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Medioambiente, contaminación y sustentabilidad. Reflexiones entorno al diseño en México para el SXXI

Segurajáuregui Álvarez, Luciano

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Actas de Diseño Nº13

Actas de Diseño Nº13

ISSN: 1850-2032

VII Encuentro Latinoamericano de Diseño 'Diseño en Palermo'.
Comunicaciones Académicas

Año VI, Vol. 13, Julio 2012, Buenos Aires, Argentina | 260 páginas

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Este escrito reflexiona sobre la responsabilidad que el profesional de diseño (sea industrial, gráfico o urbanista) debe tener en la búsqueda de opciones en cuanto a la labor proyectual del diseño, que permita paliar los efectos negativos que sobre

Introducción Se toma como punto de partida, el considerar al medio ambiente como una responsabilidad humana, ubicando que la modificación que imprimen al entorno medioambiental, los asentamientos humanos y el consumo1 indiscriminado de productos y servicios, tiene un impacto negativo importante para el futuro inmediato de México.

Se vislumbra que, si bien, el neoliberalismo, y las políticas que bajo este se amparan, no son las iniciadoras del deterioro ambiental, si han propiciado que este se exacerbe.

Resulta factible sostener que en México no existe una planeación para el crecimiento urbano en las grandes ciudades o en las comunidades de índole rural. A la par, no constan políticas claras para el reciclaje, reutilización y manejo de productos de consumo.

Se distingue al diseño como la facultad del ser humano para crear y dar forma al ambiente, incluso a partir de elementos y formas que no tienen precedente en la naturaleza, con el objetivo de satisfacer las necesidades de un grupo humano. En este sentido, se reflexiona sobre la responsabilidad que el profesionista de diseño (sea industrial, gráfico o urbanista) debe tener en la búsqueda de opciones en cuanto a la labor proyectual del diseño, que permita paliar los efectos negativos que sobre el medio ambiente se observan.

Se concluye con una serie de consideraciones para el desarrollo de productos y objetos de diseño orientados de manera más amplia y a la vez unificadora hacia el ser humano y el medio ambiente.

El Medioambiente como responsabilidad humana Cada vez resulta más frecuente que se escuchen, lean u observen; discursos, textos e imágenes que hacen referencia, de manera directa o indirecta, al medio ambiente y el impacto que sobre el mismo ha tenido el ser humano.

Lo anterior no es sorprendente si se toma en cuenta que se trata de “todo aquello que rodea al hombre, lo que le puede influir y lo que puede ser influido por él” (Godoy, 2005: 128). Dilucidándose como la fuente y el marco de la vida, susceptible a ser modificado de acuerdo con las necesidades físicas y culturales del hombre2.

Indubitablemente, estas condiciones de vida impuestas por el hombre hacia el hombre mismo y hacia su entorno, con la modificación constante de este último, no han logrado hasta este momento un escenario favorable en términos de equidad a nivel global, para el medio ambiente.

En este sentido diversos especialistas, con una franca preocupación por las situaciones caóticas creadas, han propuesto múltiples acercamientos en la búsqueda de mitigar los efectos negativos que sobre este se observan.

Como es el caso de Bettini (1998:174): Dado el vínculo indesligable que existe entre hombre y naturaleza, los parámetros ecológicos deberían ser temas fundamentales, en particular a nivel de proyectos urbanos y territoriales. La conservación de los ecosistemas naturales, el uso correcto de los bienes hídricos, una atenta planificación de los espacios verdes y rurales (los cuales deberían suponer, de acuerdo con Odum, al menos un tercio del área urbana), la consideración de los aspectos topográficos y de las características naturales, son los únicos medios capaces de garantizar que el asentamiento urbano no sobrepase indebidamente los límites de carga de los ecosistemas.

En México, se observa que no existe una planeación para el crecimiento urbano en las grandes ciudades o en las comunidades de índole rural. Por el contrario, el medio ambiente es visto como el territorio factible a ser usufructuado por los políticos en turno para medrar con él, sin consideraciones éticas, ecológicas o sustentables3.

De manera paralela, no existen políticas claras para la producción, el reciclaje, reuso y manejo de productos de consumo que abarcan un espectro amplísimo que puede partir desde pañales desechables hasta una laptop4.

Es factible confirmar estos argumentos, al observar el crecimiento actual de las ciudades en México y el deterioro ambiental que se genera de manera correspondiente.

No se están haciendo los estudios de impacto ambiental necesarios para determinar la implantación de empresas, la selección de procesos industriales de producción, el desarrollo de unidades habitacionales, o comerciales. O bien, se elaboran de manera mañosa para poder hacer finalmente con el medio ambiente lo que le venga en gana al grupo político - económico en el poder.

Aun cuando el discurso gubernamental mexicano retoma esta problemática; las políticas y el marco legal sobre el cual estas gravitan son muy pálidas, y de no tomarse medidas concretas al respecto se enfrentaran severos problemas en el corto plazo. “Durante décadas hemos aprendido equivocada y erróneamente que para que la civilización avance hay que destruir el ambiente, se asientan en las ciudades, y los pueblos, y las comunidades a costa de los recursos”. (Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos Lic. Felipe Calderón H., 2007: recuperado) En la medida en que el fenómeno de la globalización se asienta en el México de hoy, aumenta el consumo de bienes y servicios y con ello el deterioro del medio ambiente. 

Aun cuando este impacto es experimentado de manera diversa por cada país, las políticas emprendidas para revertir los daños causados al medio ambiente (a nivel local y mundial), han tenido resultados infortunados. Si bien la problemática descrita no ha sido iniciada por la globalización esta la ha agravado.

Contaminación y el neoliberalismo Al hablar de contaminación, se hace en referencia a la incorporación al medio de elementos o fenómenos físicos en cantidad o calidad tales que provoquen un daño o deterioro en este. Se trata de un cambio indeseable en las características biológicas, físicas y químicas del aire, agua y suelo, las cuales afectan negativamente a las especies vegetales y animales, incluyendo al hombre.

Aun cuando los partidarios del neoliberalismo reconocen a la actual crisis ambiental en que se halla sumido el planeta como una consecuencia directa del crecimiento industrial; discurren a su vez en la necesidad de llevar a cabo sacrificios en pos de este progreso y los problemas que el desarrollismo genera, tarde o temprano se solucionaran, no proponen como; pero sí acentúan la importancia de lograr una mejor ubicación en términos de competitividad y de índices macroeconómicos. Tal como lo señala Ramírez5 (1997:34): “[…] los problemas de contaminación son consecuencia del crecimiento industrial y, luego entonces, podrán ser resueltos por el uso de nuevas tecnologías. Lo importante es desarrollarse y estar ubicados mejor en la economía mundial”.

Esta relación inequitativa, en términos de restitución de aquello que se toma o se destruye del ambiente, ha llevado al deterioro de diversos ecosistemas y acaso la extinción de muchos de ellos6. Lo anterior, se hace en referencia al hombre de hoy7, porque en el pasado éste restituía, casi siempre, al medio mucho de lo que de él obtenía8.

Sin embargo, los cambios creados en el ambiente a partir de la revolución industrial, y el positivismo bajo el cual se ampara, como son los altos índices poblacionales por un lado y la falta de oportunidades de desarrollo por el otro, operan directamente en contra del equilibrio ecológico.

En este sentido, se ubica que durante el siglo pasado y principios de éste, el “avance” tecnológico de la humanidad ha venido acompañado de un desmedido abuso de los recursos que conforman al medioambiente. Se juzga conveniente ampliar que, aun cuando la globalización reporta beneficios económicos a las grandes urbes de los países del llamado Primer Mundo, esto ha sido logrado en gran medida, en detrimento de la calidad de vida del Tercer Mundo, de donde obtiene las materias primas y la mano de obra.

En el caso de México, es posible examinar una gran cantidad de información, factible de ser considerada como una llamada de alerta, que ayuda a ver la magnitud de la problemática que se debe de enfrentar: • El país [México] pierde 600 000 hectáreas de bosque anualmente y experimenta una tasa anual de deforestación de 1.5 por ciento.

• De las 100 cuencas hidrológicas del país, 50 están sobreexplotadas, y extensas regiones del país tienen problemas de abasto de agua.

• Las selvas tropicales de México han disminuido 30% en los últimos 20 años.

• Se han extinguido 15 especies de plantas y 32 de vertebrados en México. En nuestro país se han dado 5.2% de las extinciones del mundo en los últimos 400 años.

• La contaminación del aire y del agua en las grandes ciudades del país ha alcanzado niveles tales que tiene efectos negativos sobre la salud y el bienestar de la población.

• México lanza a la atmósfera más de 460000 GT de gases de desecho y se estima una producción anual de 3705000 toneladas de residuos peligrosos.

Plan Nacional de Desarrollo 2001-2006 (2001: 24):

Si bien los problemas que la contaminación provoca son evidentes en las grandes ciudades de México, la situación en el medio rural no es del todo diferente. Las ancestrales tradiciones de vida y relaciones creadas entre el ser humano y su medio ambiente natural, han sido alteradas al tratar de incrustar a las comunidades en la “espiral globalizadora”, en donde el medio ambiente es un activo económico, y en el cual, el consumismo propiciado por el modelo neoliberal y los productos “novedosos” que llegan a estas comunidades han dado por resultado una combinación peligrosa9.

Se observa que la sucesiva generación de contaminantes asociado a la degradación de los recursos naturales, constituyen una pérdida neta del llamado “capital natural” por los neoliberales. Al respecto vale añadir, aquí que se torna en una disminución importante del potencial para promover un desarrollo económico que acceda a satisfacer las necesidades básicas de la población.

Estos efectos han llevado a las comunidades, a tener condiciones no adecuadas de salud, riesgos por exposición a contaminantes, disminución en la capacidad de uso de suelos y de manera muy evidente, las condiciones de calidad de vida que, en lugar de incrementarse se han visto reducidas en un porcentaje sumamente importante.

Es indudable que el estilo de manufactura dominante crea un alto costo socio-ambiental, produciendo un impacto eminente en la naturaleza, favoreciendo el incremento de los riesgos para el ser humano y su ambiente, situando en una situación cada vez más frágil su relación con la naturaleza.

No se puede rehuir el hecho de que la globalización tiene aspectos positivos que son imposibles de rechazar, brindando posibilidades imprevisibles para el futuro.

Sin embargo, sería irresponsable, no reconocer que la dirección política y económica actual coloca en serio riesgo el futuro de la vida en la tierra; bosquejando los límites del modelo neoliberal.

Este proceso se ha cursado a través de un incremento notable en la degradación de la calidad del medio ambiente a nivel global.

[…] Es evidente que algunos ejes propulsores de esta crisis civilizatoria y ecológica se encuentran en el individualismo pragmático, el materialismo consumista, la centralización del poder sobre las cosas y sobre los hombres, las relaciones de dominación y dependencia personales, locales, nacionales e internacionales […] (Grana, 2004:57) Desde esta óptica, se considera importante aplicar políticas y acciones encuadradas dentro del concepto de desarrollo sustentable; mediante el cual se busca fundamentalmente salvaguardar un equilibrio de los ecosistemas para conservar el aprovechamiento humano y la subsistencia de los recursos naturales. Se infiere entonces, que todo proyecto de sustentabilidad se debe acoplar al siguiente esquema: vivir con calidad y dignidad, trabajar, producir y comercializar sin destruir el medio ambiente y sobre todo, sin generar pobreza ni erosión en su entorno, alterando lo menos posible el ecosistema.

¿Y el diseño? El ser humano desde sus inicios ha logrado sobrevivir en el mundo gracias a la transformación y adaptación que hace del mismo. Esto hubiera sido imposible de lograr si el hombre no dispusiera de la capacidad natural para crear objetos. En este sentido, resultan de interés los comentarios que sobre el mundo objetual expresa Martín (2002:22): La vida cotidiana, tal vez por obvia, no llama la atención hacía uno de los rasgos más elocuentes y conmovedores de lo humano: la convivencia continua e ininterrumpida con los objetos y la intrincada red de vínculos que con ellos establecemos.

De lo anterior se desprende el hecho de que el diseño y el dinamismo múltiple que este es capaz de desarrollar, impacta de manera directa en la calidad de vida de los seres humanos.

El diseño es, una de las características básicas de lo humano y un determinante esencial de la calidad de vida. Afecta a todas las personas, en todos los detalles de lo que hacemos cada día. Por ello es muy importante.

Si se presta mayor atención al diseño de los aspectos del entorno material, hay pocos que no sean susceptibles de mejoras significativas. […] el diseño, despojado hasta su esencia, puede definirse como la capacidad humana para dar formas y sin precedentes en la naturaleza nuestro entorno, para servir a nuestras necesidades y dar sentido a nuestras vidas. (Heskett, 2005: 3, 4,7) Esta óptica, refiere al diseño como la capacidad humana de dar forma y crear el ambiente en formas que no tienen precedente en la naturaleza con el objetivo de satisfacer las necesidades de un grupo o conglomerado humano dando sentido a sus vidas. Se considera que la visión de Heskett es válida al afirmar que diseñar es una de las características básicas del ser humano, y que esta determina esencialmente la calidad de vida del mismo.

En concordancia con lo expresado por Cross (2005:11): Los humanos siempre han diseñado cosas. Una de sus características básicas es que elaboran una amplía gama de herramientas y otros artefactos para que se adapten a sus propios propósitos. A medida que cambian dichos propósitos y a medida que las personas reflexionan sobre los aparatos de que disponen mejoras e idean y fabrican clases completamente nuevas de artefactos.

A partir de esta visión, hablar de tópicos tales como ecología, sustentabilidad y desarrollo no resulta nuevo.

Dentro del discurso teórico - académico se han abordado desde hace tiempo estos argumentos, los cuales lamentablemente y en la mayoría de los casos han sido incapaces de transitar del plano discursivo al plano de lo tangible.

Se reflexiona entonces, que el papel del profesionista del diseño, debe ser fundamental en la concepción de alternativas de solución, a la problemática medioambiental, enmarcadas dentro de las políticas de desarrollo sustentable.

Es momento de pasar desde el diseño, del discurso al hecho, del mundo de las buenas ideas y voluntades al de los objetos tangibles; de lo contrario se enfrenta como país (y como planeta) gravísimas consecuencias en cuanto al detrimento ecológico se refiere en el corto y mediano plazo.

Esta creación de nuevos paradigmas, involucra aspectos que fuerzan al ser humano a reestructurar la manera de vivir, no solo desde el punto de vista del diseño, sino además desde la perspectiva de todos aquellos aspectos ecológicos, económicos, culturales y políticos que se implican con el desarrollo sustentable.

A partir de esta visión, es que resulta permisible pensar en nuevas formas sobre cómo hacer diseño, ubicando a los diseñadores como parte medular de la cadena de progreso de la sociedad, exigiéndose a incluir dentro del proceso metodológico proyectual que utilice a aquellos factores que pueden contribuir a inhibir el deterioro medioambiental.

Conclusiones

Se manifiesta, la importancia que los diseñadores poseen en la configuración objetual del entorno que rodea al hombre; trascendiendo su influencia hacía el medio ambiente, más allá de los términos en que se le impacta por la modificación per se que lleva a cabo el diseñador, ubicándose además la transformación que se da a partir de la no observancia del mismo ambiente como un ente vivo. “Es difícil evaluar el déficit global que constituye, para el conjunto de una sociedad, esta desviación de los conflictos y de las necesidades reales de la técnica, sometida ella misma a la moda y al consumo forzado”. (Baudrillard, Ibíd.: 144) En este contexto, trasciende el considerar al ciclo de vida del producto, no solo desde la perspectiva de la mercadotecnia y el modelo consumista explotado por la globalización, sino además conferirle atributos reales de diseño, materiales y tecnología que garanticen una estadía temporal razonable con el usuario, así como el reciclaje de la totalidad, o de gran parte, de sus componentes y materiales.

Se proponen a continuación una serie de criterios10 para la generación de productos, aplicables dentro de cualquier metodología proyectual de diseño que se utilice: 1. Generar objetos de diseño que: • Satisfagan necesidades reales del usuario y no meras provocaciones mediáticas y de moda.

• Aboguen por un consumo racional y no por un consumismo desenfrenado.

• Utilicen energías alternativas para su funcionamiento.

2. Recuperación de los procesos artesanales en la generación de bienes de consumo, adecuándolos de ser necesario a las políticas medioambientales.

3. Desarrollo urbano planificado en torno a la sustentabilidad.

4. Espacios urbanos (de todo tipo) que no aíslen al individuo dentro de los mismos.

5. Procesos de producción amigables con el medio ambiente.

6. Utilización de materiales de reciclaje en un porcentaje importante.

7. Distribución amigable con el medioambiente.

8. El empaque como componente integrado del objeto.

9. Fácil de usar; accesibilidad coherente con las políticas medioambientales.

10. Fácil de reparar.

11. Durabilidad; ciclo de vida del producto extendido.

12. Fácil de eliminar.

12. Reciclaje de una parte importante de sus componentes.

Para ello es necesario: 1. Políticas públicas y privadas: • Que impulsen el uso racional de productos y materias primas.

• Que promuevan el diseño verde y el reciclaje.

• De índole informativa y educacional, donde la sustentabilidad y el cuidado del entorno medioambiental, sean prioritarios.

2. Ética publicitaria y mercadológica que abogue por un consumismo racional de productos, sin imponer modas y estilos banales que suscitan el consumo irracional.

3. Educación para la sustentabilidad, en todos los niveles del proceso de formación del individuo.

4. Aplicación cabal de las reglamentaciones de construcción vigentes dentro del marco legal mexicano.

5. Incentivos fiscales importantes, así como facilidad para el acceso a créditos de bajo costo, para aquellas empresas que sigan una tendencia “verde” en la manufactura de productos, o en la construcción de proyectos habitacionales, comerciales o fabriles.

Es posible inferir que el radio de acción del diseño, interpretado en un sentido orgánico, no se limita solamente en ser un vehículo eficaz para estimular el consumo o para proponer alternativas llamativas en la difusión de productos y servicios. Clara y puntualmente posee la capacidad de conformar a los individuos como seres sociales, e inmerso en esta dinámica aportar toda una serie de valores que estructuran un momento cultural.

En este sentido, se medita que el diseño de bienes de consumo (tanto perecederos como duraderos), no debe emplazarse únicamente a los factores meramente mercadológicos o de manufactura: Diseño orientado al mercado o diseño orientado al producto. Se propone de forma más amplia y a la vez unificadora, que el proceso de diseño se enfoque hacia el ser humano y el medio ambiente.


Medioambiente, contaminación y sustentabilidad. Reflexiones entorno al diseño en México para el SXXI fue publicado de la página 209 a página213 en Actas de Diseño Nº13

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