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La enseñanza de la fotografía

Fernández, Carlos Alberto

Comunicaciones enviadas para el Segundo Congreso

Actas de Diseño Nº14

Actas de Diseño Nº14

ISSN: 1850-2032

VII Encuentro Latinoamericano de Diseño “Diseño en Palermo”. Tercer Congreso Latinoamericano de Enseñanza del Diseño Julio 2012, Buenos Aires, Argentina

Año VII, Vol. 13, Marzo 2013, Buenos Aires, Argentina | 254 páginas

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A lo largo de las dos últimas décadas se ha desarrollado ampliamente la fotografía digital. Los conocimientos previos que nuestros alumnos puedan tener sobre fotografía están determinados por la información difundida masivamente por los fabricantes de los equipos y por la propia experiencia.

Podemos establecer que nuestros estudiantes son “nativos digitales”. Sus fotografías están realizadas exclusivamente con estos dispositivos y cualquier otro sistema de registro les es prácticamente desconocido.

Es necesario diferenciar entre dos tipos de alumnos. Aquellos que deciden desarrollar una carrera vinculada a la fotografía, por ejemplo una licenciatura, y quienes cursarán la asignatura por una obligación curricular.

Los del primer grupo tienen una noción mucho más amplia de la importancia y posibilidades del medio. Es probable que muchos de ellos hayan realizado algún curso, que practiquen la fotografía por afición y/o posean un equipo semiprofesional o profesional, aunque siempre de características digitales. Estos estudiantes están abiertos a la asimilación de nuevos conocimientos que les permitan un mayor y mejor aprovechamiento de las posibilidades fotográficas.

En el segundo grupo, los alumnos habitualmente se plantean qué importancia puede tener la fotografía en sus respectivas carreras y futuras profesiones. Asimismo, existe una suposición generalizada de que con las nuevas cámaras las imágenes que se obtienen son siempre buenas y, si no, existe la posibilidad de repetirlas hasta que lo sean. La visualización inmediata de los resultados permite hacer las correcciones necesarias. Queda, incluso, la posibilidad de correcciones posteriores en la computadora a través de algún programa de tratamiento de imágenes tipo Photoshop. Entonces, es lógico que se pregunten para qué estudiar fotografía y qué es lo que se puede aprender.

Esta concepción está muy presente en la sociedad. La publicidad ha venido sugiriendo que las diferencias entre profesionales y aficionados no se establecen por los conocimientos y la experiencia sino, simplemente, por el equipo que se posee. Mensajes tales como “fotografías profesionales, las saque quien las saque”; “obtenga las fotografías que creía que sólo un profesional podía lograr” o “dígale adiós a las fotos movidas”, fueron determinando esta creencia.

La toma de fotografías se ha generalizado y automatizado de tal manera que está incorporada a nuestra cotidianeidad.

Es tan natural como hablar por teléfono o ver televisión. Ya es incalculable la cantidad de fotografías que se obtienen a diario en todo el mundo. Sin embargo, ha disminuido la impresión sobre papel y la calidad general de las imágenes. Por otra parte, los modos automáticos incorporados en las cámaras llevan a una completa homogeneización de las fotografías.

La enseñanza formal de la fotografía en la Argentina comenzó en la década de 1930 y fue iniciada y consolidada por asociaciones de aficionados (fotoclubes), que se enrolaban en la estética pictorialista surgida en Gran Bretaña y en Francia hacia 1880. Durante casi cincuenta años (con el apoyo de las publicaciones especializadas), se acentuó la importancia de la perfección técnica y una composición de la imagen inspirada en los cánones de la pintura renacentista. En este período recibieron mucha atención los procedimientos especiales de laboratorio que permiten alterar la imagen captada por la cámara. Hacia mediados de la década de 1980 se fundaron instituciones dedicadas plenamente a la enseñanza de la fotografía que modificaron algunos de estos criterios e introdujeron en la enseñanza diferentes aspectos teóricos y conceptuales.

Hasta la aparición de los sistemas digitales se reconocía que era necesario un aprendizaje especializado para dominar el medio. Se suponía que la fotografía presentaba un conjunto de dificultades técnicas que era imposible de sortear de otra manera. La enseñanza se iniciaba a través del dominio de los controles de la cámara, primero, y de las técnicas de revelado y copiado de imágenes después. A partir de aquí el alumno comenzaba a realizar sus imágenes.

En la actualidad el alumno ya tiene en su haber una larga experiencia fotográfica y muchas veces está convencido de que sus imágenes son muy buenas. Las cámaras digitales les permiten corregir sus errores por la instantaneidad en la observación de los resultados.

Los dramáticos cambios operados en la tecnología fotográfica y consecuentemente por su masificación, implican también modificaciones en la enseñanza de la fotografía.

Si con la fotografía de halogenuros de plata era imprescindible el dominio técnico del medio para luego comenzar con la creación de imágenes, ahora es conveniente invertir el proceso. El alumno puede mejorar sus imágenes mediante un adecuado entrenamiento de su visión y percepción sin necesidad, inicialmente, de profundizar en aspectos teóricos o técnicos. Una vez que el estudiante comprende que puede expandir sus capacidades creativas con el dispositivo que emplea habitualmente, se pueden incrementar los cuidados técnicos y desplegar otros recursos que involucran controles más precisos sobre el color, la exposición o la iluminación.

A pesar, como ya dijimos, de la amplia difusión de los dispositivos digitales, esto no implica que la fotografía analógica ha desaparecido. Es una tecnología largamente experimentada (más de 150 años), que tiene muchos aspectos a su favor.

La fotografía digital tiene la innegable ventaja de su inmediatez. En ciertas áreas profesionales, como por ejemplo el periodismo, su aplicación es insustituible, más aún cuando el resultado tiene como destino los medios gráficos o audiovisuales.

Por su parte la fotografía analógica tiene a su favor los altos niveles de calidad que ofrece. Esto involucra tanto el poder resolutivo como la reproducción de color y los controles sobre el contraste. A nivel mundial sigue teniendo millones de adeptos y muchas compañías continúan produciendo los insumos (materiales sensibles y químicos), necesarios.

Roland Barthes estaba seguro de que la fotografía es una prueba irrefutable de que algo ha existido o sucedido, como afirmaba en La cámara lúcida (1979). Esto no es totalmente correcto, porque los procedimientos de la fotografía analógica permiten alterar las imágenes obtenidas con una cámara. Sin embargo, siempre existe la posibilidad de descubrir la alteración mediante un análisis exhaustivo o bien desde los elementos que se utilizaron para su concreción. Sucede que siempre son soportes físicos sobre los que se actúa.

En la fotografía digital, por las particularidades del sistema, este análisis es infinitamente más dificultoso y seguramente las dudas persistirán si la elaboración de la alteración se ha hecho cuidadosamente. Esto ha perjudicado notablemente la credibilidad que siempre tuvo la fotografía.

Otra cuestión que lleva a considerar a la fotografía analógica es su conservación en el tiempo. Está completamente establecido que las imágenes sobre la base de sales de plata, azufre, selenio, platino u oro (por sólo citar unos pocos compuestos), permanecen en el tiempo tanto como dure su soporte y se conoce cómo conservarlas adecuadamente.

No puede decirse lo mismo de los soportes que se emplean para archivar las fotografías digitales. Es que no se ha pensado en ello y ésta es una asignatura pendiente de la industria fotográfica.

La tecnología fotográfica sufre cambios constantemente que en la actualidad están orientados hacia la mejora de la fotografía digital, pero por ahora necesitamos también de los recursos analógicos. Una buena opción es combinar las opciones que nos brindan ambos sistemas. Por ejemplo, la calidad de toma de los haluros de plata con la flexibilidad de la digitalización y el resultado final sobre soportes de resolución fotoquímica.

La fotografía como una forma de arte cada vez tiene un desarrollo más amplio en el mundo, no sólo desde su mera implicancia creativa, sino también comercial. Cada vez son más las galerías que se ocupan específicamente del medio y sus valores ascienden permanentemente. Sólo mencionemos, como ejemplo, que fotografías de autores consagrados que hace veinte o treinta años apenas superaban los cien mil dólares hoy trepan por encima del millón.

En este campo, además de la fotografía analógica (que es la más aceptada justamente por su estabilidad), se valoran otros procedimientos alternativos que se desarrollaron en el tiempo con la intención de que la fotografía fuese reconocida como arte, cuando se le negaba esta aspiración.

Procesos tales como la “goma bicromatada”, el “bromóleo”, el “fotomontaje”, la “cyanotipia”, la “fotografía estonopeica” y muchos otros, han tenido un resurgimiento poderoso, tal vez porque ofrecen imágenes y texturas sobre una gran variedad de soportes, que no pueden alcanzarse digitalmente. También hay que mencionar que muchos autores combinaron exitosamente estos antiguos procesos con los más modernos que aporta la digitalización. La fotografía, más allá de lo que pueda entenderse actualmente, no es sólo digital. Los sistema analógicos gozan de muy buena salud y, como docentes especializados en el área, debemos brindar a nuestros alumnos todas las herramientas necesarias para que la conozcan en profundidad.

(*) Carlos Alberto Fernández.

Periodista, fotógrafo, ensayista, diseñador gráfico, editor. Docente en la Universidad de Palermo de la Facultad de Diseño y Comunicación. Desde 1978 y hasta 1983 colabora con importantes medios gráficos, en el área de artes y espectáculos.

Entre 1979 y 1983 fue secretario de redacción de la revista especializada Fotomundo. Desde 1984 hasta 2000 editó y dirigió las revistas especializadas Fotobjetivo, Fotocámara y Fotovisión. Asesor de empresas fotográficas. Productor y conductor de ciclos radiales sobre fotografía. Dicta cursos de diversas especialidades fotográficas desde 1981. Secretario de la Asociación de Fotógrafos Profesionales de la República Argentina y director de su revista Enfoques entre 1998 y 2001. Miembro de honor de esta entidad. Curador de muestras fotográficas. Jurado de certámenes fotográficos. Miembro de la Sociedad Iberoamericana de Historia de la Fotografía. En 2008 toma la cátedra de fotoperiodismo en la Escuela Taller Municipal de Arte de la ciudad de La Plata. Ha publicado varios Ensayos.

(**) El presente escrito fue presentado como conferencia dentro del Segundo Congreso Latinoamericano de Enseñanza del Diseño (2011). Facultad de Diseño y Comunicación, Universidad de Palermo, Buenos Aires, Argentina.


La enseñanza de la fotografía fue publicado de la página 185 a página187 en Actas de Diseño Nº14

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