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El melodrama y las telenovelas mexicanas

Gallarino, Florencia

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº42

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº42

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición IX Trabajos de estudiantes de la Facultad de Diseño y Comunicación

Año VIII, Vol. 42, Noviembre 2011, Buenos Aires, Argentina | 121 páginas

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Introducción

El melodrama es considerado como uno de los géneros más extensos y representativos de América. La etimología de la palabra proveniente del griego, que significa actuación acompañada de canto, música y drama. Desde 1790 es considerado un espectáculo popular de feria, especialmente en Francia e Inglaterra. En 1820 pasa al teatro oficial como representación de las tragedias familiares donde las actuaciones eran sin diálogos por una prohibición del poder desde 1680 para todas aquellas obras teatrales populares.

Como consecuencia surge lo que Jesús Martín–Barbero (1987) en su obra De los medios a las mediaciones: comunicación, cultura y hegemonía define como estilización metonímica: “el énfasis en los rasgos que refuerzan las características básicas del personaje que produjo una fuerte codificación, un anclaje del sentido, y contribuyó a una complicidad de clase y de cultura con el público que vivía las representaciones”. Es decir que sobresalían los gestos o rasgos que representaban la moral de cada personaje logrando que el espectador sienta la identificación o reconocimiento del rol de cada uno de ellos. Las expresiones eran enfatizadas a través de la metonimia y las actuaciones meramente físicas acompañadas por la música, resaltando así, la parte visual y generar de esa manera una decodificación en las figuras y las emociones. A esto se le sumaba la música, la danza y el canto que llegaba a todo un colectivo.

Este ensayo abordará la historia de un género interesante desde varios aspectos al permitir analizar su estructura, sus personajes estereotipados o no y los efectos que produce en el espectador. A su vez se ahondará en el fenómeno de las telenovelas como género melodramático haciendo el anclaje en uno de los países clave y de mayor producción televisiva: México.

Partiendo del éxito de las telenovelas, a partir del surgimiento de la televisión como nuevo medio audiovisual, nos enfocaremos en el éxito que, aún en la actualidad, siguen conservando y cuáles son los motivos de su permanencia en la televisión tanto local como internacional logrando una audiencia masiva y variada.

Las telenovelas mexicanas de los últimos tiempos no están dirigidas exclusivamente a las mujeres ni respetan la estructura clásica del género del melodrama; sino que están abiertas a entremezclarse con otros géneros narrativos con la posibilidad de introducir anuncios publicitarios y permite pensar las producciones en términos de negocio como producto de exportación. A partir de la hipótesis planteada se intentará validar la idea de la telenovela como cambio cultural relacionado a las nuevas tecnologías, nuevas formas de producción y consumo y, porqué no, nuevos espectadores.

Desde sus inicios, el melodrama fue pasando del teatro, al cine y a la radio con las famosas radionovelas. Se puede decir que el primero en llevar el melodrama a la pantalla grande fue David W. Griffith, cuando en 1908 plantea la adaptación de un poema llevándolo al cine, contando así una historia triste y trágica.

Griffith decía: “La diferencia no es tan grande, yo hago novelas en cuadros”. El melodrama comienza a verse como el género que enlaza las preocupaciones de mostrar la realidad y el mundo tal cual es, más la tensión creciente y la mirada del espectador como cómplice que se siente identificado con la historia.

Carlos Monsiváis (2002) en el libro Narraciones anacrónicas de la modernidad: melodrama e intermedialidad en América Latina de Hermann Herlinghaus explica este inicio del melodrama relacionándolo con el descubrimiento de la catarsis y el proceso de identificación de lo que estamos viendo. “[\] se adopta la catarsis, la gran práctica de limpieza anímica, expresada como asombro, desgarramiento, dolor extremo, llanto puro y simple”. Finalmente, el género pasará a la televisión cuando surjan las telenovelas que se convirtieron en un pilar fundamental para el melodrama.

En los últimos años las telenovelas, especialmente las latinoamericanas, han ido experimentando varios cambios y han reflotado sobre otros géneros audiovisuales. El auge que atravesaron, en un comienzo estuvo ligado a la identificación que sentían las mujeres al ver historias comunes que, de alguna manera, las estaban representando. En las telenovelas, por lo general, las historias son llevadas adelante por una mujer y la intención es que vayan dirigidas a un público femenino; con lo que hace pensar que es un género que, durante mucho tiempo, pudo haber sido considerado un arte feminista. Sin embargo, la invención de nuevas tecnologías y el mundo de la globalización hacen que, cada vez más, las telenovelas amplíen su público y que las historias no sigan una misma línea.

Melodrama: cine y televisión

En el cine existieron dos etapas que diferenciaron los tipos de melodrama: de 1935 a 1955 los films se caracterizaban por su estilo comunitario; es decir, mostraban cómo era la sociedad, dónde vivían sus ciudadanos y en qué condiciones, como por ejemplo los barrios o vecindades en México. A partir de 1960, los temas estaban orientados a las dudas, el inconsciente y la problemática de acceder a otra calidad de vida según los bienes materiales o las condiciones sociales adoptadas. Cabe destacar que en la mayoría de los melodramas aparece aparejada la estrecha relación con la música, que sirve de acompañamiento para exagerar situaciones, aumentar tensiones y vincular sentimientos con las letras de las canciones. Según Monsiváis el cine sonoro ha sido la gran escuela en la formación del melodrama; por eso, éste comienza a gestarse en la industria cinematográfica con gran velocidad y aceptación.

En los años ´30 y ´40 el cine mexicano experimenta un importante crecimiento debido a la infraestructura industrial de la época de los estudios Azteca, Churubusco y Cuauhtémoc.

En esta etapa inicial, las películas solían destacarse por los temas delirantes vinculados con la tragedia y las sobre-actuaciones de artistas que eran cuidadosamente seleccionados.

Monsiváis (2002) reflexiona:

El melodrama, en una síntesis forzada pero tal vez no inexacta, es la expresión frenética y al fin de cuentas divertida de una necesidad: el espectador quiere hallar en su vida el argumento teatralizable o filmable o radionovelable o telenovelable cuya mayor virtud es la garantía de un público muy fiel, él mismo.

Si bien el género que prevalecía era el del melodrama, en México comenzaron a aparecer y a distinguirse ciertos subgéneros que estaban relacionados con una búsqueda de identidad y nacionalismo. Tales como el cine nacionalista o indigenista y el cine de comedias rancheras que reflejaban a la sociedad de ciudades como México y la pobreza que se contrastaba con el efecto de urbanización que se estaba dando en el país.

Por lo general, las películas rancheras mostraban la misma historia pero desarrolladas de diferente manera, sumando la estética de los bailes típicos de México. Una típica escena era: una mujer que migra de su pueblo humilde a la ciudad y se ve obligada por la sociedad a terminar bailando en un lugar de mala reputación para poder subsistir.

Respecto al cine indigenista su producción estaba relacionada con la intención de sus creadores por acercar al espectador a la memoria de los pueblos indígenas de México mostrando sus usos, costumbres, festividades, rituales y tradiciones.

Muchos fueron documentales que recogían algunos testimonios de los mismos protagonistas indígenas como forma de denuncia de la explotación de las comunidades. Algunos ejemplos son La india bonita (1938) de Antonio Helú, La rosa de Xochimilco (1938) de Carlos Véjar y María Candelaria (1943) de Emilio Fernández.

Este subgénero fue creado a partir de la influencia del cine soviético, específicamente con la llegada de Eisenstein entre 1930 y 1932 a México con la intención de filmar una película reflejando ciertos aspectos del país. Ese film fue ¡Que viva México!, y aunque quedó inconcluso, sobresalían aspectos como el espíritu indigenista, la belleza natural de los paisajes y la estética particular del director ruso.

Otro de los subgéneros que se destacó, más precisamente en la llamada Edad de Oro entre 1935 y 1958 en el melodrama mexicano, es el prostibulario o el género de la prostituta.

Se destacó por ser la producción cinematográfica más grande de los países de habla hispana. En este auge es donde la imagen de la meretriz en la pantalla grande resalta convirtiéndose en un personaje importante y clásico del cine mexicano.

Existen algunos elementos arquetípicos de la prostituta como la posición de heroína frente a los demás, las tentaciones y la ambición que le genera su trabajo, la aceptación de seguir con un estilo de vida ya adoptado y no ver otra salida para dignificarse, ni por ella ni por su familia. Es decir, sentirse rendida ante la imposibilidad de una sociedad que no le ofrece una mejor calidad de vida.

Por otro lado, aparece un elemento clave que acompaña a la victimización del personaje prostibulario: la muerte. En La mujer del puerto (1933) de Arcady Boytler se dan estas características que distinguen un género diferente donde la imagen de la prostituta es asociada con la bondad y la lástima, junto con un tema fuerte para la época como el incesto.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, la aparición de la televisión y el desarrollo de nuevas tecnologías, en el año 1950 se generaron un cambio significativo en la industria cinematográfica mexicana. Así es como comenzaron a consolidarse varios canales transmisores que, en 1955, formaron Telesistema mexicano y fue posible la aparición de la primera telenovela mexicana oficial que fue Senda prohibida de Fernanda Villeli en el año 1957.

Tal como se expresa en la página Televisión en México, disponible en http://medios.4t.com/whats_new.html: “Telesistema mexicano se forma de la unión de 3 canales, cada canal se orienta a públicos distintos y se forma una sociedad llamada Teleprogramas de México para crear programas y transmitirlos en América Latina”.

Carlos Monsiváis asegura que la telenovela se distingue del melodrama fílmico ya que da la posibilidad a un público infinito de tener tantos finales abruptos como cantidad de capítulos.

Sumado a esto se agregan los avisos publicitarios que permiten asegurar al espectador frente a la pantalla, la posibilidad de seguir una historia, incluso si no vemos algún capítulo (lo rutinario aumenta la capacidad para entender el hilo del argumento) y la identificación con el héroe o heroína a partir de las diferentes actitudes que va demostrando hasta el final.

Monsiváis (2002) afirma: “El melodrama sedimenta las reacciones útiles en las ciudades, adiestra para la localización del bien y el mal, y cultiva como géneros semiliterarios a las rutinas del proceso amoroso y de los pleitos de familia”.

Las telenovelas latinoamericanas tienen su sello distintivo, respecto a esto Nora Mazziotti (1993) señala:

Las telenovelas peruanas ofrecen temáticas referentes a las situaciones actuales según el desarrollo del país; las brasileras –otro de los mercados más importantes junto al mexicano– se destacan por la búsqueda de las identidades; las colombianas se inclinan por la vida cotidiana y las telenovelas argentinas marcan el costumbrismo y lo llevan al género melodramático, aunque en los últimos años esa tendencia cambió por las fusiones que se dan dentro de la novela televisiva para convertirse en alternativas junto con otros géneros como la comedia y la acción.

Jorge González (1998) asegura que las telenovelas mexicanas, por su parte, intentan “atisbar la vitalidad social y cultural (familiar, local, regional, nacional, continental y propiamente mundial) de la realidad de las telenovelas en las sociedades contemporáneas”.

Las telenovelas y la actualidad

Las telenovelas mexicanas pueden ser clasificadas en subgéneros: las clásicas, conocidas también como los grandes culebrones; las telenovelas infantiles o juveniles; las educativas y las costumbristas que tienden a mezclar la comedia con lo sentimental. Hoy en día esta clasificación tiende a ser más diversificada.

En México la industria televisiva incrementó sus ganancias gracias al crecimiento de sus productos audiovisuales, especialmente de las telenovelas. Los canales que las transmiten actualmente a nivel nacional son Televisa y TV Azteca, convirtiéndose en grandes exportadoras de telenovelas a diversos países del mundo, las cuales llevan varios años transmitiendo sus productos de capital mexicano y a la vez compitiendo por liderar en audiencia, sobre todo en la franja horaria del prime time.

El mercado permitió la posibilidad de exportar las telenovelas a países impensados, siendo considerada Televisa la productora que más exporta contenidos en español a nivel mundial.

Tal el caso de las protagonizadas por la actriz y cantante Thalia como Marimar (1994) y María la del barrio (1995-1996).

Se podría decir que las telenovelas mexicanas han ido modificando sus estructuras y temáticas optando por cambiar su sentido orientadas a intenciones ideológicas y/o políticas.

Es así como han ido apareciendo reflejados ciertos posicionamientos ideológicos sobre temas que generaron polémica en la sociedad. Algunos ejemplos son: Secretos del alma (2008- 2009) y Un gancho al corazón (2009).

Daniel Ivoskus (2010) afirma que hay una naturalización de la política en la ficción televisiva mexicana, especialmente en las telenovelas, donde a través de la ficción los mensajes políticos son colocados dentro de la ficción para ser expresados de forma más efectiva y de manera más natural.

En la actualidad, las telenovelas, especialmente las mexicanas, han modificado su rasgos sobresalientes: las pasiones exacerbadas dieron paso a nuevos méritos como la publicidad, el vocabulario que se va adaptando a los diferentes dialectos modernos y los escenarios naturales y armados en los interiores de los estudios que representan distintos y variados ambientes generando un efecto aún más realista.

Rebeca Padilla de la Torre (2004) afirma: “La telenovela es un lugar en donde se pueden analizar los cambios culturales y el tránsito entre lo tradicional y la modernidad”.

Siguiendo la estructura básica del melodrama –donde cada actor cumple un rol específico generando personajes estereotipados– podemos decir que, en los últimos años, las telenovelas no respetan ese esquema donde la víctima es casi siempre representada por una mujer convirtiéndola en la heroína de la historia; el personaje del villano (vinculado con el género de la novela negra) es el único en hacer sufrir a la protagonista; el justiciero es el aliado de ésta última, y el personaje cómico aporta un toque de humor ante tanto drama.

Por eso, la estructura de esquematización fue variando con el correr de la producción televisiva, relacionada con el tipo de público y las fluctuaciones del mercado. La aparición de varias historias que se van desarrollando en la misma telenovela ha modernizado el género logrando gran aceptación entre los espectadores.

De igual manera, ciertas temáticas siguen siendo clave para el desarrollo de las historias melodramáticas: la pobreza, el perdón asociado a lo católico, el amor no correspondido, las diferencias sociales y/o políticas, herencias millonarias.

Asimismo la reconstrucción del género motivó a creaciones nuevas basadas en los temas tradicionales renovándolos en el estilo y la manera de representarlos.

En las telenovelas modernas hacen su aparición personajes homosexuales, personajes matizados (ni buenos ni malos), situaciones vinculadas con acontecimientos reales de la actualidad, enfermedades varias y temáticas asociadas con la psicología y sociología. Además, el género no se respeta en un cien por ciento ya que hay una hibridación con otros dando lugar al nacimiento de las telenovelas de comedia costumbrista.

Las ficciones dramáticas que mezclan acción, violencia, suspenso, intriga y efectos especiales, dramas policiales; como así también surgen nuevos formatos como los unitarios, las telenovelas emitidas cuatro veces por semana. Esto se debe a la modernización en aspectos generales y a una cierta madurez del público que es capaz de asimilar nuevos temas, aceptar y enfrentar nuevas imágenes y elegir nuevas formas de seguir una telenovela.

Monsiváis (2002) afirma que: “La nueva telenovela se propone incorporar las nuevas formas de vida y de expresión verbal porque de otra manera se deshace del público que ni siquiera tiene ganas de reírse del melodrama tradicional y sus variantes”.

Las telenovelas mexicanas se adaptaron a la modernización, pero se podría decir que son una de las pocas que respetan el esquema básico del melodrama tendiendo a la exacerbación de las emociones y las actuaciones desbordadas produciendo efectos diversos en el espectador.

Las exportaciones lograron que las audiencias capten la esencia del melodrama mexicano llegando a países como Polonia, Rusia, Indonesia y China. Algunos de los factores que se detectan para confirmar el éxito de los productos mexicanos en el mundo son la calidad de producción y de la imagen a partir de la modernización y renovación de cámaras y tecnología en general; la garantía de historias originales que ofrecen productos de calidad de transmisoras como Televisa y TV Azteca y su capacidad de comunicación apta para cualquier público.

Según afirma Nora Mazziotti (1996): “La telenovela, especialmente la mexicana, seguirá siendo el género con mayores posibilidades de exportación mundial”.

Si tuviéramos que enunciar algunas de las mejores telenovelas desde los orígenes hasta los últimos años podríamos mencionar: Carlota y Maximiliano (1965); Muchacha italiana viene a casarse (1971); Los ricos también lloran (1979, en la se destacó el protagónico de la actriz Verónica Castro); Cuna de lobos (1986); Quinceañera (1987, siendo la primera telenovela juvenil que ofrecía temáticas crudas como la violación, delincuencia y embarazo juvenil); Muchachitas (1991); la trilogía protagonizada por Thalía: María Mercedes (1992), Marimar (1994) y María la del barrio (1995-1996); Lazos de amor (1995); El privilegio de amar (1999); Carrusel (1999); Laberintos de pasión (2000); Abrázame muy fuerte (2001); El manantial (2002); Amor real (2004); Rubí (2005); La fea más bella (2007), versión adaptada de la telenovela colombiana Yo soy Betty, la fea; Destilando amor (2008) y Cuando me enamoro (2010-2011).

Conclusión

Se pueden llegar a barajar distintas conclusiones sobre el tema de investigación propuesto; sin embargo, queda claro que el melodrama sigue vigente, fusionado con otros géneros, pero vigente al fin.

La esencia de aquellos culebrones sigue manteniéndose en la mayoría de las telenovelas mexicanas pudiendo ser cono cidas en distintos países del mundo a partir del negocio de televisión con sus exportaciones de los famosos enlatados.

Así fue creciendo este medio ligado a otro muy importante y fundamental: la publicidad.

Los avisos comerciales han influido en el desarrollo de los productos trasmitidos en la televisión mexicana. Más allá de la competencia entre los canales líderes existe un gran avance a nivel local y mundial en cuanto a calidad, infraestructura y desarrollo artístico, logrando mantener un liderazgo obtenido gracias a las incesantes producciones melodramáticas. Con esto queda claro la intención de televisión Azteca y Televisa: seguir sobresaliendo con sus productos y su calidad para mantener a sus auspiciantes y un público fiel durante varios años.

Según Nora Mazziotti (1996) “la telenovela debe atravesar instancias claves para lograr ser consagrada y reconocida.

Esas etapas son tres y están vinculadas al contexto en el que se mueve el producto: nacional, continental y transnacional (fuera de América Latina)”.

Rebeca Padilla de la Torre (2004) afirma que “las telenovelas, culturalmente, significaron un medio de entretenimiento donde familias aprovechaban ese momento para estar unidas, compartir sentimientos e intercambiar experiencias”.

En la actualidad, las telenovelas son consideradas más como un producto audiovisual y no, como se acostumbraba en sus orígenes, a un género cuya estructura básica siempre era respetada y la exterioridad de los sentimientos y emociones –apoyada sobre el recurso de la exageración de la actuación y gestos– eran fundamentales para una buena historia melodramática.

Esta idea entendida como la telenovela sinónimo de producto para el mercado mundial es importante para enmarcar un contexto en el que la audiencia comienza a jugar un rol importante pero desde otra perspectiva. Por un lado, el público es una de las bases del éxito del producto, como lo fue siempre, pero ahora es preponderante para ser comprada y consumida por varias audiencias. Es decir, hoy el alcance y la circulación internacional que ha tomado la telenovela en México es de carácter sumamente destacable y el espectador que compra esa historia es recompensado con buenos avisos publicitarios y material de calidad óptima.

La búsqueda de identidad y el proceso de identificación que se establece entre los personajes y los espectadores son algunas de las claves que permanecen plasmadas en la historia del melodrama. Las adaptaciones realizadas en cada producción audiovisual con respecto al vocabulario, a las acciones, al vestuario y acontecimientos, permiten acrecentar el proceso inverso al distanciamiento, logrando un mayor impacto visual y emocional.

Cuando se creía que solamente las telenovelas serían fuente de distracción para aquellas mujeres amas de casa, demostraron con el paso de los años que pueden ser consumidas (en términos de producto televisivo) por un público masivo, diferenciado en sexo, edad, condición económica o religión.

Las lógicas comerciales suponen que son productos con una función casi única: la de entretener y distender a las personas de sus vidas rutinarias, llevándolas al mismo tiempo a volverse dependientes de la televisión siguiendo día tras día cada capítulo. Al desarrollarse temas comunes y, a veces, populares alcanzando un nivel de realismo puro, las telenovelas permiten ser parte de un repertorio diario para un público que ya no piensa tanto a la hora de analizar la historia; sino que, aprovecha el momento para adentrarse en ese mundo imaginario de la ficción.

Lista de referencias bibliográficas

Bibliografía

Clavo Pérez, Julio (2001). Contacto interlingüístico e intercultural en el mundo hispano. Valencia. Instituto Valenciano de Lengua y Cultura Amerindias.

González, Jorge (1998). La cofradía de las emociones (in) terminables: miradas sobre telenovelas en México. Guadalajara. Universidad de Guadalajara.

Herlinghaus, Hermann (2002). Narraciones anacrónicas de la modernidad: melodrama e intermedialidad en América Latina. Santiago. Editorial Cuarto Propio.

Ivoskus, Daniel (2010). Cumbre mundial de Comunicación política: cambios socioculturales del siglo XXI. Buenos Aires. Libros del zorzal.

Martín-Barbero, Jesús (1987). De los medios a las mediaciones: comunicación cultura y hegemonía. Barcelona. Gustavo Gili.

Mazziotti, Nora (1993) El espectáculo de la pasión. Las telenovelas latinoamericanas. Buenos Aires. Colihue.

Mazziotti, Nora (1996). La industria de la telenovela: la producción de ficción en América Latina. Buenos Aires. Colihue.

Padilla de la Torre, Rebeca (2004). Relatos de telenovelas: vida, conflicto e identidades. Guadalajara. Universidad Autónoma de Aguascalientes.

Fuentes de Internet

Martínez Zarandona, Irene. Las telenovelas en http://sepiensa.org.mx/contenidos/2004/melodrama/melodrama1.htm

Mato, Daniel (1999). Telenovelas: transnacionalización de la industria y transformaciones del género en http://lasa.international.pitt.edu/Lasa2001/MatoDaniel.pdf


El melodrama y las telenovelas mexicanas fue publicado de la página 53 a página56 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº42

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