1. Diseño y Comunicación >
  2. Publicaciones DC >
  3. Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXVIII >
  4. Formación docente. Formación profesional

Formación docente. Formación profesional

Incorvaia, Mónica Silvia [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXVIII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXVIII

ISSN: 1668-1673

XX Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Facultad de Diseño y Comunicación. Universidad de Palermo

Año XIII, Vol. 18, Febrero 2012, Buenos Aires, Argentina | 208 páginas

descargar PDF ver índice de la publicación

Ver todos los libros de la publicación

compartir en Facebook


Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

Resumen:

Este es un análisis histórico en cuanto a la enseñanza-aprendizaje, destacando la enseñanza y capacitación profesional en las áreas de diseño a nivel académico. Se destaca la célebre Bauhaus y el instituto de diseño de Chicago. Una mirada puesta en el aprendizaje y en una capacidad para que ese aprendizaje sirva en el campo profesional donde se desempeñará el alumno. Culmina con una reflexión sobre lo imprescindible de poseer una muy buena formación pedagógica que, sin desestimar los conocimientos técnicos que cada profesional tenga, posibilite un manejo adecuado de las herramientas básicas en el desarrollo pedagógico de la carrera.

Palabras clave: educación – formación – docente – profesional – pedagogía – proceso.

A nuestros alumnos les enseñamos muchas cosas, pero a veces no sabemos si las aprenden o cómo las aprenden.

B. Rotger Amengual

En el último cuarto del siglo XX, la enseñanza y capacitación profesional en las áreas de diseño a nivel académico adquirieron una importancia relevante. Si bien desde los inicios de ese siglo la formación artística tuvo un papel preponderante en el desarrollo de las artes, es en el período mencionado cuando adquiere gran protagonismo.

La célebre Bauhaus (1919-1933), nacida en la entonces República de Weimar, es el antecedente más característico de esta especialidad. Su impronta fue decisiva en el campo del diseño y permitió establecer disciplinas y sistemas de formación que hoy desarrollamos.

Su gran promotor, el ingeniero Walter Gropius, estableció esas bases esenciales en el mismo momento de su proclama al manifestar: “Queremos crear una nueva corporación de artesanos despojados de ese orgullo de clase que levanta un muro altanero entre artesanos y artistas. Debemos querer, imaginar, preparar en común el nuevo edificio del porvenir que enlace armoniosamente a la arquitectura con la escultura y la pintura; edificio que ha de elevarse por manos de millones de obreros en el cielo del futuro, como emblema cristalino de la nueva fe en el porvenir.” (Incorvaia, p.77)

Efectivamente, esta propuesta no es sólo educativa sino que encierra una cuestión filosófica que ha seguido vigente: la conjunción de la teoría con la práctica del diseño.

A su vez, uno de los promotores de esta institución más comprometido con su corriente fue Lazlo Moholy Nagy, quien transitó por diferentes especialidades y desarrolló su teoría pedagógica bajo el lema de “Nueva Visión”, en la cual pone de manifiesto que el diseñador debe pensar y actuar en función de su época, contando con la tecnología acorde con su propósito inmediato.

Nos remitimos a la palabra diseño porque, de acuerdo con la definición del Diccionario de la Real Academia Española, entendemos por tal “la actividad creativa y técnica encaminada a idear objetos útiles y estéticos que puedan llegar a producirse en serie”.

De este modo, no sólo el criterio industrial se manifiesta con esta aseveración, sino que podemos incluir esos objetos estéticos que ya sea de manera individual o masiva, pueden representar un aporte desde el arte y la creación.

Resulta interesante, entonces, adentrarnos en el concepto procedimental de esta propuesta que fue revolucionaria para la época y marcó un estilo que se prolongó en el Instituto de Diseño de Chicago, producto de la diáspora que significó el cierre de la Bauhaus en Alemania, ante la llegada al poder de Hitler.

Esta institución continuó con la propuesta original de Gropius, estableciendo espacios destinados a la enseñanza del diseño de artículos manuales o mecánicos, el trabajo con textiles, plásticos, vidrios, elaboración de escenografías, arte comercial, fotografías, tipografías, modelado y pintura. Todas estas manifestaciones permitieron, con el transcurso de los años, generar una nueva corriente que sirvió de base para la aplicación en los centros de enseñanza del diseño.

Pero desde el punto de vista pedagógico ¿cómo se llega a la formación de “profesionales responsables” que puedan aunar sus conocimientos técnicos con preparación adecuada para transmitir la enseñanza?

La demanda por parte del mercado laboral generó la necesidad de capacitar a futuros profesionales, dentro de un marco teórico que les permita desempeñarse en el campo profesional.

Pero esa capacitación requiere de docentes con formación pedagógica que sean capaces de poder transmitir no sólo los conocimientos inherentes a la carrera, sino que posean una formación académica que avale su propia capacidad científica. De acuerdo con las pautas de la pedagogía tradicional, entendemos como proceso educativo la posibilidad de brindar al ser humano una forma de vida adecuada a sus necesidades, en la cual debemos considerar tres aspectos principales: el objeto pedagógico (el alumno), los medios (los bienes culturales) y el sujeto (el educador). Si bien actualmente, los criterios pedagógicos han cambiado rotundamente, resulta interesante destacar que la idea de la transmisión de la enseñanza surge con el hombre mismo.

Al respecto, Juan Manuel Romero, en su libro Historia de la Educación, establece tipos de mentalidades a partir de las culturas primitivas, teniendo en cuenta aptitudes, capacidades y convicciones.

De este modo considera que las sociedades griegas, japonesas, hindúes y chinas han manejado el concepto de educación a través de representaciones religiosas o mediante pensadores y filósofos que establecieron las bases que, lógicamente, fueron evolucionando y cambiando de acuerdo con la sociedad de cada tiempo. Porque la educación es reflejo de su tiempo y realza o pone en conocimiento determinados valores.

Al respecto, Frederick Mayer en su Historia del Pensamiento Pedagógico establece que: “En cada período de la historia, la educación ha reflejado los valores de la sociedad. Así en Esparta desarrolló guerreros que tenían poco interés en la literatura y en las artes; en Atenas se subrayaba una visión más universal de la cultura, mientras que el sistema escolar de Roma enaltecía los valores patrióticos. En la Edad Media el maestro fue un siervo del eclesiasticismo y se esperaba de él que siguiera los dictados de la ortodoxia.” (1967. p. 36).

De manera específica, en la Edad Media surge la Universidad con la metodología del sistema tradicional basado esencialmente en la exposición del profesor, con un criterio subsidiario sobre lo escrito. G. Moreno, considera que la organización universitaria para este período tiene caracteres específicos que la diferencian de otras instituciones que la precedieron.

A tal efecto, toma en cuenta tres aspectos esenciales que hacen a su organización:

• Corporatividad. Entendiendo por tal una corporación constituida por la asociación entre maestros y escolares al modo de los gremios de artesanos de la época con intereses en común que sirven de unión al grupo. A su vez, se considera que existen dos tipos de agrupación: la vertical (alumnos y profesores, como en París) y la horizontal (sólo alumnos que presenta Bolonia).

• Autonomía. Cada universidad poseía un régimen autónomo, tanto en lo académico como en lo jurídico y administrativo.

• Universalidad. La procedencia universal de los estudiantes, el concepto universalista del saber, la unidad de lengua (el latín), la semejanza de métodos y contenidos docentes, la validez de los títulos.

De acuerdo con su importancia, característica y orden fundacional (papal, imperial o real, por derecho consuetudinario), cada universidad poseía una serie de privilegios para los alumnos y profesores que extendieron hacia la mayor parte de las casas académicas.

Podemos destacar como tales: Licencia a los graduados para enseñar - Exención del servicio de armas - Condonación de impuestos y contribuciones - Protección a maestros y estudiantes de no ser juzgados sino por las autoridades de la Universidad.

Estas características que hoy nos resultan llamativas, también tuvieron aspectos curiosos en cuanto a ciertas disposiciones que no siempre eran beneficiosas.

Al respecto Daniel Dei en su libro La Tesis, hace una mención a las costumbres o disposiciones que se impartían en la Universidad de Salamanca, en la capilla de Santa Bárbara, en relación con los exámenes finales que le daban al alumno el título correspondiente: “En un sillón frailero (…) se sentaba el candidato que aspiraba a sus títulos; en torno de las paredes, sobre una rudimentaria sillería –una especie de largo banco– se sentaban los doctores y catedráticos de la Universidad. Los exámenes duraban todo el día y si el estudiante lograba superarlos y obtenía el grado correspondiente, tenía el derecho de salir triunfante por la puerta principal. De fracasar en sus exámenes debía salir por la “puerta de carros”, donde con seguridad sería objeto de escarnio por parte de otros estudiantes y el pueblo, ya que éstos quedaban sin los banquetes que sucedían habitualmente a la obtención de los títulos.” (2006, p. 25).

Pero más allá de estos hechos anecdóticos, nuestra mirada está puesta en el aprendizaje y en una capacidad para que ese aprendizaje sirva en el campo profesional donde se desempeñará el alumno. Pero, algunas veces, no todo lo que se enseña es aprendido, porque no podemos confundir enseñanza con aprendizaje.

El profesor puede tener un amplio conocimiento del tema en cuestión y una preparación acorde con los objetivos programáticos, pero no siempre logra su cometido. Por eso resulta muy efectivo hablar de “aprendizaje” y no de “enseñanza”.

Por supuesto que el fin de todo docente es enseñar bien, pero a veces no basta con la propuesta académica, sin que es necesario “acomodar” esa propuesta en función del elemento humano que nos ha tocado capacitar. Entendiendo por tal, no bajar el nivel sino hacerlo asequible al grupo que se encuentra frente a nosotros.

También debemos tener en cuenta la currícula correspondiente, evitando reiteraciones excesivas en las planificaciones que sólo tienden a hacer tedioso un espacio que requiere, precisamente, de la creación y originalidad a la hora de salir a competir en el mercado laboral. El mundo actual nos propone ser más abiertos y equitativos que aquellos académicos de los que nos habla Dei. Pero también es cierto que resulta de una gran complejidad ser inclusivos y mantener premisas academicistas con los desafíos que nos reporta la actualidad.

En el planteo académico al que hacíamos referencia al principio, Moholy Nagy parte de la idea de que “todos poseemos talento”. Y así lo manifiesta: “Todos, por naturaleza, podemos recibir y asimilar experiencias sensoriales. Todos somos sensibles a los tonos y a los colores, todos tenemos “mano” (sic) segura y reacciones espaciales, etc. Esto significa que todos, por naturaleza, somos capaces de participar en los goces de la experiencia sensorial, que cualquier hombre sano puede convertirse en músico, pintor, escultor o arquitecto, al igual que hablando es orador. Es decir que puede expresar sus reacciones en cualquier medio (lo cual, sin embargo, no es sinónimo de “arte”, que constituye el más alto nivel expresivo de un período dado).” (1997. p. 26)

Un recurso interesante radica en la experimentación que los alumnos pueden realizar compartiendo sus propios trabajos con el grupo. Estos son elementos que pueden llegar a ser de gran utilidad si se los sabe aplicar y difundir adecuadamente. También puede dar muy buenos resultados establecer un intercambio fluido entre ellos y el docente, evitando los pudores que puede sobrellevar admitir que se desconoce tal o cual término o tema específico.

La práctica compartida ayuda a que se produzca un estímulo mutuo entre los propios compañeros y permite inducir ejemplos cotidianos aplicables a la cátedra. Debemos dejar en claro que lo se está aprendiendo sirve no sólo para el campo profesional, sino para la vida cotidiana y que de hecho podemos aprender de lo que nos rodea: la comunidad, el barrio, la vida misma.

Nos estamos refiriendo, por consiguiente, a una enseñanza activa que permita hacer ameno el aprendizaje y la relación entre todos, posibilitando una relación estrecha, ya que se trata de alumnos que provienen de distintos países y de diferentes culturales. Y muchas veces, les cuesta relacionarse con sus pares.

Este aspecto puede ser utilizado en forma positiva, ya que nos permite aprender de los otros, conocer costumbres y tradiciones, integrarnos en definitiva en la aldea global que nos ha tocado vivir.

A su vez, es necesario insistir en la necesidad de saber estudiar, mediante una adecuada bibliografía, leer en forma metódica, redactar teniendo en cuenta las reglas ortográficas, evitando caer en el facilismo de la abreviatura o el mensaje inconcluso.

Todas estas premisas deben estar planteadas desde un principio por el docente, de forma amena y cordial. Una buena comunicación inicial ayuda a evitar “ruidos” en el desarrollo de la cursada.

Si el hombre es producto de su tiempo y cada generación maneja códigos y costumbres propias, debemos saber establecer un equilibrio en el uso adecuado de nuestro lenguaje, ya que esto le reportará al alumno un discurso más contundente que le permitirá enfrentarse al competitivo mundo profesional con mayor seguridad y destreza.

Al respecto, y en relación con la formación en áreas como la nuestra, Rotger Amengual manifiesta: (…) “Lo que sí es cierto y evidente es que siendo el mundo de la ciencia y la cultura cada vez más complejo y más difícil y tenso el mundo social y profesional, la formación y la preparación de la persona tiene que ser cada vez más sólida, profunda y eficaz.” (1981, p. 9). Para poder cumplir con nuestros objetivos, debemos partir del establecimiento de una conexión entre la teoría y la práctica que se logra a través de una programación adecuada, que contemple los intereses que estamos poniendo en juego.

El mismo Amengual, promovió en su momento tres aspectos que pueden ser de utilidad si los sabemos desarrollar disciplinariamente. En ellos apela a realizar:

1. Un breve estudio científico que posibilite esbozar una teoría válida y operativa del proceso de aprendizaje.

2. Descripción de las técnicas elementales de estudio y de trabajo intelectual que se emplearán, procurando mostrar modelos prácticos que sirvan a modo de referencia.

3. Determinación de procedimientos básicos para que otro profesor pueda introducir esas técnicas dentro de una programación equivalente.

Estos puntos tienen como fin poder equilibrar la teoría y la práctica que muchas veces se diluyen, o bien una sobrepasa a la otra, impidiendo un adecuado complemento entre ambas.

Llegados a esta instancia, podemos plantearnos una premisa básica en todo este proceso: la predisposición a recibir la instrucción determinada. Este aspecto resulta de suma importancia y es allí donde se puede medir la capacidad del docente para impartir enseñanza.

No se trata de ser “compinche” del alumno sino de saber ubicarse en el lugar que nos da el ejercicio docente. En atrapar la atención mediante los recursos apuntados anteriormente, pero con el convencimiento de que el plan utilizado es el correcto, o el más adecuado, para poder lograr una acertada valoración.

Para ello el profesor deberá analizar a su equipo, estudiar su conformación, intereses, niveles sociales, temperamentos. Sentirse seguro de su propia capacidad y aun de sus límites.

No existe una receta ideal, sino la adaptación de esa receta en función del grupo al cual está destinado.

A partir de esta elaboración, se podrá llegar a una evaluación que es el punto más sobresaliente en el proceso educativo, ya que nos permite no sólo descubrir aptitudes e intereses específicos sino alentar y facilitar el desarrollo y realización de un profesional altamente capacitado.

Como corolario de este análisis, tomamos la idea de Georg Kerschensteiner (1854-1932), quien al referirse al objeto de la educación, que es el alumno, planteó: “La acción educativa heterónoma debe preparar al individuo para la educación autónoma. El educador no puede perder de vista dicho fin. La formación de la personalidad se realiza en un esfuerzo continuo que lleva desde el reino de los valores condicionalmente válidos a los valores absolutamente válidos. La escuela activa intenta encauzar en ese camino el desarrollo de la personalidad.” (Chateau, pp. 239/40).

De manera tal y en base a estos planteos, resulta imprescindible poseer una muy buena formación pedagó- gica que, sin desestimar los conocimientos técnicos que cada profesional tenga, posibilite un manejo adecuado de las herramientas básicas en el desarrollo pedagógico de la carrera.

Referencias bibliográficas

- Chateau, J. (1959) Los grandes pedagogos. México: Fondo de Cultura Económica.

- Dei, Daniel. La tesis (2006). Buenos Aires.

- Incorvaia, M. (2008) La fotografía. Un invento con historia. Buenos Aires: Aula Taller.

- Mayer, F. (1967) Historia del pensamiento pedagógico. Buenos Aires: Kapelusz.

- Moreno G. J. M. (1971) Historia de la Educación. Madrid: Paraninfo.

- Moholy Nagy, L. (1997) La Nueva Visión. Principios básicos del Bauhaus. Buenos Aires: Infinito.

- Rotger Amengual, B. (1981) Las técnicas de estudios en los programas escolares. Madrid: Cincel.

Abstract: The article displays an historical analysis of teaching and learning process, emphasizing teaching and academic education in the areas of design. A glance on learning and its utility in the student’s future professional field is given by the author who also makes a reflection on the importance of the professional’s pedagogical formation in order to handle basic tools in the career pedagogical development.

Key words: education – formation – professor – professional – pedagogy – process.

Resumo: Uma análise histórica em quanto ao ensino-aprendizagem, enfatizando o ensino e a formação profissional nas áreas de design no meio acadêmico. Destaca-se a famosa escola de design Bauhaus e o instituto de design de Chicago. Uma mirada posta na aprendizagem e uma capacidade para que essa aprendizagem sirva no campo profissional onde se desempenhasse o aluno. Termina com uma reflexão sobre o que é necessário possuir uma formação muito boa que, sem desestimar os conhecimentos que cada profissional tem, permitem uma gestão adequada das ferramentas básicas para o desenvolvimento pedagógico da carreira.

Palavras chave: educação – formação – docente – profissional – pedagogia – processo.

(*) Mónica Incorvaia. Master en Cultura Argentina (EDIACFondo Nac. de las Artes, 1997). Profesora de la Universidad de Palermo en el Departamento Audiovisual y el de Investigación y Producción de la Facultad de Diseño y Comunicación. Investigadora fotográfica y documentalista.

Vocabulario relacionado al artículo:

capacitación . formación profesional . pedagogía .

Formación docente. Formación profesional fue publicado de la página 32 a página35 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXVIII

ver detalle e índice del libro