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Contra la erudición: sobre la criticidad en los marcos teóricos del diseño

Zangrandi, Marcos [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXVIII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXVIII

ISSN: 1668-1673

XX Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Facultad de Diseño y Comunicación. Universidad de Palermo

Año XIII, Vol. 18, Febrero 2012, Buenos Aires, Argentina | 208 páginas

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Resumen:

El presente artículo reflexiona acerca de la construcción de los marcos teóricos en tesis y trabajos de investigación que se producen en nuestras carreras de diseño y de comunicación. El autor señala que es necesario repensar la manera de exposición de los contenidos incluidos en ellos y soslayar las recetas de fichado, y en cambio avanzar en conceptos y reflexiones que den cuenta de un tratamiento crítico de taxonomías y conceptos propuestos por diversos autores. En este sentido, el texto propone evitar el armado teórico erudito por uno que muestre la capacidad crítica del tesista frente al mundo. En contigüidad, se subraya la necesidad de la apelación a un lenguaje que más que técnico o transparente tiene que evitar la repetición o la cristalización de conceptos y clasificaciones acríticas.  

Palabras clave: teoría – investigación – diseño – lenguaje – escritura. 

La literatura acerca de la construcción de los marcos teóricos no abunda; las opciones varían entre volúmenes de metodología y técnicas afines que no abordan específicamente los problemas del armado teórico (por ejemplo Hernández Sampieri [1998]) o bien clásicos manuales de tesis en los que se ofrecen recetas para que quien se empeña en cerrar su licenciatura o posgrado (los volúmenes de Eco [2006] y Taborga [1982] son canónicos) sin indagar en el marco teórico. Quisiera entonces abrir la reflexión sobre las formas, los alcances y los límites de este espacio recurrente del trabajo académico, muy recorrido y poco pensado, que de ser considerado tan tácito ha quedado fuera del debate. 

Marcos teóricos, manuales y erudiciones 

Con frecuencia, alumnos e investigadores a la hora de enfrentar la escritura de una tesis suelen acumular una gran cantidad de información relacionada, de alguna u otra forma, con la hipótesis de trabajo y con las preguntas que han orientado la búsqueda. Ello supone un conjunto de datos que, con distintas técnicas, se ordenan en capítulos de manera más o menos taxativos, según una disposición racional que ayude a sostener la investigación. A partir de mi experiencia como docente y como lector de tesis variadas, terminadas y en progreso, me he preguntado cuál es el sentido de este acopio de información, a veces tangencial respecto de la hipótesis, y frecuentemente regida por el imaginario de erudición y cierta voluntad de categorización teórica, cuando no una intención de mostrar capacidad de extensión. La pregunta envía, en última instancia, hacia una reflexión básica: qué es un marco teórico, qué contiene, en cualquiera de sus sentidos, y qué orientación podemos darle a los tesistas al respecto. 

En este sentido, es necesario repensar la manera de encarar los contenidos de los marcos teóricos. Primeramente, en relación con la importación de clasificaciones y categorizaciones de determinados autores que en algún punto puede estar en correspondencia con los elementos de la hipótesis del investigador. Me pregunto, en consecuencia, si en un marco teórico es necesaria la reiteración de conceptos y las taxonomías generales que no contribuyen de manera específica a explicar aquel punto en que se indaga. La repetición no hace a la ciencia, sino la posibilidad de abrir nuevos horizontes al conocimiento. En este punto es necesario revisar la estructura de manual que a menudo domina los marcos teóricos y que no aportan sustancialmente a la investigación por la simple razón que han sido formulados para otras instancias eventuales. En este mismo punto, es necesario discutir la inclusión de contenidos históricos que supuestamente explican el desarrollo de determinado objeto de estudio. Si la investigación de por ejemplo, el diseño de automóviles en relación con los usos sociales recientes, requiere, acaso, la inclusión de la historia del vehículo o la historia de los usos sociales de las tecnologías o incluso la historia del país o la región, menos aun cuando estas referencias temporales no pertenecen al universo de conocimiento que proyecta la hipótesis de trabajo. Uno de los mayores peligros, así, es que las inclusiones generalísticas eternizan lo coyuntural e histórico y universalizan lo local. Digo eternización y universalización, cuando en realidad, la operación, ideológica de este tipo de retóricas, es que la historia “occidental” (centrista, en la que el enunciador es el europeo y eventualmente norteamericano) reemplaza automáticamente al resto de los antecedentes periféricos, sólo por la abundancia de bibliografía referida a la primera.

Nada, entonces, de todo lo que se incluye en un marco teórico tiene un sentido general, sino específico. El sentido de la investigación no es reiterar formulaciones generales sino indagar en un punto nuclear donde hasta el momento el conocimiento no ha llegado; por ello, bien lo señalaba Gaston Bachelard (1997) –cuyos libros parecen cada día más actuales – que el conocimiento científico camina a contrapelo de la erudición. 

En el caso de nuestros objetos de estudio, los referidos al diseño y a la comunicación, que pueden ser incluidos en el campo de las ciencias sociales siempre teniendo en cuenta su especificidad, no se puede soslayar su condición de emergentes de una coyuntura social, cultural, política. Por lo que un marco teórico tiene que dar cuenta de esas instancias de las que nuestro objeto de estudio es parte y cómo éste en su misma estructura tiene marcas de esos procesos insertos en él. Bien viene a cuenta aquella imagen de Marx en la que de una mesa parecían “brotar quimeras mucho más caprichosas que, si por libre determinación, se lanzara a bailar” (2002: 87). Se estaba refiriendo a la condición de fetiche que adquieren los objetos –en tanto mercancías– cuando, separados de sus condiciones concretas de producción, desprende un plus engañoso. Se puede trazar un paralelo entre aquella mesa fantástica con los objetos de estudio cuando se soslaya, desde la investigación, las condiciones concretas en las que fueron generados.

Precisión, entonces, especificidad y concreción son los valores que gobiernan el desarrollo teórico de una tesis. Valores que se cruzan con las distintas variantes de inclusión de teorías dentro de un trabajo de investigación. En este sentido, y en referencia a los párrafos previos, un marco teórico no repite categorizaciones realizadas por otros autores pero sí pueden ser traídas al texto para discutir o para analizarlas. Un marco teórico adquiere valor no cuando incorpora asépticamente teorías ajenas o siquiera cuando las comenta, sino cuando es capaz de desarticular con creatividad los armados teóricos ajenos a la investigación. Desnaturalizar lo que está enunciado para otros ámbitos, para otros objetos, para otros tiempos y otros espacios hacen a la calidad de la investigación, especialmente cuando formulamos ciencia desde una región –América Latina– y desde una zona del conocimiento en el que no abunda la bibliografía específica; ¿es mejor, en esta línea, la exposición, semejante a la de un manual, de una taxonomía que supuestamente sustenta la hipótesis o el debate crítico y la contrapropuesta de otros puntos de vista que se adecuen a la propia línea de investigación? Creatividad, en el mejor sentido de este término, para el conocimiento que generamos desde nuestras universidades. 

Finalmente, y en la misma línea de debate, hay un aspecto previo a la construcción del marco teórico, que sin embargo hace al aspecto crítico del conocimiento. Se trata de pensar a priori el lugar social que tiene una investigación. Esto es, preguntarnos de manera realista, como alumnos y como docentes, desde dónde formulamos el conocimiento y qué impacto tendrá socialmente nuestra construcción. Parto, por ello, de la propuesta de que no hay conocimiento que no provoque modificaciones sociales, en nuestro caso, en la producción y la circulación del diseño y de la comunicación en la región. La universidad es un actor social que tiene participación en este proceso y que está vinculada, por ejemplo, al crecimiento, en distintos aspectos, del dise- ño en Buenos Aires. ¿No es, entonces, necesario que el investigador se cuestione desde qué condiciones genera el conocimiento y cuáles son sus alcances, por mínimos que sean? ¿Es lo mismo, en este sentido, generar una tesis desde Buenos Aires, desde Bogotá, desde México o desde Barcelona? ¿Es lo mismo desde un ámbito privado que de uno público? ¿Qué estatuto social tiene el diseño y la comunicación en el espacio donde se formula la investigación? ¿Qué conformación tiene el campo del diseño y la comunicación y qué corrientes internas lo polarizan? ¿Cómo y de qué forma circula el conocimiento sobre diseño y comunicación en cada coyuntura? Todas estas preguntas previas y necesarias a la construcción de la tesis son evidentes y determinan la calidad de los trabajos

El lenguaje de la ciencia, entre la objetividad y la complejidad 

Si hay un dilema ligado a la construcción del marco teórico, éste es el del discurso académico. Me refiero, en relación a lo que vengo desarrollando, a qué tipo de lenguaje tiene que ser volcado en un documento de investigación. La respuesta para ello, dicen los manuales, es simple: el lenguaje propio del discurso académico. Esto es, el respeto por las normas de referencia y la apropiación de un género del lenguaje característico del campo de la ciencia y la investigación. Normas que, sin dudas están ligadas con la construcción de la ciencia como conocimiento que aspira a la objetividad y a la ausencia de juicios. 

Me pregunto, de la misma manera, si esta concepción de ciencia que promueve tal lenguaje no es aquella ciencia naciente, aquella ligada a las ciencias físico naturales y que concebía los mecanismos del mundo de forma causal- determinístico y que se apegaba al imaginario de la objetividad entre investigador e investigado (véase Follari, 2001). La escritura consecuente era, así, un registro metalingüístico que emulaba esta distancia necesaria del discurso científico; los términos asimismo debían ser unívocos y lo más transparentes posibles, el enunciador, un tercero que enmascara la primera persona o un riguroso nosotros retórico. La escritura ha sido el eco del imaginario objetivista de la ciencia, acaso un resto positivista conservado en el campo de la investigación. 

Los aportes de la epistemología han permitido observar que en cambio el conocimiento científico tiene que ver con más con la complejidad, la provisionalidad del conocimiento y la influencia de las variables sociales sobre la generación de la ciencia que con la posibilidad de conocimiento objetivo. ¿Es válido entonces apegarse a un lenguaje mecanicista que responde a aquel imaginario aséptico de la ciencia? ¿Cuál es el sentido, acaso, de la máscara del impersonal o de la tercera persona cuando el contenido de un marco teórico es inconsistente, cuando las palabras son acríticas, cuando se copian esquemas de pensamiento que no ayudan a explicar aquello que investigamos?

No propongo en ningún sentido “literaturizar” la ciencia, ni sustituir los papers académicos por libres ensayos, ni olvidar los sistemas de referencias bibliográficas. Quisiera en cambio observar que la rigurosidad metodológica que rige el curso de la investigación no tiene correspondencia directa con la comunicación del resultado de una investigación. El registro no tiene entonces ni puede ser mecánico –muy lejos está el lenguaje de ser transparente–, sino estrictamente crítico. Con ello me refiero a que la obligación del investigador es volverse hacia los conceptos con que comunica y debatirlos hasta dar con el recorte del mundo y de las ideas que porta cada uno de ellos. La utilización de un concepto tan utilizado como el de comunicación, para dar un ejemplo, no sólo ha de ser explícitamente observado por el que lo escribe (en tanto que en cuál de las múltiples facetas que abarca tal término) sino señalar qué usos sociales tiene, qué ideologemas posee, en qué lugar del discurso social interviene, etcétera. 

El trabajo de quien lo orienta al tesista y al que se inicia en la investigación, entonces, está menos relacionado con el apego a las normas de referencias o a las gramaticales que a posibilitar un trabajo crítico, donde el lenguaje no sea considerado un mero reflejo de un ideal objetivista, sino una herramienta crítica que construya la complejidad de la investigación. 

Referencias bibliográficas 

- Bachelard, Gaston (1997). La formación del espíritu científico. Contribución a un Psicoanálisis del conocimiento objetivo. México: Siglo XXI. 

- Eco, Umberto (2006). Cómo se hace una tesis. Barcelona: Gedisa. 

- Follari, Roberto (2001). “Sobre el objeto y el surgimiento de las ciencias sociales”, en AAVV. Comunicación Social. Introducción a la problemática. Mendoza: Ediciones Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. 

- Hernández Sampieri, Roberto (1998). Metodología de la investigación. México: Mc Graw- Hill.

- Marx, Karl (2002). El capital. Tomo I, volumen I: El proceso de producción del capital. Buenos Aires: Siglo XXI. 

- Taborga, Huáscar (1982). Cómo hacer una tesis. México: Grijalbo. 

- Vieytes, Ruth (2004). Metodología de la investigación en organizaciones, mercado y sociedad. Epistemología y técnicas. Buenos Aires: Editorial de las Ciencias

Abstract: The present article thinks brings over of the construction of the theoretical frames in thesis and works of investigation that take place in our careers of design and communication. The author indicates that it is necessary to rethink the way of exhibition of the contents included in them and to ignore the recipes of registered, and on the other hand to advance in concepts and reflections that realize of a critical treatment of taxonomies and concepts proposed by diverse authors. In this respect, the text proposes to arm a theorist scholarly instead of another one that shows the critical capacity of the thesis opposite to the world. In contiguity, the need of the appeal underlines to a language that more than technical or transparent has to avoid the repetition or the crystallization of concepts and non critic classifications

Key words: theory – investigation – design – language – writing

Resumo: O presente artigo reflexiona a respeito da construção dos marcos teóricos em teses e trabalhos de pesquisa que se produzem em nossas carreiras de design e de comunicação. O autor assinala que é necessário repensar a maneira de exposição dos conteúdos incluídos neles e atravessar as receitas de arquivada, e em mudança avançar em conceitos e reflexões que dêem conta de um tratamento crítico de taxonomías e conceitos propostos por diversos autores. Neste sentido, o texto propõe evitar o armado teórico erudito por um que mostre a capacidade crítica do tesista em frente ao mundo. Contíguos, sublinha-se a necessidade da apelação a uma linguagem que mais que técnico ou transparente tem que evitar a repetição ou a cristalização de conceitos e classificações acríticas.

Palavras chave: teoria – pesquisa – design – linguagem – escrita.

(*) Marcos Zangrandi. Licenciado en Comunicación Social (Universidad Nacional de Cuyo, 2001). Maestría en Comunicación y Cultura (UBA, 2008). Profesor de la Universidad de Palermo en el Departamento de Proyectos Profesionales de la Facultad de Diseño y Comunicación.

Vocabulario relacionado al artículo:

conocimiento . investigación . lenguaje .

Contra la erudición: sobre la criticidad en los marcos teóricos del diseño fue publicado de la página 113 a página115 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXVIII

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