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Un perfil errado

Piazza, Jorge

Actas de Diseño Nº8

Actas de Diseño Nº8

ISSN: 1850-2032

IV Encuentro Latinoamericano de Diseño 2009 Diseño en Palermo Comunicaciones Académicas.

Año IV, Vol. 8, Marzo 2010, Buenos Aires, Argentina. | 264 páginas

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“El 95% de los estudiantes se proyectan en su vida laboral futura como profesionales independientes”. (Dato obtenido en el Primer Censo de Aproximación a la Realidad del Mercado del Diseño Argentino, realizado por Redargenta, año 20041)

El estudio propio

La frase arroja absoluta contundencia sobre un dato no menor a la hora de proyectar las capacidades necesarias para el futuro profesional. A ese dato estadístico le podemos sumar otras realidades del mercado:

• Existen muy pocos puestos laborales en relación de dependencia ocupados por diseñadores que superen los diez años de vida profesional. Cumplida esa etapa o incluso antes, el profesional-empleado suele aventurarse con el emprendimiento propio.

• La salida laboral en relación de dependencia para profesionales jóvenes no parece convocar diseñadores sino a operarios. Sólo basta leer los anuncios que se publican en los diversos medios: “Se busca diseñador con manejo en entorno Mac/PC, con conocimiento de programas: Photoshop, Ilustrator…”

La independencia

En estudios realizados acerca del emprendedorísmo en América Latina se menciona que la escuela donde se forjan la vocación y la competencia para crear y manejar un emprendimiento son las firmas donde el emprendedor trabajó previamente2.

Pero si en el caso del diseño, ese trabajo implicó estar frente a una computadora bocetando o armando originales, esta consigna no se va a estar cumpliendo. Y en efecto, quienes realizan esa función, que es la que abunda en el formato de relación de dependencia, no adquieren ninguna de las competencias necesarias para posteriormente formar y llevar adelante el estudio propio.

Estos mismos informes aseguran que la baja presencia de modelos de rol y la débil contribución del sistema educativo a la adquisición de capacidades emprendedoras figuran entre los principales aspectos culturales que obstaculizan, en alguna medida, el surgimiento de nuevas vocaciones empresarias.

Qué curioso que una profesión donde los modelos de rol están ausentes, y donde la educación es por demás de deficiente en lo que hace a capacitar en aspectos de emprendedorismo, tenga una tendencia tan marcada hacia la salida laboral independiente.

La ausencia de modelos no se debe a que no existan, sino a cierto hermetismo por parte de los estudios de diseño a hablar de temas relacionados al negocio (durante años el precio del servicio del diseño pareció ser un tabú, y aún hoy hay estudios que no quieren tocar ese punto).

A lo que hay que sumarle una fuerte tendencia por partedel estudiantado a interesarse en apreciar sólo los resultados gráficos de los estudios referentes del mercado, mirados casi como figuritas, y mostrando un preocupante desinterés por indagar en temas referidos al negocio del diseño. De esta manera, el armar un estudio propio está más emparentado con el concepto de autoemplearse que con el de formar una empresa de diseño.

La consecuencia directa de la situación que estamos describiendo es el transitar un arduo camino de aprendizaje que se basa en el antimétodo de tropezón, caída y levantada, con la posibilidad no segura de sacar conclusiones que eviten nuevas caídas. Este proceso suele implicar diez años de penurias, donde nada asegura llegar a buen puerto ni conservar la autoestima necesaria para continuar.

A esto debemos agregarle que la puerta de entrada al diseño está plagada de futuros estudiantes con una fuerte inclinación hacia aspectos artísticos, emparentados con cierta bohemia y totalmente alejados de conceptos empresariales y de negocios. Demás está decir que sentimos mucho más cercano a un artista plástico que a un contador.

¡Lástima que uno de los primeros pasos para armar nuestro estudio sea contactar justamente a un contador! Al no tener una inclinación natural que nos predisponga para llevar adelante un negocio, con lo que ello implica, este tipo de contenidos se deberían convertir en una prioridad de nuestra capacitación.

La palabra clave que encierra este conflicto es: Gestión.

La gestión

Tarea difícil la de explicarle a estudiantes de los primeros años, que con cierta razón consideran que estudian para diseñar, cuán determinante será el capacitarse en gestión para el desarrollo de su profesión. Es lógico que un estudiante considere que para diseñar no se requiere de conocimientos de gestión, menos entendible e inaceptable es que casi todo el sistema educativo, ignore el dato estadístico con que iniciamos el capítulo y en definitiva no brinde la capacitación necesaria. Paradójicamente, el censo antes mencionado arrojó también el siguiente dato: Para el 65.5% de los profesionales y docentes las casas de estudio no contribuyen a la adquisición de capacidades emprendedoras y de gestión.

Supongamos una estructura unipersonal, donde el diseñador debe hacer frente a todas las tareas a realizar. No pasará mucho tiempo para que, frente al crecimiento en la demanda de trabajo, deba comenzar un proceso de delegación a través de tercerizaciones y alianzas (en la medida que no desee que la estructura crezca). ¿Cuáles serán las tareas tercerizadas? O para simplificar, ¿cuál es la única tarea que no se puede delegar? La gestión.

¿Cómo puede ser que lo único indelegable sea aquel conocimiento que en definitiva no hemos adquirido? La realidad marca que el diseñador novel tiende a vivir frustraciones profesionales, y no por falta de trabajo, sino por no saber gestionar ese trabajo. El profesional con más años de trayectoria vive otro tipo de frustraciones, en este caso porque pese a tener un alto ritmo laboral, no termina de convertirlo en negocio.

Podemos asegurar que para que se cumpla la premisa planteada en la frase que inicia este texto, se requiere un gran ajuste en el perfil profesional. La incapacidad de gestionar un estudio, que conlleva el no trazar estrategias, desconocer como posicionarse en el mercado, no tener una misión y visión claras, colabora muy estrechamente con el hecho de no mostrarnos como corresponde al mercado. Esto, a su vez, contribuye al desmerecimiento de la profesión, y está íntimamente relacionado con la imagen de diseñador-hacedor de dibujos.

Realidades de nuestro mercado

Un estudio que enfrenta continuamente al mercado con una inseguridad absoluta del servicio que brinda, del por qué de sus costos, y sin saber como venderse, vive a diario situaciones de roce y desgaste con los clientes.

Situaciones que terminan por predisponer mal al cliente frente al diseño y a la importancia que este puede tener para su empresa. Cuando menciono al cliente, en estas últimas líneas, mi mente piensa en la infinidad de PyMEs que conforman el mercado, que a hoy no contratan diseño, o lo hacen mal. Considero que esa inmensa porción del mercado es vital frente al desmesurado crecimiento en la oferta educativa, con el consiguiente incremento en el número de egresados. No se puede seguir proyectando la profesión focalizando en las pocas grandes empresas que componen el mercado, y que conocen muy bien el aporte del diseño, pero que tiene una larga lista de estudios esperando su oportunidad de poder brindarles servicios.

El diseño opuesto al negocio

Quienes eligen al diseño por profesión suelen tener ciertas características personales en común. Y una de ellas es la de no tener una habilidad innata para todo aquello relacionado al concepto de negocio, donde la poca capacidad para vender es paradigmática. El relacionar esta característica con lo expresado al inicio de esta nota debería arrojar por conclusión la necesidad imperiosa de capacitarnos en aspectos de gestión y negocios. Sin embargo, en muchos ámbitos catedráticos, aún se escucha hablar del comitente.

No tenemos clientes sino comitentes

Llama poderosamente la atención el por qué del uso de la palabra comitente en reemplazo de la palabra cliente.

Podemos suponer que algunos diseñadores quieren alejarse todo lo posible del concepto del negocio, para así mantener limpia “tan digna profesión”. De esta manera, nos asemejamos al médico, que no tiene clientes, sino pacientes. Pero la medicina es uno de los grandes negocios del mundo. Cada vez que uno ingresa a un consultorio, lo hace abonando previamente al entregar su carnet de obra social o medicina prepaga, y se predispone a aguardar todo lo necesario en una soporífera sala de espera con el fin de (posiblemente) escuchar aquello que no queremos oír. En cambio el diseñador está acostumbrado a las demoras del cliente, trata de mostrarle aquello que supone le “gustará”, para luego intentar cobrar lo que él considera que vale su trabajo, aunque pocas veces lo sepa a ciencia cierta.

¿Por qué creímos que la palabra negocio ensuciaba al diseño?, ¿Cuándo decidimos tener comitentes y no clientes? Suele suceder que muchos de los que defienden esta posición extremista de un diseño tan “noble” que no debe codearse con el vil mundo comercial son los que justamente decidieron no vivir de la práctica del diseño como profesión.

Ausencia injustificada

¿A qué obedece la ausencia de herramientas de gestión en los planes de estudio de una carrera en la que el 95% de los estudiantes aspira a formar una empresa? Cuesta encontrar una explicación. Lo cierto es que desde su formación, se enseña al diseñador gráfico a rechazar en forma sistemática la palabra “negocios”. A lo que debemos sumarle nuestra incapacidad natural para la venta, con un perfil profesional cada vez más errado –abusando de la informalidad y bohemia–, que contribuye a una sub-valoración de la actividad por parte del mundo empresario, en un mercado en el que la oferta de diseñadores supera con creces a la demanda, determinando (ley básica del mercado) precios cada vez más bajos para los servicios de diseño gráfico y, por ende, también un deterioro en los sueldos de los diseñadores asalariados.

Los diseñadores gráficos forman parte de una actividad que constituye una porción ínfima de la economía y, a pesar de esa realidad, viven con cierta ¡culpa! por tener “clientes” a quienes les “venden” un servicio. En tanto los diseñadores no asuman su “responsabilidad consigo mismos” y sus familias (o futuras familias), seguirán teniendo problemas económicos o, llegada cierta edad, se verán obligados a cambiar de actividad por otra que les permita ganarse la vida.

Notas

1. La investigación mencionada se llevó a cabo a través de encuestas a estudiantes, profesionales y docentes, habiendo abarcado a nueve mil personas, y obteniendo respuestas de todas las provincias argentinas donde se estudia la profesión.

2. Empresarialidad en economías emergentes, Informe Argentina. Banco Interamericano de Desarrollo / Universidad Nacional General Sarmiento.


Un perfil errado fue publicado de la página 247 a página249 en Actas de Diseño Nº8

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