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Modularidad y sentido de orden en el proceso productivo de obra

La interacción como patrón persistente

Actas de Diseño Nº1

Actas de Diseño Nº1

ISSN: 1850-2032

I Encuentro Latinoamericano de Diseño "Diseño en Palermo" Comunicaciones Académicas, Agosto 2006, Buenos Aires, Argentina

Año I, Vol. 1, Agosto 2006, Buenos Aires, Argentina. | 265 páginas

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1. Modularidad e interacción

La estructura elegida para el desarrollo de este texto, comienza con el sistema común que une a mis trabajos (modularidad) y una breve reseña histórica de lenguajes artísticos relevantes como referentes de estos procesos de producción. Luego presento parte de una investigación basada en la teoría de la comunicación humana y de sus posibilidades como pilar para diseñar un “mapa” conceptual que estructure las propuestas por más diversas que parezcan (interacción).

En el transcurso de los últimos años 2004, 2005 y 2006 he buscado posibles contenedores presentes en la vida cotidiana doméstica que me permitan generar volúmenes pequeños y repetirlos (copias). Muchos de ellos son productos industriales que fueron concebidos como moldes, otros de ellos son partes de maquinarias cuya función está ligada a la mantención de éstas (filtros), otros tienen funciones específicas cómo objeto, y finalmente, algunos que provienen de vestigios del mundo animal (que he concebido posteriormente como moldes).

Una de las características de estos moldes es su tamaño, ya que todos caben en la palma de una mano. Con las copias obtenidas de estos elementos, intervengo espacios o construyo nuevos volúmenes donde se pierde la individualidad de cada objeto conformador del total.

Es a partir del fragmento, de la repetición del módulo, que artículo superficies que se transforman en otra cosa.

Entendiendo módulo como “un componente autocontrolado de un sistema, el cual posee una interfaz bien definida hacia otros componentes; algo es modular si es construido de manera tal que se facilite su ensamblaje, acomodamiento flexible y reparación de sus componentes”.1 Mi interés apunta a realizar trabajos de carácter escultórico que de un modo tal, que producirlo sea programado, cuantificable, eficiente y por sobre todo trasladable.

Con esto último quiero decir liviano, plegable, desmontable o cualquier otro recurso amigable a la hora de ser exhibidos. Estos recursos facilitan la relación con el público.

Esto ocurre a través de la interacción, que puede ser mecánica, esto es, que el público debe tocar la obra para que los mecanismos seleccionados se modifiquen; todas mis obras se desprenden de la búsqueda de propiciar y en algunos casos forzar, la relación háptica con el espectador, insertas a veces, dentro de propuestas performáticas, intervenciones y otras dentro del ámbito del objeto. A pesar de lo amplio de estas manifesta-ciones, lo que busco es lograr un contacto que dure más allá de la mirada (y su posterior reflexión). La interacción sería para mi entonces, algo así como el “tesoro” que aguarda por mí en cada trabajo como la espectadora privilegiada que conoce el guión preestablecido de cada puesta en escena.

Podemos definir lo que entendemos por interacción como: “La idea básica de la interacción consiste en cambiar las condiciones del entorno del objeto o agente de nuestro interés para que se nos muestre en otra de sus facetas, posiblemente oculta en el estado actual.

Ejercemos una acción de cambio para conseguir una reacción del objeto cuando se encuentre en el nuevo estado. El resultado es un cambio en nuestro propio estado. Posiblemente identificamos un nuevo patrón de comportamiento del objeto, que almacenamos en nuestra memoria y se suma al conocimiento (la lista de patrones) sobre dicho objeto”2.

La percepción de la modularidad (y la producción serializada) como parte de un orden mayor -el patrón- que muchas veces coincide con patrones de comportamiento de las personas o sociedades. Mi trabajo siempre ha considerado la interrelación de los espectadores, como la fuente que (me y les) impulsa a construir cosas de un modo comunitario y entrega un sentido de pertenencia a quienes deciden involucrarse en la experiencia.

Figura 1. Módulos utilizados en algunos trabajos: Caracol de resina de poliéster; caracol de hielo; Cápsulas de gelatina; troquelados de papel.

2. El proceso en la obra: Moldaje y materiales En cada uno de mis trabajos, existen dos instancias de relación: La general, que es una relación lejana y visual, y la cercana, que estimula tanto la visión como el tacto; aquí hay un reconocimiento o especulación del origen del módulo (figura 1). Similar a lo que ocurre con la miopía, sólo que la percepción general de la obra, funciona como anzuelo para dirigir la mirada de otros hacia lo que para mi es más relevante, una visión “sesgada” por el detalle. Esta estrategia es común en el mundo literario, específicamente en obras de teatro, cuentos o teleseries, cuando existen sub historias insertas dentro de una principal. O de un modo más gráfico, a las muñecas rusas, que son contenido para la siguiente “matrioshka”, y así hasta sus posibilidades materiales. Tengo entonces dos o más trabajos, uno dentro de otro, para “capturar” al espectador, en una lectura bastante literal de aquella de la Semiología de la escuela francesa. Esta proponía que la obra de arte era “develada” por “capas” virtuales, sólo que aquí están todas disponibles materialmente a medida que el espectador descubra que él regula este lente de una manera personal; esto tiene que ver con cómo quiere percibir el trabajo, de cerca o lejos: Módulos individuales o como un sistema organizado.

Al ver un módulo, la mirada es cercana, y todo, por pequeño que sea, crece y se vuelve enorme ante la percepción. Similar a lo que ocurre al tomar una lupa.

Como si de esa miniatura, fuera posible que salieran cosas insospechadas, incluso enormes. Hay algo de ingenio y malicia que me atrae en lo pequeño, algo que está también presente en el mundo de los cuentos, donde la miniatura siempre está presente. De uno u otro modo, es la que entrega un componente misterioso y un sin sentido que determina los vuelcos que vuelven una narración impredecible, como en Pulgarcito o Alicia en el país de las maravillas. “En dos líneas, el hombre de la lupa expresa una gran ley psicológica. Nos sitúa en un punto sensible de la objetividad, en el momento en que es preciso acoger el detalle inadvertido y dominarlo. La lupa condiciona, en esta experiencia, una entrada en el mundo.3” Ocupar este lente, se parece a prestar atención, qué es un acto análogo a dirigir la mirada; corresponde a retener al espectador capturado por instantes, en detalles de un mundo cerrado al que fue “abducido”.

Figura 2. Mirada general, luego se distingue el módulo Me es interesante fabricar elementos pequeños ligados a procesos de producción serial; esto tiene un sabor a trabajo productivo, a integración en la maquinaria social, a optimismo creador que no cuestiona si existe o no un mercado para su producto, pues sabe que las necesidades se crean una vez que los consumidores se visualicen completando el falso círculo virtuoso de la satisfacción inmediata del consumo. Podríamos decir que es una estrategia similar a la que utiliza la empresa “Lego” para producir los bloques plásticos, que a su vez permiten construir los diseños de cada cuál que compre uno de estos juegos.

3. Producción de obras Trabajar desde la serialización semi-industrial o semiartesanal, según sea el caso, me permite la libertad de diseñar y financiar por etapas, rediseñar conforme al volumen de producción, hecho que me resulta familiar y adaptable, y como sistema, es fundamental a la hora de trasladar mi propuesta a los lugares de exhibición.

Surgen muchas inquietudes a partir de la posibilidad de tener “sobre-producción” disponible para resolver distintos problemas artísticos y aplicarlos incluso al diseño, problemas que siempre estoy repensando dentro y fuera del marco de una posible exposición.

Notas 1. Wikipedia en español, Internet.

2. Dürsfeler, Juan. “Interacción y tiempo”, InfoVis.net, revista digital, artículo nº 127.

3. Bachelard, Gastón. La poética del espacio. Fondo de cultura económica de México, 1965.


Modularidad y sentido de orden en el proceso productivo de obra fue publicado de la página 92 a página93 en Actas de Diseño Nº1

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