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  4. Mercedes Peñalva: La Venus mutilada

Mercedes Peñalva: La Venus mutilada

Albert, Sofia

Eje 1. El artista y su obra

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº47

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº47

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición X Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2011 Eje 1. El artista y su obra. Sofía Albert | Eugenia Bailo Donnet | Sol Gardiazabal | María Camila Rivera Castro | María Agustina Teruggi. Eje 2. Cine, lo que es

Año VIII, Vol. 47, Junio 2012, Buenos Aires, Argentina | 99 páginas

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Introducción

La diosa Venus ha sido siempre el arquetipo de mujer ideal y la representación de todo lo bello. A lo largo de los siglos, muchos artistas se han apoyado en su figura para comunicar su mensaje. La diosa siempre es representada desnuda acompañada por Cupido.

El presente trabajo se centra en la obra de Mercedes Peñalva, quien plantea un nuevo modelo de “mujer ideal” que en este caso intenta separarse de todos los otros moldes y patrones que la cohíben y limitan.

La artista critica fuertemente a la sociedad machista en la que vivimos, y su obra presenta a la diosa Venus en el siglo XXI, tratando de separarse de todas las cadenas que la atan a un estereotipo de belleza física y costumbres sociales.

Mercedes Peñalva: La Venus mutilada

El ideal de belleza es un concepto que ha acompañado al hombre desde el principio de la civilización, sin importar las diferencias en cuanto a las características que la definen según época y cultura.

A partir del siglo V a.C, en la Grecia Antigua, el hombre comienza a reflexionar sobre la belleza, proporción, simetría y armoniosidad del mundo que le rodea. Grandes filósofos como Platón y Aristóteles dedican su tiempo a intentar definir las complejas relaciones entre estos elementos que determinan lo bello; posteriormente estas reflexiones se vuelcan en el arte y la arquitectura.

La personificación de esta belleza (además de representar el amor, la lujuria, la sexualidad, la reproducción, ser protectora del mar, de los novios, e infinidad de atributos secundarios más) es la diosa Afrodita, que más tarde –después de la conquista de Alejandro Magno y el Imperio Romano– pasaría a llamarse Venus. El personaje Venus fue utilizado por muchos artistas y poetas a lo largo de los siglos asociada al concepto de ideal femenino.

La representación de la figura humana es una muestra clara de las actitudes hacia la naturaleza y hacia el hombre según el paso del tiempo. El desnudo, al contemplar el cuerpo despojado de los disfraces culturales, es el hito más importante en la identificación y definición de los modelos humanos de su época, lo prohibido y lo permitido. Los artistas son los primeros en interesarse por el estudio del cuerpo, y por lo tanto, están a cargo tanto de manifestar como delimitar estas definiciones.

Venus en el Renacimiento

El Renacimiento supone un cambio radical en el panorama económico, social, político, científico y geográfico del mundo.

La belleza ya no proviene únicamente de lo divino como en la época Medieval, sino que la mirada se voltea hacia el mundo terrenal. El cuerpo humano se considera como la suma de las perfecciones, el objeto fundamental del artista, como reflejo del antropocentrismo del pensamiento humanista. Se retorna a la visión filosófica del mundo y el mayor elogio hacia un artista era que su obra era similar a la de los grandes maestros del mundo antiguo. Asimismo, la corriente neoplatonista asocia una vez más lo bello como sinónimo de bien. El desnudo clásico, perdido y considerado pecaminoso durante toda la era medieval, se recupera durante el Renacimiento y se asocia directamente con la belleza sin perturbación.

Las mujeres del Renacimiento, al menos en las clases más altas, comenzaron a ser una parte activa de la sociedad, educándose y participando en las artes y otras habilidades. Sin embargo, no se pueden separar del marco que domina sus vidas en cuanto a apariencias y protocolos, al menos dentro de un contexto cortesano.

La percepción del cuerpo en relación a la higiene, el vestido, la cosmética, la vestimenta y la estética en general cambia rotundamente.

El acto de embellecerse ensalzaba la femineidad, lo cual obligaba a las mujeres a utilizar vestidos, zapatos y sombreros pocos prácticos e incómodos, así como a mantener siempre un sentido de decoro, pues pese a guardar las apariencias, las mujeres debían además ser virginales, puras y educadas.

El libro donde se relatan los cánones de la belleza ideal femenina es el Dialogo delle belleze de Agnolo Firenzola, escrito en 1521. En él se describen las características físicas y las cualidades más importantes. Para Firenzola, la mujer era bella únicamente cuando su moral estaba a la altura de sus rasgos físicos.

El ideal físico era una mujer delicada, con dedos finos y largos, tez blanca, cabello largo, mejillas sonrosadas, labios rojos, senos pequeños y firmes, caderas torneadas y cintura estrecha. Este arquetipo está representado vívidamente en la obra de Sandro Boticelli La nascita di Venere (El nacimiento de Venus) de 1484. El cuadro realizado al temple sobre lienzo mide 278 por 172 cm y actualmente se conserva en la Galería de los Ufizzi en Florencia.

Según algunos mitos, Venus nació de los genitales del dios Urano, cortados y arrojados al mar por Cronos. Por lo tanto, la obra no representa el nacimiento exacto de la diosa, sino su llegada a las costas de Pafos. La diosa es empujada por el soplo de los dioses alados, entre una lluvia de flores. Una de las Horas o Ninfas que espera a la diosa en la playa. Se cree que se trata, específicamente, de la Primavera, la estación del renacer. Para autores como Panofsky y Gombrich el cuadro es además una alegoría del retorno de los ideales clásicos, personificados en seres divinos, que llegan a nuevas épocas.

Un re-despertar a la belleza de la humanidad.

El Renacimiento cambia la perspectiva medieval acerca del desnudo. Ya no representa a Eva y el pecado sino a la belleza, el amor y el goce de vivir, al igual que la diosa.

Otros cuadros que representan al personaje son La Venus dormida de Giorgione, realizada aproximadamente hacia 1510. La obra en un principio quedó inconclusa debido a la muerte prematura del artista, víctima de la peste. El cielo fue terminado posteriormente por su contemporáneo y colaborador, Tiziano.

Tiziano, a su vez, pintó la Venus de Urbino inspirada en la Venus de Giorgione. En este cuadro lo que se representa es una mujer real sin ninguna sugerencia de divinidad, pero con una belleza muy impactante. Esta representación de una mujer de carne y hueso, acompañada de mascotas y sirvientas, es uno de los primeros atisbos de la separación del idealismo renacentista a la visión terrenal barroca.

A finales del siglo XVI, el movimiento manierista comienza a deformar los cuerpos, ya no solo buscando mejorar la naturaleza sino también exagerarla. Esta transición de tener los ojos puestos en lo ideal, y lentamente bajar la mirada al mundo terrenal, conlleva una representación del cuerpo alargada, algo deforme, con escorzos y posiciones que complican la anatomía y pretenden cada vez más causar una alteración en el espectador.

Venus en el Barroco

En el período Barroco todos los campos de las artes pretenden impresionar al que observa la obra. Esto es un reflejo de que esta época está marcada por grandes cambios sociales y económicos. La visión del mundo ya no se centra en lo ideal, sino en el mundo terrenal y el presente.

Por supuesto, este concepto se extiende al vivir cotidiano de la gente. La búsqueda de la belleza se centra en el impacto que pueda generar una persona con su apariencia y cuánto ésta se puede exagerar y amplificar.

En el siglo XVII, tras la Reforma y Contrarreforma, el desnudo es considerado impropio a causa del peso de la ideología católica del momento y los preceptos morales que plantea, que tienen mucha importancia para el arte. El tema de la belleza y proporción se sigue tratando, pero la cantidad de obras con desnudos son considerablemente menores que en el Renacimiento.

En este período se amplía el campo profesional de las mujeres, pero únicamente en áreas como la enseñanza o el cuidado de niñas de estratos más altos. Por otro lado, las clases acomodadas consideraban imprescindible en la educación de las jóvenes un cierto conocimiento de dibujo y pintura, así como de canto y música, por lo que muchas artistas se convierten en maestras de estas disciplinas acogiendo pupilas.

A las niñas se las mantenía bajo la tutela de la madre para su educación como futuras buenas esposas. No se consideraba importante, como en el caso de los niños, que aprendieran un oficio, ni que supieran leer, escribir o aprender nociones básicas de cálculo. La división de la sociedad patriarcal las apartaba de otros campos de trabajo y valoraba el desarrollo de habilidades domésticas.

El ideal de belleza femenino de la época son cuerpos bien torneados, modelados por el corset; cintura muy angosta, pechos prominentes, caderas anchas, piel blanca y brazos carnosos. Todo esto, enfatizado por el uso de maquillajes, pelucas, perfumes y adornos.

Diego de Velázquez, uno de los representantes más importantes de la pintura española barroca, despoja de todos sus trajes a la mujer para representar también su belleza real. La Venus en el espejo, pintada hacia 1650, también representa una mujer real acompañada de su hijo mitológico, Cupido, que es el único indicio que da el pintor para llamarla Venus, pues además es la primera vez que se representa a la diosa con cabellera morena. El cuadro mide 122 por 177 cm y actualmente se encuentra en la Galería Nacional de Londres.

Venus en el Rococó

El Rococó es la culminación máxima de la estética barroca.

Durante esta época se pierden las preocupaciones referentes a la iglesia y al poder. El arte se vuelve cotidiano, cortesano y superficial.

La expresión de belleza también se exagera: las pelucas debían ser más altas, las cinturas más estrechas, la piel más blanca, las decoraciones de la vestimenta más abundantes, y así sucesivamente. No es sino hasta más tarde, con la Revolución Francesa, que estos conceptos se reevalúan y renace la sobriedad y simplicidad al vestir y en la vida.

El desnudo del Rococó sienta las bases para la modernidad, dando una gran carga de erotismo a todas las obras. En este período la figura de la mujer desnuda recobra importancia, ya que el arte en general se libera de las opresiones de la religión y todos los temas son tratados con ligereza e incluso de manera risueña.

Françoise Boucher, uno de los principales exponentes de su época, es también el que más desarrolla el tema mitológico y el desnudo. Entre sus obras pertinentes están El nacimiento de Venus, de 1740 y La Venus en el espejo de 1751. Ambos cuadros retratan a la diosa en un ambiente fastuoso, recostada sobre sedas y bordados incluso en el mar, acorde al modo de vida de la época; acompañada, como siempre por Cupido.

Venus de hoy

Incluso en esta época de avances médicos, pantallas 3D y educación para todos, aún persisten los modelos de ideal femenino.

La mujer ideal moderna es muy delgada, con senos grandes y facciones finas. Si bien ya no estamos obligadas a usar corsets dolorosos, aún persisten modelos y estereotipos que se han construido por muchos siglos.

La madre, la hija perfecta, la esposa, la ama de casa son todos roles en los cuales las mujeres tienden a caer en algún momento de su vida. Las desviaciones de estos modelos casi siempre conllevan algún tipo de crítica social, por muy sutil que sea.

La novel artista plástica Mercedes Peñalva nos presenta su punto de vista crítico a esta sociedad machista que, según ella, ha moldeado a la mujer a su gusto en estos modelos y estereotipos rígidos que despersonalizan y objetivizan al género dentro de roles determinados.

Esta artista estudia diseño de indumentaria, por lo tanto su búsqueda creativa se relaciona mucho con este medio, decorando sus obras con costuras, utilizando moldes como lienzo o realizando esculturas en tela.

Ella misma afirma, que dentro de lo que implica el diseño de volúmenes sobre el cuerpo, el lienzo plano se le hace insuficiente para llegar al máximo de su expresión.

A sus obras las llama sus “muñecas”, mujeres que representan un estereotipo o conflicto particular del género, representado de forma muy grotesca, utilizando la mutilación, deformación y exageración en el dibujo para comunicar el mensaje. Todas éstas “muñecas” son trabajadas en blanco y negro, prestando mucho detalle a la ornamentación dentro del dibujo, pero dejando mucho espacio en blanco de fondo.

Estas “muñecas” pueden ser consideradas la representación de la Venus de nuestros días, mutilada y deformada, que trata de separarse de a pedazos de ese ideal utópico de mujer que ha venido encarnando a lo largo de los siglos. Es un reflejo claro del cambio social que se vive desde hace algunos años: la mujer del siglo XXI es autodefinida por ella misma, por su individualidad, igualdad y libertad, no en relación a la familia a la cual pertenece ni al matrimonio que elija (si es que lo elige siquiera).

Conclusión

La visión de la artista coincide con este movimiento ultrafeminista, que tiene a esta mujer completamente libre e igual como ideal y modelo a seguir.

Personalmente, opino que cualquier extremismo es innecesario y dañino. Y que este intento de nuevo paradigma (que pese a todo todavía no se termina de instaurar) no es del todo beneficioso para la sociedad.

Asimismo, siento que la obra de Mercedes Peñalva presenta varios agujeros incompletos en su discurso. La artista argumenta y critica duramente a la sociedad moderna, pero busca las raíces para comunicar la libertad femenina en el más primitivo tribalismo matriarcal, que a mi parecer es retroceder demasiado. Pretende también que sus obras sean bellas pero las invade de escenas grotescas y algo chocantes, sacrificando esta intención de belleza ante el mensaje que quiere comunicar. La artista admite que aún se encuentra en la búsqueda de su personalidad artística, tanto a partir de los medios expresivos como desde sus mensajes. En ese punto estoy totalmente de acuerdo con ella.

Bibliografía

Gombrich, E. (1950). Historia del arte universal. 14º edición. Madrid: Debate.

Gombrich, E. (2000). Imágenes Simbólicas. Madrid: Debate.

Panofsky, E. (1993). Renacimiento y renacimientos en el arte occidental. Madrid: Alianza.

Val Cubero, A. (2001). La percepción social del desnudo femenino en el arte, siglos XVI - XIX. Pintura mujer y sociedad. Tesis de doctorado. Madrid: Universidad Complutense de Madrid.

Wikipedia, the free enciclopedia. (2011). Imágenes recuperados el 19 de noviembre de 2011.


Mercedes Peñalva: La Venus mutilada fue publicado de la página 13 a página15 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº47

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