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Ciencia y escritura. Acerca del registro científico y la capacidad crítica del investigador

Zangrandi, Marcos [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXVI

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXVI

ISSN: 1668-1673

XIX Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2011

Año XII, Vol. 16, Agosto 2011, Buenos Aires, Argentina | 200 páginas

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Resumen:

Este breve ensayo reflexiona sobre la escritura de los trabajos de investigación en relación a la utilización de la primera persona. En este sentido, debate una práctica habitual de los discursos científicos y desplaza la discusión hacia la mirada crítica como base de la ciencia y de su registro.

Palabras claves: ciencia – lenguaje – discurso – investigación – escritura – epistemología – vigilancia – crítica.

Es común que las casas académicas recomienden a sus tesistas – apoyadas, claro está, en un hábito asentado en las prácticas hegemónicas– la utilización de la tercera persona o de modos de lenguaje impersonal para fijar cierto registro “objetiva” a los trabajos de investigación; lo que no es sino la réplica de la garantía de la distancia entre objeto e investigador que sostiene el discurso del conocimiento científico. Describir y explicar una investigación tienen que ser traducidos a un lenguaje en el que el yo debe escamotearse detrás de terceros o de un nosotros retórico para asegurar a quien lee que no hay confusión entre la observación aséptica del mundo e interpretación personal y parcial. Quisiera en este breve ensayo reflexionar sobre esta práctica e iniciar el debate acerca de esta formalidad dentro del ámbito de nuestra facultad y de los campos del diseño y la comunicación. La ciencia, en su larga conformación durante la modernidad, construyó su discurso sobre las posibilidades de conocer el mundo “objetivamente”, esto es, desentra- ñando sus regularidades sin que la participación humana afectara su funcionamiento u orden. Tal pretensión se sostiene en dos pilares; primero, el descubrimiento de las reglas que rigen al mundo a través del método, lo que garantiza que los prejuicios del investigador quedan eclipsados por un procedimiento racional. Segundo, la traducción de los resultados del trabajo científico a través de un texto que reproduce las mismas condiciones de objetividad con que se inició la investigación. Este modelo de ciencia, un eco del positivismo, supone un investigador que es capaz (o es obligado) a desprenderse cualquier punto de vista u opinión previa frente a ese mundo que puede ser aislado, descrito y analizado sin que su conocimiento quede manchado de la personalidad individual.

Los debates de la filosofía y las ciencias sociales han mostrado la inexactitud de este esquema. Antes que la imagen de dos terminales separadas, el investigador se sitúa en un intersticio: entre el lenguaje y el mundo. Su primera tarea es revisar la forma en que el lenguaje ha engrillado al mundo, lo ha clasificado, ha agrupado y separado sus elementos y cómo tales formas culturales –en todos los ámbitos, incluso los científicos– circulan naturalizadas. El trabajo del investigador empieza entonces con una mirada crítica hacia la propia construcción cultural y cognoscitiva de la que emerge: hay determinadas descripciones de una enfermedad que no esclarecen el surgimiento de ciertos síntomas; hay ciertos fenómenos estelares que están clasificados de manera forzada para hacerlos entrar en una ley universal; hay determinadas conductas que fueron encerradas en un concepto prejuicioso acerca del cuerpo, la raza, la sexualidad, etcétera. Esta posición crítica no invalida el rigor metódico con que el investigador se acercará al mundo para analizarlo en relación con su mirada aguda sobre el lenguaje.

¿Qué quiero señalar con todo esto? Que desde el lugar en que comprendemos hoy la actividad científica, el gran valor del investigador radica en su capacidad crítica y en su habilidad para observar agudamente diferencias donde el conocimiento sólo encuentra similitudes. Que la vigilancia de su trabajo es tanto más elemental que la asepsia a la hora de recolectar datos del mundo. De allí que sea más relevante la posición crítica, la habilidad para comprender el mundo, la posibilidad de tomar distancia de conceptos cristalizados y no la formalidad gramatical de una u otra persona. 

Lejos estoy de proponer cambiar el registro de nuestras investigaciones por el ensayo –lo que se ha criticado como “literaturización de la ciencia”–. No, la ciencia tiene su método y es una de las herramientas básicas con que cuenta toda sociedad para su desarrollo. El objetivo del investigador no es el lenguaje sino el mundo; y en este sentido no es necesario que sus textos sean formalmente bellos, aunque sí que estén correctamente escritos –pero ¡qué placer leer un texto de investigación en el que hay un esfuerzo por darle valor a cada palabra!–. Lo que cuenta en el momento de escribir es una mirada de un agente crítico más allá de cuál de las personas utiliza para comunicarla. 

Hace un tiempo me pasaron para leer una gruesa tesis doctoral de sociología. La investigación había sido realizada con acierto y con rigor; la escritura era correcta, yerma y poblada de tecnicismos, pero aceptable. Había algo de este trabajo que resultaba extraño y era que desde la primera línea hasta la última estaba escrita en impersonal. No era que la abundancia artificial de “se” perturbara la lectura, sino que este modo gramatical creaba una sensación de vacío en el que recorría sus pá- ginas. Y ello, no porque no hubiese humanidad en la investigación, sino porque el agente de la investigación no había sido enmascarado sino sencillamente suprimido. Una investigación llevada con seriedad, desde las que se inician en el grado hasta las doctorales, no puede eludir la cantidad de tiempo que requiere por parte de la vida, la suma de las muchas lecturas, la exigencias al cuerpo y a la cabeza, las presiones que el investigador tiene que llevar consigo durante un tiempo prolongado. Un trabajo de investigación es un momento, un puñado de años dedicado a pensar un aspecto del mundo, y todo ello en una mente y en un cuerpo individual. Eso es lo que resulta desconcertante en un texto resultante de todo este proceso en el que el yo ha sido eliminado. Ya se sabe, son ficciones. Los distintos géneros discursivos portan ficciones. El científico es uno de ellos. 

Cuando se escribe un texto utilizando la tercera persona, se supone que tal es una máscara para no patentizar la enunciación individual –y en consecuencia parcial, según un dejo positivista–; cuando se apela al nosotros retórico se está acompañando ficcionalmente la propia visión del mundo con un conjunto de voces que relativizarían la misma parcialidad, aun cuando, aunque lo haya discutido con uno o más grupos, haya realizado su investigación y la escritura de forma individual.

Las teorías lingüísticas han señalado –esto no es una novedad– que en todo texto quedan las marcas de la enunciación, del yo, del aquí, del ahora y en consecuencia es posible detectar estas marcas y sus mascaradas. Si tales marcas son insoslayables, aun con todas las ficciones que lleva consigo el género propio del registro científico están presentes en el texto del investigador. Su punto de vista, su recorte y su visión se encuentran en la investigación, ¿por qué no habrían de traslucirse en la escritura? ¿Acaso no es más útil, más científico que el autor dé cuenta de sus propias limitaciones, de sus propias parcialidades, de sus esfuerzos por entender el mundo dentro del texto?

La voz gramatical (la primera, el impersonal, la tercera, el nosotros retórico) es entonces adjetiva en relación a otros aspectos de la comunicación científica; se tiene en cambio que observar y profundizar la capacidad crítica del investigador en relación con sus propias limitaciones, de cuánto es capaz de analizar las construcciones y las trampas tendidas por la cultura y el lenguaje.

Abstract: The essay reflects on the writing of investigation works in relation to the use of the first person. In this sense, it debates the usual practice of the scientific speeches and moves the discussion towards the critical glance as it bases of science and its registry.

Key words: science – language – speech – investigation – writing – epistemology – critics – surveillance.

Resumo: Este breve ensaio reflexiona sobre a escrita dos trabalhos de investigação em relação à utilização da primeira pessoa. Neste sentido, debate uma prática habitual dos discursos científicos e desloca a discussão para a mirada crítica como base da ciência e de seu registro. 

Palavras chave: ciência – linguagem – discurso – pesquisa – escrito – epistemologia – vigilância – crítica.

(*) Marcos Zangrandi: Licenciado en Comunicación Social (Universidad Nacional de Cuyo, 2001). Maestría en Comunicación y Cultura (UBA, 2008). Profesor de la Universidad de Palermo en el Departamento de Proyectos Profesionales de la Facultad de Diseño y Comunicación.

Vocabulario relacionado al artículo:

ciencia . escritura . investigación . narración .

Ciencia y escritura. Acerca del registro científico y la capacidad crítica del investigador fue publicado de la página 80 a página81 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXVI

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