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La Academia y la Identidad en el Diseño

Soto Mancipe, Carlos Roberto

Actas de Diseño Nº8

Actas de Diseño Nº8

ISSN: 1850-2032

IV Encuentro Latinoamericano de Diseño 2009 Diseño en Palermo Comunicaciones Académicas.

Año IV, Vol. 8, Marzo 2010, Buenos Aires, Argentina. | 264 páginas

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Estos apuntes no serán nada definitivo, pero me sentiré muy contento si con ellos se da el primer paso en ese camino en la búsqueda de nuestra autenticidad, que no es un camino hecho y tendido para que lo recorran, sino un camino que va haciéndose a medida que anda. Como el hombre, que en fin de cuentas sólo es un camino sin punto de partida ni punto de llegada, y que no tiene importancia ni por su origen ni por su fin, sino por el sólo hecho de ser camino y de estar andando, es decir, de ser vida y estar viviendo1.

Fernando Soto Aparicio

Primero

No se ha hablado ni escrito lo suficiente en Diseño para este Continente. Apenas comenzamos a teorizar, a presumir sobre el concepto, a llenar espacios de las revistas con lo que, de manera aislada, estamos haciendo en la Academia, mirándonos inclusive como raros especímenes que inventan trucos mágicos tratando de enamorar a una comunidad de jóvenes ansiosos de expresarse gráficamente. Eventos, conferencias, docentes de mejor calidad –extraño decirlo y mucho más raro encontrarlo–, talleres y laboratorios por donde se evidencia la tecnología y se desvirtúa muchas veces al ser estético y parlante y comunicativo que lucha por forjarse un futuro promisorio dentro del cosmos, cada vez más extendido, del diseño mundial.

Todos andamos metidos en el mismo cuento, nos asiste la loca idea de cómo atraer estudiantes para hacerlos diseñadores, estrategias de mercadeo, muestras, especializaciones, afiches cada vez más vistosos y plenos de color y peripecias publicitarias para que nuestros cupos estén llenos y la competencia no nos alcance. Nosotros mismos, nos preciamos de tener alrededor de 700 estudiantes matriculados en la Tecnología, 50 comenzando nuestro recién aprobado Programa universitario y casi 50 egresados en la profesionalización, todo esto en menos de 15 días (para el proyecto profesional). Se han creado en Bogotá en los últimos meses 4 programas universitarios, además de los 4 existentes, dos de ellos con gran tradición.

Institutos que ofrecen formación en software gráfico, cursos de diseño por doquier, 4 computadores y un aviso.

La bonanza, la facilidad, pague en cuotas, cualquiera lo logra concebir, diseñar están fácil que hasta un niño lo puede hacer (no sé si pelear por los niños, que bien inteligentes son ahora). Esa visión del facilismo otorgado por la compra de un buen computador está ahogando las posibilidades profesionales de aquellos que buscamos hacer de esta disciplina una verdadera profesión con lo que esto conlleva, el concepto, la investigación, la indagación, la creatividad puesta al servicio de la comunicación inteligente y eficaz, con clara proyección social.

Es hora de hacer un alto en el camino, y mirar la profesión que, como lo dice Soto Aparicio “… va haciéndose a medida que anda”, y pensar el diseño como evolución continua que se valida “… por el sólo hecho de ser camino y de estar andando, es decir, de ser vida y estar viviendo”.

Una disciplina en plena construcción, en continuo aprendizaje, en permanente perfeccionamiento. Cabe preguntarnos aquí y ahora: ¿cómo estamos formando a este batallón incandescente de emociones, ideas y aspiraciones, cómo conformamos nuestro plan de estudios, la malla curricular, los contenidos programáticos para dar respuesta adecuada a sus inagotables inquietudes, y lo que es más interesante y preocupante a la vez, hay una filosofía detrás de estos proyectos curriculares? Todos responderíamos que hemos establecido un documento muy concienzudo y trabajado para lanzar una carrera de este tipo, la responsabilidad moral, ética, profesional, y no me cabe la menor duda, debe ser así para contrarrestar la formación informal y de “garaje”. Pero es necesario insistir, en una filosofía que responda a nuestro ser Latinoamericano, que hable de la autenticidad y no simplemente evidenciarlo porque tenemos una materia o una electiva que hable de la gráfica precolombina para llenar este vacío monumental. El problema es, naturalmente, de fondo. El problema es saber qué es diseño y no para qué sirve, si nos remontamos a su etimología, a su verdadero origen podemos proyectar mejor el futuro de la disciplina.

Segundo

Hablamos de Soto Aparicio y podríamos referirnos a sus 55 libros publicados y leídos por miles de personas de habla hispana, inglesa, japonesa y otras, como podríamos mencionar a García Márquez y su proyección mundial, o a Vargas Llosa o a Fuentes, por nombrar sólo algunos ejemplos en donde el lenguaje de nuestra tierra está plasmado en sus historias, en sus personajes, nuestros, mestizos, mulatos, mágicos, como Remedios La Bella o Aureliano Buendía, como el realismo mágico de Macondo, o las prostitutas de la selva que Pantaleón Pantoja se ve obligado a llevar por los distintos cuarteles para satisfacer las necesidades sexuales de la tropa. O los problemas de los mineros con Rudecindo Cristancho, en La Rebelión de las Ratas (la lista sería muy grande, por fortuna: Pablo Neruda, Julio Cortázar, Borges, Benedetti, Rulfo, Gallegos). De igual manera, mencionamos a Botero, a Rufino Tamayo, a Guayasamín, (la lista sería doblemente grande, por fortuna: Claudio Bravo, Jesús Soto, Negret, Grau, Villegas, Rivera, Matta, Caballero, Manzur, Morales, Marcelo Meléndez). Por fortuna, podemos incluir algunos nombres de diseñadores como Felipe Taborda, Pablo Kunst, Alejandro Magallanes, Ronald Shakespeare, David Consuegra, Martha Granados, Dicken Castro, Eric Olivares y Jorge Alderete (México), Flavio Morais (Brasil), Norberto Chaves, Beto Compagnucci, Lalo Quintana y Ricardo Rousselot (Argentina). ¿Qué tienen en común? Su lenguaje, su estilo, su forma de contar nuestras historias, de hacer de los personajes latinoamericanos un patrimonio mundial, no importa la lengua, la traducción, el lugar del planeta; el universo entero conoce parte de lo que somos como Continente mezcla de españoles, indígenas, africanos, simbiosis asombrosa y única que sólo pudo producir seres maravillosamente mágicos y extraordinariamente sensibles. Eso somos los pobladores de esta tierra llamada Latinoamérica. Su lucha se ha dado desde el reconocimiento de su autenticidad, la desintegración de las formas tradicionales de la novela, la simultaneidad del lenguaje y la total ficción. Especialmente en la novela, este movimiento en el Continente empieza a brotar como resultado de los conflictos políticos y sociales en los que se ven envueltos los distintos países, la guerra contra las dictaduras, el poder de los Estados Unidos, los movimientos guerrilleros, Cuba, toda una mixtura explosiva que derivó en la búsqueda de una forma propia de expresión en contra de lo que estaba pasando. Y surge y se multiplica y se convierte en un lenguaje universal.

Y el Diseño, ¿en dónde está? Estamos influenciados por lo que nos llega del Norte, la neocolonización, por las corrientes europeas, por los “ismos” que nos ha derivado la historia de la pintura, la escultura y la arquitectura sin que se construya una verdadera e independiente historia del diseño. La tipografía de IBM, de las multinacionales, el rojo de Coca Cola, la ola, y muchos ejemplos que copiamos, nos deslumbran y ejemplarizan las clases de corto discurso. Y no es por falta de un “diseño latinoamericano” del cual hay innumerables ejemplos, maravillosos y mágicos, como los relacionados por Felipe Taborda gracias a la Editorial Tachen, sino como lo menciona José Korn, por falta de organización y coordinación de cuerpos profesionales, empresariales y académicos, sin olvidar que el mal llamado Tercer Mundo adolece precisamente de esta falta de organización, integración y conciencia de región y de persona, es decir, de autenticidad.

Y la Academia, ¿qué papel juega en todo esto? Hay un paquidérmico movimiento hacia la consecución de postulados integradores, una falsa pretensión nacionalista que hace supuestamente único un logro, un premio, una teoría, una postura investigativa, sin pensar que es patrimonio de un continente que busca expresarse desde las aulas de clase en la permanente construcción de la disciplina.

¿Será que debemos esperar a que nuestros egresados tengan amargas experiencias y una lucha a muerte contra el Estado, las empresas, la abulia de unos clientes que generalmente no entienden sino la conveniencia de la comunicación versus el monto de su inversión? Cuando vemos a Taborda, a Magallanes, a Pablo Kunst y por fortuna a tantos otros en escenarios del mundo compartiendo su trabajo, los ponemos de ejemplo para nuestros estudiantes; pero ¿qué hacemos para que la lucha empiece en el salón de clase, en las discusiones al calor de un buen café, en la educación de nuestros docentes generalmente dormidos sobre unos contenidos que no procuran actualizar sino cuidando sus horas de cátedra para alimentar lo que apenas alcanza para cubrir de arena sus sueños? ¿No va siendo hora de que la Academia tome un papel más protagónico en el establecimiento de unos cimientos de fortalezcan la profesión desde el concepto, la teoría, la investigación, la funcionalidad? Y eso no lo podemos lograr si lo visualizamos como una malla curricular con algunas pocas materias que hablen del asunto. Cuántas instituciones favorecen la investigación sobre los nuevos diseñadores, los vivos, aquellos con los que podemos intercambiar correos y discutir y discrepar, pero, insisto, no es una cátedra, es toda una filosofía nuestroamericana del diseño que se debe construir desde el mismo diseño curricular y se vea reflejado en todas las actitudes de nuestras instituciones. Todo se reduce a una cosa: es cuestión de identidad Latinoamericana.

Tercero

“El diseño se ha convertido en la más poderosa herramienta con la cual el hombre moldea sus instrumentos y ambientes (y, por extensión, a la sociedad y a él mismo)”. Victor Papanek

Aquellos que defiendan los valores supremos en el Diseño deben ser estudiados, difundidos, exprimidos en sus teorías y locuras que confronten la actividad académica o profesional o lo establecido por la implantación de mitos erróneos y efímeros. Papanek nos inquieta, cuestiona y, definitivamente, nos confronta con una realidad. Y eso ya lo hace valioso, se compartan sus ideas o no.

Nos habla sobre las 6 tareas a las que se dedica la educación en diseño2: persuadir a las personas que compren cosas que no necesitan con dinero que no tienen para impresionar a otros a quienes no les interesa; informar persuasivamente acerca de los méritos de un artefacto, servicio o experiencia, envasar artefactos, servicios o experiencias, brindar deleite o catarsis visual a las clases que aprendieron a responder “como corresponde”, borrar con una mano lo que se hace con la otra e investigar sistemáticamente la historia, el presente y las prácticas futuras de las cinco áreas antes mencionadas.

Aunque veamos estas frases como un tanto extremistas, no son muy alejadas de algunas realidades que vemos en nuestro Continente, especialmente cuando estamos conformando los libros para los Registros Calificados3, y nos damos a la tarea de inventariar el estado del arte para mirar la competencia, los programas en el país de origen y en otras latitudes. Cabe entonces preguntarnos si Papanek no tiene razón, si esos 6 principios no son los que animan a “muchos” para ofrecer un programa de diseño gráfico. Por fortuna, encontramos proyectos muy bien estructurados, de gran tradición, con una filosofía que trasciende las mismas fronteras de la malla curricular y queda plasmada en los contenidos programáticos y reflejada en los trabajos de clase, en los de grado, en la actitud de los profesionales egresados y en la contribución en la construcción de una verdadera disciplina.

Pero falta mucho para alejar, no, más bien, por desterrar esos falsos contenidos casi siempre caprichosos, como para brindar deleite visual o para impresionar primíparos, y reemplazarlos por la esencia del diseño, por contenidos que apunten a aprendizajes significativos correlacionados y puestos al servicio de la funcionalidad con una base conceptual muy sólida. Pero todo esto sólo lo podemos conseguir cuando construimos un currículo que tenga una fundamentación filosófica, ontológica y pedagógica coherente al Proyecto Educativo de cada Institución, con una visión de su propia identidad con un lenguaje universal, es decir, procurar “hacer Escuela”, entendida como el lugar en donde se construye el conocimiento, no en donde se dictan clases, pero sí en donde existe la discusión desde los elementos reales de la comunicación visual hasta postulados con proyección disciplinar. La pretensión es muy grande, pero es evidente que el esfuerzo debe tener metas muy grandes.

Seis4

Queremos concluir de manera directa que se hace indispensable la conformación curricular en las carreras de diseño con unos principios filosóficos que hablen de nuestro ser auténtico y Latinoamericano, y que ese principio se vea permeado en todos los elementos del currículo, los planes de estudios, las metodologías, las actividades dentro y fuera del salón (y no solucionándolo con una materia en los últimos semestres).

Queremos concluir que es necesaria una lucha frontal contra las instituciones facilistas que creen que la formación en diseño se da comprando unos computadores, copiando unos programas, ofreciendo unos precios muy bajos. Para esto sólo hay que competir con calidad, buena infraestructura y una excelsa calidad docente. Y por supuesto, una mentalidad de “no dictadura de clases” sino de una “construcción del pensamiento”.

Queremos concluir que la profesión del diseño gráfico es una realidad en nuestro continente, con grandes exponentes y representantes, lejos del maravilloso oficio del dibujo de letras, de la mágica fotomecánica, del revelado de magazines y el hermoso procedimiento de cubeta y que ha dado paso a los procesos digitales facilitándole la vida y optimizando el tiempo para llevar el lenguaje de la comunicación visual a una globalización total sin prejuicio de nuestra propia identidad.

Queremos concluir que hace falta mucho de integración, de juntarnos a trabajar, las instituciones que conformamos el Foro de Escuelas, las asociadas, las interesadas por contribuir de manera efectiva en esta construcción, de proponer congresos que ofrezcan soluciones ante la incomunicación en la que estamos sumergidos, proponiendo autopistas de información fácilmente manejables gracias a los adelantos tecnológicos que hemos visto para los Encuentros en Palermo, pero esto puesto al servicio de la integración total de las instituciones afiliadas. No podemos asistir cada año, intercambiar tarjetas, presentar en nuestras instituciones un reporte de gestión para justificar el dinero que nos dieron y esperar que el próximo año volvamos a vernos, pues en un año pasan millares de cosas por nuestras aulas.

Finalmente queremos proponer que como un gran catalizador de propuestas nuestroamericanas, la Universidad de Palermo  –o la que quiera hacerlo– y tenga una múltiple página en donde puedan confluir los trabajos de los diseñadores, de los estudiantes de esta América, sus propuestas, sus problemas y discursos, archivos digitales que sean de la comunidad americana para que las instituciones las puedan imprimir, colgar en sus paredes, hacerlas públicas pues sólo así se justifica nuestro trabajo, como cuando se cuelga un cuadro o alguien lee un libro, con lo que toma vida, se vuelve útil. Lo que hace Actas de Diseño en la Red, de libre lectura, para intercambiar opiniones, experiencias, una gran autopista de la información gráfica de todos nuestros países. Debemos poner a funcionar de manera inmediata los congresos, simposios, eventos que siempre tienen buenas intenciones pero que muchas veces se quedan para los informes de gestión.

Mover instituciones, entidades gubernamentales, empresa privada con un fin educativo, académico, es toda una proeza y una muestra de tesón, terquedad y lineamiento determinado con propósitos muy precisos; esta muestra nos la ha dado con lujo de detalles la Universidad de Palermo, pero creo que ahora nos toca corresponder a todo este inmenso esfuerzo procurando actividades puntuales que ayuden a hacer verdaderamente fructíferas todas estas reuniones, convocatorias, suma de intencionalidades maravillosas y no como simples espectadores, expositores o visitantes.

Es hora de actuar por objetivos comunes, poner la tecnología al servicio de los intereses supremos del diseño y hacer de este lenguaje visual una forma de identificación ante el planeta. Un ser nuestroamericano, auténtico, único e irrepetible.

Notas

1. Cfr. Camino que Anda, Fernando Soto Aparicio, Plaza y Janes, 1980.

2. Cfr. Fundamentos de Diseño, Victor Papanek, Edugrafología, 1975.

3. Autorización Oficial que da el Ministerio de educación –por lo menos en Colombia– sobre estándares de calidad para el ofrecimiento de programas de pregrado.

4. Importante leer este numeral como la sumatoria de las ideas anteriores, por lo tanto sumo uno más dos y más tres, seis.

Carlos Roberto Soto Mancipe. Jefe Programa de Diseño y Producción Gráfica. Corporación Universitaria UNITEC. Colombia


La Academia y la Identidad en el Diseño fue publicado de la página 57 a página60 en Actas de Diseño Nº8

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