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Polo Sur

Rivas Leal, Rosario

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº43

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº43

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2011 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2011

Año VIII, Vol. 43, Diciembre 2011, Buenos Aires, Argentina | 99 páginas

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Síntesis

Mi abuelo, Jorge Edgard Leal, nació el 23 de abril de 1921 en Rosario de la Frontera, provincia de Salta. Cursó la primaria en Rosario de la Frontera y luego de terminar la secundaria ya en la ciudad de Salta, fue enviado a Buenos Aires, al colegio militar.

En 1942 terminó el Colegio Militar. En el año 1951 fue nombrado Capitán y es envidado a su primer campaña Antártica.

En el año 1965 comienza la “Operación 90”, liderada por mi abuelo. Fue la primera expedición terrestre hecha por la Argentina para llegar al Polo Sur. Esta fue realizada por un total de 10 hombres del Ejército Argentino. Uno de sus objetivos era afirmar los derechos de soberanía que el país tenía sobre el terreno antártico. Durante los meses de recorrido, también se realizaron investigaciones científicas sobre la geología, meteorología y gravimetría del continente.

Los hombres partieron en octubre de 1965 y, finalmente, en diciembre de ese mismo año los expedicioncitas lograron plantar la bandera argentina en el Polo Sur.

Tres años después de la expedición fue ascendido a General de Brigada y al año siguiente fue nombrado Director Nacional del Antártico. Sin embargo, dos años más tarde (en 1972), el gobierno militar lo retira de ese cargo y del ejército. Durante ese tiempo, hasta que le devuelven el título en 1989, trabajó en relaciones públicas en distintas partes del país para empresas privadas.

En 1976 se inició la dictadura militar en la Argentina, durante este tiempo mi abuelo fue arrestado numerosas veces, ya sea por su ideología política o por discutir con los militares de la época.

Luego de ser Director Nacional del Antártico por unos 14 años, se retiró en el 2003.

Este año festejó su cumpleaños número 90 y actualmente vive con mi abuela en la misma casa donde criaron a mi madre y a mis tíos.

Introducción

Esta historia trata sobre la vida de mi abuelo, el General Jorge Edgard Leal. Él tiene 90 años de edad, y ha vivido muchos de los hechos históricos que han definido a nuestra sociedad hoy en día. Sin embargo, creo que la proeza que marca su vida y sus actos con mayor precisión fue su participación en la Operación 90, la hazaña en la que centraré esta investigación.

Mi abuelo es un hombre que cuenta con un carácter y voluntad muy fuerte, y creo que esto fue lo que le permitió cumplir con la expedición. La misma fue realizada en el año 1965, por una patrulla de diez hombres del Ejército Argentino. Fue la primer campaña que la Argentina realizó por vía terrestre hacia el Polo Sur para reafirmar sus derechos de soberanía en la Antártida. Mi abuelo fue quien lideró esta operación.

Polo Sur

Mi abuelo, Jorge Edgard Leal, nació el 23 de abril de 1921 en Rosario de la Frontera, provincia de Salta. Es General retirado del Ejército Argentino y con sus 90 años él es, para mí, uno de los hombres más admirables que he conocido y, posiblemente, que conoceré.

Durante su infancia vivió fuertes hechos históricos como el golpe militar de 1930 y la Gran Depresión de 1929. Esta “… tuvo efectos devastadores tanto en los países desarrollados como en desarrollo. El comercio internacional se vio profundamente afectado, al igual que los ingresos personales, los ingresos fiscales, los precios y los beneficios empresariales”.

Cursó la primaria en Rosario de la Frontera, y luego de cursar la secundaria en la ciudad de Salta, fue enviado a Buenos Aires, al colegio militar.

En el mismo año que terminó el colegio militar, comenzó la Segunda Guerra Mundial (1938-1945). Mi abuelo se convirtió en el jefe de la sección de baqueanos, y por muchos años se dedicó a patrullar la frontera con Chile, montando a mula y a caballo. En 1951 fue nombrado Capitán y fue envidado a su primera campaña Antártica hacia la Base San Martín. Este fue el comienzo de su relación con las expediciones antárticas.

La Antártida, a diferencia de la creencia popular, es en realidad un continente. Es decir, tiene una base de tierra, a diferencia del ártico que es sólo una capa de hielo. Es el cuarto continente más grande del planeta y “es el continente más frío, más seco y más ventoso. El hielo cubre el 98 % de la tierra, y sus 13.209.000 km2 (5.100.000 millas cuadradas) cubren prácticamente la décima parte de la superficie de la Tierra”. Se podría decir que el día y la noche de este continente duran unos 6 meses cada uno. Esto se debe a que en verano los días cuentan con luz las 24 hs., el sol nunca llega a ir por debajo del horizonte. En invierno, en cambio, el sol no llega a verse. La temperatura en verano no suele superar los 0º C y en invierno suele ir por debajo de los -60º C. De hecho, la temperatura más baja registrada fue de -89,6º C (en 1983).

La Antártida es “considerada como una gran reserva natural mundial y ocupada actualmente tan sólo por estaciones científicas internacionales”. Es verdad que hay familias viviendo allí, pero son todas familias de militares o científicos. En esa época existían unas 43 bases, pertenecientes a 12 países diferentes.

Las expediciones a la Antártida se hacían (y continúan haciéndose) aproximadamente una vez al año. El rompehielos Almirante Irízar, un poderoso barco (el mismo que se incendió en el 2007) se ocupaba de llevar a los expedicionarios todos los veranos, cuando las capas de hielo estaban frágiles y era posible navegar hasta el Continente Blanco. Se quedaban allí realizando investigaciones durante los meses de verano y, en ocasiones, su estadía podía llegar a durar un año entero.

En 1956 las capas de hielo comenzaron a cerrase antes de tiempo, y por esa razón el rompehielos tuvo que volver sin llegar a retirar a mi abuelo y a otros tres militares. Fue así como se quedaron varados en la Antártida por dos años seguidos.

Desafortunadamente la base estaba preparada con provisiones sólo para un año, no para dos. Por esa razón tuvieron que sacrificar algunas de las crías de sus perros y comer huevos de pingüino, para alimentarse a ellos mismos y al resto de sus animales. Finalmente, al año siguiente, volvió el rompehielos.

En el año 1965 comienza la expedición llamada “Operación 90”. Fue la primera expedición terrestre hecha por la Argentina para llegar al Polo Sur.

El 26 de octubre de 1965 una patrulla de hombres del Ejército partió desde la Base General Belgrano iniciando una marcha terrestre hasta el Polo Sur. Aquellos hombres alcanzaron el punto más austral de la Argentina, y de la Tierra, el 10 de diciembre de ese mismo año. Tras una azarosa marcha de 2.980 kilómetros, y a lo largo de 66 días de trabajo y penurias, la patrulla arribó de regreso a Belgrano el último día de 1965.

La expedición fue realizada por un total de 10 hombres del Ejército Argentino. De más está decir que la Operación 90 fue una expedición muy ambiciosa e increíblemente arriesgada.

Según mi abuelo esta fue “un teatro de operaciones sin posibilidades de apoyo, allá muy lejos, en el fondo del mundo, en donde todo debe ser previsto con antelación porque como alguien dijo `en la Antártica no hay margen para el error´”.

Uno de los objetivos de esta operación era afirmar los derechos de soberanía que la Argentina tenía sobre el terreno antártico. Durante los meses del recorrido se realizarían también investigaciones científicas sobre la geología, meteorología y gravimetría del continente.

Sin embargo, era evidente que había muchos quienes pensaban que esta era una expedición por demás peligrosa, casi suicida. “En muchas oportunidades me encontré con sonrisas sobradoras que significaban ‘estos están locos´ o, peor aún, ‘ésas son cosas para nórdicos o japoneses´”. Y es que efectivamente hasta entonces solamente ellos habían llegado al Polo Sur por tierra. “Esas sonrisas eran bastante desalentadoras y hasta matadoras de ilusiones” dice mi abuelo.

Para cumplir esta misión se necesitaron todo tipo de artefactos especiales para sobrevivir en el riguroso clima antártico.

Como por ejemplo; relojes especiales, diseñados para resistir las temperaturas extremas, unos potentes radio receptores transmisores de larga durabilidad para facilitar las comunicaciones entre los vehículos y con la Base Belgrano. Los militares que participarían de la expedición iban a necesitar una capacitación especial para poder cumplir su misión. Además necesitarían un pequeño avión para poder realizar una exploración del terreno (reconocimiento) antes de comenzar su camino a pie. También tuvieron que decidir qué y cuáles vehículos serían los necesarios para el trayecto. Resolvieron llevar 6 tractores snow-cats grandes, 2 tractores snow-cats pequeños y 1 weasel. También llevarían dos equipos de perros polares (descendientes de los que, en el año 1954, mi abuelo fue a recoger de Canadá) y trineos. Necesitarían vestuarios y víveres que les duren por dos años y reservas para tres años de combustible.

Sin duda, lo más importante debe haber sido la selección de hombres que integrarían la expedición. Mi abuelo fue el encargado de elegir estos hombres.

Fui eligiendo sin apuro. Especialmente me era de interés quién tendría que desempeñarse como 2º Jefe de la Expedición.

Pensé en tres hombres a quienes fui poniendo a prueba sin que ellos lo supieran. Al fin me decidí por el entonces Capitán Gustavo Giró.

Además de los obstáculos que la expedición presentaba en sí, los expedicioncitas tuvieron que lidiar con la inestable política de la época. Las autoridades nacionales cambiaban constantemente y junto a ellas los mandatos militares. Esta situación hacía muy difícil que las autoridades comprendieran la seriedad e importancia de la misión que estos hombres debían cumplir. Tanto fue así que tuvieron que retrasar la expedición por un año.

Finalmente, en 1964, se puso en ejecución el plan. Esto sucedió luego de introducir variaciones importantes; como el alargamiento de la operación. Se había decidido que ahora esta se llevaría a cabo en dos años (el primero sería para preparación y recién en el segundo se realizaría la marcha hacia el Polo Sur).

El objetivo del primer año estaba destinado a la construcción de una base que se encontraría en el camino al Polo (a unos 420 km de la Base Belgrano). La misma se utilizaría para almacenar algunos de los elementos que los expedicioncitas irían necesitando en el camino (como víveres y combustible) y también allí se alojarían unos cuatro hombres en caso de emergencia. Las patrullas enviadas para realizar esta tarea estaban a cargo del Capitán Gustavo Giró. Para construir esta base, fue necesario transportar (por tierra) unas 40 toneladas de materiales. Fueron necesarios unos cinco viajes (incluyendo los de exploración e investigación científica), recorriendo un total de 4000 kilómetros. Afortunadamente, las patrullas lograron completar la base en sólo tres meses “con tractores sobre una de las zonas más difíciles del Continente Antártico, por las características irregulares del terreno y las temperaturas que oscilaron entre los -25ºC” cuenta mi abuelo.

Finalmente, un año antes de lo planificado, el 2 de abril de 1965 se inauguró la nueva Base Avanzada Científica del Ejército Doctor Sobral. La base fue capacitada para efectuar observaciones y registros de auroras australes, meteorología, mediciones topográficas y astronómicas. El Capitán Giró envió una solicitud al Comando en Jefe de la Fuerza Aérea Argentina pidiendo que la expedición al Polo Sur se realice de inmediato y no un año después como era el plan original. Meses después la Fuerza Aérea respondió, aceptando el pedido.

Fue así como se adelantó la fecha de partida de la expedición.

La Patrulla de Asalto al Polo Sur (liderada por mi abuelo) partió de la Base Belgrano el 26 de Octubre de 1965. Llevaron con ellos 6 de los vehículos snow-cats.

Dos días antes de que comience la marcha en sí, una pequeña patrulla de cuatro hombres en un trineo se adelantaron con el fin de evaluar la seguridad del camino y evaluar cuál sería la ruta más segura para los pesados vehículos. Se reunirían con el resto del grupo de asalto luego de cruzar “La Gran Grieta”.

Ya reunidas las patrullas, el 4 de noviembre de ese mismo año alcanzaron la Base Doctor Sobral. Allí los hombres pudieron recomponerse (un expedicionario herido tuvo que ser reemplazado por uno de los hombres que se alojaba en la base) y revistar el estado de sus vehículos.

Al continuar, tuvieron que soportar el traicionero clima del lugar, con temperaturas que llegaron hasta los -50ºC, causando retrasos en la marcha. Dice mi abuelo:

Era el piso de hielo y nieve, escarpado y abrupto, con grietas visibles e invisibles, infranqueable a veces por altas sarturguis, o las tormentas con rabiosos vientos que arrastraban nieve que volaba horizontalmente impidiendo toda visibilidad, o por el cerrado tranquilo “blanqueo” fantasmagórico que nos frenaba al negarnos toda posibilidad de orientación o de ver más allá de nuestras botas; o cuando debíamos hacer alto y dar por terminada la jornada ante problemas para llevar correctamente el rumbo de marcha por fuertes anomalías magnéticas que nos desplazaban del derrotero prevista (el Polo Magnético andaba cerca). O finalmente cuando después de treinta horas continuadas de buena marcha –sucedió más de una vez–, ya que ninguno de los problemas señalados precedentemente se presentaban, eran el cansancio, hambre y sueño que nos atajaban.

Debido a la rotura de dos trineos, tuvieron que dejar un snow-cat en el camino (los trineos eran los que llevaban el combustible además de ser los encargados de comprobar la estabilidad del terreno), quedando así como depósito de combustible para la marcha de regreso. Luego de la rotura de otro trineo tuvieron que establecer un campamento el cuál nombraron: Desolación. Permanecieron allí por dos días hasta que lograron repararlo.

El 18 de noviembre, una patrulla se separó del Grupo de Asalto.

Esta tenía la meta de dirigirse al cordón de Santa Fe, a cartografiar (elaborar mapas geográficos) y tomar muestras de rocas de montañas que nunca antes habían sido visitadas por los seres humanos. Al regresar de su misión ellos se dirigirían de regreso a la Base Belgrano, y debían marcar el camino para facilitar el regreso del Grupo de Asalto.

Finalmente, a las 10 de la mañana del 10 de diciembre de 1965, los expedicioncitas lograron plantar la bandera Argentina en el Polo Sur. Mi abuelo fue quién izó la bandera.

Regresan a la Base Belgrano el 31 de diciembre, donde esperaron el arribo del rompehielos que los transportaría a Ushuaia, y de allí serían llevados de regreso a Buenos Aires en avión.

Ya en Ushuaia fueron recibidos con una cálida bienvenida. Los esperaban las autoridades provinciales, periodistas locales, militares y un gran público (tanto local, como de la capital). De regreso en Buenos Aires, también fueron recibidos por autoridades civiles y militares. También había tropas con bandas y un gran público. Allí también los esperaban sus familiares. Mi abuelo pudo ver por primera vez, a su hija menor, María de las Nieves. Nombrada así por haber nacido dos meses atrás, mientras que mi abuelo se encontraba en la Antártida.

De allí fueron llevados inmediatamente a la Casa Rosada. En el trayecto fueron recibidos por un gran público que buscaba felicitarlos por sus actos.

Me sacudió el alma cuando al pasar por la calle Florida (todavía no era peatonal) desde casi todos los edificios caían lluvias de papelitos blancos, era realmente una `nevada´ que nos hacía recodar a las que ‘impiadosas’ a veces – nos acompañaron en aquellas otras latitudes, claro que sin tanto público espectador, recuerda mi abuelo.

Ya en la Casa Rosada fueron recibidos por el Presidente Illia, quién los esperaba en el Salón Blanco para darles la bienvenida y comenzar un acto de congratulación.

De más está decir que estos hombres emprendieron una travesía extraordinaria, en la que, para mí, demostraron un valor sorprendente y un increíble nivel de lealtad hacia sus objetivos.

Cuando habiendo pasado mucho tiempo y en reunión con los que vamos quedando rememoramos situaciones y sucesos de aquellos días, nos asombra haber podido regresar a Base Belgrano sanos y salvos luego de haber enfrentado –todos los días y a cada paso que dábamos– los peligros que la Antártida va presentando en aquellas extremas latitudes a quienes se atrevan a quebrantar con su presencia tamaña soledad, tanta magnificencia y una vastedad sin límite, rigurosa y terca. Me doy cuenta que no alcanzo a expresar en total plenitud los hechos y circunstancias que afrontamos.

Tres años después de la expedición mi abuelo fue ascendido a General de Brigada y, al año siguiente, fue nombrado Director Nacional del Antártico. Esta tenía la misión de entender y ser responsable de todo el quehacer del país en la Antártida.

Según mi abuelo esta fue una buena y digna tarea para él.

Sin embargo, dos años después (en 1972) el gobierno militar lo retira de ese cargo y del ejército. Durante ese tiempo trabajó en relaciones públicas en distintas partes del país para empresas privadas.

En 1976 se inició la dictadura militar en la Argentina.

Esta puso en marcha una represión implacable sobre todas las fuerzas democráticas: políticas, sociales y sindicales, con el objetivo de someter a la población mediante el terror de Estado para instaurar terror en la población y así imponer el ‘orden’, sin ninguna voz disidente.

Durante este tiempo mi abuelo fue arrestado numerosas veces, ya sea por su ideología política o por discutir con los militares de la época.

Seis años después de la finalización de la dictadura militar (en 1989), le devolvieron el título de Director Nacional del Antártico.

Era una nueva oportunidad que me daba el destino para llevar a cabo tareas nobles e interesantes y una suerte de nuevo reconocimiento a mi largo accionar en la Patria Blanca y –por qué no decirlo– una reparación a la injusticia cometida 18 años atrás.

Luego de ocupar ese cargo por unos 14 años, se retiró en el 2003 (teniendo unos 82 años de edad).

Este año festejó su cumpleaños número 90, y actualmente vive con mi abuela en la misma casa donde criaron a mi madre y a mis tíos.

Conclusiones

La travesía que realizó mi abuelo es una historia que mi familia me ha contado desde que tengo memoria. Es algo que he escuchado más veces de las que puedo contar. Sin embargo, el haber efectuado una investigación para compartir con el resto de mis compañeros de clase me motivó para sumergirme completamente en el relato y esto me hizo ver esta historia de una manera completamente nueva.

Me di cuenta que lo que yo conocía era superficial; una historia resumida a su mínima expresión que mis padres y familiares habían creado cuando mi hermana, mis primas y yo éramos pequeñas. Era evidente que ellos querían que conociéramos el relato, pero a la vez buscaban entretener nuestras infantiles y dispersas mentes ya que en esa época no parecíamos estar dispuestas a sentarnos a escuchar una larga y complicada historia. Fue así como mi conocimiento sobre la expedición quedó en lo básico, ya que antes de esta investigación nunca me molesté en averiguar mucho más al respecto.

Me encontré con muchas sorpresas al indagar sobre la historia de la vida de mi abuelo. Me di cuenta que uno suele cometer el error de percibir la totalidad de la vida de los demás dependiendo de cómo es que éstas han afectado la vida de uno mismo.

Es decir, yo siempre lo vi a mi abuelo como mi “Tata” (como lo llamamos entre la familia) y nada más. Me resultaba casi imposible imaginarme un momento en su vida donde él no haya sido otra cosa que mi abuelo. Ahora me doy cuenta que –y por supuesto– él es mucho más que eso. Dejó de ser simplemente mi abuelo para convertirse en este hombre increíble, que realizó actos que, con mis 19 años, parecen imposibles que una persona haya podido lograr en una sola vida. Me di cuenta que él realmente tiene una historia, y que definitivamente vale la pena tomarse el tiempo para sentarse a escucharla.

Bibliografía

Boletín de divulgación Jorge Edgard Leal (1976). Operación 90. Instituto Antártico Argentino

Entrevistados

Jorge Edgard Leal

Páginas web

Fundación Marambio (s.f.). La llegada al polo sur por vía terrestre. Marambio. Recuperado el 26 de abril de http://www.marambio.aq/leal/index.html Geo Ya (s.f). La Antártida. Geo.Ya. Recuperado el 15 de mayo de http://geo.ya.com/la_antartida Gran Depresión (s.f.). La Gran Depresión. Grandepresion. Recuperado el 26 de abril de http://www.grandepresion.com/ Me.Gov (s.f.). La dictadura militar en Argentina. Me.Gov. Recuperado el 25 de abril de http://www.me.gov.ar/efeme/24demarzo/dictadura.html

Publicaciones

Presidencia de la Nación (1966). Primera expedición terrestre Argentina al Polo Sur. Secretaría de Prensa.


Polo Sur fue publicado de la página 58 a página61 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº43

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