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El diseño en las artesanías misioneras

Expósito, Elba

Actas de Diseño Nº3

Actas de Diseño Nº3

ISSN: 1850-2032

II Encuentro Latinoamericano de Diseño "Diseño en Palermo". Comunicaciones Académicas. Julio y Agosto 2007, Buenos Aires, Argentina

Año II, Vol. 3, Julio 2007, Buenos Aires, Argentina. | 255 páginas

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El tema elegido versa sobre los variados aspectos que muestra el diseño de los productos artesanales elaborados y comercializados en el área de las antiguas misiones jesuítico-guaraníes, asunto que es posible ser estudiado, analizado y desarrollado dentro de la amplia zona de contacto entre los tres países sudamericanos – Argentina, Paraguay y Brasil– quienes –además de ser vecinos y compartir extensos espacios de fronteras comunes– son parte integrante y fundacional de la comunidad supranacional llamada Mercosur.

En el ámbito del trabajo artesanal, el diseño, delineamiento y forma de un objeto utilitario frecuentemente subordina –aunque no renuncia– la perspectiva estética, en pos de la función práctica asignada al producto a elaborar.

En el área considerada, la antigua Paracuaria jesuíticoguaraní, los diseños registrados en sus artesanías responden a patrones culturales muy diversos, que el devenir de los avatares de la historia regional le fue imponiendo a lo largo de varios siglos.

La población indígena ocupante del área en tiempos pre-hispánicos correspondía mayoritariamente a grupos de la etnia guaraní, cuyos potentes rasgos culturales impregnaron con notable vigor la vida y las costumbres en ese espacio, signado por la selva y el agua, algunos de los cuales todavía hoy perduran.

De esa población aborigen también quedan variados utensilios que aún se elaboran –a veces con las mismas técnicas ancestrales– y que aparecen en el mercado como productos ofertados al turismo que llega a esta zona.

Afortunadamente, la parcialidad mbyá de los guaraníes permanece habitando en la región y de manera viva, esto es manteniendo casi originales algunas de sus ancestrales costumbres, técnicas, lenguaje y creencias.

Es verdad que a la mayoría, la vida les transcurre bajo condiciones de gran pobreza y cierto grado de marginalidad, pero su cestería impecable aparece allí en donde cualquier comprador recale buscando un recipiente adecuado para llevar. Algo parecido puede decirse de la alfarería, aunque en menor escala.

Lo mismo sucede con la manipulación de las fibras de karaguatá o chaguar, bromeliácea local de fuertes hebras textiles. Ellos supieron descubrir, o recibir y aceptar de otros pueblos y luego recrearlas –según qué autor se consulte– aquellas técnicas necesarias para obtener los hilos y realizar con ellos tejidos resistentes para objetos ampliamente adquiridos en la actualidad, tales como son las hamacas y las yicas, que la moda ha rescatado para acompañar jardines, galerías y balcones las primeras o reemplazar carteras y bolsos las otras.

Sus técnicas de tramado de hojas de palmera y otras fibras vegetales así como su procesamiento, les vienen desde la tradición acuñada en el ámbito selvático del interior de América del Sur, donde la selva los incentivó a aprovechar sus dones.

La presencia jesuítica en la región durante los siglos XVII y XVIII, a través de la fundación de numerosas Misiones, Reducciones o Doctrinas asentadas entre la población nativa, permite detectar otro elemento cultural poderoso que dejó un fuerte sello en el área, más allá de que la zona haya sido dividida políticamente durante los procesos de su historia y hoy la compartan los tres países ya citados.

Los Padres de esa orden religiosa, que fundara San Ignacio de Loyola a mediados del siglo XVI en España, supieron utilizar la habilidad de la mano de obra indígena y les enseñaron a elaborar innumerables productos.

Muchos de ellos persisten hasta hoy y se usan como elementos utilitarios y de uso doméstico; aunque también aparecen como objetos que son comercializados a manera de recuerdos y souvenirs destinados a los visitantes y turistas que recorren distintos sectores del área en cuestión.

Asimismo, debe reconocerse que los jesuitas nada hubieran podido lograr sin la participación activa de los integrantes del grupo guaraní, quienes aportaron sus competencias y creatividad en aquella empresa.

Simplemente el acto de tomar mate –hábito tan generalizado en los tres países considerados a los que se debe sumar Uruguay– proviene de esta época, porque esa bebida se generalizó por acción de los Padres particularmente porque observaban que les gustaba a los indígenas, porque los energizaba y porque los distraía de consumir otras bebidas más espirituosas; calabazas (como recipientes) y bombillas se elaboran todavía siguiendo aproximadamente aquellos modelos.

En los delicados trabajos de los imagineros populares que tallan a la Virgen de Caacupé en Paraguay, a Nuestra Señora de Itatí en Corrientes, a San Baltasar y a otros tantos personajes depositarios de la devoción del pueblo, se refleja la influencia de las imágenes barrocas que los jesuitas incentivaron a copiar y que hoy descansan en templos y museos.

En algunos de los artículos artesanales que se ofrecen a la venta (tratamiento del cuero, tallado de la madera, elaboración de instrumentos musicales, formas de hilado, técnicas de tejido) también se descubre la impronta jesuítica, sin mencionar todo lo que de ellos quedó –trazado de pueblos, conservación de la lengua guaraní, desarrollo del gusto musical, maravillosas ruinas de sus pueblos, etc.– y que no forman parte del ámbito artesanal.

Se ha querido englobar en este trabajo y bajo el concepto de artesanías misioneras a todos los productos expuestos bajo el sello de Artesanías Regionales, tanto en los elegantes escaparates de los hoteles de cadenas internacionales, como en los negocios de artículos regionales o en los diversos puestos de venta, algunos bien montados, otros bastante precarios, que se distribuyen en los lugares turísticos de la región jesuítico - guaraní.

Sin embargo, y junto a los ya mencionados, se puede descubrir además una variedad de objetos que reflejan un origen que no es ni jesuítico ni es guaraní.

Muchos de ellos corresponden al acervo cultural que aportaron los diferentes pueblos europeos que llegaron con posterioridad a esta zona y que se establecieron –la mayoría– como colonos dedicados a tareas agropecuarias.

Colonos españoles y portugueses desde el comienzo trajeron –entre otros aportes– encajes y bordados que siguen tan vigentes como entonces, con las adaptaciones lógicas a la época y al carácter de cada localidad.

Los ganados introducidos junto a los cueros y lanas que producían, generaron prendas y objetos para elaborar los arneses para montar y los abrigos del peón rural, que se continúan utilizando casi como en aquellos tiempos.

La posterior llegada de colonos de otras zonas de Europa trajo el aporte de distintas técnicas de tejidos y de cerámica, diferentes formas de trabajar la madera y de confeccionar objetos para la casa.

De alemanes, eslavos, mediterráneos y criollos hay huellas distintivas en el diseño de las artesanías producidas y comercializadas en la zona.

Se descubren huevos pintados que recuerdan a los que se preparan en Rusia para la Pascua, cencerros y muñecas- aldeanas que parecen haber llegado recién del centro de Alemania, encajes y bordados como apenas arribados de Portugal o Bélgica... y no, son hechos en este rincón de Sudamérica y por manos acriolladas o criollas, mestizas o indígenas.

Por ello es necesario reconocer y valorizar que muchos de esos objetos –a su vez– son resultado de esa herencia europea mezclada con la creatividad del artesano nativo, hecho que generó un nuevo producto resultante del sincretismo de troncos culturales diferentes.

Como si todo esto no fuese suficientemente complejo ya, se pueden detectar en la zona objetos artesanales que provienen de otras regiones –interiores y alejadas– de los tres países sudamericanos considerados, hecho comercial que demuestra que a los lugares turísticos se los utilizan como puertas de salida a una gran producción artesanal de los ámbitos internos –el llamado hinterland– conformado generalmente por localidades más olvidadas y con menos posibilidades de llegar a los mercados, pero que es donde se acunan y preservan aún las artesanías más genuinas.

Y no debe olvidarse además, que la globalización es un fenómeno planetario, y la región no ha quedado fuera de su alcance, generando que se puedan encontrar productos del Caribe, de Ecuador, junto a los made in China y made in Singapur entremezclados con el ñandutí local y las canastas mbyá.

Gigantesco calidoscopio artesanal, riquísima mixtura cultural, la región de las antiguas misiones jesuíticoguaraníes satisface las expectativas del comprador más exigente con la pluralidad de diseños de sus artesanías.


El diseño en las artesanías misioneras fue publicado de la página 112 a página113 en Actas de Diseño Nº3

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