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Formando diseñadores de interiores del Siglo XXI con planes de estudio del Siglo XX

Pimentel Jiménez, Julia Virginia

Actas de Diseño Nº9.

Actas de Diseño Nº9.

ISSN: 1850-2032

Diseño en Palermo. V Encuentro Latinoamericano de Diseño 2010. Comunicaciones Académicas.

Año V, Vol. 9, Julio 2010, Buenos Aires, Argentina. | 264 páginas

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Introducción

El diseño hoy en día debe estar en situación de reflejar las condiciones históricas, culturales y tecnológicas. El diseño, al contrario que el arte, necesita de un fin práctico y lo encuentra ante todo en cuatro requisitos: ser funcional, significativo, concreto y tener un componente social.

En las escuelas de diseño no sólo se aprende a proyectar; se aprende a pensar, a instrumentar la propia inteligencia con una serie de ideas que luego se reciclan e incorporan en procesos productivos de distintas especies. La universidad tiene que cumplir la función de formación superior del ciudadano.

El diseño es una actividad que se relaciona con las nociones de creatividad, fantasía, inventiva e innovación técnica. Entre el público predomina a menudo la idea de que el proceso del diseño es una especie de acto de creación de tal modo que hoy se habla de que el nuevo diseño está subordinado al talento creativo del diseñador.

La formación de los futuros diseñadores implica aprender a pensar en contextos más amplios de relaciones, conlleva ocuparse seria y profesionalmente de los materiales y de sus alternativas, del despilfarro y del empleo de los recursos, del reciclaje, de la utilización reiterada, de la sustitución. Implica también cimentar las bases para una mayor sensibilización de cara a una relación recíproca entre hombre y medio ambiente, entre entorno natural y artificial, entre pasado y presente, tradición e innovación, entre identidad cultural y objetivos globales.

Avanzar en la enseñanza del diseño quiere decir profundizar en esta línea de rigor científico, considerando las diferentes fases circunscritas a la proyección (aspectos culturales, económicos, tecnológicos, ambientales, estéticos, estratégicos, empresariales, etc.) que se establecen en el diseño de un producto, ya sea un espacio o un objeto.

El futuro de la disciplina pasa por investigar, interpretar y proponer modelos de enseñanza que hagan posible la confrontación creativa e innovadora del diseño con la racionalidad industrial y económica, potenciando una aproximación holística, dirigida a generar, encontrar y sistematizar un determinado equilibrio cultural. Una auténtica cultura proyectual capaz de crear una sinergia entre la lógica de la industria y la economía, a través de una creatividad aplicada a las condiciones que la sociedad y el entorno exigen.

Una de las preguntas más importantes cuando se aborda la problemática de cómo enseñar el diseño de interiores es la siguiente; ¿Se podrá en algún momento a cambiar los actuales planes de estudio, o se seguirá formando los diseñadores del Siglo XXI con planes del Siglo XX? La primera distorsión en la problemática académica del diseño –y de cualquier proceso de formación superior– es el protagonismo abusivo de la acción docente, sus métodos, técnicas y planes pedagógicos. Tal tendencia constituye una desviación en la medida en que no presta atención al proceso de capacitación real: centra la atención sobre uno de los medios (la docencia) y elude u olvida la verdadera meta (el aprendizaje). El docente desdeña el eje troncal de la experiencia: el desarrollo de capacidades autónomas del aprendiz adulto, o sea, responsable y con metas propias.

Tiene mucho sentido común la postura de un diseñador de verse como un estudiante durante toda su vida profesional. Y no sólo por una cuestión de renovación creativa, sino también por las condiciones de rápido desarrollo tecnológico con las que tiene que enfrentarse un diseñador en su trabajo.

Un curso inteligente de diseño también reconocerá que una gran parte del trabajo de diseño corresponde a un esfuerzo cooperativo compartido: se anima a los alumnos a que colaboren los unos con los otros. A veces es necesario educar a los educadores. La estrechez de miras y una visión rígida de la experiencia humana darán mucha importancia a las pequeñas diferencias en el cumplimiento de objetivos.

En el mundo clásico del pensamiento, el artista era el creador de obras concluidas. En el diseño, se trata en cambio, de la definición objetiva de comportamientos concretos, la síntesis de las exigencias y el hallazgo de un resultado. El diseño se esfuerza por alcanzar la dimensión de uso, el cumplimiento de las funciones, el programa de aplicación. Los objetos adquieren un carácter de herramienta, forman parte de un proceso, dan un resultado positivo en el curso de sus exigencias y de sus objetivos.

Las obras de arte son piezas acabadas y se pueden pasar a los museos. El diseño no es adecuado para una colección.

Prueba su eficacia en el uso diario.

Todo currículo debe contemplar, con pensamiento anticipatorio, la actuación del futuro diseñador en nuevos escenarios, preparándolo para los posibles cambios a acaecer. En función de estos nuevos escenarios deberán formarse profesionales con capacidades creativas, y no meramente reproductivas, y de investigación científica para enfrentar y resolver los problemas.

El desarrollo científico-técnico y las condiciones del ejercicio profesional demandan un profesional con habilidades cognitivas y con un grado de responsabilidad y autonomía que le permita sostener su propia educación continua en base al estudio independiente. A su vez, el desarrollo de la tecnología demanda una formación sistemática en el proceso de toma de decisiones, teniendo en cuenta los principios de la protección al medio ambiente.

El Diseño de Interiores es una profesión compleja que requiere la responsabilidad de una capacitación profunda, de conocimientos teórico - prácticos realmente integrados y de una toma de conciencia por parte del futuro profesional de lo que implica la inserción de su obra en un contexto real.

Antiguamente existía la posibilidad de que otras profesiones e incluso a veces personas que no contaban con una formación académica específica, desarrollaban las actividades que involucran el diseño de interiores. Esto llevaba a que el proyecto se terminara de diseñar al final de la realización de la obra. El cliente, en la actualidad, exige conocer la totalidad del proyecto, incluso antes de comenzar con la ejecución de la obra, debido a que no quiere arriesgar una inversión de dinero en algo en lo que no está seguro. El diseñador de interiores es el profesional del diseño que resuelve creativamente problemas de espacio físico en torno al hombre, ya sea en una empresa comercial de servicios o bien habitacional.

Para realizar lo anterior, el diseñador de interiores se basa en sus conocimientos del hombre como ser social y cultural, así como de los elementos que lo rodean: muebles, objetos, materiales. Ofrece a la sociedad entonces una mejor calidad de vida, ya que propicia el bienestar en el desarrollo de las actividades del ser humano, tomando en cuenta aspectos sociales, funcionales, constructivos y tecnológicos. Un buen diseñador necesita una buena mente analítica, ingenio constructivo, formación culta, un juicio certero y una disciplina intachable.

Este profesional debe caracterizarse por su capacidad de ser independiente y por su autonomía que le mantiene en constante desarrollo y actualización, lo que a su vez le permitirá ofrecer siempre servicios vanguardistas en su área.

Todo futuro diseñador debe pasar a formar parte de una universidad llevando consigo el siguiente perfil de ingreso: disposición e interés para estudiar el interiorismo, aptitudes para el dibujo en sus diferentes medios expresivos, disposición para la investigación, interés por el arte y las innovaciones en el diseño, capacidad para relacionarse con otras personas.

Su perfil profesional sería el siguiente:

• Capacidad de liderazgo.

• Percibe necesidades objetivas.

• Representa gráficamente sus ideas.

• Organiza elementos materiales y estéticos en propuestas de diseño.

• Seguridad en la toma de decisiones.

• Facilidad para trabajar en equipos inter y multidisciplinarios.

• Facilidad para relacionarse con las demás personas.

• Propone diseños innovadores.

• Habilidad para la organización de obras en los aspectos administrativos, presupuestales y de supervisión de obras.

Por ejemplo, los métodos de la Bauhaus consistían en que los estudiantes aprendieran con la práctica, haciendo cosas realmente en colaboración o bajo la supervisión de sus compañeros y compañeras más experimentados. La característica más notable del éxito moderado, así como la subsiguiente fama de sus estudiantes fue su extraordinaria adaptabilidad.

Algunos de los problemas metodológicos que presenta una disciplina de diseño son:

• La necesidad de enseñar y aprender los códigos y conceptos de los fundamentos del diseño.

• La exigencia de que las enseñanzas de diseño estén entroncadas con la vida real.

• La pretensión de que el alumnado sea autónomo, creativo y capaz de tomar decisiones libres y responsables en el proceso de proyectación.

• La oportunidad de que alumnos y alumnas reciban una formación amplia y versátil que les capacite para abordar múltiples tareas en el campo del diseño.

Un diseñador trabaja con y para otra gente y se preocupa más de los problemas de los demás que de los propios. En este sentido habría que verlo como si fuera un médico, con la responsabilidad que tiene un doctor para realizar un diagnóstico acertado (análisis del problema) y el tratamiento adecuado (propuestas de diseño). Tiene que quedar claro que los diseñadores trabajan y se comunican de manera indirecta, y que su trabajo creativo al final se convierte en instrucciones para contratistas, fabricantes y otros ejecutores. Los diseños nunca son un fin para el diseñador; son el medio para llegar a la fabricación y el propósito de su contenido expresivo y se limita estrictamente a la correspondiente comunicación.

Un diseñador tiene que tener la habilidad de sopesar un problema o una posibilidad desapasionadamente, teniendo en cuenta las condiciones externas e internas a sí mismo y escoger, disponer y decidir adecuadamente.

Tiene que ser capaz de superar las limitaciones impuestas y transformar las posibilidades para que estén a su favor, tiene que gustarle y comprender a la gente, poder tratarla; tiene que ser capaz de aceptar imparcialmente situaciones complejas en la que esté trabajando como miembro de un equipo y ser razonablemente expresivo.

Diseñar es algo más que añadir un valor o un significado.

El diseño no es una actividad urgente de creatividad individual. Actualmente, se siente la necesidad de alcanzar y desarrollar una fuerte capacidad de proyecto, de innovación, de proponer nuevos modelos que respondan a la creciente autonomía y atomización de los consumidores.

Por lo tanto, esta nueva realidad nos muestra la necesidad de formar diferentes perfiles profesionales orientados a investigar, gestionar, desarrollar y promover la complejidad que ha alcanzado un proyecto: desarrollo de su vertiente técnica, valoración de las implicaciones económicas, conocimiento de la aportación estratégica, control del impacto ambiental, planificación de la gestión y el desarrollo, construcción y búsqueda de escenarios de futuro, explicación del uso, simplificación de la información e interacción con el usuario. Una serie de cambios y mutaciones que obliga a todas las escuelas de diseño a reconsiderar la formación de los futuros profesionales.

Todo este conjunto de aspectos, entre otros muchos, indica y a la vez explicita la necesidad de promover la disciplina hacia nuevos campos de conocimiento, a menudo vinculados con auténticas disciplinas del saber científico tradicional. Por esta razón, las escuelas deben ser capaces de descubrir las conexiones y los posibles desarrollos y de crear un cuerpo teórico y metodológico que sirva de apoyo a la praxis proyectual y que la canalice; en definitiva, de pasar de un concepto estático del diseño a uno mucho más interactivo y dinámico.

Conclusión

El diseño de interiores no tiene lugar en el vacío, como si fuese una combinación libre de colores, formas y materiales.

Todo proyecto de diseño se ha de entender como resultado de un proceso de desarrollo, cuyo rumbo está marcado por diversas condiciones –no sólo creativas–, así como por decisiones. Las transformaciones sociales y culturales, el contexto histórico y las limitaciones de la técnica y la producción, desempeñan un papel de igual importancia que los requisitos ergonómicos, sociales o ecológicos, que los intereses económicos o políticos, o las aspiraciones artísticas. Por tanto, dedicarse al diseño de interiores implica siempre reflejar en él las condiciones bajo las que surgió.

En este sentido, se podría decir que el actual mapa educativo de la enseñanza del diseño ha conseguido una importante diversificación.

De lo anterior se desprende que, un aspirante con vocación y aptitud para estudiar la carrera de diseño de interiores deberá cumplir las siguientes características:

a.

Capacidad de abstracción y análisis que le permita desarrollar proyectos de acuerdo con situaciones específicas.

b.

Hábito de autodidactismo, que le permita tener mejores posibilidades de éxito al estudiar.

c.

Creatividad, que le facilite la innovación para el diseño y creación de nuevos proyectos.

d.

Disposición para el estudio, lectura e investigación, que le permitan lograr éxito en sus estudios.

e.

Poseer sentido de responsabilidad y tenacidad como persona y estudiante, que le asegure la consolidación de sus proyectos.

f.

Una actitud para el trabajo en equipo.

g.

Capacidad para establecer y mantener relaciones interpersonales e integrar equipos de trabajo aún multidisciplinarios, como líderes de sus respectivas áreas funcionales.

h.

Disposición para una actualización permanente que le permita estar vigente en su desempeño profesional.

i.

Actitud crítica y de compromiso social, y ética orientada a la búsqueda de solución a los problemas que surjan en su entorno profesional.

j.

Poseer el perfil de una personalidad creadora: inteligencia superior a la media, apertura a la percepción, flexibilidad, fluidez mental, capacidad de elaboración, originalidad, espontaneidad, autoconfianza, persistencia y dedicación, agilidad para realizar asociaciones, capacidad de imaginación, capacidad de juicio, receptividad respecto a los estímulos del medio, espíritu de investigación, curiosidad intelectual, habilidad para reestructurar ideas, ideas nuevas, independencia de pensamiento, aceptación de sí mismo, espíritu de humor, ingeniosidad, capacidad de imaginación.

Al comienzo de este nuevo Milenio, la visión de una escuela de Diseño de Interiores debe estar acorde con las nuevas transformaciones en los ámbitos educativo, informático, tecnológico y científico que permitan cumplir las expectativas: a) de los alumnos en su formación profesional, b) de los egresados para la prestación de sus servicios y acceso a su capacitación y especialización continua, c) de sus profesores para la implementación actualizada de la enseñanza y, d) de sus investigadores para la creación, aplicación y divulgación de nuevos conocimientos.

En este sentido la escuela debe plantearse que los estudiantes cuenten con los conocimientos para enfrentar los retos de la problemática nacional en materia de diseño y planificación espacial, y que hayan desarrollado un espectro más amplio de su quehacer profesional que les permita insertarse en ámbitos laborales hasta ahora poco explorados. Que los alumnos al término de su formación sean individuos que hayan incorporado una misión de servicio de calidad y eficiencia en sentido general.

Que su cuerpo académico cuente con profesionales de la enseñanza con un profundo conocimiento de su disciplina y capacidad pedagógica para transmitirla; por otro lado, que se encuentren comprometidos con sus obligaciones de formación, investigación y actualización, para brindar una enseñanza de calidad a los estudiantes.

Que el personal académico acceda a la apertura para ir incorporando las propuestas pedagógicas de avanzada, y una labor concreta y de conjunto que vincule la docencia, con la investigación y la práctica profesional.

Contar con un plan de estudios de Licenciatura y Postgrado flexible, articulado y de corte integral, que permita incorporar esquemas de actualización y criterios de evaluación permanentes, con el fin de facilitar la retroalimentación e innovación del proceso pedagógico. Se espera que exista un énfasis en vincular el conocimiento formal, con la investigación, la práctica y con experiencias de intercambio y participación en diferentes ámbitos a nivel nacional e internacional.

Lograr que los alumnos a lo largo de su formación profesional puedan desarrollar una identidad, un sentido de pertenencia y un compromiso universitario permanente.

Que bajo las premisas de participación y corresponsabilidad, los estudiantes vayan adquiriendo una estructura profesional sólida que les permita incorporar los conocimientos básicos y de avanzada.

Que la vinculación de la Licenciatura con el Postgrado sea de manera tal que, los estudiantes desde las etapas tempranas de su formación se incorporen a proyectos que permitan generar líneas de investigación orientadas prioritariamente al desarrollo de tecnologías propias. Que pueda fortalecerse la vinculación con los diferentes ámbitos de los sectores público y privado, así como con las instancias educativas nacionales y extranjeras.

Que pueda alcanzarse una articulación entre la creación, aplicación, transmisión, difusión y la repercusión social del conocimiento generado.

Que el sistema de educación continua, a través de cursos, talleres, seminarios, conferencias y teleconferencias, responda con oportunidad y pertinencia a las necesidades de nuestros estudiantes, egresados, académicos, trabajadores y profesionales del Diseño de otras instituciones.

Que los programas favorezcan la vinculación con los diferentes sectores nacionales e internacionales, y contemplen la incorporación y transmisión de las tecnologías de vanguardia.

Referencias bibliográficas

Alardo Reyes, Laura Virginia y Pimentel Jiménez, Julia Virginia (2003).

Nivel de Congruencia de las Competencias Profesionales de los Egresados de las Carreras Odontología y Diseño y Decoración Arquitectónica con el Perfil del Egresado y Lineamientos Filosóficos de la Universidad Iberoamericana (UNIBE). Santo Domingo: D. N. Vicerrectoría Académica UNIBE. Maestría en Educación Superior.

Burdek, Bernard E. (1999). Diseño. Historia, teoría y práctica del diseño industrial (Segunda edición). Barcelona: Editorial Gustavo Gili, S. A.

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Droste, Magdalena (1998). Bauhaus. 1919-1933. Alemania: Taschen.

Piotrowski, Christine M. ASID, IIDA (2002). Práctica Profesional para Diseñadores de Interiores (Tercera Edición). Estados Unidos: John Wiley & Sons. Inc.

Potter, Norman (1999). Qué es un diseñador: Objetos, lugares, mensajes. España: Editorial Piados.

Julia Virginia Pimentel Jiménez

. Lic. Ma. ES. Profesora Escuela Diseño de Interiores, Facultad de Artes Universidad Iberoamericana (UNIBE). Santo Domingo, Distrito Nacional. República Dominicana.


Formando diseñadores de interiores del Siglo XXI con planes de estudio del Siglo XX fue publicado de la página 223 a página226 en Actas de Diseño Nº9.

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