de clonación de células e imitación del funcionamiento del cerebro humano.

En mi opinión, pensaba que quizás en algún momento se pudiese lograr esto que yo imaginaba, aunque no estaba segura de en cuánto tiempo se haría realidad. Ahora me doy cuenta que en mi cabeza no rondaba más que un nuevo guión para una película de ciencia ficción.

Luego de haber analizado y estudiado al menos lo básico de lo que se trata esta disciplina, entiendo que no solamente se trata de poder lograr pensamiento y sentimiento, sino que la inteligencia artificial también aplica a poder imitar el comportamiento humano. Existen teorías que creen que se trata de imitar el cerebro y otras que se inclinan más por cómo actúa el ser humano más que cómo razona.

Está claro que es una tarea mucho más fácil si creemos que la última acepción de la inteligencia artificial es la más acertada.

De hecho, y gracias a la globalización, nos damos cuenta que muchas máquinas inteligentes ya pueden imitar los comportamientos humanos para así poder facilitar y alivianar los problemas de la sociedad.

El tema que se buscaba tratar en este ensayo es un poco más complicado ya que al no poder estar totalmente seguros de que realmente se va a poder concebir una máquina capaz de sentir y pensar, tampoco podemos imaginar con total libertad qué sucedería con ellas y con su relación con la personas, en caso de que existiesen. Por eso es que es mucho más fácil valerse de aquellos grandes visionarios que ya imaginaron y propusieron sus perspectivas, es decir, los directores de cine y los escritores de ciencia ficción. Ellos nos dan un panorama tan claro y tan vivaz, que hasta muchos de nosotros creemos, por momentos, que esa es la realidad.

Pero el tema se torna mucho más ético y moral a la hora de realmente imaginar cómo sería el mundo si tuviéramos que convivir con personas que por fuera parecerían reales, que actuarían y pensarían como seres humanos, pero que por dentro sólo serían robots. Es interesante imaginar, aunque cada uno tiene la libertad de creer lo que le parezca.

En mi opinión, me divertiría la idea de convivir con estos androides, aunque, como le pasaba a la mamá de David en Inteligencia Artificial, no creo estar preparada para aceptarlos, y mucho menos para amarlos. Para mi sólo seguirían siendo máquinas súper inteligentes.

Bibliografía

Russel Stuart et al. Norvig Peter (1996). Inteligencia Artificial: Un Enfoque Moderno. México: Prentice Hall Hispanoamérica.

Roszak, Theodore (2005). El culto a la Información: Un tratado sobre alta tecnología, inteligencia artificial y el verdadero arte de pensar. Barcelona: Gedisa, Alan Turing (1950). Computing Machinery and Intelligence. Inglaterrra: Mind.

Inteligencia Artificial (Steven Spielberg, 2001) El Hombre Bicentenario (Christopher Columbus, 1999) Yo, Robot (Alex Proyas, 2004) Blade Runner (Ridley Scout, 1982) Dick Philip K. (1968). ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?.


Inteligencia Artificial: Máquinas que piensan y sienten fue publicado de la página 69 a página71 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº25

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