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De-teching ya

Albornoz, Claudio [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIX

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIX

ISSN: 1668-1673

XX Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Facultad de Diseño y Comunicación. Universidad de Palermo

Año XIII, Vol. 19, Agosto 2012, Buenos Aires, Argentina | 215 páginas

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Resumen:

El siguiente escrito detalla el poder que la tecnología posee sobre la vida de los individuos. Está redactado desde la realidad que cualquiera puede transcurrir en momentos de avances tecnológicos como el actual.

Palabras clave: resistencia – funcionalidad – alteración – incertidumbre – dependencia. 

Nunca quise tener una. La verdad es que siempre me resistí. Veía que las balas caían cerca, pero resistía. Tenía un par de argumentos sólidos para no tenerla y con eso andaba bien. Resistí hasta donde pude. Pero un día no pude más. 

Un día me invitaron gentilmente a tener una. Y me ví con argumentos medio endebles como para decir que no. Y los argumentos por los cuales no, empezaron a mutar a otros por los cuales sí. Por que no, me decía. No iba a ser ni el primero ni el último. Muchas de las cosas que compramos no tenemos mucha idea del porqué lo hacemos. Es normal. Y, es sabido, la cabeza siempre encuentra argumentos para justificar algunas de las decisiones que tomamos. Con lo cual, todo bien. Tenía claro que era el principio del fin. Lo sabía. Probablemente por eso no la quería. El tema es que durante los últimos años, trabajando en una industria muy vertiginosa, con tiempos muy particulares, horarios muy particulares y con todo el folclore que rodea a la publicidad como industria, pude surfear la avalancha tecnológica de los celulares inteligentes. Una arremetida techi tan seductora como mortífera. Y pude vivir sin ella. Y si bien mi nivel de conexión era importante, vía notebook fundamentalmente, no sufría el síndrome de la lucecita colorada. Y era más o menos feliz en este sentido. 

Pero la felicidad no es eterna, lo sabemos. Y un da llegó. Lo recuerdo como si fuera hoy. Un día intenso. Un día que fue el comienzo del fin. Una suerte de profecía autocumplida, en mi caso. Muy seductora, muy funcional, muy práctica para los que estamos todos los días moviéndonos, teniendo que decidir cosas, ella se aparecía en mi vida. Y como era de esperar, me gustó. De a poco empecé a quererla. Recuerdo la gradualidad perfectamente. Recuerdo cómo cada día iba quedando más y más enganchado. Y resolvía cada vez más cosas con ese bendito aparato. Y el bendito chat. Y las benditas aplicaciones. Y la mar en coche. Cuando ya estaba casi adoptándola, y la había incorporado a mi vida, cuando los argumentos de la dependencia y la conexión total perdían por paliza contra la libertad de movimientos que ella permitía, casi sin querer, un día me corrieron la alfombra. A mi y a 70 millones de personas en el mundo. No estuvo bueno que el bendito aparato me haya hecho pasar algunos cuantos momentos de zozobra. Durante algunos cuantos días. La sensación es fea. Fue fea. Y el hechizo de la funcionalidad, se transformó en una película de terror. 

Siendo medio obsesivo con la calidad del servicio en general, y de los que piensan que en Latinoamérica si no te quejas y pataleas las cosas no funcionan, siendo de los que escriben, la siguen, se quejan y maldicen recurrentemente a los servicios en general, esta vez la caída del sistema de Blackberry me pegó por otro lado. Mi vida se alteró, es verdad. Hubo cosas que no pude hacer, gente que no pude ver, pero, la verdad, me acordé poco de maldecir a RIM y a su Blackberry. ¿La culpa es de ellos o nuestra? me pregunté. Es como cuando hay algo que es súper sabido, pero por alguna extraña razón un día realmente te das cuenta de todo lo que te decían: sí, algunos de nosotros hemos estructurado demasiado nuestra vida en función de estos benditos aparatos inteligentes. Demasiado. Y lo que pasó hace algunos días tiene que ver con esto. Tal vez por primera vez en esta escala. Mucha gente quedó colgada del pincel. Mal. Yo fui uno de ellos. Incertidumbre, bronca, impotencia y demás sensaciones me empezaron a hacer reflexionar: ¿Y esto no puede volver a pasar? ¿Y si pasa de nuevo? Paradójicamente solamente funcionaba el teléfono, pero así todo, igual nos complicó mucho. A muchos.

A esta altura vale aclarar, por si ya no se dieron cuenta, que la referencia a Blackberry puede extenderse perfectamente a cualquier otro smartphone. El disparador fue Blackberry, pero vale para cualquiera. 

De hecho, de no querer tener una ni a ganchos, mi actualidad me sorprende hoy en la duda si darle una oportunidad a los amigos de RIM, o pasarme a las huestes de Apple con su Iphone (según dicen es un lugar donde hay bastante felicidad). 

Se me complicaría, confieso salvajemente, resetear todo de nuevo y volver a mi V9 y chequear emails solamente cuando esté frente a una máquina. Tremendo. 

¿Entonces? 

Como parece que esto no solamente es así hoy, sino que va a empeorar en algún sentido (cada vez más van a desarrollar bichos más divinos, más funcionales, más baratos, más y más), me preguntaba si la cosa no pasaría, entonces, por ver qué cuerno voy a hacer yo con todo esto. Y la respuesta parece difícil. Si a este tipo de episodios, le sumamos el tema emails, la cosa se empieza a poner seria de verdad. 

Los americanos, campeones indiscutidos en anticipar tendencias y ponerle nombre a las cosas, están empezando a hablar de una corriente que llaman deteching. Sería algo así como desintoxicarse de la tecnología. Tiene que ver con esto de cortar un poco con el nivel de conexión abrumador que muchos de nosotros tenemos. No negar nada, no ir contra la corriente, pero bajar de forma importante las horas de conexión diarias. Y como siempre, ya hay varios estudios en este sentido. El offlining camina en esta dirección también. 

Muchos analistas ya empiezan a marcar el 2011 como el inicio de este proceso de “desintoxicación”. Hay gente que está, según otros analistas, “tecnológicamente fatigada”. Guau! Incluso algunos señalan que empieza a aparecer cierta nostalgia de las épocas de la comunicación analógica. Y ojo que no solamente se habla de síntomas psicológicos sino también físicos. En casos extremos, puede implicar pasar cada vez más horas conectado, ignorar el entorno, tener una sensación de bienestar cuando se está conectado, depresión o vacío cuando no, como así también dolor de cabeza por migrañas, anormalidades alimenticias y alteraciones del sueño. 

Gracias a Dios todavía no llegué a nada de esto. 

Como inmigrante digital, soy de la generación analógica que necesitó reconvertirse para estar a la altura de las circunstancias; siento fascinación por estar viviendo este momento profesional con la explosión de herramientas increíbles y desarrollos que existen, impensados hace algunos años. Vengo de una época donde, en términos de tecnología, pensábamos cosas que no se podían hacer. 

Hoy casi todo lo que se puede pensar, se puede hacer. Y más incluso. 

Pero empiezo a preguntarme seriamente si es realmente sano tener estos niveles de dependencia. Hasta donde está bien, y hasta dónde ya empieza a no estar bueno. Esto que por una falla “x” de un señor administrador de Cincinnati mi vida se vea alterada, la verdad, no me gusta nada. 

Más allá de esta situación puntual, de tomar las cosas con humor y demás, parecería más que evidente que necesitamos desconectar un poco. Repensar muchas cosas, y barajar y dar nuevo. Al final, todo en esta vida es una cuestión de equilibro. Volver al V9 me va a resultar muy difícil.

Abstract: The following writing details the power that the technology possesses on the life of the individuals. It is written from the reality that anyone can pass in moments of technological advances as the current one.

Key words: resistance – functionality – alteration – uncertainty – dependence.

Resumo: O seguinte escrito detalha o poder que a tecnologia possui sobre a vida dos indivíduos. Está redigido desde a realidade que qualquer pode decorrer em momentos de avanços tecnológicos como o presente.

Palavras chave: resistência – funcionalidade – alteração – incerteza – dependência.

(*) Claudio Albornoz. Licenciado en Publicidad (Escuela Superior de Publicidad). Profesor de la Universidad de Palermo en el Departamento de Comunicación y Creatividad Publicitaria de la Facultad de Diseño y Comunicación.

Vocabulario relacionado al artículo:

impacto . tecnología . vida cotidiana .

De-teching ya fue publicado de la página 165 a página166 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIX

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